InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Categoría: Teología dogmática

13.04.14

Naturaleza de la Sagrada Liturgia y su importancia en la vida de la Iglesia (Concilio Vaticano II)

La obra de la salvación se realiza en Cristo

5. Dios, que “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4), “habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas” (Hebr 1,1), cuando llegó la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón [8], como “médico corporal y espiritual” [9], mediador entre Dios y los hombres [10]. En efecto, su humanidad, unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación. Por esto en Cristo “se realizó plenamente nuestra reconciliación y se nos dio la plenitud del culto divino” [11].

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15.03.14

Lo mudable y lo inmutable en la Iglesia (Joseph Ratzinger)

(…) En la tensión entre lo mudable y lo inmutable, todos acabaremos por topar con la Iglesia. Por un lado, ella es lo mudable, marcada a lo largo de los tiempos por cambiantes generaciones humanas. Pero, en todo esto, debe seguir siendo también “la Iglesia” y, por ende, también el sujeto portador del cambio que, por tanto, permanece idéntico a sí mismo. Por eso es, en cierto modo, comparable al hombre que, a tenor de los criterios fisiológicos y psicológicos, sólo podemos detectar como una secuencia de situaciones, pero que sabe, con total certeza, que sigue siendo él mismo en todas estas fluctuantes circunstancias.

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23.02.14

Reflexiones sobre la teología académica y la cultura popular

Recientemente publiqué en InfoCatólica un artículo titulado Dos ideas sobre la catequesis kerygmática, donde sostuve las siguientes tesis: a) si bien la catequesis actual debe incluir el kerygma o primer anuncio del Evangelio, éste no debe reducirse a la resurrección de Cristo; b) la catequesis actual, además de kerygmática, debe ser apologética, tanto que incluso convendría elaborar un “Catecismo Apologético”.

Comentando ese artículo, el Padre José María Iraburu me escribió que convendría aplicar estas propuestas no sólo a la catequesis, sino también a la formación en los seminarios y a la predicación pastoral de los sacerdotes. Estimulado por ese lúcido comentario, me decidí a escribir otros dos artículos (éste y otro más que está en preparación).

1. Brecha entre la teología académica y la cultura popular

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11.02.14

El Espíritu Santo

1. El Espíritu Santo es Dios

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos ha revelado la verdad acerca de Dios y la verdad acerca del hombre. El Dios revelado por Cristo es uno y trino; uno en naturaleza (un solo Dios) y trino en personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Si bien el misterio de Dios uno y trino está en el centro de la fe cristiana, la doctrina sobre la Santísima Trinidad no fue desarrollada sistemáticamente en el Nuevo Testamento. La Iglesia, con el auxilio del Espíritu Santo, desarrolló a lo largo de los siglos la doctrina trinitaria por medio de una reflexión teológica que explicita los contenidos de la Divina Revelación transmitida en la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición. Con mucha frecuencia el desarrollo dogmático se generó como una respuesta eclesial al peligro mortal representado por las herejías.

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29.01.14

La razón humana y el misterio de Dios

Se dice que Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo y filósofo medieval, tuvo hacia el final de su vida, mientras celebraba Misa, una experiencia mística que lo indujo a dejar inconclusa su obra magna, la Suma Teológica. Su amigo fray Reginaldo le rogó que volviese a sus costumbres ordinarias de leer y escribir, pero Tomás le respondió: “No puedo escribir más. He visto cosas ante las cuales mis escritos son como paja". Volvió a la sencillez extrema de su vida monástica (era dominico, es decir: pertenecía a la orden mendicante fundada en 1215 por Santo Domingo de Guzmán) y sólo dejó su retiro por obediencia al Papa, quien requirió su presencia en el Concilio de Lyon II (1274). Se puso en camino, pero poco después de comenzar el viaje enfermó y fue conducido a un monasterio. Allí pidió que le fuese leído todo el canto de Salomón, confesó sus pecados y murió. El confesor dijo que su confesión había sido como la de un niño de cinco años (cf. G. K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid 1985, pp. 130-133).

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