InfoCatólica / La Mirada en Perspectiva / Categoría: Postmodernidad

1.11.18

(309) La libertad religiosa en la encrucijada

Respecto a las religiones adámicas, el pensamiento clásico ha defendido siempre la necesidad de un principio de tolerancia que las relativice en orden al bien común y al reinado social de Cristo, garantía de vida social virtuosa en la unidad católica.

Este principio de tolerancia, rectamente entendido, tiene un fundamento teológico, que es la propia teologalidad de la fe. No cabe, por tanto, establecer un paralelismo indebido entre la religión revelada y las religiones adámicas. Ni siquiera fundamentándolo en la naturaleza humana.

Tampoco cabe, como pretende el constitucionalismo liberal, sustentar en la naturaleza humana una libertad religiosa absoluta en sentido moderno, esto es, como libertad negativa. Las religiones adámicas, como constructos surgidos del estado de enemistad original, no pueden considerarse “absolutos positivos” sin grave daño para el bien común.

Por influencia del personalismo, de raigambre liberal, las religiones adámicas han sido absolutizadas como derechos ontológicos privados. Como consecuencia, la vida social queda fragmentada y el estado reducido a mero árbitro de reclamaciones y contrarreclamaciones religiosas, dando lugar a innumerables conflictos.

 

1.- La ligazón originaria

Dios creó y elevó al ser humano «en un estado de inocencia y gracia» santificante (Catecismo mayor, 57).  Esta creación y elevación constituían una auténtica ligatio, es decir, una verdadera ligazón del hombre con su Creador y Santificador. Esta ligazón no era sólo de imagen y semejanza, sino también de gracia: era una relación, además de natural, sobrenatural.

Contra la escuela personalista en general, y su Nueva Teología en particular, creemos que esta elevación sobrenatural fue gratuita, puesto que Dios pudo haber creado a la criatura racional sin ordenarla a la visión beatífica.

—Lo que fue un regalo a la naturaleza humana no lo hemos de considerar una exigencia de la misma en orden a su autorrealización. Viene bien recordarlo, como hizo Pío XII en 1950 con esa segunda Pascendi que es la excepcional Humani generis, 20:

«Otros desvirtúan el concepto del carácter gratuito del orden sobrenatural, pues defienden que Dios no puede crear seres inteligentes sin ordenarlos y llevarlos a la visión beatífica. Y, no contentos con esto, contra las definiciones del concilio de Trento, destruyen el concepto del pecado original, junto con el del pecado en general en cuanto ofensa de Dios, así como también el de la satisfacción que Cristo ha dado por nosotros.»

Por tanto, la ligazón originaria del hombre con Dios era en definitiva un estado de amistad gratuito que Dios no debía al hombre, pero que quiso dárselo. 

 

2.- La des-ligación originada por el pecado

Mas el hombre, por el pecado, cayó de este estado de inocencia y gracia, y quedó en un estado que Trento describe con precisión:

«habiendo perdido todos los hombres la inocencia en la prevaricación de Adán, hechos inmundos, y como el Apóstol dice, hijos de ira por naturaleza, según se expuso en el decreto del pecado original; en tanto grado eran esclavos del pecado, y estaban bajo el imperio del demonio, y de la muerte» (Ses. VI, cap. I)

La desligación originada del hombre con Dios es, en definitiva, un estado de enemistad

Una vez caído del estado de amistad, al ser humano le resulta imposible volver a re-ligarse a Él sin haberse reconciliado antes. Resultándole imposible, además, reconciliarse a su manera. Es precisamente este manierismo religioso, como deseo de “autodeterminación religiosa", la pretensión que ofende sustancialmente al plan de Dios. Porque toda tentativa de forzar a Dios a reconciliarse no en los términos de Dios, sino en los términos y desvarios del hombre caído, es un abuso de la libertad. Es, de hecho, la esencia del abuso original.

 

3. Una manera irreconciliada de religarse, que es des-ligación

La conocida etimología de la palabra religión, religatio, religación, nos remonta a la religatio adámica, es decir, al intento de re-ligación sin reconciliación del hombre con Dios tras la Caída. Un intento que está marcado indefectiblemente por el deseo de independencia, fruto del estado en que queda el linaje humano tras la pérdida del estado de amistad.

Leer más... »

15.05.18

(266) Iglesia y nuevo orden mundial. Notas orientativas

1.- La difusión planetaria de un nuevo orden antimetafísico es un obstáculo para la Iglesia en el mismo sentido en que lo es la revolución.

Más aún, por ser el proceso de globalización un proceso revolucionario sin fecha, es un obstáculo crítico, que exige lo mejor y más sólido del pensamiento católico para poder ser salvado. 

Todavía, sin embargo, hay quienes creen que 1789 se puede leer en católico. Pero si la Iglesia adopta por ósmosis los principios neotéricos,  pierde su identidad y desactiva su mediación salvífica.  El mayor reto es mantener incólume su doctrina y enderezada su praxis, siempre ordenada al fin último y a hacer posible la vida virtuosa personal y social. 

 

2.- En cuanto nuevo orden, va precedido de graves conflictos y enormes sufrimientos. Pienso, por ejemplo, en la II Guerra Mundial, que le sirve de preparación.

Como todo aplanamiento axiológico general, tan propio de apisonadoras totalitaristas, el proceso globalizador produce una uniformación positivista de las conciencias. (A las que se reserva, en cambio, para salvar las apariencias, un núcleo privado de subjetivismo, el suficiente para hacer posible su  pluralidad, necesariamente relativista.)

3.- Los valores del nuevo orden apisonan, nivelan, horizontalizan, obligando (por ley) a mirar todas las cosas a ras del suelo; dinamitan la verticalidad para fundar solares yermos, sobre los cuales edificar la ciudad terrena planetaria. Pero la Iglesia no está indefensa ante el horizontalismo mundial, salvo que acepte sus principios y se terrenalice.

Leer más... »

2.05.18

(264) Iglesia visible y Leviatán

1. La Iglesia, sociedad visible

Afirma el Catecismo Mayor144, que «el noveno artículo del Credo nos enseña que Jesucristo fundó en la tierra una sociedad visible».

El énfasis puesto en la visibilidad de la divina fundación, responde a una sabia pedagogía magisterial: dejar claro a los creyentes que la obra de Jesucristo es cierta y no dudosa, reconocible y distinguible.

Consultando el diccionario de la RAE confirmamos la acepción: algo es visible cuando «se puede ver»,  «tan cierto y evidente que no admite duda»; y llama la atención «por alguna singularidad».

Está muy claro, por ello, que esta singular sociedad fundada por Nuestro Señor Jesucristo, por ser visible, debe suscitar certezas y no dudas, debe ser lo que es y no otra cosa, debe tener el rostro que le corresponde, y no el del Leviatán.

 

2. La invisibilidad como tentación

La Iglesia, que es Arca de salvación, siendo visible puede ser encontrada; pero también rastreada, acuciada, combatida por quien rechaza la salvación, y prefiere ahogarse. Si no es visible no es cazada, pero tampoco descubierta. Si no es visible, no puede ser perla que se halla en el campo. 

La invisibilidad confesional, el mimetismo a ultranza, la integración en la Modernidad, no supone un aumento del alma, no implica una mayor autenticidad ni un mejor fruto. La tentación de mostrarse dudosa, incierta, inconsistente, líquida, adaptable al recipiente de los valores del orden mundial, es una tentación que sólo se puede resistir con la gracia, con los conceptos y principios de la clasicidad, con el deseo del martirio. 

Leer más... »

21.04.18

(263) Quintas justas, II: modernidad y catolicidad, una amistad imposible

1ª.- Modernidad contra catolicidad.- No hay manera de congeniarlas. Cuando se intenta la simbiosis, la mente católica percibe ese conato como una tensión infructuosa, problemática, sin resolución posible; como una fragmentación interna que deviene en crisis.

 

Porque siempre que el pensamiento católico adhiere elementos ideológicos esenciales de la Modernidad, se posiciona contra su propia catolicidad, y perjudica al catolicismoLa asimilación católica de principios constitutivos del numen moderno siempre es autodestructiva y problemática, tensiona por dentro el numen bíblicotradicional hasta desfigurarlo, y genera confusión y división.

 

3ª.- La Modernidad comienza con Lutero y con Pico de la Mirandola (figura de los humanistas italianos del Renacimiento). De un lado, surge el protestantismo. De otro, ese humanismo de modernidad incorporada, que en el fondo no es más que antropocentrismo de idiosincrasia católica. Pero idiosincrasia y fe no son lo mismo.

Leer más... »

15.04.18

(261) Relativismo dogmático, nihilismo consolidado y posmodernidad

Se dice de la sociedad occidental de hoy día que es líquida, por oposición a sólida. Se olvida, sin embargo, que un agua mala puede congelarse, y no por ello perder maldad, antes bien ganarla por petrificación. Y que un error consolidado, congelado en paradigma, es más difícil de superar que un líquido, pues toma forma de obstáculo.

 

1. De la sociedad líquida a la sociedad petrificada

La navegación por los mares de la posmodernidad se ha vuelto sumamente peligrosa. No sólo hay que contar con la presencia de amenazadores bloques de hielo aquí y allá, sino con la acción subliminar, subyacente y profunda, de inadvertidos Leviatanes.

Subliminar, porque el mal posmoderno actúa como por debajo del umbral de la conciencia, en la tenebrosa zona de la mentalidad del siglo, con sus prejuicios, tópicos y lugares comunes de apariencia insalvable y maciza.

Subyacente, porque el error posmoderno actúa por debajo de una capa de apariencia benéfica, que es el buenismo personalista; cubierto de aparentes bienes, pero continente del mal originario, una pretensión de autonomía y autoposesión que es figura de la emancipación original.

Profunda, porque penetra hondamente, más hondamente que nunca, extendiéndose más largamente que nunca; estando su fondo causal tan distante a la mirada, que aunque asome al pozo no acierta a distinguir su principio y su finalidad. Avistar el peligro es enormemente dificultoso.

Cuando se dice, por tanto, que la sociedad de hoy es líquida, no ha de olvidarse que los valores que le son propios se han solidificado de tal manera subliminar, subyacente y profunda, que han constituido un paradigma.

Leer más... »