17.02.20

Se puede ser más tonto -o no-, pero no más claro. (por lo Borrell)

 Borrell, el Josep, dixit: “Yo sufrí una dictadura durante cuarenta años por culpa del Vaticano y Estados Unidos”. Y supongo que habrá seguido durmiento la mona, o habrá seguido disfrutando del chute correspondiente.

De otro modo no se entiende tal DESVARÍO MORAL, fruto del previo DESVARÍO HISTÓRICO de este buen hombre. No nombro el desvarío intelectual porque, a este buen señor, este horizonte le supera con mucho: está instalado en el puro desvarío.

O sea: en las IDEOLOGÍAS. Que es lo que tienen: como te secan el cerebro, solo se soportan estando “cocido” y bien cocido; de ahí que las mayores tasas de alcoholismo se dan en los países marxistas, o asimilados. Que será casualidad -o no-, pero los datos no mienten: las personas, sí.

Este sujeto, encumbrado más allá de sus cualidades naturales, aún no se ha caído del guindo de que, si ha llegado tan lejos -ahora, en el cogollo de Europa, cobrando buena pasta que se suma a la que ya cobra por otros lados- se lo debe, muy en primer lugar, a esos cuarenta años de los que abomina; porque es la orden que ha recibido la progrez, y se deben a sus amos: como siempre, por otro lado. Lado izquierdo, no nos despistemos.

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9.02.20

"Piedras vivas. Piedra de contradicción. Piedra de escándalo". (Cf. I Pe 2, 5-7)

Es el “signo” de la Iglesia Católica: la más perseguida siempre; pero, en los tres últimos siglos -del XIX a lo que llevamos del XXI-, con enorme diferencia y especial saña: casi podríamos decir, sin exagerar lo más minimo, que es la ÚNICA perseguida ¡a muerte!

Pregunten a los MASONES y a sus bien comprados/bien pagados mariachis -la progrez de todo signo- que, con la Revolución francesa y sus múltiples secuelas, y con las muy poco diversas y muy aunadas masonerías como sal de todo plato -liberalismo, socialismo, anarquismo, marxismo, republicanismo, nacionalismos, etc.- se han dedicado a perseguir a la Iglesia y a los católicos, como la única salida válida a lo suyo. Y los métodos han acabado siendo siempre SANGRIENTOS: unas veces más, otras menos, pero siempre con derramamiento de sangre.

¿Por qué? ¿Qué hemos hecho? No es un problema de que hayamos hecho algo que nos merezca esto, y menos como castigo, y menos aún como venido directamente del Señor. Nada más contrario a la realidad.

El Santo Evangelio recoge exactamente estas palabras del mismo Jesús que nos lo aclaran todo y de una vez por todas: SI a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. También en esto, y no solo en el tema de la Caridad, se nos conoce y se nos reconoce como DISCÍPULOS de Cristo, como auténticos CRISTIANOS: llevamos entonces, y bien a la vista, y muy bien certificada la “denominación de origen", la verdadera AUTENTICIDAD. O llevábamos… Y sí, la siguen llevando y con la cabeza bien alta, en África y en Asia. Con mártires, claro.

Pretender sacudirse voluntariamente este “signo de predilección divina” y, además, al precio que sea  -da igual un plato de lentejas que una púrpura-, es, exactamente y por la fuerza de la lógica -moral e intelectual-, signo de rechazo del Reino de Cristo. Reino que “tiene estas cosas": Si alguno me ama, tome su Cruz cada día, y sígame. Y esta otra: No es el discípulo más que su Amo.

Por tanto, todo lo que está pasando en la Iglesia Santa, en sus miembros más encumbrados y en sus Instituciones, tiene un sentido. Y, desde Dios, es un sentido SOBRENATURAL, de purificación, de “purgación pasiva” si se quiere; más de definición “personal", porque la “colectiva” o “institucional” está como está. Y, si lo queremos aprovechar, hemos de transitar por ahí necesariamente, acogiéndolo como un don divino.

También, todo este descalabro tiene una enseñanza humana: cuando nos creemos que la Iglesia es “nuestra” y, por tanto, podemos “hacer y deshacer a nuestro antojo", pasa lo que pasa. Vamos: lo que está pasando a ojos vistas, día sí y día también. Y, entre otras muchas cosas, es un DESASTRE.  Para qué nos vamos a engañar.

Únicamente los que se ciegan a sí mismos; o los que se tapan las orejas; o los que se dedican -por lo intelectual y lo moral- a los “solitarios"; o los que se engolfan en “lo de siempre", como la perfecta “coartada” para no aterrizar nunca “en lo de hoy y ahora", dejando de paso vendidas a las almas y a los pies de los “signos de los tiempos y de sus profetas"…, no se enteran de nada. Y, si se enteran y callan: PEOR nos lo ponen a todos, porque a todos traicionan.

Y ahí están los resultados para comprobarlo: iglesias vacías, casas religiosas que echan el cierre, desbandada de posibles vocaciones; amén las defecciones de muchos miembros más que cualificados, especialmente por pérdida del “alma” de la “primera caridad“.

Con todo este desbarajuste, muchas gentes buenas abandonadas de este modo, han ido y van a llenar y a engrosar las filas de las instituciones, católicas o pseudocatólicas, que, con mayor o menor acierto, aún ofrecen eso precisamente. O eso les parece.

¿Cómo justificar el miedo a ser -y que se vea, porque se demuestra- “piedra de escándalo", HOY y AHORA? ¿No lo fue el Señor? ¿No nos ha dejado dicho Él que también nos perseguirían?

¿Entonces?

¿Cómo se puede compaginar ser “discípulo de Cristo” -la “imitación de Cristo", “pisar donde Cristo ha pisado"-, con quitar el hombro a la hora de la Cruz, y “ocultarse y desaparecer": no por humildad -que sería más que excelente, santo- sino para “pasar desapercibido” y no ser “perseguido"?

Y ¿cómo se ha llegado a estas cosas? 

Voy a poner un ejemplo “visual” que a algunos -o a muchos- les puede parecer intrascendente, pero que, para mí, es la “anécdota” que adquiere categoría de “icono". Para el que lo quiera ver, claro.

Lo recordaréis. Después del CV II, prácticamente desde Roma se obligó, institución eclesial tras institución eclesial, a cambiar sus Constituciones. Y una de las cosas a las que prácticamente también se les obligó, fue a “cambiar el hábito". Cambio que, al poco tiempo, se había cambiado tanto… que, en muchos casos, desapareció.

Y esto trajo un problema “mayor", deseado o no: con la desaparición del “habito” -religioso o clerical- desapareció a los ojos de todos lo que “eso", exactamente “eso", representaba visiblemente; y, en primer lugar y como primera provisión, para los mismos que lo llevaban: una forma de “vida entregada", de “vida de perfección", de VOCACIÓN en la Iglesia, que siempre es COMPROMISO y SEGREGACIÓN. Y se “desvirtuaron” personas y carismas. Y pasó lo que pasó y lo que pasa: que ya ni se sabe de qué va esto, a tenor de las largadas al uso.

¿Qué creían? ¿Que no iba a pasar nada? Se está viendo ahora en todo su desgraciado descarrío.

¿Razones para quitarse los hábitos? No asustar, no separarnos, no aparecer como mejores y por encima, ponernos al mismo nivel, ser “normales"… y demás chorradas al uso; que las hubo. Y pasó lo que pasó.

De inmediato y como primera consecuencia, deseada o indeseada, insisto: una DESBANDADA, en la misma Iglesia como jamás se había conocido y padecido: CIENTOS DE MILES de sus miembros más comprometidos “colgaron los hábitos": expresión que vale su peso en oro, porque retrata la realidad.

Y luego, una vez que se quedaron los que se quedaron -y muchos de ellos se quedaron para instalar esa deriva que, al final, no les va a quedar sino apagar la luz-, han visto ante sus ojos cómo han ido muriendo de inanición, y se han quedado en nada: han ido viendo vaciarse sus casas, como antes se han vaciado personalmente por dentro. Lógico: no han tenido “generación” y, “sin hijos", ninguna familia se perpetúa.

Porque esa pérdida de VISIBILIDAD -para sí mismos y para los demás- les trajo lo que se llamó, con verdadero y malhadado acierto, “crisis de identidad”: se habían quedado tan desarraigados, se habían distanciado tanto de sus únicas raíces que, en el fondo y por eso mismo, ya estaban “muertos". Y lo siguen estando. Eso sí: con grandes, hueras y públicas alaracas apelando a “la esperanza” y “al futuro". Como si lo tuvieran.

¿Por qué este “complejo de inferioridad” ante el mundo? ¿Teniendo a Dios -en Cristo- no lo teníamos todo? ¿Nos faltaba algo? ¿Estábamos defraudados/engañados, por parte de Dios y de su Iglesia, en algún tema específico? ¿No poseíamos -y poseemos; si la mantenemos, claro- la Verdad que salva?

¿Entonces?

¿Cómo hemos podido “tragar", especialmente a los miembros de la Jerarquía Católica, el miedo a proclamar la Verdad de Cristo y de su Iglesia; y, en consecuencia, la verdad más profunda -real- sobre el hombre, en todos los horizontes de su ser y de su vida?

El card. Sarah nos lo explica con su denuncia -"irreverente", para tantos “acomodados"- en la que no se muerde la lengua precisamente:

“¡No tengamos miedo! ¿Se puede ofrecer a la humanidad mejor regalo que la Verdad del Evangelio? Es cierto: Jesús es exigente. ¡Sí, seguirle exige tomar su Cruz cada día! La tentacion de la cobardía ronda por todas partes. y acecha en particular a los pastores. La enseñanza de Jesús se nos hace demasiado dura. ¡Cuántos de nosotros tenemos la tentación de pensar: Es dura esta enseñanza, ¿quién puede escucharla? (Jn 6, 60)! El Señor se vuelve hacia aquellos a los que ha escogido, hacia nosotros, obispos y sacerdotes, y nos pregunta de nuevo: ¿también vosotros queréis marcharos? (Jn 6, 67). Clava sus ojos en los nuestros y nos pregunta uno a uno: ¿me vas a abandonar? ¿Vas a renunciar a enseñar la Fe en su integridad? ¿Tendrás valor para predicar mi presencia real en la Eucaristía? ¿Tendrás valor para llamar a esos jóvenes a la vida consagrada? ¿Te atreverás a decir que sin la confesión regular la comunión sacramental corre peligro de perder su significado? ¿Tendrás la audacia de recordar la verdad de la indisolubilidad del matrimonio? ¿Tendrás caridad para recordárselo incluso a quienes es posible que te lo reprochen? ¿Tendrás valor para invitar con delicadeza a cambiar de vida a los divorciados comprometidos en una nueva relación? ¿Prefieres el éxito a querer seguirme? Dios desea que, como san Pedro, llenos de amor y de humildad, seamos capaces de responderle: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68)” (Se hace tarde y anochece, pp. 17-18. 2ª ed. Palabra. Madrid, 2019).

Lo dejo aquí, aunque es posible una segunda parte.

Y seguimos con lo más nuestro: REZAR, Al Señor, y a su Madre Santísima. Todo lo que podamos.

5.02.20

"Cuando veas las barbas del vecino pelar..."

Así habla la sabiduría popular: “Cuando veas las barbas del vecino pelar, pon las tuyas a remojar”. Y lo dice con gran acierto, como no podía ser menos, pues habla la “sabiduría"; y, por tanto, sabe lo que dice porque sabe de lo que habla. Lo hace, además, como aviso prudente y amistoso para navegantes: con ánimo de que no se repita el desastre en uno mismo ni en las demás personas bienamadas.

Es de todos conocido el soberbio porrazo -"patinazo” sería algo casi insignificante: ¡es que se han automasacrado, y se han disparado en la sién!- que se han dado por las orillas y vecindades de las iglesitas anglicanas, que van siendo menos que nada: a este paso, en su último tramo ya. Vamos: que se han hecho papilla contra el muro que ellos mismos se habían construido contra sí mismos. ¡Que ya tiene mérito!

Hago este amplio preámbulo para ir a parar a donde quiero ir a parar; que es alertar -caso de que aún haya alguien de guardia o retén en la Iglesia Católica y pueda comunicar el aviso-, de a dónde vamos por aquí, y a marchas más que forzadas: ¡a la carrera!

Para aviso de navegantes, como ya he dicho en la tercera línea.

El asunto ha sido escandalosamente meridiano y muy clarificador, si queremos aprender algo o estamos dispuestos aún a hacerlo. Hace unos días, el “pequeño resto” del anglicanismo que aún recuerda la doctrina que, en su separación e invento, quisieron retener -“la doctrina bíblica sobre la sexualidad”, toda ella genuinamente católica luego, claro-, recordaba que la vida sexual sólo es lícita en el uso del matrimonio:

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1.02.20

La PROGREZ siempre "avanza" pa'trás. O el 111.

Es lo que tiene la PROGREZ, tanto política, como eclesial o cultural, pues lo lleva en su ADN: tienen tan asumido el “complejo del cangrejo” que no se les cura ni con kilos de hormonas.

Lo malo del tema es que, en lugar de hacer “los experimentos con gaseosa", como dice el clásico y como sería lo prudente -palabra y significado que desconocen de modo absoluto-, los hacen con todos nosotros: desde corromper a los críos desde parvulillos, hasta echarlos a los pies de los caballos: en especial cuando más necesitan la ayuda y los criterios morales -por ejemplo, en la preadolescencia-, pasando por robárselos descaradamente a sus padres -"por lo legal", por supuesto-, haciendo las leyes ad hoc que hagan falta.

Eso sí: como los experimentos siempre cuestan dinero -hay que multiplicar el presupuesto inicial por todos los paniaguados que han de cobrar y cobran, porque viven de esto-, tenemos que pagarlo los demás; porque encima, nos lo hacen pagar: ¡a nosotros que somos las víctimas!. En esto, están a nivel del Régimen Comunista Chino que les cobra a los ejecutados el precio de la bala con la que les dan mostacilla.

Porque se lo cobran y nos lo cobran -¡vaya si se lo cobran: es que nos desvalijan!-, no ya con intereses, que sería lo “legal", sino robándonos, además, a manos llenas: por lo legal y, como siempre les parece poco, también por lo ilegal: llámense ERES, 3%, gastos de representación, facturas falsas, contratos ficticios, cursos de aprendizaje imaginarios, ayudas a parados -no confundir con “parásitos", que esos son ellos, etc. etc., etc. ¡Imposible hacer ni siquiera una aproximación de lista de todos los sistemas que se han inventado para lucrarse y perpetuarse en el poder!

¡Han venido para quedarse! y lo dicen descaradamente. Con el descaro de tenernos a todos comprados, a cada uno por donde se deja comprar. Aunque también hay aficionados tan motivados que lo hacen hasta “de gratis".

Por lo eclesial está pasando más de lo mismo: ¡hasta este nivel se han contagiado tantos estamentos eclesiales en su “diálogo” con el mundo y sus habitantes todos! Y copian, con ese mismo descaro que caracteriza a toda PROGREZ, hasta su mismo lenguaje. 

A las pruebas me remito. Y para que nadie se despiste, esto va a propósito de ya famosísimo -y más que se hará- no-nacido publicamente aún nº 111, del último documento pontificio. Que no voy a copiar, pero está ya publicado bajo cuerda como siembra temprana, para que la semilla vaya haciendo su trabajito que, de suyo, lo hace, como bien dice la parábola, que tampoco voy a copiar.

El método usado es el mismo por lo civil que por lo eclesial. Se toma un tema, el que sea -en este último caso el “celibato sacerdotal a abolir a como dé lugar, sí o sí"- que interese sacar adelante. Se parte de unos “datos", no demasiado exactos, porque ni se tienen ni se quieren exactos.

Como normalmente las cosas empiezan pequeñas -también lo malo-, “se magnifican” con total desfachatez, impunidad, descaro o mentira -que de todo hay en la viña del Señor: ¡perdón, Señor!-; se adoba todo convenientemente con una descarada -y falsa- carga sentimentaloide; se untan bien los resortes que hacen de perfecta caja de resonancia; se agita convenientemente, y se sirve bien frío: con una apariencia de equidad, bondad, mansedumbre, fe, modestia…, y, en el caso que nos ocupa, sin continencia ni castidad, claro, porque es lo que había que cargarse.

¿Para qué todo este montaje? Para, de este modo, pretender que hay una “necesidad grande y urgente” que remediar: no hacerlo sería una injusticia “de tomo y lomo"; y JUSTIFICAR de este modo la “bendición apostólica"; dejando siempre bien claro -totalmente oscurecido, claro- que “la doctrina no se toca” sino que se difiende a capa y espada…

Con este sistema se introduce el “coronavirus” que va matando lo que toca, empezando allí donde las constantes vitales son más débiles. Y ya se irá extendiendo la infección hasta convertirse en pandemia. Que es lo que se pretendía desde mucho antes de las resoluciones finales.

Un inciso: si lo de los “viri probati” y demás zarandajas, que se ha publicado y recogido por todas partes dándolo como seguro, no fuese así y no pasase de un globo sonda o una cizaña envenenada, lo que he intentado explicar sigue vigente: si no es con este jemplo, lo es con otros, porque lo que nos sobran son ejemplos. Veremos qué sale al final en el Documento papal.

Así actúa siempre la PROGREZ, civil o eclesial. Porque la PROGREZ tiene sus fijaciones, y a ellas se remite siempre: “más vale malo conocido que bueno por conocer", deben decirse. Y miran y tirán para atrás.

Una de ellas es que llaman “progreso” al REGRESO. Porque ¡anda que no lleva años -por lo civil- lo de cascarle a la Iglesia, a sus hijos y a sus bienes, para que no quede ni la más pequeña semilla!

Y ¡anda que no lleva años -por lo eclesial- la pretensión de cargarse el celibato sacerdotal, aquilatado perfectamente -en sus vertientes teológica, disciplinar y pastoral- desde siempre en la Iglesia…; y, calentito aún, en el último libro de Benedicto XVI, papa Emérito, y el card. Sarah! ¿Empeño inútil? Veremos.

Todos los herejes que han pretendido romper la Iglesia, llámense protestantes, luteranos, anglicanos, etc., han ido a por él. Lo que ya debería enseñarnos mucho. Pero, la “progrez eclesial", y por ser progrez precisamente, no está por la labor, y va pa’atrás. ¡Viva el progreso!

Otra de sus fijaciones es que, donde no hay ningún problema, HACER o MONTAR un PROBLEMA: especialmente el que más les interese para sus personales o colectivos “tics". Y esto lo saben hacer, por lo civil o por lo eclesial, a las mil maravillas: están “autoprogramados” para eso. Viven para eso. Y si hay algún problema real, pues mejor: siempre lo podrán empeorar: e irán a por ello.

Por supuesto: NUNCA HACEN CASO de las personas que, no solo de buenísima fe, sino con buenísima intención -comprometidos hasta más no poder, en este caso con la Iglesia Católica- les advierten a los jerarcas -con teología, doctrina y la mejor caridad-, de los desaguisados que se están montando: antes y después de que circulen libremente y se hagan “pastoral de rodillas".

Por último -bueno: tienen más fijaciones, pero hay que cortar-: ELLOS -por lo civil o lo eclesial- SON LOS BUENOS. SIEMPRE. Y todos los demás, malos malísimos: conspiradores, mentirosos, con intereses ocultos, ignorantes, depravados, injustos, desamorados de la Iglesia y de su Jerarquía, etc. Lo único que no nos han dicho, aún, es herejes, aunque nos tratan igual. Que igual cae algún día.

Y luego están -de comer aparte-, los “callaos". Que son como los “emparedaos", pero sin gastar en ladrillos. O sea, que no son: ni están ni se les espera. Viven en “su” mundo, que no es el mundo real. O sea: NO VIVEN.

Por cierto, lo de los “emparedaos", también lo desautorizó la Santa Iglesia, y se lo cargó: porque no iban por ahí los tiros…

¿Seguiremos rezando, por fa?

30.01.20

"Dios Padre ha querido correr el riesgo de nuestra libertad". Parte II

“Dios Padre ha querido correr el riesgo de nuestra libertad”. Así se expresaba, con absoluto acierto y profunda convicción, san Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei: Dios nos ha hecho LIBRES, con todas las consecuencias. Unas consecuencia que, no debemos olvidarlo nunca, con profundísimo agradecimiento, pues lo paga Él en primerísimo lugar.

No es el único en “pagar” por ello -"sufrir” las consecuencias-; porque tantas veces, con el mal uso de nuestra libertad, hacemos mal a otros; y, siempre, nos lo hacemos a nosotros mismos. Pero al que primero “afectan” nuestros pecados es a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: es el PRIMER OFENDIDO.

¿Por qué este hacernos libres el Señor, a pesar de lo mal que podemos usar ese DON tan divino?

Hay una y única razón: porque sólo ahí y desde ahí -o sea, LIBREMENTE-, podemos amar y amarLe. Las vacas no aman: no pueden ni planteárselo, porque no pueden amar. Nosotros podemos y debemos -pero hemos de volver a Dios para saberlo con absoluta seguridad-, porque nos ha creado a imagen y semejanza suya. Dios es AMOR. Y nosotros debemos serlo también.

Pero, para poder AMAR, hemos de ser LIBRES. Por eso estamos dotados de entendimiento y voluntad: para poder manejarnos de este modo, conformes a nuestro SER y conformes a nuestra NATURALEZA.

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