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14.02.21

Rito de la Ceniza en tiempos de pandemia: una Nota oficial, una lectura crítica y una explicación de la Tradición

ceniza 1 Con motivo de la maldita pandemia que nos azota, la Cong. para el Culto divino ha emitido una Nota sobre cómo se desarrolla el rito de la imposición de la Ceniza, para el próximo Miércoles de Ceniza, en este 2021. Realmente merece alguna puntualización y, desde luego, una lectura crítica, casi sorprendida.

La Nota describe el rito:

  • Se recita la oración de bendición de las cenizas y se asperjan con el agua bendita.
  • El sacerdote se dirige a los presentes, diciendo una sola vez para todos la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás».
  • Después, el sacerdote se limpia las manos y se pone la mascarilla
  • Luego impone la ceniza
  • El sacerdote toma la ceniza y la deja caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada.

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7.02.21

Las actuales plegarias eucarísticas

misal romano

Parecía un inmenso avance enriquecer el Misal romano con nuevas plegarias eucarísticas que diesen variedad y no limitarse exclusivamente al Canon romano. Decisión ésta muy discutible, sin duda. Pero cuando se aprobaron las otras tres anáforas y se introdujeron en el Ordo del Misal, ocurrió algo inesperado: la única plegaria que se escuchaba era la plegaria eucarística II. Fue, y lo es hoy día, la más empleada, casi la única que se usa.

No se quería mantener únicamente el Canon romano en función de la variedad, y ahora la plegaria eucarística II ha ocupado su lugar siendo la única que en la práctica se oye. ¿Y por qué? Sin duda, por ser la más breve. En una liturgia sumamente verbalista, con extensas y huecas homilías y muchas moniciones, la gran plegaria eucarística parece algo pesado: ¿orar? ¿Recitar despacio? ¿Cantar las partes propias de la plegaria? En absoluto. Se opta por la plegaria eucarística más breve para salir del paso, se recita apresuradamente con tono descreído incluso, descuidado, desenfadado. Se aduce que los fieles “no se enteran”, “de esto no entienden”, y emplear cualquier otra plegaria les parece muy largo: curiosamente, no les parece tan largas sus propias homilías.

¡Sorpresa! En el Misal romano hay más plegarias eucarísticas, aparte de la II, y hay unas normas de uso para ellas.

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17.01.21

El ministerio instituido de lector/a (y seguimos aclarando: II)

lectorado

Los ministerios instituidos: estables y con rito de institución

      El papa Pablo VI, con el Motu proprio Ministeria quaedam (15-agosto-1972), suprimió en la Iglesia latina las órdenes menores y el subdiaconado, así como la tonsura, pero mantuvo las funciones que se encomendaban a esas órdenes. Ahora en vez de ser una ordenación, por tanto reservada para clérigos, será una institución para un cargo estable, un ministerio, que se le confía a un fiel laico. Era el uso atestiguado por la Tradición Apostólica de Hipólito, en el siglo III. No faltan tampoco alusiones en algunas cartas de S. Cipriano de Cartago.

      Volviendo a la disciplina más antigua, antes de constituirse estos ministerios como órdenes menores, se estableció en Ministeria quaedam “que estos ministerios no se llamen ya Órdenes menores; que su misma colación no se llame ‘ordenación’, sino ‘institución’, y además que sean propiamente clérigos, y tenidos como tales solamente los que han recibido el Diaconado. Así aparecerá también mejor la diferencia entre clérigos y seglares, entre lo que es propio y está reservado a los clérigos y lo que puede confiarse a los seglares cristianos; de este modo se verá más claramente la relación mutua, en virtud de la cual ‘el sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo’”.

       La institución significa que ese ministerio es estable, para siempre, y además de ejercer el ministerio correspondiente –lectorado o acolitado- en la liturgia, se le confían algunas otras responsabilidades y tareas inherentes. El rito litúrgico de la institución de un ministerio lo preside el Obispo (o el Superior mayor para religiosos).

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22.12.20

Lectio divina con la liturgia (Notas sobre espiritualidad litúrgica - XIV)

    lectio De la liturgia nace el deseo de conocer mejor la Palabra de Dios en las sagradas Escrituras mediante la lectio divina, y la lectio divina favorece luego vivir la liturgia escuchando la Escritura, cantando los salmos, etc., con mayor conocimiento y fervor.

     Toda la liturgia está impregnada de la Palabra de Dios; en cada oficio litúrgico se lee la sagrada Escritura, en mayor o menor extensión, y con una distribución propia. Y es que la liturgia ofrece diversos ciclos de lecturas en su liturgia para instruir y alimentar las almas:

a)      El ciclo dominical en tres años (A, B y C)

b)      El ciclo anual en ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua

c)      El ciclo bianual para la 1ª lectura y anual para el Evangelio en las ferias del tiempo ordinario

d)     A lo que hay que sumar la distribución de lectura para fiestas del Señor, de la Stma. Virgen, Apóstoles y santos, etc…

e)      El ciclo anual, por ahora, del Oficio de lecturas en la edición española.

f)       Y aunque no son lecturas, habría que añadir los salmos de la Liturgia de las Horas distribuidos en cuatro semanas, especialmente los salmos de las Laudes, Vísperas y Oficio de lecturas.

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6.10.20

Unirse a los textos litúrgicos (Notas de espiritualidad litúrgica - VIII)

 libro      La liturgia da más fruto en nosotros si tenemos una disposición interior, si nos preparamos a ella. Parte de ese trabajo personal es asimilar los textos litúrgicos conociéndolos por la oración y meditación personal. Eso nos facilitará luego su escucha orante en la liturgia.

      Aquí, de nuevo, con otro matiz, hay que abordar el tema de la participación en la liturgia, buscando siempre su concepto verdadero y no su caricatura, ya que es siempre requisito y cualidad del alma ante el Misterio que se vive en la liturgia, y no acción exterior “creativa”, un hacer cosas y producir movimiento en torno al altar.

     La participación activa y fructuosa en la liturgia es poner en sintonía el alma con el espíritu de la liturgia, unirse a la liturgia con toda la mente y el corazón, amando a Cristo:

    “Sin afectar a la eficacia de la acción cultual de Jesucristo, tanto el ministro como los simples fieles que intervienen en la celebración o en la recepción de este culto esencial, por su razón de miembros vitalmente unidos a la Cabeza, pueden añadir algo a su integral perfección o al grado de percepción de su eficacia si, como seres inteligentes, aportan a la acción litúrgica una consonancia espiritual con la actitud correspondiente del alma de Jesucristo. Así, en el sacrificio de la misa, aunque siempre es grato y acepto al Padre porque siempre es el acto supremo de religión que le tributa Jesucristo, el carácter social y representativo del sacerdocio del Señor tendrá una expresión más perfecta y adecuada si el celebrante y los fieles asistentes no sólo participan exteriormente a la celebración de la misa, sino que además procuran adaptar su actitud espiritual a la del alma de Jesucristo” (Brasó, Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956, 236).

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