(384) Doctrina escamondada

23.- Frescor gratísimo.— Blancor de doctrina pasada por lejía, frescor gratísimo. Esto es para el alma la buena filosofía, el recto teologar según el numen tradicional, el clásico sentir. La recta doctrina es fuerza y honor de Cristo, contra la mala, debilidad y suciedad del siglo. Centrada en lo esencial, aislada de todo bochorno doloso, la recta doctrina es frialdad de manantial y remedio de tibios. El acaloramiento revolucionario no la dilata.

Una doctrina escamondada alegra la vida. Sin conceptos extraños, dudosos; sin nociones alienígenas. La mente se recrea en precisiones, se reconforta y descansa en claridades del Verbo. La mala teología cansa sin remedio. Por eso consuela, y descansa mucho, conocer sin obstáculos la verdad, lavada de teorizaciones extrañas añadidas, y fresca, sin sudores de acomodamiento.

 

24.- Procedencia y precedencia.— El abuso teológico, que es indicio de esclavitud y no de libertad, procede del giro moderno de la pastoral posconciliada. Y se remonta sobre la Casa del Dios vivo para vivir entre nubes de lo ideal, en el orden heideggeriano de la posibilidad, como demandan, imprudentes, los existencialistas católicos.

Se adultera con el Leviatán para vivir entre algodones, que en eso consiste sentir con el Maelstrom, en vez de con la Iglesia. Siendo la libertad negativa el origen de la crisis, y su ejercicio la tónica del día, es lógico que la Bestia tenga la supremacía, aunque no podrá hasta el final.

 

25.- Se ha de recomendar cautela.— Insiste en ello nuestra tradición local, la hispánica, emblemática y cervantina: «más difícil es conservar lo propio que adquirir lo ajeno», enseña Francisco Gómez de la Reguera en sus Empresas de los Reyes de Castilla y de León; porque «cuanto más se adquiere [de lo ajeno] más se desea». Es obra de la gracia, y de su sana ascética, conservarse católico, y esto demanda heroísmos sin cuento. Lo fácil, facilísimo, es perder la propia identidad y enajenarse en otra. Cuanta más filosofía moderna se aplique a la función docente de la Iglesia, menos será de la Iglesia, y más será del espíritu de esta época; con el mundo presente, como demanda la Escritura, no hay que enredarse en coqueterías (Cf. Rom 12, 2).

 

26.- El fin no justifica los medios.— No es sensato desestabilizarse a voluntad para lograr un falso fruto, un éxito que no está en nuestra mano, porque es de Dios el crecimiento (Cf.1 Cor 3, 6), y no del acomodo. El fin no justifica los medios. Manchar la recta doctrina con los fangos del Maelstrom no es medio bueno sino abuso, no es salud sino enfermedad, no es tradición sino mimetismo, como diría el maestro Gambra. No justifica el crédito pastoral la usura del momento, la deuda con las impurezas del siglo es imposible de saldar. De aquellos barros, estos lodos.

 
En la emblemática hispánica es tradicional representar, con la pictura del armiño, la claridad y perfección del orden recto. Don Franciso Gómez de la Reguera atribuye al rey don Alfonso XI el mote muy potente y muy cristiano de malo mori quam foedari, antes morir que mancharse, antes morir que el deshonor, que es lema de caballero cristiano, como el de Vittore Carpaccio, pintado en 1510.
 
27.- Linaje escogido.— La Sangre de Cristo, sacramentalmente adherida, limpia la estirpe caída, no más inmunda a ojos de Dios, dice el Tridentino, sino antes bien escogida, lavada con la sangre que es lejía de la Cruz. Y en pos de un deber que hay que cumplir, según está escrito: «sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquél que os llamó a su luz admirable» (1 Pe, 2, 9). Nuestra, de todo bautizado, es la misión de proclamar las perfecciones de Jesucristo, nuestro Señor. Es el candor de su pecho el fulgor de nuestro apostolado. Exhorta la Escritura a los mismos sentimientos de nuestro Rey de Reyes (Cf. Fil 2, 5).

No haya lugar entre nosotros para las impurezas del camino, sino para sus dones, que vienen de lo alto; conforme al símbolo cristiano, sea nuestra mente como blanco de armiño, que es signo de realeza, la de Cristo. Dice Gómez de la Reguera, en sus Empresas, que «quiso enseñarnos el rey don Alfonso onceno que un príncipe antes ha de perder la vida que manchar con una acción indecente el candor de su pecho. Mostró este concepto en el armiño. Cércanle los cazadores codiciosos de su blanca piel con lodo, y él, para no manchar la blancura de su lana, se deja aprisionar y pierde la vida».

Antes morir que pecar es dicho de santos y de sabios. Antes morir que errar con dolo también es dicho de santos y de sabios. Parafraseando al vallisoletano, digamos, también, con brío, temor y temblor católicos, guardemos la doctrina con toda su frescura y rectitud, y con heroico valor, como el armiño emblemático, prefiramos morir que ensuciar la verdad

Lávese con lejía todo concepto, principio o noción adquirido desoyendo las Pascendis, la primera y la segunda, que es la Humani generis

Quedémonos tan sólo con la doctrina probada, católica y tradicional, fresca, limpia y bien escamondada.

David Glez. Alonso Gracián

 
(Ilustración: emblema malo mori quam foedari, de los Emblemas de los Reyes de Castilla y de León, de Francisco Gómez de la Reguera, edición de César Hernández Alonso, Universidad de Valladolid, 1991, pág 95).

2 comentarios

  
Oscar de Caracas
Entre muchos sacerdotes el honor es no dar la cara, es mirar de reojo al poder para saber sin son buenos siervos del diablo pues a él lo deben todo y no a Dios. ¿Antes morir que pecar? Pues mejor pecar que al final todo se perdona.

Hoy en la misa no escuché en la peticiones pedir a Cristo pero si peticiones por desarrollos integrales del hombre y similares tipo ONU y peor todavía UNESCO.

Durante 50 años se han implantado en nuestras vidas aberraciones como el aborto, gaymonio, eutanasia y...¿Cuando fue la última vez que oímos pedir leyes y gobiernos cristianos por todo esto?

29/09/19 2:59 PM
  
César
Con la fibra aún temblorosa por haber acabado de leer por vez primera la trilogía del Señor de los anillos, Gloria a Dios por el fresco aroma que inocula en su pluma.

Dicho lo cual, y perdone mi torpeza, ¿le importaría aclararme si es que aconseja beber de mejores fuentes que de las cartas encíclicas Pascendi y Humani Generis para un mejor provecho?

Sepa que parto de la base que ésta es su sola opinión (aunque muy bien fundamentada por fiel adhesión a Cristo y a su Iglesia), que me es muy preciada (el peso de la honra...) y que aspiro a la cima sin atajos (aunque me enrede más de lo que me gustaría en circunloquios que llenan pero no sacian).

Gracias de antemano y que Dios le bendiga

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A.G.:
Me alegra haya leído El Señor de los anillos. Yo tengo la costumbre de empezar a leerlo todos los meses de diciembre.

Por supuesto, aconsejo, recomiendo, exhorto a leer Pascendi y Humani generis, son textos fundamentales, que nos enseñan mucho de los males que hoy padecemos. Son lecturas de cabecera y brújula de los vientos en estos tiempos.

Me gusta eso de la cima sin atajos. Es uno de mis lemas, por cierto.
02/10/19 9:28 AM

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