InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Apologética católica

26.10.19

San Juan Enrique Newman y la Pachamama

Conocido es el hecho de que al comienzo del Sínodo para la Amazonia, los jardines del Vaticano acogieron una ceremonia indígena en la presencia del papa Franciso y cardenales y obispos.

Durante dicha ceremonia en el suelo había una estatuilla de madera sobre la que han corrido ríos de tinta. Nadie parecía saber o más bien nadie quería decir qué era esa estatua. Descartado que fuera una representación de la Virgen María, el Papa aclaró cualquier duda al respecto en su intervención de ayer ante la asamblea sinodal: era la Pachamama. Al mismo tiempo, pidió perdón por lo sucedido días antes, cuando unos católicos sacaron los ídolos de la Pachamama de una iglesia romana para luego tirarlos al Tíber, de donde la policía italiana los ha recuperado.

¿Y qué es la Pachamama? Cito de Wikipedia:

“Es una diosa totémica de los Incas representada por el planeta Tierra”

Y cito a Mons. José Luis Azcona, quien ha desempeñado su ministerio episcola entre indígenas, lo cual significa que algo sabe del tema. Dice que la Pachamama es una diosa:

«…como Cibeles (de la antigüedad clásica) o como la diosa Astarte adorada en Babilonia, ambas expresan la fertilidad de la mujer»

En la retransmisión de la ceremonia indígena por parte de Vatican.news, la locutora encargada de la versión en español, dijo lo siguiente mientras los participantes en el rito religioso se prostraban ante la Pachamama y una mujer indígena rezaba alzando los brazos a lo alto:

«… están orando y rezando en comunión directa con la Madre Tierra»

Lo pueden ustedes comprobar en el vídeo, a partir del minuto 10:55

Como aquello no les debió parecer suficiente, la Pachamama fue también protagonista de actos religiosos en el interior de la la iglesia romana de Santa María en Traspontina, situada en la Via de la Conciliazione a pocos metros del Vaticano.

Según Francisco, no había intención idolátrica. Según Mons. Azcona, cabe definir así lo ocurrido:

«La invocación de las estatuillas frente a las cuales incluso algunos religiosos se han inclinado en el Vaticano (y no digo la congregación a la que pertenecen…) es la invocación de un poder mítico, el de la Madre Tierra, al que se piden bendiciones para la humanidad o gestos de gratitud. Son escandalosos sacrilegios demoníacos, especialmente para los pequeños que no saben discernir».

Y según el cardenal Müller traer esos ídolos a la Iglesia «fue un pecado grave, un crimen contra la Ley Divina».

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28.08.19

Monseñor Schneider se ha tomado en serio lo de ser obispo

En ocasiones ocurre que el nombre que recibe uno en el bautismo, o el que elige al consagrarse, imprime carácter. Es el caso de Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná. A pesar de ser un “simple” obispo auxiliar, hace honor a aquel gran Patriarca que defendió la fe nicena, o sea la fe católica, ante el avance del arrianismo, que parecía imparable. Efectivamente, San Atanasio fue el instrumento más eficaz de Dios para que la verdad prevaleciera en medio de la que fue la mayor crisis de la historia de la Iglesia hasta hoy.

Hoy la crisis tiene un nombre: modernismo. En InfoCatólica hay suficientes posts como para que no sea necesario que explique en qué consiste.

Pues bien, de igual manera que San Atanasio defendió en el siglo IV la fe entregada de una vez para siempre a los santos, Mons. Schneider la defiende hoy, en pleno siglo XXI. Y lo hace a pesar del evidente peligro que corre al corregir públicamente a quienes debiera ser los principales custodios de dicha fe. He aquí el último ejemplo.

Para evitarle acusaciones de ser “preconciliar", conviene recordar lo que el Concilio Vaticano II dijo acerca del ministerio de todos los obispos. Cito de Lumen Gentium, 23:

Cada uno de los Obispos que es puesto al frente de una Iglesia particular, ejerce su poder pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios a él encomendada, no sobre las otras Iglesias ni sobre la Iglesia universal. Pero en cuanto miembros del Colegio episcopal y como legítimos sucesores de los Apóstoles, todos y cada uno, en virtud de la institución y precepto de Cristo, están obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud que, aunque no se ejerza por acto de jurisdicción, contribuye, sin embargo, en gran manera al desarrollo de la Iglesia universal. Deben, pues, todos los Obispos promover y defender la unidad de la fe y la disciplina común de toda la Iglesia, instruir a los fieles en el amor de todo el Cuerpo místico de Cristo, especialmente de los miembros pobres, de los que sufren y de los que son perseguidos por la justicia (cf. Mt 5,10); promover, en fin, toda actividad que sea común a toda la Iglesia, particularmente en orden a la dilatación de la fe y a la difusión de la luz de la verdad plena entre todos los hombres. 

Mons. Schneider, que cuenta con el apoyo de su arzobispo, Mons. Tomash Peta, no es el único obispo que está llevando a cabo lo que indicó el concilio, pero es sin duda uno de los más “mediáticos” en esa tarea. 

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22.06.19

La herejía más absurda del protestantismo está de moda en el catolicismo

El protestantismo tiene una serie de principios fundamentales sin los cuales nadie puede considerarse, o ser considerado, protestante. Uno de ellos es el Sola Scriptura, con su hermano de sangre el “libre examen", y otro es el solafideísmo. Este último consiste en la tesis de que somos justificados solo por la fe y que las obras no tienen ni arte ni parte en nuestra salvación. 

Una presentación chabacana, pero muy real, del solafideísmo es la famosa frase de Lutero “Pecca fortiter crede fortius” -"peca con fuerza pero cree con más fuerza"-.

Pues bien, la única vez en toda la Biblia en que las palabras fe, sola y justificación aparecen en un versículo es para negar el solafideísmo:

Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.
Stg,2,24

Lutero fue tan “genial” que en su traducción al alemán de Romanos 5,1 “Justificados, por tanto, por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” añadió se su propia cosecha el “solo", quedando entonces así “Justificados, por tanto, SOLO por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo",

Como muchas herejías, el solafideísmo tiene algo de verdad. San Pablo enseña:

Así pues, por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, puesto que es un don de Dios: es decir, no procede de las obras, para que nadie se gloríe,
Efe 2,8-9

Pero el mismo apóstol aclara en Gálatas a qué tipo de obras se está refiriendo

Pero, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley. Pues por las obras de la ley no será justificado nadie.
Gal 2,16

Resumiendo. San Pablo, como el resto de la Iglesia al menos desde el primer concilio en Jerusalén (Hch15,7-11), indica que la salvación no viene por guardar la ley mosaica sino por gracia. Y ello por una razón elemental: “nadie, por sí mismo, puede guardar toda la ley".

Ahora bien, el propio apóstol señala la importancia de las obras a la hora de ser salvos. En la epístola de Romanos escribe:

Tú, sin embargo, con tu dureza y con tu corazón que no se quiere arrepentir, atesoras contra ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual retribuirá a cada uno según sus obras: la vida eterna para quienes, mediante la perseverancia en el buen obrar, buscan gloria, honor e incorrupción; la ira y la indignación, en cambio, para quienes, con contumacia, no sólo se rebelan contra la verdad, sino que obedecen a la injusticia.
Rom 2,5-8

¿Cómo va a ser solafideísta al modo protestante quien enseña que Dios paga con la vida eterna a quien persevera en el buen obrar? ¿cómo el que también enseña esto?:

Los que viven según la carne sienten las cosas de la carne, en cambio los que viven según el Espíritu sienten las cosas del Espíritu. Porque la tendencia de la carne es la muerte; mientras que la tendencia del Espíritu, la vida y la paz.  Puesto que la tendencia de la carne es enemiga de Dios, ya que no se somete -y ni siquiera puede- a la Ley de Dios. Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
Rom 8,5-8

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22.05.19

Tenemos un problema con el término proselitismo

El papa Francisco recibió esta semana en audiencia al Instituto Pontificio para las Misiones Extranjeras (PIME), que está cerca de cumplir 170 años de su fundación. En su discurso el Pontífice tuvo a bien recordar que es la gracia de Dios quien obra la consagración de hombres y mujeres a la labor evangelizadora:

«Evangelizar es la gracia y la vocación propias de vuestro Instituto, su identidad más profunda. Sin embargo, esta misión, conviene enfatizar, no os pertenece, porque brota de la gracia de Dios. No hay escuela para convertirse en evangelizadores; Hay ayuda, pero es otra cosa. Es una vocación que tenéis de Dios. O eres evangelizador o no lo eres, y si no has recibido esta gracia, esta vocación, te quedas en casa».

Aunque ciertamente todos los fieles debemos estar preparados para dar razones de nuestra fe (1ª Ped 3,15), no todos tenemos el carisma propio del evangelizador. Como bien enseña San Pablo:

Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo
Efe 4,11-12

La evangelización es fruto del mandato del Señor a sus apóstoles y es absolutamente necesaraia para la salvación de los elegidos:

«Porque todo el que invoque el nombre del Señor se salvará». ¿Pero cómo invocarán a Aquel en quien no creyeron? ¿O cómo creerán, si no oyeron hablar de él? ¿Y cómo oirán sin alguien que predique? ¿Y cómo predicarán, si no hay enviados? Según está escrito: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Nueva!» Pero no todos obedecieron al Evangelio. Pues Isaías dice: «Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio?» Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, a través de la palabra de Cristo.
Rom 10,13-17

Sin embargo, el Papa advirtió a los miembros del PIME que una cosa es evangelizar y otra hacer proselitismo:

«Hay un peligro que vuelve a surgir, que parece estar desactualizado pero que está regresando, confundir la evangelización con el proselitismo. No. La evangelización es un testimonio de Jesucristo, muerto y resucitado. Es Él quien atrae. Por eso la Iglesia crece por atracción y no por proselitismo, como dijo Benedicto XVI. Pero esta confusión surgió en parte de una concepción político-económica de la “evangelización", que ya no es evangelización. Mas es la presencia, la presencia concreta, por la que te preguntan por qué eres así. Y entonces anuncias a Jesucristo. No estás buscando nuevos socios para esta “sociedad católica”, no, estás mostrando a Jesús: que se muestra a sí mismo en mi persona, en mi comportamiento; Y abrir espacios con mi vida a Jesús. Esto es la evangelización. Y esto es lo que sus fundadores tenían en sus corazones».

Reconozco que no entiendo cuál es el concepto que Francisco tiene sobre el término proselitismo. Habla de no buscar “nuevos socios para esta sociedad católica” y dice que esto forma parte de una concepción político-económica. Pues, sinceramente, no sé a qué se refiere.

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26.12.18

La humanidad está dividida en dos

En el evangelio de ayer, escuchamos:

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Jn 1,9-13

La humanidad está radicalmente dividida en dos: aquellos que creen en Cristo y han sido bautizados y aquellos que no. Unos son hijos de Dios -en el sentido de filiación sobrenatural-, otros no. Los que no creen en Cristo son solo hijos del primer Adán. Los que creen son hijos de Dios en el segundo Adán, que es Cristo (1 Cor 15,45) (*). De ahí la absoluta necesidad de predicar el evangelio a todos los hombres. 

Entre los hijos de Dios también se puede establecer una división. Los que viven en pecado y los que viven en gracia. Se entiende que vivir en pecado no es pecar ocasionalmente, cosa que todos hacemos, sino pecar gravemente a conciencia -pecado mortal- y sin intención de arrepentirse y cambiar de vida. Si mueren en ese estado, aun siendo hijos de Dios su condenación es segura e incluso se puede decir que su situación será peor que la de aquellos que nunca creyeron porque nadie les predicó el evangelio.

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