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17.11.18

(315) La vía moderna de la ética: normas generales en lugar de preceptos universales

1.- El nominalismo es la raíz de la Modernidad.

 

2.- El nominalismo niega el fundamento real de los universales.

 

3.- Negar la realidad de los universales supone negar la realidad de lo común.

 

4.- La negación de una realidad común a todos constituye la raíz de la vía moderna de la ética.

 

5.- La ética moderna no será nunca una ética universal porque se basa en la negación de los universales.

Hablando con propiedad, es un remedo agnóstico de catolicidad, esto es, una ética general, global o mundial. Lo general (mudable) sustituye a lo universal (inmutable).

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6.- La negación de una realidad común a todos supone, como contrapeso ideológico, la afirmación de una experiencia personal de la ética; no común a todos, sino autodeterminada por los propios sujetos; y con pretensión de poder ser reclamada y contrarreclamada como derecho. Lo universal se reduce a suma de individualidades. El bien común es degradado a suma de bienes particulares incomunicables.

 

7.- La vía nominalista implica, por tanto, una ética de pretensiones subjetivistas, que no es capaz de vencer el individualismo por más comunitarismo que pretenda. Y dado que individualidades hay muchas, será una ética que englobe a esas muchas, sin que lo común influya en ellas. Es decir, una ética global o mundial de tipo cuantitativo.

 
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8.- Tenemos, pues, como resultado, una ética global blindada por un concepto no moral, sino axiologico de la dignidad humana. Concepto que, en clave roussoniana, considera un valor inviolable el estado de naturaleza (sin tener en cuenta la Caída). Concepto que, por tanto, pone entre paréntesis el estado de enemistad producido por el pecado. 

 

9.- La ética global consistirá entonces en una regulación de alcance mundial, mediante la promulgación de normas generales, de reclamaciones y contrarreclamaciones particulares (Turgot). Es una ética, en definitiva, ilustrada.

 

10.- Por el contrario, la ética universal, es decir, el ethos católico, se basa en lo que los sujetos tienen en común, una ley natural universal inscrita en sus naturalezas. También en lo que tienen de comunión sobrenatural, por la gracia, que es la Iglesia.

La universalidad católica, por tanto, es doble: la de la ley natural, que implica una dignidad moral, además de la ontológica; y la de la ley de la gracia, que implica una dignidad sobrenatural.

 

La enorme influencia de la modernidad ilustrada de corte humanista, esto es del personalismo, ha hecho creer que la ética global es equivalente a una ética universal. Y que los derechos individuales, regulados mediantes normas generales de alcance mundial, pueden sustituir al Decálogo en las legislaciones.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Siendo un hecho que, entre ambas éticas, hay una distancia infranqueable.

 

David Glez. Alonso Gracián

 

7.11.18

(312) Sardanápalo y la Iglesia actual

Mucho tiempo ha pasado desde que el gran Don Juan de Borja, allá por 1680, escribiera como lema de una de sus Empresas Morales, concretamente la 98, Humanarum rerum contemptus, —como si dijéramos, menosprecio de las cosas humanas.

Decía el hijo del Duque de Gandía, luego San Francisco de Borja, que

«Aunque con razón hemos de creer a los que nos aconsejan el desprecio de las cosas de esta tierra, habiéndolas ellos menospreciado, y tenido en poco, y habiéndose por su voluntad privado de los deleites que dan; también creo que no mueven menos los ejemplos de los que después de haber entregádose a todos los géneros de deleites, y contentos del mundo, nos desengañan y certifican que todo lo que hay en él es vanidad»

Es el ejemplo de Sardanápalo, cuya efigie funeraria, en el Emblema, chasquea los dedos mientras empuña el cetro. Con la castañeta, que dice el autor, muestra la nada que es el mundo; y con el cetro, el señorío que ha logrado.

Puede resultar escandaloso a oídos personalistas que, para nuestro autor, el menosprecio de las cosas de este mundo caído sea lo mismo que el menosprecio de las cosas humanas, demasiado humanas.

Nosotros lo encontramos razonable y sobre todo tradicional, teniendo en cuenta, además, que el actual enaltecimiento de lo humano viene acompañado de una crisis de fe como nunca se ha visto.

Mucho tiempo ha pasado, decía, desde que aquel eminente varón, en esta joya de la Tradición Hispánica, nos llamara a menospreciar los engaños del mundo.

Y no por capricho, sino con un propósito: la adquisición, al amparo de la ley moral, con el socorro de la gracia, de imperio sobre uno mismo —es lo que representa, en la figura, el chasquido (el menosprecio) y el cetro (el señorío).— Con este menosprecio tan hispánico, tan católico, tan ascético, nos anima a sobrevivir a esta nefasta Hora Actual del Hombre.

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6.11.18

(311) El derecho a la libertad religiosa, qué es y qué no puede ser (en sentido católico)

1.- La libertad religiosa, en sentido católico:

-no es un derecho de la causa segunda a poder autodeterminarse respecto de la Causa Primera.

-sino la relación de justicia que la criatura debe mantener libremente con su Creador.

 

2.- La concepción del derecho como facultad o poder del individuo procede del nominalismo, que relativiza el orden y absolutiza la potencia.

 

3.- Con Hobbes el derecho se considera ante todo poder individual “natural". Hegel le confiere facultad de autodeterminación sin otra razón de ser que la propia facultad en sí misma.

 

4.- Con Kant el derecho es equilibrio regulador de poderes individuales, cuyo único límite consiste en no perjudicar a otros.

 

5.- Este “derecho individual” se entiende como fin en sí mismo, sin atracción al fin último. Como autoteleología.

 

6.- Pero el derecho en general, en acepción clásica, es la relación de justicia que existe entre los seres creados, y entre ellos y su Causa Primera, también entre ellos y su propia esencia. No un poder autárquico de la causa segunda, sino un orden que la criatura abstrae (ex-trae) de la naturaleza de las cosas mismas, inscrito en ellas por una razón superior ordenadora.

 

7.- Por eso el derecho a la libertad religiosa en realidad es un deber: el de guardar la debida relación de justicia con Dios, justificada por Dios mismo en su Hijo.

 

8.- Cuán diferente de la libertad religiosa en sentido nominalista, como pretensión de autosuficiencia, como si fuera el hombre causa primera de su religación con Dios.

 

9.- Mas siendo el derecho una relación de justicia, como se ha dicho, la libertad religiosa, para ser conforme a derecho, debe consistir en esa relación misma tal y como es querida y concedida por Dios, y no en otra introducida por el hombre.

 

10.- Esta concepción de la libertad religiosa como poder individual, latente en la hermenéutica personalista de los derechos humanos, no congenia con la visión tradicional. Antes bien simpatiza radicalmente con el lema ilustrado, tal y como lo expresa el Conde de Volney: el hombre, ser supremo para el hombre.

David Glez. Alonso Gracián

26.10.18

(308) Principios y contraprincipios de sana política católica

1ª.- El derecho natural no es opinable.

 

2ª.- No hay que exponer a la sociedad a las mutaciones ideológicas del positivismo jurídico. Hay que garantizar que, respecto al bien común, la vida social repose sobre principios estables.

 

3ª.- La tradición política hispánica incide, especialísimamente, en una renovación del derecho penal clásico en sus fundamentos antropológicos y teológicos, también para el derecho eclesiástico.

Por ejemplo, para evitar que la autoridad desista de su potestad. 

Para que el derecho canónico y su teología moral consiguiente se libere de la influencia del derecho administrativo moderno (dejando de denominar, por ejemplo, “situación irregular” al adulterio).

 

4ª.- El constitucionalismo es hoy, ante todo, el sistema de la democracia cristiana. Por eso la secularización promovida por el constitucionalismo es la secularización promovida por la democracia cristiana.

 

5ª.- La democracia cristiana constitucionalista contiene actualmente un principio liberal de tercer grado. La idea de un estado católico resulta, por eso, en su perspectiva, un antivalor. 

 

6ª.- El constitucionalismo es personalista, porque fundamenta la defensa del ciudadano en la distinción individuo/persona. Suprime la noción de dignidad moral, sobredimensiona el concepto de dignidad ontológica, hace innecesaria la realeza del bien común. 

 

y 7ª.- Con la imposición del tercer grado de liberalismo en el derecho público, se difunde la secularización y el indiferentismo, se desactivan el derecho natural y penal, y desaparece el derecho público cristiano. Las leyes civiles dejan entonces de estar sustentadas en la ley natural y divina. El orden de la gracia, en consecuencia, queda desligado de la vida social, con lo que se apuntala la secularización.

 

Que la unidad católica pueda parecer más o menos imposible, hoy día, ni merma el esplendor de la doctrina clásica, ni mengua el poder de Dios Todopoderoso. La tradición política hispánica entiende que no es lícito en la vida política apartarse de los preceptos de Dios y legislar sin tenerlos en cuenta para nada. Y de esta tesis hace su bandera. Como apunta con lucidez Caturelli:

«Pero estas imposibilidades o dificultades para nada alteran la doctrina. Es eternamente verdadero que el error no tiene derecho alguno, aun en un Estado como la China actual; será entonces menester la tolerancia del error en virtud del bien mayor de la Iglesia y de las almas (en hipótesis) sin que esto cambie la esencia de la doctrina; por ejemplo, deberá tolerarse el «pluralismo» de opiniones (subjetivamente sinceras, sostenidas por personas concretas que debemos amar en Cristo) pero mantener sin desmayos la verdad objetiva de la doctrina católica.» (Alberto CATURELLI, Liberalismo y apostasía, Gratis Date, Pamplona 2008, p.13)

 
David Glez. Alonso Gracián
 
 
SÉPTIMAS MORALES

(305) Séptimas morales y políticas, I: cosas que hacen falta

(306) Séptimas morales y políticas, II: Asaltar la Bastilla

(308) Séptimas morales y políticas, III: Principios y contraprincipios de sana política católica

23.10.18

(307) Cuatro consecuencias indirectas de la reforma personalista

1.- La difusión del personalismo en el pensamiento católico ha tenido consecuencias relevantes en teología, filosofía y derecho, entre otras disciplinas.

Al incorporarse el numen católico elementos conceptuales de la Modernidad, se ha incorporado también, inevitablemente, elementos intelectuales de la mal llamada reforma luterana, del humanismo renacentista, del racionalismo ilustrado, del liberalismo ideológico, del marxismo cultural y, en general, del ethos revolucionario del Estado Mundial.

Son, por tanto, efectos indirectos, no directamente queridos, pero confusamente asumidos, aunque no del todo conscientemente.

 

2.- Consecuencia 1ª.— Primacía de lo teórico.  Transformación de lo teorético en teórico. Abandono de la contemplación de los primeros principios en pos de las ideaciones de la conciencia. Lo doctrinal tiende a lo ensayístico. Introducción abusiva de teologías y filosofías privadas en la función docente de la Iglesia. Abandono de la filosofía del ser por la filosofía de los valores. 

 

3.- Consecuencia 2ª.— Primacía de la voluntad. Transformación de la libertad como potencia ordenada en potencia absoluta, es decir como libertad negativa. Lo bueno se desliga del ser y se religa al querer. El obrar deja de seguir al ser, es el ser el que sigue al obrar. La voluntad como autodeterminación. Filosofía de la acción. Principio de Inmanencia. Experiencialismo. Fenomenología.

 

4.- Consecuencia 3ª.— Primacía de la conciencia. La conciencia subjetiva es sobrepotenciada. El juicio moral deviene valoración personal. La comunidad política se convierte en Estado como árbitro de reclamaciones y contrarreclamaciones. Sustitución de la ley objetiva por la norma convencional. El derecho administrativo usurpa funciones del derecho penal. La idea de pena y sacrificio expiatorio son sustituidas por la idea de sanción y corrección. La anomia de la ley se combina con supernormativismo. Declive de la teología penal en favor de una nueva teología administrativa (como ejemplo: el adulterio ya no es adulterio sino situación irregular)

 

5.- Consecuencia 4ª.— Primacía de lo personal. Relativización de las mediaciones. Declive del culto de dulía. La autoridad se concibe como autoritarismo, por lo que desiste de su potestad; pero la obediencia es entendida, por contra, como obediencia absoluta. La idea de ciudad católica visible, amurallada y perfecta, cede ante la idea de pueblo invisible, imperfecto, laico y peregrino, en constante movimiento de búsqueda. El derecho público cristiano cede ante los derechos humanos. Transformación de la libertad de cultos como pretensión tolerada por la comunidad política, en libertad religiosa como derecho exigible al Estado.

David Glez. Alonso Gracián