640 - CHILE: EL CARDENAL ERRÁZURIZ Y LA DISTRIBUCIÓN DE ABORTIVOS (III).

CHILE: DOCUMENTO DEL CARDENAL ERRÁZURIZ. DISTRIBUCIÓN DE ABORTIVOS POR PARTE DEL ESTADO (III).

(vid. también NG 635). (Continúa del número anterior).

La píldora del día después

Reflexionemos también sobre el fármaco que se quiere distribuir gratuitamente, ya que en este contexto - tanto en nuestro país como en muchos otros países del mundo - ha surgido la polémica acerca de la así llamada "píldora del día después" o la "anticoncepción de emergencia". El fármaco ha de ser analizado desde diferentes puntos de vista, tales como el daño que puede producir a la mujer, la igualdad de oportunidades, las distintas posturas en el orden de los valores que conviven en una sociedad plural. Una cosa, sin embargo, es segura: se trata de un fármaco contrario a la concepción, como lo dice su nombre. Ya este hecho no es irrelevante para la conciencia. Sin embargo, la pregunta que ha desatado la gran polémica es otra: ¿elimina o no elimina una vida humana? Si la eliminara, poco importa el respeto que algunos querrían a la exaltación de la libertad individual, hasta el extremo de aceptar lo inaceptable: el presunto "derecho" a suprimir vidas humanas.

En esta materia hay que estar vigilante, porque son incalculables los intereses económicos y políticos que están en juego a nivel internacional, en relación al aumento o descenso de la natalidad. Somos testigos de la alteración progresiva del lenguaje, en todas las latitudes, para hacer aceptable lo que no lo es. El concepto de embarazo fue alterado: hasta hace poco tiempo todos lo definían como el proceso que comienza con la concepción de un nuevo ser. Hoy hay quienes plantean su inicio con la anidación en el útero de la madre del óvulo fecundado. Además no faltan quienes pretenden que la vida comienza recién con dicha anidación. Por otra parte, se llega al extremo de que ciertos Estados resuelven negarle al niño en gestación, mientras no haya nacido, todo derecho a la vida; también cuando está naciendo, después de nueve meses de gestación. Según los estudios del Consejo Pontificio para la Familia, todas éstas son alteraciones del lenguaje que, en general, han sido promovidas con la intención de lograr que la cultura y los legisladores abran las puertas a la manipulación de óvulos fecundados, y al control artificial de la natalidad, también mediante el aborto.

Por inexplicable omisión, cuando el Instituto de Salud Pública aprobó por primera vez en Chile este fármaco, si bien reconoció que uno de sus posibles efectos consistiría en "evitar el proceso de implantación del óvulo fecundado en el útero de la madre" 2, dejó para más adelante la pregunta más relevante y decisiva, acerca del momento en el cual se inicia una vida humana. No podía ser dejada para más tarde. Precisamente la disparidad de pareceres y de estudios en una materia tan delicada y grave como es el inicio de la vida humana, requería proceder con mucha prudencia y sin precipitaciones, confrontando las investigaciones, pidiendo el parecer del mayor número de instancias de relevancia científica y ética. De hecho, la embrología y la genética confirman que una nueva vida humana se inicia en el momento de la fecundación del óvulo 3. El hecho de dejar en manos de una institución de salud un asunto de tal gravitación para la cultura y la ética privada y pública de un país, como es el respeto del derecho a la vida, cuestiona nuestro ordenamiento jurídico.

La Iglesia católica no tiene sobre estas materias una doctrina arbitraria. Por una parte, remonta su enseñanza al Evangelio anunciado por el Señor. En sus disputas con los fariseos, Jesús reaccionaba contra una manera externa de comprender la religión. Él quería que los sentimientos, los pensamientos y las intenciones de sus discípulos surgieran de un corazón nuevo, movido por el Espíritu Santo. Por eso San Pablo propone a los Filipenses que tengan entre ellos los mismos "sentimientos" que tuvo Cristo (Flp. 2.5). Por lo tanto hay que tener presente, en relación a la "píldora del día después", la intención de quienes la toman. En el caso de una violación, probablemente la persona obra después con precipitación, desesperadamente por el problema que sufre. Pero ¿quien puede dudar de que la intención de casi todas las personas que la ingieren sea excluir la posibilidad de tener familia? ¿Quién puede asegurar que la intención, en esos casos, no sea abortiva?

Por otra parte, la Iglesia basa su enseñanza en las investigaciones científicas. Para la aprobación de un nuevo fármaco, es necesario probar positivamente que éste no es una amenaza para la vida del ser humano. Por eso, la investigación debía probar que la "píldora del día después" (Levonorgestrel) no impide la anidación del óvulo fecundado en el útero materno, es decir, que no elimina una vida humana en estado embrionario. A esta evidencia no han llegado los estudios científicos, y puede ser que no lleguen nunca a ella. Sin embargo, los laboratorios que la comercializan ya informan que uno de sus efectos puede ser el de impedir la implantación del óvulo fecundado en el útero materno, produciéndose así la pérdida de una vida humana. Pues bien, cuando se trata de la vida humana, no es lícito emprender una acción, sin tener la seguridad de que esa acción no la mata. Como se dice gráficamente, no se puede disparar contra un matorral cuyas ramas se mueven, ignorando si el movimiento lo provoca una liebre o un niño. Por eso, mientras no se llegue a la conclusión contraria, moralmente no es lícito su consumo.

La Iglesia no puede ser incoherente es su enseñanza. Se trata de la defensa del derecho a la vida. Por eso, con la misma energía con que intervino en favor de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, señaló hace pocos años que era hora de abolir la pena de muerte, por ser innecesaria e inhumana. De igual manera señala hoy la necesidad de defender el derecho a la vida de todo ser humano desde sus inicios.

Nuestro mundo, ¿es favorable a la vida?

Quisiera concluir esta reflexión con unas palabras del Santo Padre sobre un fenómeno que acompaña a la globalización, ante el cual debemos ser vigilantes: "Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los 'Caínes' que asesinan a los 'Abeles'. No. Se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, de una serie interminable de guerras y de una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva 'conjura contra la vida', que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto." El problema "está también en el plano cultural, social y político, donde presenta su aspecto más subversivo e inquietante en la tendencia, cada vez más frecuente, a interpretar estos delitos contra la vida como legítimas expresiones de la libertad individual, que deben reconocerse y ser protegidos como verdaderos y propios derechos." (Evangelium Vitae 17s)

Hay que recorrer un largo camino que atañe sobre todo a la educación al amor, a la sexualidad, a la familia, a la paternidad y maternidad responsables, a la cultura de la vida. La disociación de la sexualidad del amor conyugal y de la apertura a la vida, va generando una mentalidad anticonceptiva y abortista, que inclina a considerar la vida recién concebida como una amenaza a la felicidad, y no como un maravilloso don. La sociedad necesita que sus comunicadores la ayuden a acoger este don de Dios que es toda vida en gestación, y a apreciar a quienes lo aceptan y ayudan a crecer, también después de su nacimiento.

Que el Señor nos de su sabiduría y su gracia para valorar el asombroso don de la vida. Así se lo pido por intercesión de María Santísima, Madre de Jesús, que es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida.

+ Francisco Javier Errázuriz Ossa, Cardenal Arzobispo de Santiago, Santiago, 1º de mayo de 2004, Festividad de San José.

Notas:

1.- Juan Pablo II, a los participantes del curso promovido por la Penitenciería Apostólica, 27.03.2004, 3; y Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1468.

2.- Resolución de la Corte Suprema de Justicia, 30 de agosto de 2001, nº 10.

3.- Ver Helen Pearson , Revista Nature, 4 de julio de 2002, pag. 14s

FIN, 10-05-04