1.07.19

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

Hoy día, en el mundo católico, hay un caos del patín. Es tan evidente que decirlo, para unos se ha convertido en un auténtico lugar común o, incluso, en una “boutade" que ya no significa nada. Para otros, seguimos con el escándalo farisaico porque, para los de esta banda, la verdad de lo que pasa en la Iglesia ya no se puede ni decir: ni se tolera ni se quiere saber.

Pero la verdad está ahí, tozuda, como le pasa siempre a la verdad. Incluso a la Verdad.

Hay otro grupo que va de católicos cien por cien, que despotrican contra todo lo que no se ajusta a lo que entienden por “lo católico"; y, desde ahí, también pontifican.

Pero la prueba del algodón de todo católico es exactamente “hasta dónde está dispuesto a llegar por su Fe, por la Doctrina, por la Iglesia y por Jesucristo". Es decir: por todo lo que, en este ámbito de realidad, no es suyo: es recibido de Dios.

Y me explico. Y espero que se me entienda.

He escrito “dispuestos a llegar” para que nadie se piense que voy por lo económico: para nada. Me refiero a lo que estamos dispuestos a entregar -a entregarnos, por más exactos- para ser fieles a nuestra vocación de hijos de Dios en su Iglesia. Para aclararnos: “tanto amamos cuanto estamos dispuestos a sacrificarnos por…”. Porque el amor verdadero es darse, entregarse. Y esto es aplicable a todo orden de cosas y personas, incluido Dios, Uno y Trino.

¿En la Iglesia Católica, dónde lo aprendemos? Ni más ni menos que en Nuestro Señor Jesucristo -en primerísimo lugar-, que nos amó hasta el fin. Ahí están el Jueves Santo y el Viernes Santo para todo el que quiera enterarse.

Y esta ha sido la constante en la bimilenaria vida de la Iglesia desde los mismos Apóstoles hasta nuestros días, pasando por los mártires de ayer y de hoy, que los ha habido, hay y habrá. De hecho, la Iglesia Católica ha fecundado el mundo y ha salvado alas almas de sí mismas y de todos los ambientes contrarios, precisamente con el testimonio fiel del amor, fuerte hasta la muerteque, por Cristo y en Cristo, ha regado todos los ambientes, todas las naciones y todas las culturas desde entonces. Insisto: hoy como ayer.

Así han amado tantos y tantos a Cristo, a su Iglesia y a su misma Fe: más que a su propia vida.

Y esto es lo que tantos y tantos, que van de buenos, ortodoxos, fieles…, al menos de primeras, ya no están dispuestos a asumir.

En la Iglesia Católica hemos condescendido tanto, tanto; hasta tal punto nos hemos creído que la Fe es cosa de boquilla -verbo et lingua- pero que no va más allá en los ámbitos que no son estrictamente “espirituales"; es decir: teóricos…

Porque en los temas “prácticos": me caso o no, tengo hijos o no, me dejo sobornar o no, dejo mi conciencia a la puerta o no, miento o no, robo o no, aborto o no, milito en tal partido político o no, voto esto o lo otro, pago impuestos, ayudo realmente al personal, me someto a las estructuras de pecado, me dedico a la anticoncepción, engaño en mi trabajo, pongo cuernos a quien corresponde…

En todo lo que es la vida real, ahí hago lo que me da la gana; y la Iglesia no me puede decir nada; y si pretende decírmelo, con no hacerle caso, pues eso… Y yo, tan católico como siempre, oiga.

O sea: ya tenemos incorporado en la vida práctica de los “buenos” lo mismo que define a los que van de herejes, modernos, a la contra, etc, O sea, los no católicos, aunque lo hayan sido. La composición de lugar es la misma.

¿Es esto lo que estamos viendo en los católicos de la China? ¿Y lo que hemos visto -y vemos aún- en los católicos de Irak? ¿O en África? ¿Es esto lo que aprendemos de Tomás Moro -que lo era todo ante su rey y sus conciudadanos-, de Juan Fisher y tantos mártires ingleses? ¿O los cristeros? ¿O los mártires de la guerra civil española, los últimos -un buen número de monjas- beatificados por mártires no hace ni dos semanas? ¿Han sido así todos los innumerables mártires de las sucesivas persecuciones dentro del Imperio Romano durante dos siglos?

Con estos ejemplos por delante, que nos interpelan a todos -profundamente y sin excusas posibles-, ¿podemos admitir como nivel de conciencia el “mal menor"; como criterio moral “es lo que hay"; y como nivel de compromiso y fidelidad lo de “no es mi problema"?

Lógicamente, es mucho más cómodo comprometerse con los plásticos; y pensar que así, y con mi defensa de los “principios” -que no sigo en mi vida real- sigo siendo más católico que nadie -caso de que aún pretenda mantener esa bandera levantada, precisamente cuando ya la he convertido en un trampantojo- que nadar contracorriente frente al entreguismo de las sociedades y de las gentes ante los poderes públicos y sus leyes?

Ahí está el divorcio, la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, la corrupción de menores y de mayores, las leyes del mundillo, la corrupción y el latrocinio a mansalva perpetrado y perpetuado por los partidos políticos, la distadura del más fuerte -que siempre es el Estado- y de la partitocracia, el pisoteo salvaje de las instituciones intermedias, la destrucción del bien común y, por tanto, de la justicia, etc.

¿Ceder siempre y en todo es esto católico? ¿Y tragar como nunca? ¿Y colar un mosquito y tragarse un camello? ¿Y buscar la puerta estrecha, y lo del ojo de la aguja, porque ancho es el camino que lleva a la perdición? ¿Y lo de no podéis servir a dos señores? Mucho menos a tres o más, supongo; o al jefe de un partido, o de una banda. ¿Y lo de no entrarán en el Reino de los Cielos; o eso es única y exclusivamente para recordárselo a los demás? ¿Y lo de apartaos de Mí, malditos…?

Va a ser que no. Y habrá que hacérselo mirar: ahí están la dirección espiritual y la confesión, por ejemplo, y bien a mano; o mirarse uno mismo sus propias constantes católicas para ver en qué me estoy quedando, o en qué me he convertido ya…

¡Suerte, y al toro! Que el Señor nos espera siempre con todo cariño porque es un Padrazo.

Y que Dios reparta suerte.

27.06.19

¡Tiene toda la razón! ¡Sí señor!

Me refiero, como es natural, al neo alcalde de Madrid, capital del Reino y de la Comunidad Autónoma. Y, más en concreto, a su neo machada -más vieja que Carmena- de que va a hacer que se exhiba la banderita del mundillo en la fachada del Ayuntamiento de la susodicha capital; que, a lo que se ve y parece, es el cortijillo particular del neo alcalde y, en buena lógica, así lo usa: para lo que le parece, independientemente de la voluntad de sus electores, y de otros muchos que, sin haberlo sido, tienen su personal opinión al respecto. Pero…, ninguno de ellos es el neo alcalde, y eso marca la diferencia.

¿Por qué digo que tiene toda la razón? Por lógica: no en vano he sido profesor de tal asignatura durante bastantes años.

Porque, vamos a ver, señoras y señores míos: si el flamante neo alcalde de la capi -cuyo nombre no recuerdo en este momento- no estuviera convencido de que ha salido neo alcalde -¡y nunca se ha visto en otra!- por el numerosísimo voto expreso del tal mundillo, ¿colocaría en el Ayuntamiento la tal bandera? ¡A que no…! Desde luego no puede ser esa la conclusión lógica. Pues eso: la pone porque en esta vida hay que ser agradecidos; y más, con los que más te han ayudado. ¡Lógico!

El señor neo alcalde es muy consciente de a quién les debe su carguete, y sus correspondientes emolumentos, más otras prebendillas, más el figurar, etc. NO se lo debe a la gente corriente, seria, con principios sólidos, sin dejarse llevar por los vaivenes del momento cultural y/o moral, o que incluso aún y con la que está cayendo se atreven a llamarse “católicos"… ¡De eso nada! ¡Ya le hubiera gustado a él! Pero no ha sido así: lo tiene clarísimo.

A Sánchez le pasa lo mismo con podemos, bildu, separatistas, trileros, rompedores de la nación, antidemocráticos, anticonstitucionalistas, etc. Por eso, ¿a quién les está agradecido? Pues a todos esos que le han hecho presi, y van a seguir hacienod lo mismo.  él, el SAnchez, agradecido como es, y generoso, a soltar la mosca y, además, todos los flecos que hagan falta… ¿O no se está viendo?

Si el neo fuese consciente de deberles a esos votantes -la buena gente- su neo carguete ¡no creo en buena lógica, que se atreviese a exponer la bandera del orgullete mundillo! Como no pone la de VOX o la de C’s porque no les debe nada: ¡fijo! ¡No vaya a ser que se crezcan -los de C’s y los de Vox- y piensen que les debe algo, y pretendan reclamárselo.

Ni siquiera va a poner la del PP; que, también en buena lógica, podría parecer justo: le han votado los del PP, pues pongo la bandera del PP. Pues no, señoras y señores míos: no la va a poner.

Y eso se va a deber a TRES razones de alta racionabilidad logica: o no le han votado tantos del PP y, en consecuencia, no tiene nada que agradecerles, porque no han sido determinantes; o la inmensísima mayoría de los del PP que le han votado son todos del mundillo ¡y con carnet!; o, como es seña de identidad de nuestros políticos al uso -españolistas, constitucionalistas, demócratas, tolerantes, mansos, tontos con balcones, corruptos y corruptores, engañadores y mentirosos compulsivos-, se burlan una y otra vez de sus votantes… y ¡pone la bandera del mundillo en “su balcón” de “su Ayuntamiento"!

Pero claro: como resulte que este buen señor, el neo alcalde -sigo sin acordarme del nombre, y lo tengo en la punta de la lengua-, se ha autoengañado y no les deba lo suyo a los del mundillo sino a los demás, ¿no se estará politicamente suicidando de cara a las próximas elecciones? Y suicidando de paso a su partido. O está ya suicidado, y es cuestión de tiempo que empiece a oler a cadáver de modo ya inconfundible.

¿O piensa que los que le han votado son tan tontos, tan tontos que sólo son tontos -como ha acuñado Mota- y le van a seguir votando en las próximas, y va a sacar, ahora sí, mayoría absoluta?

¿El nuevo cuento de la lechera o en España ya todos son del mundillo? ¿O, si no los son, les da exactamente igual?

¡Algo habrán hecho -mal, muy mal- los electores para que los políticos elegidos les traten así, y sigan votando, encelados, o como debiéndoles algo a estos politicones! ¿O hay otra explicación lógica, en buena logica?

18.06.19

¿Una ciudad "humana" sin Dios? Parte II o "por lo eclesiástico".

“Lo prometido es deuda", dice el refrán; y aquí estoy para la segunda parte; porque, en mi opinión, la debía haber.

*Ante este panorama de las sociedades “modernas” -es decir, sin Dios- ¿qué tenía que decir la Iglesia en base a la Revelacion divina, que es su fuente de entendimiento, enseñanza y gobierno? Mucho y todo bien. Lo dijo y lo escribió.

Así terminaba la parte Iª. Y a esto respondo ahora.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una única preocupación, una preocupación absolutamente esencial y primaria: ser fiel a su Fundador: Jesucristo. Para esto recibió en Pentecostés al Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, y así hechó a andar ese mismo día. Por cierto: con tres mil bautizos de una sola tacada. Nada “proselitista", por supuesto: los apuntaban a un campamento para aprender a recoger plásticos. Nada de recordarles que “Ese Jesucristo, a quien vosotros habéis matado, ha resucitado. Y nosotros somos testigos de estas cosas".

Fiel a ese Espíritu -el Espíritu de Diosenviado por el Padre y el Hijo-, y de cara a los hombres a los que se la había enviado -para los que debía vivir en orden a su salvación: “el hombre es el lugar de la Iglesia”, nos escribió el papa san Juan Pablo II-, se empeñó en dedicarse a todo hombre -sin distinción de raza, cultura, posición, sexo o religión-, en todos los órdenes de cosas: desde lo más material -"la atención de las mesas", por ejemplo-, hasta lo más espiritual: la Catequesis, los Mandamientos, la Plegaria y los Sacramentos. 

Porque, como nos escribe san Juan: Este Mandamiento tengo recibido de Dios: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. Siempre las dos cosas -Dios y el hombre, lo espiritual y lo material, lo terreno y lo sobrenatural, lo presente y lo futuro-, juntamente y de la mano.

Y esto, no solo en el ámbito personal; sino también en el familiar y en el social: como no podía ser de otra manera. Siempre, como es lógico, desde las perspectivas de las sucesivas épocas de la Historia.de la humanidad -porque la Iglesia no solo no es ajena a ellas, sino que las ha configurado en grandísima manera-, y de la misma Historia de la Iglesia. Historias que, sin ser las mismas, coincidan en el tiempo y en muchos de sus personajes.

La Iglesia tenía su papel perfectamente definido y asumido: Mater et Magistra (Juan XXIII. Roma. 15-V-1961). Hasta las mismas puertas del CV II. Pero ahí perdió los papeles, y se metió un gol en propia puerta, sólo comparable al de aquel portero que sacó el balón con la mano… ¡y se metió gol a sí mismo! Nunca se había visto, y nunca se ha vuelto a ver.

El “caballo de Troya” -en realidad han sido varios, pero ahora voy a hablar únicamente de uno: el más demoledor en mi opinión, como el tiempo ha demostrado- fue la palabra mágica que le “abriría” supuestamente al mundo y a los hombres como nunca hasta ese momento: ¡DIÁLOGO!

Iba a ser el “ábrete Sésamo” a las grandes y mejores riquezas que el mundo y el hombre albergaban en su corazón: ¡y la Iglesia Católica no se las podía perder bajo ningún concepto! Si quería ser fiel a Jesucristo, debía dar ese paso, y pronunciar hasta lo más hondo su “¡ábrete Sésamo!", o sea: ¡DIÁLOGO!

Pero, con eso, se metía en una múltiple problemática, pues perdía su sitio; y, en consecuencia, su misión. Y esto, tanto respecto a Cristo -lo primero y más importante-, como respecto al mundo y a los hombres. Porque la Iglesia no fue enviada a “dialogar", sino a ENSEÑAR: Id por todo el mundo… y proclamad el Evangelio; …y proclamad la Buena Nueva; …y haced discípulos;  …y predicad el Evangelio. Y esto, tal como aparece REVELADO en los distintos evangelios, no parece que quiera decir “dialogar". Creo yo.

La Iglesia debía, como Madre y Maestra, ENSEÑAR. ese era su Lugar, y esa era su Misión, tanto de cara al mundo como de cara a los hombres. Y de cara a sí misma, para decirlo ya todo. Con el famoso “diálogo", perdió todos los papeles, y todos sus “poderes": todos divinos.

Porque, para mayor “caballo de Troya” -de ahí los “troyanos” al uso- el diálogo que la Iglesia debía asumir ´¡y ha asumido!-, era el “diálogo” con la carga semántica “moderna” del término: es decir, SIN VERDAD PREVIA: sin Verdad, y menos DIVINA, de la que partir, porque sería “prepotente": es la acusación “moderna” también contra la Iglesia; y los acelesiasticos acomplejados de turno, que los hay, siempre se achantan con estas cosas. Por tanto, “se dialoga” desde CERO, renunciando a lo que Dios mismo te ha dado, que es Él mismo, para llegar… A LO QUE EL MUNDO QUIERA IMPONERTE, porque en esas estamos. 

Así es como en la Iglesia se han asumido, en los útlimos casi sesenta años. tantas y tantas cosas, absolutamente “modernas", o sea: MUNDANAS.

Ahí están los intentos -reales: casi de auténtica fijación morbosa- de asumir la homosexualidad, la comunión en pecado mortal, la primacía de la conciencia individual por encima de cualquier Ley Moral y Eclesiástica, la aceptación de los “casos particulares” hasta contra la misma Palabra de Dios si se tercia, el triunfo de la “Pastoral” contra la Teología y la Moral, el desmantelamiento del gobierno eclesial -entre el “colectivismo jerárquico” cuando hace falta, o el “echarse al monte jerárquico” cuando también hace falta-, el sinsentido de los Mandamientos, de los Sacramentos y del Catecismo Universal después de desaparecidos los diocesanos, la desacralización de todo lo desacralizable: desde la Santa Misa hacia abajo… todo lo que se ponga por delante, la desaparición de los signos visibles de lo sagrado y de Dios mismo, los curas “casados", y la “tolerancia cero". Podría alargarme; pero ¿para qué?

¿Consecuencias? Las mismas que en el mundo “civil” y en los gobiernos “democráticos": la MENTIRA como sistema, que trae la CORRUPCIÓN por sistema. Como lo que sobran son ejemplos, me los ahorro.

La Iglesia “sin Dios” es tan imposible como la ciudad y la sociedad “sin Dios". Como el hombre “sin Dios". Los hay, aunque no aportan nada que le sirva al hombre, al mundo y a la Iglesia. Pero los intentos y sus “conquistan” ahí están.

¿O me lo he inventado?

16.05.19

¿Una ciudad "humana" sin Dios? Parte I.

Es lo que estamos viendo, porque es lo que está al orden del día: se ha pretendido construir, y se ha construido de hecho, la “ciudad sin Dios” -ut si Deus non daretur: ‘como si Dios no existiese’, invento de la Enciclopedia, anticristiana por nacimiento y devoción- como signo fundante u distintivo de la 2ciudad de los hombres", porque en algún sitio hay que vivir. O sea: el retorno a la Torre de Babel, ¡que ya es progresismo!

Como los componentes más sonados y más sonoros de la progrez no saben nada, no saben ni historia, y así, llaman “progreso” al “regreso". Por sus frutos los conoceréis, que dijo Jesucristo; para que no nos chupáramos el dedo fundamentalmente.

Para conseguirlo, la progrez ha tenido que destruir los anteriiores intentos de construir la “ciudad de Dios” -así se había pretendido vivir desde Cristo y por Su influjo, en el seno de la Cristiandad-, que era exactamente el mandato de Dios a los hombres. Por cierto y por si a alguien se le había pasado el tema: la “ciudad de Dios” es la ÚNICA ciudad en la que el hombre ha encontrado siempre cobijo, descanso y refugio; pues, siendo la “casa del Padre", era “su casa": el único nicho ecológico posible y seguro donde poder vivir -por hombre- la grandeza de lo humano y su dimensión sobrenatural: enteramente LIBRE, y para Dios.

Pero, “la ciudad sin Dios", “la ciudad de los hombres y para los hombres sin lugar para Dios” es, por definición, INHUMANA: cruelmente inhumana para más señas. Por señalar algunos puntos: el desprecio de la persona y su dignidad, que se traduce en mil opresiones y persecuciones: el aborto, la mentira como única seña de identidad válida, la anticoncepción, la antifamiliaritis aguda, la corrupción rampante como sistema de vida de los de arriba contra la mayoría, la corrupción de menores, la violencia de todo género -ya desde la escuela- auspiciada desde dentro del mismo sitema, el abuso y ninguneo de la mujer, la despoblación, la pérdida de identidad de las personas y de las sociedades, el derrumbe cultural, el bajonazo moral a todos los niveles y en todas sus categorías, el gobierno supremacista de los peores especímenes, la persecución de lo bueno, el ninguneo de la dimensión religiosa, en especial la persecución de lo católico, etc., etc.

Todo esto y más que se podría añadir -todo lo que hasta hace bien pocos años no existía en las sociedades al uso; sociedades en las que, con todas las deficiencias propias del quehacer humano, falible por naturaleza, se pretendía vivir “con” Dios-, ha florecido en todas ellas, porque en ellas se ha sembrado -lo mismo que en los corazones y en las conciencias-, como causalidad directa: sociedades y personas donde Dios ni está ni se le espera, porque a Dios se le ha echado. De su casa, que era a la que nos había traído y nos la había dado como herencia.

Se repite, con dos variantes, la historia del “hijo pródigo", modificada para mal por el propio hijo.

Primera, ahora el hijo no le pide al padre la parte de la herencia para largarse a vivir disolutamente, sino que el hijo ECHA al padre de la casa… ¡de su padre!

Segunda, y sin solucion de continuidad: con estos modos, al hijo se le hará imposible aquel volver sobre sí mismo; es decir:ya no podrá juzgar -con recto y necesario juicio moral, de conciencia- la burrada que ha cometido; lo que le llevaría a compungirse, a arrepentirse y a vlver a su padre y a su casa, de donde no debería haberse ido nunca… Ahora ya no puede: se ha quedado sin referentes, por la sencilla razón de que se ha quedado con todo y ha roto ocn todo: es el amo y señor. 

¡Seréis como dioses! Es la eterna muletilla, engañosa pero eficaz, rompedora y corruptora, desde Adán y Eva, pasando por Babel, y llegando hasta nuestros días, También en la Iglesia Católica. De este modo, el hombre, endiosado y encerrado en sí mismo, ¡ya nunca podrá volver en sí, y rectificar: se quedará anclado en el mal que ha obrado! Ni tiene el referente de la casa que dejó, porque se la quedó; ni tiene el referente del amor de su padre, del que no sabe ni dónde está: y se quedará sin sus besos paternos, y sin la fiesta del reencuentro: este hijo mío estaba muerto y ha resucitado, estaba perdido y ha sido hallado.

Porque, se quiera o no, se admita o no, se reconozca o no, las cosas son como son y no como nos las pretenden contar y hacer tragar los listillos de turno que creen que tienen la sartén por el mango.

¿Cómo se ha construido esta “sociedad sin Dios", y esta “persona sin Dios". No ha sido difícil. Lo que más  ha costado, por decirlo de alguna manera, ha sido la inversión de tiempo: puestos los medios, y como “a la chita callando” -sin enseñar la patita, o enseñándola bien camufalda de harina para, siendo de lobo, parecer de oveja-, dar tiempo al tiempo.

Y explico el proceso, teórico y práctico.

Se tuvo que admitir, como primer principio de las sociedades y de las personas que las componían   -los ciudadanos- que “la autoridad viene del pueblo": ¡si se rompía con Dios, se rompía totalmente! Y como las sociedades necesitan, sí o sí, sustentarse en una autoridad -alguien tiene que mandar, especialemente por y para los listillos-, había que tumbar la que estaba vigente, y que era la única verdadera y estaba puesta al servicio del hombre: la autoridad de Dios. Con sus Mandamientos y sus Presupuestos -que regían a todos, gobernados y gobernantes-: Dios, Creadir dek hombre y del mundo; y Dios Fin último del mundo y del hombre.

Solo con ese engañabobos de “la autridad viene del pueblo” -curiosamente NUNCA la ejerce-, y su mutante de mayor hondura intelectual, “to’ pa’l pueblo", los gobernantes pudieron hacer del pueblo lo que quisieron. Lo que han hecho exactamente. Con el agravante -para el pueblo- de que, los gobernantes, al no tener que rendir cuentas ante ninguno -los ciudadanos-, ni ante Nadie -Dios- han podido campar a sus anchas: y lo han hecho corrompiendo y masacrando al personal. Como se ve cada día de un modo más terriblemente nítido..

Asentado este primer postulado, si la autoridad viene del pueblo, las leyes que publica, también. ¿Y qué mejor que aprovechar la jugada para entrar como un elefante en una cacharrería y hacer añicos el orden moral y religioso que había estado vigente hasta ahora? Orden fundante y garante del recto orden social y político. Porque, como demuestra una y otra vez la experiencia -o sea: siempre-, sin Moral todo se queda en barra libre: las leyes no tienen ya más “fuente” que la mera voluntad partidista y aleatoria de los gobernantes, ni más “fuerza” para obligar que la “fuerza bruta", cualquiera que sea su naturaleza.

Lógicamente, para eso, los listillos del sistema echaron mano de todos los aprovechados que encontraron a su paso; además de todos los tontos útiles e inútiles que, incluso en la misma Iglesia, se pueden encontrar: y sin demasiado esfuerzo, porque abundan.

De este modo, se pusieron en marcha “leyes” -con el consiguiente uso de la “fuerza legal"; llegando a la persecución y al genocidio cuando  ha hecho falta-, que iban precisamente con lo que la Iglesia Católica había mantenido contra viento y marea; no en vano era el referente y el enemigo a batir -y acertaban-, pues era el único frente que no solo se les había resistido, sino que se había atrevido a contradecir al “sistema". Al menos, hasta el presente más cercano.

Porque la Iglesia Católica siempre lo había tenido clarísimo: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Esta fue la regla de oro de la Iglesia y de sus hijos -hijos de Dios, por cierto- que Cristo nos había dado.Y a ella se atuvo siempre, aún al precio de las persecuciones y los martirios: de ayer y de hoy.

En una última vuelta de tuerca y perpetuar el sistema -y perpetuarse con él la fiel Nomenklatura-, se inventó lo de las “votaciones”. Primero tímidamente; luego con más aplomo, hasta llegar a “un hombre, un voto"; sistema que no es cierto en casi ningún sitio. Por no hablar de los “pucherazos", la “compra de votos", el “clientelismo” descarado y desbocado… O las “casi¡ualidades", tipo las explosiones de los trenes en Madrid. Un inciso: el voto de las mujeres se hizo esperar.

Montado todo el entramado del “sistema", se le han ido dando más y más vueltas de tuerca, apretando a personas e instituciones hasta extremos asfixiantes; conviertiendo además en auténticos “apestados” a todo el que no se deje engullir y/o triturar por él. 

De este modo, el mundo político, al amparo del “mundo legal", y con el auxilio de la “fuerza legítima", se ha introducido cada vez más en aspectos que pertenecen exclusivamente al mundo de la libertad idividual, cercenando esta, gibarizándola; empequeñeciendo además todas las construcciones de la sociedades civiles intermedias -empezando por la familia: la más importante en sí misma, porque fundamenta todas las demás-, que son anteriores al ser y a la autoridad del Estado, a las que debe proteger y dar vida: nunca sustituir; mucho menos ahogar, sustituir y suprimir. Y en esto están los poderes publicos en España desde hace más de cuarenta años.

Ante este panorama de las sociedades “modernas” -es decir: sin Dios-, ¿qué tenía que decir la Iglesia en base a la Revelación divina, que es su fuente de entendimiento, enseñanza y gobierno? Mucho y todo bien. Lo dijo y lo escribió.

Pero esto se va a quedar para el próximo atículo.

30.04.19

"No comprenden ni lo que dicen, ni nada de lo que ellos mismos deberían ser garantes" (I Tim 1, 7)

En la Iglesia ha tardado [estamos en el año 2019: perdón por el dato], pero se ha cumplido de la a la z, la denuncia que hacía ya san Pablo en la Carta a Timoteo, que cito: Como te he recomendado al irme para Macedonia, quédate en Éfeso para impedirles a algunos que enseñen cosas diferentes (…): esto no lleva más que a vanas búsquedas, frente al designio de Dios que se acoge en la Fe. La intención de esta prohibición es el amor, la caridad, que viene de un corazón puro, de una conciencia recta y de una fe sin desvíos. Algunos, por apartarse de este camino, se han vuelto hacia discursos insustanciales; quieren pasar por especialistas de la Ley, mientras que *no comprenden ni lo que dicen, ni nada de lo que ellos mismos deberían  ser garantes*. [La traducción es mía:¡no puedo con las traducciones falseadoras!].

Es algo que me lleva dando vueltas desde hace ya mucho tiempo: el lenguaje “eclesial” -mejor: pseudoeclesial; porque el verdadero lenguaje que cuadra con lo que la Iglesia ES y con todo aquello para lo que la Iglesia ESTÁ, ha desaparecido- se ha hecho irreconocible. Y no solo para los fieles de a pie, sino para tantísimos miembros de la Jerarquía que ya no saben ni lo que dicen. Porque ya no saben ni para lo que están.

Se les cumple -y desde ahi hacia abajo, a todos los niveles- lo que he recogido de san Pablo: No comprenden ni lo que dicen, ni nada de lo que ellos mismos deberían ser garantes. Es decir: ni oyen, ni ven, ni entienden.

Todo se ha quedado, en el mejor de los casos, en palabras retóricas, huecas y hueras, porque su carga semántica, el mensaje y la intención que les ha dado Jesucristo, se ha arrumbado porque se ha despreciado. NI cuando mantienen las palabras los que las pronuncian no pretenden que signifiquen lo que siempre han significado y deben seguir significando, para seguir siendo fieles al Señor que es Quien nos ha traido y puesto en SU Iglesia, en favor de todos, para que todos puedan oír hablar de Dios… y salvarse.

Pero, ¿cómo se van a salvar, si no creen? ¿y cómo van a creer, si no se les predica? ¿y quién les va a predicar si no son enviados; o, siéndolo, enseñan ya otras cosas porque lo que se les ha dicho que digan es que hay que recoger plásticos, y no hacer sufrir a la madre tierra? O que hay que dar de comer, sí; pero no convertir a nadie, porque el gran pecado en la Iglesia es el proselitismo. O ¡vamos a salvar a la Amazonia! -¡nunca a las almas!-, montando los bolos para hacer “sacerdotes” al personal ya con pilingui, o bien casados por la Iglesia…, o sin la Iglesia: que en Brasil ya queda muy poquita.

Porque es lo absolutamente lógico: ¡para salvar la Amazonia y demás hacen falta que los curas estén casados! ¡Esto no lo mejora ni Aristóteles con toda su Lógica, que ya es decir!

Como lo oyen. Aparte que ya lo saben.

¿Qué obispo -podría nombrar también a otros- escribe hoy, como san Pablo: Estoy lleno de gratitud hacia el que me fortalece, Jesucristo nuestro Señor, pues Él me ha estimado digno de confianza cuando me ha encargado el ministerio, a mí, que antes fui blasfemo, perseguidor y violento. Pero Él se ha volcado con su Misericordia, pues yo había obrado por ignorancia, no teniendo aún la Fe: la gracia de nuestro Señor ha sido aún más abundante, y con ella la fe, y el amor que está en Cristo Jesús (12-14)?

¿Por qué será que a san Pablo se le entiende todo? Y a san Juan, y a san Pedro, y a Cornelio, y a Cipriano, y a Tomás de Aquino, y a san Juan Pablo II y a Benedicto XVI? ¿A que con los santos da gusto? Nos hacen más listos, más penetrantes, más juiciosos, más honestos intelectual y moralmente.

A la vez que nos apartan de las “veleidades” -incluido el clericalismo, por supuesto-, por decirlo en fino, a las que estamos tan expuestos los clérigos y [email protected] a todos los niveles; por no hablar de las herejías, que también tenemos muy a mano. Hoy, incluso, a manos llenas.

Porque, ¿qué quiere decir hoy, desde el oficialimo, “evangelizar", “catequesis", “acompañar", “escuchar", “pobres", “Fe", “Iglesia", “Jesucristo", “Vida Eterna", “dar doctrina", “administrar los Sacramentos", “pecado” y “perdonar los pecados", etc. Podría estar hasta mañana.

A la vez, se han arrinconado términos como “fidelidad", “salvación", “infierno", “resurrección de los muertos", “gobierno", “gracia", “santa Misa", “herejía", “Mandamientos", “Confesión", etc. También hasta mañana y más.

Un dato totalmente demostrativo de lo que estoy diciendo: ¿por qué tuvo que venir Juan Pablo II a ordenar que se hiciese un Catecismo de la Iglesia Católica"? Bueno, más parece una enciclopedia que un Catecismo, pero sirve; porque la intención y el deseo anunciado por el Papa era que las Conferencias Episcopales, a partir de ahí, hiciesen sus Catecismos para las catequesis. Nadie le hizo el más mínimo caso. Y así seguimos: sin catecismos escolares, por ejemplo.

Pues tuvo que venir JP II a ordenar esto PORQUE SE HABÍAN SUPRIMIDO TODOS LOS CATECISMOS habidos y por haber: ¡desaparecieron! Y, para más inri, SE PROHIBIERON REEDITAR los que ya existían, aunque seguían siendo necesarios.

¿Vamos luego a extrañarnos del fracaso absoluto de las catequesis en la Iglesia Católica, a todos los niveles y en todos los ambientes? La DESCRISTIANiZACIÓN estaba cantada -era cuestión de tiempo- porque los medios estaban puestos. Y siguen estando.

Cuando alguien de la Jerarquía dice, por ejemplo, que “es Voluntad de Dios la existencia de las diversas religiones", poniéndo este hecho al nivel de las diferencias de razas y culturas, por ejemplo; y, al decirlo así, pretende hacerlo desde su cargo jerárquico y presentarlo como doctrina católica…, pues ni sabe lo que quiere decir “Voluntad de Dios", ni “religión", ni “religiones", ni “Dios", ni “diioses"…, ni sabe lo que es ser miembro de la Jerarquía Católica.

Y lo mismo cuando alguien de la Jerarquía pretende cambiar la ley moral y sus fundamentos, en general, o la moralidad sobre la sexualidad, en particular: nadie en la Iglesia tiene esa potestad; y, si lo pretende, cae en herejía tout court. NO está en nuestras manos, aunque sean las de la Jerarquía, cambiár nada referente a la Fe -el Credo-, a la moral y las costumbres -los Mandamientos-, y a la liturgia:Misa y Sacramentos. No está en nuestras manos, ni en las de la Iglesia como Institución.

De ahí la necesidad de que los católicos, de los que aún queremos reconocernos como tales y ser fieles a nuestra vocación de hijos de Dios en su Iglesia, nos formemos muy bien. En caso contrario, se nos llevará la corriente. Que es fortísima, porque está de crecida,

Si no lo han hecho nunca, o hace ya mucho de eso, les recomiendo encarecidamente que vuelvan a beber con ansia en los Santos Padres; y, antes, del Nuevo Testamento. Es una bocanada de aire fresco, de agua limpia y clara, refrescante y vivificadora. Eleva el alma, y libera y protege de toda esta porquería pseudoeclesial que pretende asfixiarnos: o sea, matarnos el alma.

Y siempre nos quedarán los papas, cardenales, obispos y sacerdotes fieles. Confesores y, si hace falta, también mártires: pero fieles.