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23.02.21

Para pintar el Cirio pascual con criterio y sentido

pintando cirio pascualSe ha hecho costumbre muy extendida pintar el Cirio pascual, con una creatividad desbordante, pero en ocasiones con falta de prudencia y de sentido litúrgico, olvidando qué es el Cirio pascual, qué significa y qué debe estar en el Cirio, casi ni se ve la cera blanca de tanta pintura y escena representada… ¡y abajo, o detrás, pequeñito, lo que debiera ser lo central: la cruz del Señor!

   Comencemos viendo qué es el Cirio pascual.

   Es el signo de Cristo mismo Resucitado, Señor y Dueño de la historia, en cuya mano están el poder y la fuerza. Es un cirio hermoso, relativamente grande, y donde destaca –y el sacerdote lo signará en el rito del lucernario- una cruz con la fecha del año en curso, el Alfa y la Omega, y, si se quiere, los cinco granos de incienso. Eso es lo que debe destacar en el cirio pascual.

   En el Ordo de la Vigilia pascual, dice la rúbrica n. 11:

Bendecido el fuego nuevo, un acólito, u otro ministro, lleva el cirio pascual ante el celebrante; este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza en la parte superior de esta cruz la letra griega alfa, y debajo de la misma la letra griega omega; en los ángulos que forman los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso.

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20.02.21

Los clásicos explican el rito de la Ceniza: Dom Guéranger, Dom Schuster, etc. ¡Historia y sentido espiritual!

Ceniza

Un año más, nuestra cabeza ha sido rociada con la ceniza al inicio de la Cuaresma, el miércoles de Quincuagésima (rito propio de ese día y para ese Miércoles, sin posibilidad de trasladarlo al Domingo, día festivo). Y una vez más, este rito penitencial recuerda nuestra caducidad, la fugacidad de esta vida, la necesidad de hacer penitencia y realizar la sanación del alma.

El breve gesto de imponer la ceniza en la cabeza –nunca en la frente, siempre en la cabeza- no debe olvidarse fácilmente: ha de dejar su impronta en la mente y el corazón, ahondar en lo que hemos recibido y el espíritu con que la Iglesia lo ha realizado.

Será bueno entonces, conocer despacio la historia del rito de la ceniza y su mistagogia, su sentido espiritual.

Comencemos por leer a Dom Guéranger, fascinado por el rito romano y estudioso de sus ritos, en “L’année liturgique. Le Temps de la Septuagésime”, Tours 1922 (5ª), en las pp. 252 ss:

“Ayer el mundo se movía en sus placeres, los mismos hijos de la promesa se entregaban a inocentes alegrías; desde esta mañana, la trompeta sagrada de la que habla el Profeta ha resonado. Anuncia la obertura solemne del ayuno cuadragesimal, el tiempo de las expiaciones, la proximidad cada vez más inminente de los grandes aniversarios de nuestra salvación. Levantémonos entonces, cristianos, y preparémonos a combatir los combates del Señor.

Pero, en esta lucha del espíritu contra la carne, nos hace falta estar armados, y he aquí que la Iglesia nos convoca en sus templos, para entrenarnos con los ejercicios de la milicia espiritual. Ya san Pablo nos dio a conocer en detalle todas las partes de nuestra defensa: “la verdad, nos ha dicho, sea vuestro cinturón, la justicia vuestro ceñidor, la docilidad al Evangelio vuestro calzado, la fe vuestro escudo, la esperanza de la salvación el caso que protegerá vuestra cabeza” (Ef 6,16). El Príncipe de los Apóstoles nos dice: “Cristo sufrió en su carne; armaos con este pensamiento” (1P 4,1). Estas enseñanzas apostólicas la Iglesia nos las recuerda hoy; pero añade otra no menos elocuente, forzándonos a remontarnos hasta el día de la prevaricación, que hizo necesarios los combates a los que vamos a entregarnos, las expiaciones por las que nos hace pasar. […]

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14.02.21

Rito de la Ceniza en tiempos de pandemia: una Nota oficial, una lectura crítica y una explicación de la Tradición

ceniza 1 Con motivo de la maldita pandemia que nos azota, la Cong. para el Culto divino ha emitido una Nota sobre cómo se desarrolla el rito de la imposición de la Ceniza, para el próximo Miércoles de Ceniza, en este 2021. Realmente merece alguna puntualización y, desde luego, una lectura crítica, casi sorprendida.

La Nota describe el rito:

  • Se recita la oración de bendición de las cenizas y se asperjan con el agua bendita.
  • El sacerdote se dirige a los presentes, diciendo una sola vez para todos la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás».
  • Después, el sacerdote se limpia las manos y se pone la mascarilla
  • Luego impone la ceniza
  • El sacerdote toma la ceniza y la deja caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada.

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31.01.21

El camino para venerar más el Evangelio/Evangeliario (Palabra y Evangelio - IV)

evangelio6. El camino para venerar más y mejor el Evangelio

    Si hay que potenciar y destacar la importancia de la Palabra proclamada en la liturgia, no es desde luego inventando nuevos ritos de entronización de Biblias ni cosas semejantes. El camino tendrá que ir desde lo interior a lo exterior, a lo ritual, con sólida teología y más aún espiritualidad.

 

     6.1.Conciencia de presencia y sacramentalidad

    En el Evangelio está hablando el mismo Cristo, se oye su voz anunciando aquí y ahora, a los presentes, a su Iglesia Esposa, la salvación. Así pues, no estamos ante un relato pasado o un cuento o una novela, que se lee cumpliendo y luego viene lo importante que sería la homilía. ¡En absoluto! La voz de Cristo se oye cuando un diácono o sacerdote lee el Evangelio.

   Cristo está en el cielo, su cátedra está en el cielo pero su voz se oye cuando se lee el Evangelio:

     “Escuchemos juntos; escuchemos juntos como condiscípulos en la única escuela del único maestro, Cristo; su cátedra está en el cielo” (S. Agustín, Serm. 340A, 4). “Sólo hay un maestro para todos, cuya escuela y cátedra están en la tierra y en el cielo respectivamente” (Id., Serm. 292,1). “Tiene en el cielo su cátedra –pues hemos de ser instruidos en sus escritos” (Id., Serm. 270,1). “No digo que me escuches a mí, sino que escuches conmigo, pues en esta escuela todos somos condiscípulos; el cielo es la cátedra de nuestro maestro” (Id., Serm. 261,2).

    Es a Cristo mismo a quien oímos cuando en la liturgia se proclama el Evangelio:

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24.01.21

Terminamos: el ministerio instituido del acolitado (y III)

 

El segundo ministerio laical es el acolitado.

   El ministerio instituido del acólito posee dos vertientes: el servicio directo al altar y el ministerio extraordinario de la Eucaristía. Es lo que determina el Motu proprio Ministeria quaedam (de 1972).

     Referente al servicio del altar:

  •     Queda instituido para ayudar al Diácono y prestar su servicio al sacerdote
  •     Es propio del acólito instituido cuidar el servicio del altar.

       Y referente al sacramento de la Eucaristía:

  1.      Distribuir la comunión como ministro extraordinario cuando falten ministros, o estén imposibilitados por enfermedad, avanzada edad o ministerio pastoral, o cuando el número de fieles que se acerca a la Sagrada Mesa es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa.
  2.       En las mismas circunstancias, es decir, de forma extraordinaria y excepcional, “se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero no que bendiga al pueblo”.

        Al igual que el lector instituido preparará otros lectores para ese servicio litúrgico, el acólito instituido enseñará a otros acólitos no instituidos y monaguillos a servir en la liturgia: “podrá también –cuando sea necesario- cuidar de la instrucción de los demás fieles, que por encargo temporal ayudan al sacerdote o al diácono en los actos litúrgicos, llevando el misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras funciones semejantes”.

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