Desde que han consumado su segundo chiringuito -cismático, por supuesto-, los lefebrianos han caído en un silencio sepulcral: el que señorea sobre los cementerios, o el que acompaña a los muertos, dentro o fuera de su tumba.
Ni una sola palabra, después de su campaña de propaganda contra la Iglesia Católica antes del evento: que se desgañitaron; y de sus foticos de pompa y reverencia tras su desnortado espectáculo: por infiel. Por cismático. Por anticatólico. Por destructor.
Nada. Han enmudecido. ¡Ojalá sea por ese punto de vergúenza que acompaña las fechorías de las personas normales! Ojalá.
O quizá -Dios no lo quiera-, por la satisfacción del “deber cumplido”. Injustamente cumplido, claro. Quién sabe… Quizá ni ellos mismos lo sepan. Pero que se han quedado más callados que un muerto parece evidente.
En el otro extremo del arco, la Iglesia Católica sigue su Camino. Mal que bien. A trancas y barrancas. Con una de cal y otra de arena. En estos momentos, como puede: que no es poco… Sigue su Camino porque: aunque malherida, está viva.
Los lefebrianos por su parte, mudos. NO les da ni para un video, o unas palabricas, o unas foticos, aunque sean retocadas: todo con IA, que mejora la falta de inspiración. Será por dinero…, que lo tienen. Sin dinero no se puede hacer el mal: cuanto más dinerito más mal se puede financiar, y se financia: si lo sabrán los enemigos de la Iglesia.
El bien es muchísimo más barato, aunque dinero siempre hace falta, y mucho más reconfortante: se duerme hasta mejor. Pues ahí están éstos, durmiendo la mona de la post fiesta, que debió ser gorda. Naturalmente, les agradecemos que se hayan callado, porque la murga fue extensa e intensa. Han alcanzado su ansiada y honorífica meta, y ahora descansan con su plácida recompensa.
Pero, siendo veraces, ¿qué han conseguido?
Nada, más allá de lo que ya tenían: regodearse y refocilarse en la situación en la que estaban instalados desde décadas atrás, revolcándose en su propio cieno, y conformándose en/a su imagen y semejanza, con la que están tan contentos; nada nuevo y nada mejor, por tanto: todo con peor salida en todo caso, anclados en su pasado, confirmándose y confirmándonos en su NO retorno. Gran logro.
Bueno, también se han mercado una nueva Excomunión, con ampliación muy bien sobrevenida, lógicamente. Eso sí : el demonio, con todos éstos, está de fiesta una vez más.
Y todo este tinglado, toda esta tragedia contra Dios y contra su Iglesia, ¿para qué? Así es el mal: tan desastroso desgraciadamente como inútil.
¿Está, acaso, mejor la Santa Madre Iglesia ahora, tras este desgarro? ¿Están más seguros los lefebrianos por más católicos? ¿Se ha fortalecido su Fe y su Esperanza, cargándose su Caridad? ¿Son más Iglesia? ¿Pueden presentarse como más católicos estando fuera: excomulgados? Como reza el dicho: “¡ni el que asó la manteca”, oigan!
La soberbia es muy mala consejera. De hecho, y como por un milagro es imposible salir, según enseñaba una Monja mártir, abadesa, a sus novicias. Porque, si te descuidas, llegas -no hay mayor tentación ni menos creíble en sí misma- a lo de seréis como dioses; que ya hay que tener tragaderas para engullir lo que, en buena lógica, es intragable de suyo: es que no hay forma de pasarlo… Ni con wisky.
Pues ahí están, descansando de sus heroicidades, tomándose unas muy bien ganadas vacaciones; a las que han llegado extenuados pero felices: una vez más le han doblado el brazo al Papa, a la Iglesia y a los 4/5 Jerarcas que aún son Católicos. Y quieren seguir siéndolo, gracias a Dios: quieren Salvarse. Que no es poco: es el TODO.
Además del seréis como dioses, y para colocarse una buena tuerca y contratuerca que les refuerce en su cerril y obtusa posición, se han creído que son los herederos únicos y legítimos -y NO hay otros con más puntos que ellos-, sehan apropiado de aquello tan necesario para la Iglesia Santa y para sus hijos: Todo lo que atares en la tierra quedará atado en los Cielos; y todo lo que desatares en la tierra quedará desatado en los Cielos.
Palabras de Cristo dirigidas, que yo sepa, a Pedro, el primer Papa; y en él, a todos sus Sucesores. Y a nadie más. A ellos, tampoco: aunque se crean lo más de lo más, y por encima del propio Papa, que les sobra. A las pruebas me remito.
Y ahí los tenéis, tan gallitos ellos, consagrando obispos -cismáticos-, y ordenando sacerdotes -cismáticos también, para no ser menos-, incluidas todas sus ovejitas, tan mansitas y tan buenecitas.
Incluso en muy posible que piensen, en su insensatez tan podrida ya, que están haciendo una estupenda y genuina obra, agradable a Dios. Vamos, que se lo ha dicho: “Ahora nos pide Dios…". Certificado: el jefe dixit.
Pobrecillos. Pretenden salir de un ridículo, y caen en otro mayor. Sin remedio. “La soberbia”, dicho por un Sacerdote Santo, que supo de primera mano lo que es sufrir persecución EN la Iglesia, “todo lo tergiversa, todo lo desdibuja, todo lo trastoca…”; todo lo enreda, todo lo deforma, todo lo emborrona. todo lo malogra…
Y estos chicos son la foto finish -lo de “icono” me parece que no procede- de lo que acabo de escribir. Ellos sabrán. Los demás estamos con los ojos como platos.
Se han ensoberbecido, y se han autoengañado con los oropeles: con las puntillitas, los guantes, los anillos encima y demás… O sea: “han cogido el rábano por las hojas”, y han despreciado lo sustancial: el alimento bueno. Que ya hay que tener buena sesera para ese viaje.
Porque, acudiendo a los Santos Padres -los reverenciados desde milenios atrás, los pilares de la Iglesia también por su Santidad de Vida-, que presumo que les tendrán afecto y reconocimiento, además de reconocerles su Gran Autoridad; pues los Santos Padres acuñaron aquello tan radical, tal teológico y tan Eclesial de: Ubi Petrus, ibi Ecclesia, ibi Deus!
Han tachado lo de “ubi Petrus”, que es la clave de todo el texto, y se han quedado sin “Ecclesia” y, en consecuencia, hasta sin “Deus”. Vamos, absolutamente sin nada.
Pero, como dice la sabiduría popular: “sarna con gusto no pica”.