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23.09.18

(298) Resistir contracorriente (Manual para navegantes del Maelstrom, II)

La tradición católica hispánica es rica en enseñanzas para salir de esta crisis. Nosotros, de nuevo, acudimos a ella. 

Como navegantes del Maelstrom, nos guiamos, en estas olas, con nuestros propios timoneles. Acudimos a lo nuestro para recuperar nuestra identidad, y por ella accedemos a lo universal.

No naufraguemos por utilizar los intrumentos de navegación de otros. Ni Kant, ni Scheler, ni Heidegger, ni Husserl, ni Maritain, ni Rahner, ni tantos otros, participan de la mentalidad que nos llevó a quemar las naves, y adentrarnos en continentes nuevos.

No más personalismos extranjeros, no más fenomenologismos francoalemanes, no más modas seculares de la Europa post-luterana.

* * *

La ilustración del emblema procede de las Empresas Morales de Juan de Borja, hijo de San Francisco de Borja, en la edición de Bruselas, 1680.

 

6.- Nitor in adversum, resisto contracorriente.— Me enfrento a lo que se me opone. Juan de Borja lo traduce muy expresivamente: forcejo contra lo que me contrasta. Forcejar, según la RAE, significa «resistir, hacer oposición, contradecir tenazmente».

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20.09.18

(297) Atreverse con vehemencia.- Manual hispánico de avisos para navegantes del Maelstrom

Este es un artículo a modo de Manual de Avisos, quiera Dios que de Aciertos, para navegar cabalmente el Maelstrom, para sobrevivir a contracorriente, en esta crisis de fe colosal.

No recurrimos, para hallar sabiduría, a filósofos ni teólogos extranjeros; no acudimos a personalistas franceses, ni a fenomenólogos alemanes, ni a los axiólogos europeos; acudimos a la tradición hispánica, que es la nuestra.

Las ilustraciones pertenecen a las Empresas Morales de Don Juan de Borja, 1680.

 

1.- Audere vehementer, atreverse con vehemencia.— Acostumbrarse, a viva fuerza, al puente caído, al paso quebrado, a la marea violenta; a vivir sin asidero, salvo en Dios.

 

2.- State, estad en pie.— Por gracia es posible, y si se cae, que sea a imagen de Cristo, cargando la cruz. Porque paratum cor meum, Deus, mi corazón está presto, Señor. (Sal 108, 2). Tenga el cristiano el paso muy enérgico aun estando cansado, que es gracia de combate caminar presto, apercibido de potencia espiritual.

Porque «con Dios alcanzaremos la victoria, y Él aplastará a nuestros enemigos» (Sal 108, 14). No hay rodillas más fuertes que las de la gracia: quien sabe que es nada, de nada tiene pavor, salvo de perder el favor de la Causa Primera.

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15.09.18

(296) El modernismo y sus mutaciones después de la Pascendi, hasta hoy

Durante mucho tiempo, en la mente católica, la supuesta desaparición del modernismo ha constituido un tópico.

Tan potente, que ha dado lugar a una desactivación parcial del sistema inmunológico de la Iglesia, que casi ha dejado de condenarlo explícitamente, o al menos no lo ha combatido suficientemente, en sí mismo y en sus mutaciones.

Es lo que Romano Amerio denomina desistencia de la autoridad, y que nosotros denominamos, más bien, desistencia de la potestad.

Pero lo que es peor, parece que la mente católica ha casi dejado de reconocerlo allá donde se encuentre, o al menos de diagnosticarlo con claridad en sus metamorfosis (como por ejemplo el experiencialismo fenomenólogico, la filosofía de la acción blondeliana, o el voluntarismo personalista, de raigambre liberal.)

 

Se ha venido creyendo que, tras la aparición fulminante de la carta encíclica Pascendi de San Pío X, en 1907, el modernismo había pasado a la historia.

Como bien explicaba Eugenio Vegas Latapie:

«es opinión casi universalmente admitida en los ambientes y autores católicos que la herejía modernista se extinguió o reabsorbió en virtud de la publicación de la Pascendi. Casi todos los historiadores contemporáneos o silencian la importancia del modernismo o lo dan por muerto simultáneamente a su condenación.» (Eugenio VEGAS- LATAPIE, El modernismo después de la Pascendi, Verbo n.65-66, 1968, p.358)

Los que permanecían, obstinadamente, en esta falsa creencia, se dieron un baño de realidad cuando Pío XII, en 1950, publicaba otra carta encíclica, la Humani generissobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica. 

Una lectura consistente y honesta del impresionante texto de Pío XII, confirma que, más que condenar nuevos errores, condena los mismos que condenaba cuarenta y tres años antes San Pío X, pero eso sí, con nuevas matizaciones.

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12.09.18

(295) Inmanentismo vital y humo de Satanás

1.- Dar testimonio ha sustituido a dar razones, con nefastos resultados. La minusvaloración del entendimiento ha producido un experiencialismo insano, que debe erradicarse porque subjetiviza la fe. Con otras palabras: dar testimonio sin razones, ha sustituido a dar razones del propio testimonio, que es lo que hace un católico.

 

2.- La advertencia de San Pío X, en 1907, punto 4 de la Carta Encíclica Pascendi, es muy clara, y debe dejar de ignorarse:

«Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado» (Concilio Vaticano I, De fide can.2.)

Por extensión, no puede convertirse la catequesis en una mera producción de experiencias, cómo si ésta fuera la forma adecuada de mover a las personas a la fe.

 

3.- El testimonialismo ha eclipsado la apologética, que habría que recuperar urgentemente. El conocimiento de Dios no debe destruirse en pos de las emociones, ni ser pulverizado en sentimientos, “enamoramientos sobrenaturales", sensiblerías humanas, demasiado humanas. Las emociones, sin el freno de la razón, sin el control de la gracia, sin el imperio de la ascética, tiranizan la vida cristiana y la hacen empatizar con el pecado. Porque la sensibilidad humana está caída. Los afectos deben ser redimidos.

 

4.-  Sin teología natural la catequesis queda mutilada, no puede sondear una explicación teológica sino en la propia existencia personal, que queda absolutizada, reducida a antropología, como pretende Kark Rahner. La catequesis, de esta forma, se reduce a testimonio existencial, derivando en fe fiducial. Como decimos, dar testimonio, entonces, sustituye a dar razones. La teología se vuelve monólogo del hombre.

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9.09.18

(294) Confuso concepto de imperfección. -Nuevas apostillas críticas

Continuamos el análisis de Gaudete et exsultate, siempre a la luz de Amoris laetitia, que es su referente conceptual. 

Apostilla III

Queremos incidir en un detalle del punto 1 de Gaudete et exsultate al que no hicimos referencia en los comentarios anteriores. 

Al justificar la importancia de la llamada a la santidad, la razón dada al comienzo de la exhortación apostólica es: «Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada.»

 
—Una oposición que suscita cierta perplejidad

Pero, ¿consiste la santidad una especie de perfección natural de la propia personalidad?  En la expresión utilizada, con sus tres adjetivos, encontramos resonancias naturalistas, como si la naturaleza aspirara a la sobrenaturaleza por una mera tendencia perfectiva, y en ese dinamismo autocompletivo consistiera la llamada a ser santo. Parece más bien una exhortación a la autenticidad personal que a la santidad. En línea, sin duda, con la perspectiva personalista y sus constantes llamadas a la espontaneidad personal y al dinamismo existencial de la propia realización.

La santidad es considerada, bajo esta perspetiva, un necesario desarrollo del potencial humano, y no como lo que verdaderamente es, una elevación absolutamente gratuita por encima del orden creado, por la que se participa, en un grado eminente, de la naturaleza divina. (Elevación que Dios en modo alguno debe al hombre, puesto que, sin menoscabo de sus capacidades naturales, podría haberlo creado sin haberlo elevado). La expresión utilizada, pues, al oponer santidad con no-mediocridad, puede perturbar el carácter gratuito de la perfección cristiana.

La oposición santidad/mediocridad, o mejor aún, la oposición santidad/vida sin sentido, es muy habitual en algunas formas de la nueva evangelización, sin duda influenciadas por el personalismo psicologista de Viktor Frankl y el comunitarismo de Mounier. La conversión, en este contexto, suele ser presentada como el descubrimiento del sentido existencial de la vida, como el acceso a una vida más auténtica, menos egoísta, menos individualista, más integrada en la comunidad. También recuerda al sobrenaturalismo de de Lubac, que no entiende la vida humana sin las exigencias perfectivas de lo sobrenatural.

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