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10.05.19

(353) La gran riada


No rara vez los atajos, en la vida cristiana, pululan de monstruos. Cíñete al mapa que elabora para ti tu Defensor, aunque pase por Mordor.

 

En esta Gran Batida habrás de estar con el Ciervo y no con el cazador.

 

Todo lo arrastra la gran riada, excepto la cruz, que prevalece en pie.

 

La cruz, mejor a secas, sin lo que te gusta de la cruz.

 

Por mucho que te vistas de voluntad, has de nacer de nuevo. Que de poco te sirve seguir muerto y remuerto.

 

La voluntad, sin gracia, andará siempre cansada, entretenida en los naufragios que observa a lo lejos, en el horizonte de la santidad. Porque no entiende el divino auxilio como el velamen que le hace falta.

 

El consuelo del Señor deja su rastro, recién terminas de orar. Como cuando comiste la naranja, y quedó el color y el olor en las manos. Y las uñas están naranjas y frescas, como de hortelano.

 
 
David Glez. Alonso Gracián

 

FLORILEGIO DE AVISOS, I: la gran riada

7.05.19

(352) El veneno y la triaca

1.- Combatir el neomodernismo actual no es tarea para cuentacuentos ni para divulgadores de mentirijillas. Se precisa una caza eficaz de errores, una pesca de equívocos entre tiburones.

 

2.- Gran sinrazón es fiarse del Leviatán, como si pudiera ser católico anónimo. La Bestia no anhela inconscientemente a Cristo.

 

3.- Lethale venenum. La anfisbena de dos cabezas, Anomia y Ambigüedad, no necesita condescendencia, sino ser combatida con la doctrina de Cristo.

 

4.- El Caballo Troyano está dentro. Por eso, nada de adormilarse, velad, velemos. 

 

5.- Hay Triaca para este veneno: es quintaesencia bíblico-tradicional. Es virtud aristotélico-tomista. Es potencia sacramental. Es varonil determinación y competente autoridad, con el auxilio de la gracia.

 

6.- Blinda y protege tu fe con un juramento de tradicionalidad.

 

7.- No haya lugar para ambigüedades: los textos equívocos son mosquitos del error, transmisores de la filariasis de la apostasía. 

 

8.- Combatir el neomodernismo es misión pobre. No cuente con grandes recursos, no cuente con aplausos, no cuente con abundancia de medios, no cuente con apoyo institucional. 

Cuente tan sólo con la Destructora de todas las Herejías, que es la Inmaculada Concepción.

 

David Glez.Alonso Gracián

 

30.04.19

(351) El Mito del Constructivismo

—La tesis constructivista

La tesis principal de la pedagogía constructivista afirma que el alumno debe descubrir por sí solo la verdad para que ésta sea significativa en su vida.
Asimismo postula que la manera en que el alumno descubre la verdad, no es recibiéndola del docente, sino buscándola por medio de la experiencia personal. En este proceso de descubrimiento autónomo el docente es solamente un acompañante, un motivador o un guía. Es el profesor, antes bien, el que aprende del alumno, ilustrado y edificado por su inocencia epistemológica, que le sitúa ante el objeto de su experiencia con libertad cognitiva, no coaccionada ni contaminada por tradiciones ni saberes previos.

 

En un contexto constructivista, la búsqueda de la verdad consiste en un trabajo personal o de equipo que parte de los intereses previos del discente, intereses que constituyen la motivación que anima el proceso. Lo importante no es que se alcance un resultado, sino que se produzca un proceso significativo de búsqueda. Porque es la experiencia misma de búsqueda lo que se considera productiva.

Para el constructivismo, el discente no tiene ningún tipo de obligación respecto al acervo de verdades heredadas, ni reconoce la existencia de un deber para con los saberes del pasado, ni cree que exista una deuda de gratitud con el saber de la generaciones precedentes.
Su búsqueda de la verdad sólo es significativa si parte de su propia experiencia, y solamente a ella se debe. Por eso cree un derecho reclamarla y contrarreclamarla al Estado, si éste no se la garantiza.

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22.04.19

(349) Misteriosismo exagerado

Los personalistas postulan una supuesta enemistad entre el pensamiento y la razón. Aunque es un viejo tópico nominalista, frecuente en el Renacimiento, la influencia de Heidegger ha sido determinante. Para conocer este prejuicio tan extendido es útil acudir al artículo Sobre la frase de Nietzsche “Dios ha muerto", que es relevante.

Es un texto que muestra, con una claridad inusual en su autor, el sentido general de la obra heideggeriana, relacionado directamente con la famosa frase de nietzscheniana. En este estudio, Heidegger afirma algo muy importante para comprender el mal que late en la mentalidad personalista. Dice el existencialista:

«El pensar sólo comienza cuando hemos experimentado que la razón, tan glorificada durante siglos, es la más tenaz adversaria del pensar» (Martin HEIDEGGER, Caminos de Bosque, Alianza Editoria, Madrid, 1995, p. 240)

Adviértase cómo confunde la razón con el racionalismo. La época que glorificó la razón, como dice Heidegger, fue y es la Modernidad, no la Cristiandad. La identificación de racionalismo con racionalidad es espuria. Su proyección alcanza a Santo Tomás, a la escolástica en general, a la ontología, incluso a la ciencia. Es común, en el paradigma innovador, tachar de racionalista la teología escolástica.

Pero sobre todo, el personalismo, a imagen de Heidegger, que es su referencia metafísica a través sobre todo de Rahner, considera racionalistas a Santo Tomás y a Aristóteles. El menosprecio por la síntesis aristotélico-tomista es de sobra conocido. No es sólo que se tache a Santo Tomás de “demasiado objetivista", como hace Karol Wojtyla; es que todo intento de comprender la fe, de ahondar racionalmente en ella, de sustentar el conocimiento sobrenatural en una buena metafísica; toda labor sana de comprensión racional, en la medida de lo posible, de los contenidos de nuestra fe, y de exposición sistemática y organizada, es tachado de racionalista.

En este tema insiste con énfasis Gabriel Marcel. De él se aprende a descalificar como problemas las cuestiones escolásticas, y a ensalzar como misterios su irresolución. La contraposición artificial entre pensamiento religioso y razón es misteriosista. La enmarcamos dentro del giro posmoderno de la Modernidad, que se revuelve contra su versión racionalista y deviene irracionalista.

 

No se profesa la razón católica, sino una razón negativa, que sólo callando puede dejar libre el pensar. Los personalistas creen firmemente que «cuando hablamos de Dios, no es de Dios de quien hablamos». Es una propuesta de subordinación del entendimiento a la voluntad, en orden a la adquisición de una vivencia comunicable sólo por testimonio. O como diría Wittgenstein, una experiencia que no se puede decir, sino sólo mostrar (por ejemplo, mediante la estética teológica de von Balthasar.

Su fuente preferida es la teología negativa de los místicos alemanes, los esotéricos luteranos, los pietistas románticos y Lutero; los orientales, bizantinos y ortodoxos. Su dicotomía predilecta es la apuesta por Platón contra el malvado Aristóteles.

 

Contra el prejuicio misteriosista nosotros afirmamos que la razón no es racionalista, que la razón es racional. Pensar con razón es bueno, pensar sin razón es malo. Pensar con razón la fe es mejor que pensarla sin razón. La fe es razonable siendo supra-racional.

La razón puede servir de guardiana de la fe, de perro ladrador y mordedor suyo. Porque sabe que la fe la fortalece e ilumina, y que su rechazo la deja ofuscada y a merced del error, por el pecado. Es bueno defender racionalmente la fe, es bueno intentar comprender todo aquello que Dios mismo nos concede comprender. Es bueno conocer al ser en cuanto ser, es buena la metafísica.

Pretender que todo intento de profundización, de explicación, de apologética con argumentos, es absurdo, no deja de ser irrespetuoso y ofensivo contra la propia fe. Porque la fe no destruye la razón ni la deja al margen, ni la descuaja de la experiencia.

Lo explica con precisión y claridad Romano Amerio:

«La razón no puede llegar a demostrar las verdades sobrenaturales, como la Trinidad, la unión hipostática, la resurrección de la carne o la Presencia Real en la Eucaristía. Éstas son verdades propuestas por revelación y aprehensibles solamente por la fe. Pero esa imposibilidad no quita al acto de fe su carácter razonable: sigue siéndolo en grado sumo. En efecto, la razón, reconociéndose finita, ve que más allá de su límite pueden existir verdades cognoscibles (porque la cognoscibilidad se refiere a lo verdadero), pero no aprehensibles por evidencia racional. A tales verdades la razón se adhiere con un asentimiento; sin embargo este asentimiento no está producido por la necesidad lógica de la evidencia, sino por un determinante sobrenatural que es la gracia » (Romano AMERIO, Iota unum, Criterio Libros, Madrid, 2003, p. 265)

El gran error personalista acerca de la fe es afirmar que no consiste en creer, sino en experimentar, confiar, sentir, etc; que no consiste en creer sino en vivir, en llevar una vida auténtica, como diría Heidegger; que no consiste en creer sino sumergirse en el Misterio, en tener una experiencia personal o de descubrimieto de sentido, como diría Frankl.. 

De aquí el nefasto lugar común que dice que la fe es algo que no se entiende hasta que no se vive. Pero, ¿acaso la vida no es razonable? ¿Acaso el conocimiento no forma parte de la vida misma? ¿Acaso la voluntad salvífica antecedente de Dios no consiste en que todos se salven y alcancen el conocimiento de la verdad (1Tim 2, 4)?

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16.04.19

(347) Genealogía del personalismo, I: experiencialismo nominalista

Es importante dilucidar, aunque sea brevemente, la genealogía del pensamiento moderno, para comprender a fondo el desarrollo del pensamiento personalista. Para ello hay que ir a Ockham y sus predecesores, debemos remontarnos a los comienzos del antagonismo entre el realismo y el nominalismo y su disputa acerca de los universales, que en el fondo es una disputa acerca de la naturaleza misma de las cosas.

Siendo más, mucho más que un mero debate intelectual, lo que estaba en juego, y sigue estando, es el conocimiento objetivo y real de las esencias, frente al subjetivismo experiencialista.

 

Roscelino (1050-c.1123) es uno de esos heterodoxos que, según San Anselmo, «creen que las sustancias universales no son otra cosa que un soplo de voz». San Anselmo explica que estos herejes están enredados en experiencias y no consiguen liberar la razón (De fide. Trin.,2). Es decir, que su razón es esclava de la experiencia.

Esta incapacidad de liberar el conocimiento del mundo sensible es responsable, incluso, de la herejía trinitaria de Roscelino, porque «quien no comprende ni siquiera de qué manera los hombres constituyen la única especie hombre, ¿cómo podría comprender de qué manera, en la misteriosísima naturaleza divina, varias personas, de las cuales cada una es Dios perfecto, constituyen un solo Dios?». Y lo que San Anselmo añade a continuación nos interesa sobremanera para comprender el equívoco que el personalismo ha heredado del nominalismo. Dice San Anselmo: «quien no entiende que el hombre no es el individuo mismo, de ninguna manera entenderá por hombre la naturaleza humana» (Ibid.) El énfasis exagerado que se da en el paradigma personalista a lo individual único e irrepetible, es herencia indudable de esta mentalidad.

 

El nominalismo medieval, primero a través de autores de segunda fila, luego a través de su gran mente, Guillermo de Ockham, va corroyendo los fundamentos del conocimiento objetivo natural y sobrenatural, y apuntalando el papel de la experiencia subjetiva.  Con el sobredimensionamiento de lo experiencial individual se revuelven las bases de la tradición cognitiva occidental, heredada de griegos y romanos, debidamente corregidos y “redimidos". También juega un papel, en este proceso revolucionario, el resurgir del averroísmo y su escepticismo de doble verdad. La razón está siendo, paso a paso, enfrentada a la fe.

El Doctor Modernus, es decir, Durand de San Porciano (c. 1270-1334), obispo de Meaux, confunde lo universal con lo individual, diversos tan sólo, en su doctrina, por el grado de determinación. Lo universal es indeterminado y lo individual es determinado. Por lo que en el fondo es lo mismo, aunque matizado por la determinación propia de lo individual. Utilizando ideas prenominalistas de Duns Scoto, Durand de San Porciano supone una notable huída hacia adelante de la filosofía en su búsqueda de autonomía respecto del dato revelado, quedando orientada hacia el deconstruccionismo ockhamista.

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