25.11.09

Historias del postconcilio (IV): La polémica del Cardenal Daniélou con algunos superiores generales religiosos

UNAS DECLARACIONES DEL PURPURADO FRANCÉS A LA RADIO VATICANA EN 1972 GUSTARON POCO AL P. ARRUPE Y A OTROS GENERALES RELIGIOSOS

Las declaraciones del Cardenal Daniélou que crearon la polémica con los Generales de ciertos institutos religiosos hay que ponerlas en el marco de la celebración del I Congreso de las Conferencias Nacionales de Religiosos, de uno y otro sexo, después del Vaticano II, celebrado en Roma del 17 al 19 de octubre de 1972. Este Congreso, convocado por la Sagrada Congregación de Religiosos, había sido previsto con miras a la reunión plenaria de la misma Congregación de Religiosos, del 23 al 25 de octubre. Se abrió con un discurso del Cardenal Ildebrando Antoniutti, y se concluyó con un discurso del Santo Padre.

En él se pusieron sobre el tapete todos los problemas que agitaban entonces la vida religiosa, con los cambios, las experiencias, los fermentos renovadores, los aciertos y desaciertos en la aplicación de las directrices conciliares para una acomodada renovación de los institutos religiosos. Luego vino la Plenaria de la Congregación de Religiosos. Parece ser que en la orden del día estaba el punto candente a que se refería el Cardenal, o sea, el de la autorización a los religiosos observantes para constituir comunidades aparte. Y antes, justamente, de esa Plenaria surgieron las Declaraciones del Cardenal en Radio Vaticana el 23 de octubre del 1972. Helas aquí traducidas del italiano:

“Cuestión: ¿Se da hoy, realmente, una crisis de la vida religiosa, y cuáles serían las dimensiones y los síntomas?

Card. Daniélou.-Estamos en presencia de una crisis muy grave de la vida religiosa: no se puede hablar de renovación sino de decadencia. Esta crisis afecta, en primer lugar, al mundo atlántico. La Europa del Este y los pueblos de África y Asia gozan de una situación mucho más sana. La crisis se manifiesta en todos los campos. Los Consejos evangélicos han dejado de considerarse como consagración a Dios, para ser vistos en una perspectiva sociológica y psicológica. Existe, sí, la preocupación de no parecer burgueses, pero en el plano individual ya no se practica la pobreza. La obediencia religiosa se sustituye por la dinámica del grupo. Bajo pretexto de ir contra los formalismos, se abandona toda regularidad en la vida de oración. Las consecuencias de este estado de confusión se advierten, sobre todo, en la escasez de las vocaciones. Pues los jóvenes lo que quieren es una formación seria. Par otra parte se dan continuos abandonos de la vida religiosa, lo que produce escándalo, pues se rompe el pacto que unía al pueblo de Dios.

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22.11.09

Historia de un clérigo que, metido a revolucionario, hizo mucho daño a la Iglesia

EL OBISPO CHARLES MAURICE DE TALLEYRAND, ELESIÁSTICO AMBICIOSO, POLÍTICO INTRIGANTE Y REVOLUCIONARIO

Príncipe de Benevento, Obispo de Autun, ministro francés y embajador, nació en París el 13 de febrero de 1754 y murió allí, en mayo de 1838. Fue el mayor de una antigua familia francesa, destinado a las Santas Órdenes debido a un accidente que lo dejó cojo. Habiendo completado sus estudios en el Colegio de Harcourt, fue a St.Sulpice y contra su inclinación, se convirtió en Abad. Leyó entonces “la mayoría de los libros revolucionarios", y a la larga dejó su vida sacerdotal y se zambulló en el libertinaje del período. Aún así, habiendo sido ordenado sacerdote (1779) y designado agente general del clero (1780) adquirió rápidamente reputación de hombre de habilidad. La Asamblea del Clero de Francia de 1782 lo designó su promotor, y en 1785 se convirtió en secretario. Debido a su notoria inmoralidad sólo obtuvo una sede episcopal a través de una retorcida promesa del rey a su padre agonizante, el Conde Daniel de Talleyrand.

Consagrado el 16 enero de 1789, y promovido al Obispado de Autun, sólo apareció en su diócesis para ser elegido miembro de los “Etats Généraux". Pronto se volvió uno de los personajes más importantes de Europa, y utilizó cada oportunidad para promover sus intereses privados.

Opuesto en su corazón a una revolución que acusó de tener “desmembrada a Francia", primero le aconsejó a Luis XVI disolver la Asamblea, pero creyéndolo irresistible, se alió al movimiento democrático. Como miembro del Comité Constitucional, tomó parte en “la Declaración de los Derechos de Hombre". Exaltó la expoliación del clero y prestó juramento a la Constitución Civil. Sin embargo su cabildo, lo presentó como merecedor de “la infamia en este mundo y condenación en el próximo", entonces resignó su sede. Habiendo consagrado a varios obispos constitucionales, Gobel recibió el Obispado de París, fue excomulgado por el Informe obispal de 13 abril, 1791. Le enviaron a Londres en una misión diplomática extraoficial para intentar organizar una alianza franco-inglesa en 1792. No pudo, sin embargo, obtener más que una promesa de neutralidad. Finalmente desterrado por la Convención, escapó a los Estados Unidos. Al retornar a París en marzo, 1796, y, debido a la influencia de Barras, fue designado Ministro de Asuntos Extranjeros. Él dio inmediatamente la bienvenida a Bonaparte como el gran auxiliar “quién podría allanar cualquier cosa".

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19.11.09

Memoria histórica: El anticlericalismo de la 2ª República (II)

SEGUNDO PERIODO: NOVIEMBRE 1933 A 16 FEBRERO DEL 1936. LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS

La derrota del partido socialista en las elecciones del 19 de noviembre de 1933 hizo prevalecer la corriente violenta que consideraba imposible hacer triunfar su ideología por las vías legales; la república burguesa no era instrumento apto para lograr los objetivos del proletariado. Y se comenzó a preparar la revolución armada. El malestar social -escribe Cárcel Ortí-, creció durante los meses de enero y febrero de 1934 con frecuentes huelgas, atracos e incendios de alguna iglesia y se agravó durante la primavera y el verano. El 4 de octubre de dicho año hubo una huelga general unida a un movimiento revolucionario en toda España, que triunfó en Asturias y Cataluña pero fracasó en el resto del país. El día 6 fue proclamado en Barcelona el Estat Catalá, pero solo duró diez horas, porque la sublevación quedó controlada por el Ejército; pero en Asturias los revolucionarios dominaron las cuencas mineras y el 6 de octubre se hicieron dueños de Oviedo (V. CÁRCEL ORTÍ, o.c., p. 61).

Se había creado un comité encargado de preparar la revolución formado por Largo Caballero (en la foto), Enrique de Francisco y Anastasio de Gracia. Besteiro y Prieto redactaron el programa político que debería actuarse después de la revolución (A. RAMOS OLIVEIRA, Historia de España, III, Méjico 1952, pp. 207, 208). Las milicias socialistas comenzaron su preparación. Vestían camisas rojas, se ejercitaban en el tiro. Fueron procurándose cantidades ingentes de armamento. En la Casa del Pueblo de Madrid se hallaron docenas de fusiles, revólveres, ametralladoras, 107 cajas de cartuchos, 37 cajas de bombas de mano. En otros muchos lugares se encontraron armas y talleres para la fabricación de bombas con dinamita.

La Revolución de Asturias (5-18 octubre 1934), fue el episodio más lamentable y sangriento de este período. Si la huelga general del 5 de octubre declarada por el partido socialista y la UGT. fracasó en la mayor parte de España -aunque en ciudades como Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Eibar, Mondragón, Santander, León hubo lucha violenta que fue controlada y vencida en un par de días- sin embargo donde tomó carácter de verdadera tragedia, fue en Asturias. En la cuenca minera de Asturias los socialistas invitaron a los comunistas y anarquistas a tomar parte en la revolución; todos juntos ocuparon la cuenca minera el día 5 y se dirigieron a la capital Oviedo, a la que pusieron sitio y ocuparon parcialmente. El Gobierno envió fuerzas del ejercito de África que consiguieron controlar la situación el 12 de octubre, y el 18 se rendían los sublevados. Continuaron la lucha no pocos mineros huidos a los montes.

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16.11.09

Sor Pascualina, la mujer que los curialistas de la época llamaban "virgo potens"

PÍO XII CONFIÓ PLENAMENTE EN SU SECRETARIA, QUE MUCHOS MIRARON CON RECELO POR EL GRAN ASCENDIENTE QUE TUVO SOBRE ÉL

RODOLFO VARGAS RUBIO

Es conocido el dicho: “Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”. Pío XII fue grande por muchos conceptos, aunque algunos ahora discuten su envergadura. Al menos no se le podrá negar haber sido el pontífice que mejor encarnó la idea de grandeza unida tradicionalmente al Papado. Pues bien, detrás de Eugenio Pacelli se escondía una mujer más bien diminuta, pero con un temple de acero y una voluntad a toda prueba: sor Pascualina Lehnert, monja de la congregación de las Hermanas de la Santa Cruz de Menzingen». Así comenzaba don Apeles Santolaria de Puey y Cruells un capítulo que en su enjundioso libro Historias de los Papas (1999) dedicó a la más influyente y menos visible mujer que ha habido cerca del trono de Pedro. Y las hubo de campanillas: desde las Teofilactas hasta la reina Cristina de Suecia, pasando por la condesa Matilde, Lucrecia Borgia y donna Olimpia Maidalchini.

La Madre Pascalina (o Pascualina) –como se la conocía popularmente– fue llamada de manera irónica y maliciosa la Virgo potens por aquellos que soportaban mal su ascendiente sobre Pío XII y su posición de privilegio en los Palacios Apostólicos. En un mundo tradicionalmente cerrado y dominado por hombres, las mujeres desempeñaban tareas muy subalternas y, desde luego, no en el entorno inmediato del Papa. Por eso, ya Pío XI había debido enfrentarse a los monseñores vaticanos cuando se trajo consigo desde Milán a su fiel gobernanta lombarda, Teodolinda Banfi, para que le llevara los apartamentos papales. Pero la monja a la que Eugenio Pacelli otorgó toda su confianza fue mucho más que un ama de llaves: fue también secretaria y confidente, fue la organizadora y gobernadora indiscutible del entorno del Papa, sólo que, imbuida de un sentido sobrenatural de las cosas, nunca abusó de esta circunstancia ventajosa. Y ello en medio de un mundillo donde el carrierismo es una tentación cotidiana.

La historia de esta extraordinaria mujer comienza en Ebersberg, un pueblo de la Baja Baviera (la misma región donde vería la luz Benedicto XVI), donde nació el 25 de agosto de 1894. Era la séptima de los doce hijos de un matrimonio de campesinos fervientemente católicos. Desde pequeña dio muestras de su gran sentido de responsabilidad y de orden, así como de su dedicación al trabajo. Ayudaba como ninguna en las tareas domésticas. Con quince años marchó de la casa paterna para seguir una temprana vocación religiosa, ingresando en la congregación de las Hermanas de la Santa Cruz de Menzingen, fundada en Suiza a mediados del siglo XIX y dedicada fundamentalmente a la enseñanza. Hecha la profesión religiosa con el nombre de sor Josefina, la joven monja fue destinada a la instrucción de niñas en colegios de la congregación. En uno de éstos se encontraba cuando en marzo de 1918 la mandó llamar la madre provincial de Alttöting (casa de la que dependía) para enviarla, junto a otra hermana, para ayudar en la organización material de la nunciatura de Munich por un período de dos meses. Sólo que, como escribió en sus memorias, la ayuda se prolongó indefinidamente.

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13.11.09

La evangelización de América: Las peripecias del primer obispo de América

LA BREVE AVENTURA AMERICANA DE FRAY JUAN DE QUEVEDO, PRIMER OBISPO DEL NUEVO MUNDO

El breve pero intenso periodo apostólico del obispo fray Juan de Quevedo en la llamada “Castilla del oro", hoy corresppondiente a tierras fronterizas entre Colombia y Panamá, es interesantísimo pues ilustra las dificultades prácticas y las tentaciones con que se encontraban los evanglizadores que llegaban a América, en general llenos de buena voluntad. Este religioso franciscano, que ostenta el título histórico de primer obispo del Nuevo Mundo, nacido en Bejorí, en la región montañosa de Burgos, y murió cerca de Barcelona, el 24 de diciembre de 1519. Se hizo franciscano en la Provincia de Andalucía, de la que llegó a ser ministro provincial y la mayor parte de su vida se desarrolló en Sevilla, donde fue, por lo menos en dos períodos distintos, guardián (o superior) del monasterio franciscano. Todo parece indicar que en 1513 fue nombrado predicador de la capilla del rey; sin duda Fernando el Católico, durante su estancia en Sevilla, de febrero a junio de 1511, conoció las prendas de gran orador que adornaban al fraile, las cuales éste confirmó en el ejercicio de su ministerio en palacio, de donde nació la candidatura para la mitra del Darién. Postulado pues por el rey Fernando, fue nombrado por el papa León x para que inaugurara la diócesis de Santa María la Antigua del Darién.

¿Qué sabemos sobre esta ciudad? La historia nos da algunos datos de esta antigua localidad colombiana, Santa María la Antigua del Darién, situada a unos 5 km del golfo de Urabá, cerca de la frontera con Panamá. Fundada por Martín Fernández de Enciso el 25 de diciembre de 1510 a sugerencia de Vasco Núñez de Balboa, recibió su nombre en homenaje a la imagen venerada en Sevilla de Santa María la Antigua, añadiéndose ‘del Darién’ para rememorar la comarca de su ubicación. Allí tuvo sede la gobernación de Pedro Arias Dávila y fue su primer obispo fray Juan de Quevedo. A partir de 1514, coincidiendo con el episcopado de fray Juan, fue notorio su adelanto: se construyeron más de 100 casas, una catedral, la iglesia de San Sebastián, el convento de San Francisco, un hospital y la Casa de Fundición. El clima inhóspito que rechazó a los colonizadores y la fundación de la ciudad de Panamá llevaron a su progresivo abandono desde 1519, pese a lo cual siguió siendo sede episcopal. En el siglo XVIII su ocaso fue casi total y en la actualidad no es más que un pequeño caserío.

Personaje importante en la aventura americana de Fray Juan de Quevedo fue el ya nombrado gobernado Pedro Arias Dávila, conocido popularmente por Pedrarias. Había nacido en Segovia, de familia noble de origen judío, y se educó en la corte del rey de Castilla Juan II. Participó en la guerra de Granada (1481-1492) y, desde 1508 hasta 1511, en las campañas del norte de África, en las que se distinguió por la defensa del castillo de Bujía. Al contar con el apoyo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, el rey de Aragón y regente de Castilla Fernando el Católico le nombró en 1513 gobernador y capitán general del Darién, que a partir de entonces pasó a denominarse Castilla del Oro.

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11.11.09

En la familia Borgia floreció, sorprendentemente, la santidad

QUINTO CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL BISNIETO DE ALEJANDRO VI Y SOBRINO DE LUCRECIA BORGIA: SAN FRANCISCO DE BORJA

La Iglesia entera, y muy especialmente la Compañía de Jesús, han comenzado las celebraciones del año jubilar con ocasión del quinto centenario del nacimiento de San Francisco de Borja, un personaje fascinante del periodo de la contrarreforma católica, y esto por muchas razones. En primer lugar, su vida es toda una aventura y muestra cómo la carrera del poder terreno no necesariamente llena el corazón de los que la siguen; en segundo lugar, como Prepósito General de La Compañía de Jesús dejó una huella profunda en aquella institución; por otro lado es muy interesante estudiarlo como típica figura de la contrarreforma, en relación otros santos de la época que fueron sus amigos: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio, San Carlos Borromeo, San Roberto Bellarmino, etc…

Pero el aspecto que más me impresiona de Francisco de Borja y Aragón, el que fue Duque de Gandía y Marqués de Llombay, además de Grande de España y Virrey de Cataluña, es cómo de una familia tan poco ejemplar pudo florecer un tal ejemplo de santidad. Los Borja, que en Italia se convirtieron en Borgia por cuestiones de pronunciación, fueron al menos, por ponerlo suavemente, una familia controvertida, por no decir cosas peores (que muchos historiadores han dicho, aunque no esté yo de acuerdo con toda esa leyenda negra). Pues que en esa familia surgiese la santidad es, por lo menos, admirable, aunque no es un caso único. Poco después, en otra familia “controvertida” como la de los Gonzaga surgió un ejemplo sublime de santidad como fue San Luis Gonzaga.

Pues bien, la carrera, conversión y ascenso hasta la santidad de Francisco de Borja adquiere mayor valor a la luz de sus orígenes familiare. Su abuelo, Juan Borja, el Segundo hijo de Alejandro VI, fue asesinado en Roma el 14 de junio de 1497 por un asesino desconocido, pero su familia siempre creyó que había sido César Borgia (Borja). Rodrigo Borgia, electo papa en 1402 bajo el nombre de Alejandro VI, tenía ocho hijos. El mayor, Pedro Luis, obtuvo en 1485 el hereditario ducado de Gandía en el reino de Valencia, el cual, a su muerte, pasó a su hermano Juan, quien estaba casado con María Enríquez de Luna. Habiendo quedado viuda debido al asesinato de su marido, María Enríquez renunció a su ducado y se dedicó piadosamente a la educación de sus dos hijos, Juan e Isabel. Luego del matrimonio de su hijo en 1509, siguió el ejemplo de su hija, quien había retirado al convento de las Clarisas Pobres en Gandía y fue mediante estas dos mujeres que la santidad entró a la familia Borja y en la Casa de Gandía había empezado el trabajo de reparación que Francisco de Borja habría de culminar. Biznieto de Alejandro VI por vía paterna, era, por el lado de su madre, biznieto del Rey Católico Fernando de Aragón. Este monarca había procurado el nombramiento de su hijo natural, Alfonso al Arzobispado de Zaragoza, a la edad de nueve años. De Ana de Gurrea, Alfonso tuvo dos hijos, quienes lo sucedieron en su sede arquiepiscopal y dos hijas, una de las cuales, Juana, se casó con el duque Juan de Gandía y se convirtió en la madre de nuestro santo. De este matrimonio Juan tuvo tres hijos y cuatro hijas. De un segundo, contraído en 1523, tuvo cinco hijos y cinco hijas. El mayor de todos y heredero al ducado era Francisco.

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8.11.09

Memoria histórica: El anticlericalismo de la 2ª República española (I)

DESDE EL PRIMER MOMENTO LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA MOSTRÓ A LAS CLARAS SU ANTICLERICALISMO.
PRIMER PERIODO: DE ABRIL DE 1931 A OCTUBRE DE 1933

Todas las actividades anticlericales y de persecución más o menos declarada contra la Iglesia se desataron con toda virulencia al llegar la República el 14 de abril de 1931. A pesar de lo que algunos historiadores hoy quieren hacernos creer, presentando la barbarie contra la Iglesia como consecuencia inevitable de la guerra civil, la verdad es que ya desde 1931 el Gobierno se mostró claramente contrario a la Iglesia, dictando leyes abiertamente persecutorias. Y todo comenzó desde el mismo principio del nuevo régimen: la República se instauró sin resistencia alguna por parte de la Iglesia y sin embargo, como veremos más abajo, nada más proclamada la República, fueron quemadas 200 iglesias en Madrid y fuera de Madrid, sin que el Gobierno hiciera nada para impedirlo.

Y también ya desde el primer momento comenzaron las acciones y las leyes del gobierno contrarias a la Iglesia: El 5 de mayo de 1931 fue expulsado de España el obispo de Vitoria, Mateo Múgica; el 15 de junio de 1931 fue expulsado igualmente el cardenal Segura, arzobispo de Toledo, Primado de España. El 28 de junio de 1931 hubo elecciones a Diputados para las Cortes constituyentes, alcanzando la mayoría los de izquierdas, extremistas y masones; poco después, el 14 de octubre de 1931: Aprobación del artículo 26 de la Constitución que sometía al Estado todas las confesiones religiosas y disolvía las Ordenes Religiosas; el 9 de diciembre de 1931: las Cortes aprueban la nueva Constitución de abierto carácter laico y antirreligioso; el 16 de enero de 1932: Orden del Director General de Primera Enseñanza obligando a los Maestros Nacionales a retirar de las Escuelas todo signo religioso, suprimiendo los Crucifijos; el 24 de enero de 1932: Decreto de disolución de la Compañía de Jesús y apropiación de sus bienes; el 17 de mayo de 1933: el Parlamento, casi por unanimidad, aprueba la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas. El periodo concluye el 19 de noviembre de 1933, con las elecciones a Cortes ordinarias.

Fijémonos en algunos de los hechos más destacados de este período: Antes de un mes de la instauración de la República, en Madrid, el lunes 11 de mayo de 1931, por la mañana, ardieron el convento de Jesuitas y su iglesia, la iglesia de Santa Teresa, el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, el convento de las Mercedarias de San Fernando, la iglesia parroquial de Bellas Vistas, el colegio de María Auxiliadora. Y por la tarde ardió el Instituto Católico de Artes e Industrias. Todo esto, como se puede imaginar, con la total pasividad del Gobierno. Y no sólo en Madrid. En Sevilla, Cádiz, Málaga, Valencia, Murcia, Alicante, y en muchos pueblos se incendiaron iglesias y conventos. Particularmente grave fue el caso de Málaga donde ardieron 22 conventos e iglesias. El Gobernador militar tuvo la desfachatez de enviar al Ministerio de la Gobernación un telegrama en el que decía: “Ha comenzado el incendio de iglesias. Mañana continuará” (Cfr. J. ARRARÁS, Historia de la segunda república española, Madrid 1969, I, p. 116).

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2.11.09

El Arzobispo Romero que no todos conocen

LA VERDADERA IMAGEN DE MONSEÑOR OSCAR ROMERO ESTÁ TODAVÍA POR DESCUBRIR

Asesinado sin duda por proclamar la verdad incómoda, será la Santa Sede la que tendrá que determinar si el hoy Siervo de Dios Monseñor Oscar Arnulfo Romero puede ser llamado mártir en el sentido teológico-canónico del término y como tal merece la gloria de los altares, dejando a parte la opinión ya conocida de periodistas, políticos, sociólogos e incluso teólogos, que al final se tendrán que someter al juicio autoritativo de la Iglesia, cuando ésta se defina. Realmente, a estas alturas del proceso -que va lento no por falta de interés por falta de Roma, sino porque su tramitación en fase diocesana se ha alargado muchísimo- no podemos saber qué pasará al final y a qué conclusión llegarán los expertos de Roma.

Lo que sí sabemos ya es que la figura real de Mons. Romero es mucho más rica y complicada de juzgar de lo que muchos nos quieren hacer creer, presentándole como el paladín de la revolución a favor de los pobres y desheredados. De su amor a los pobres y desheredados no hay duda, como debería ser el caso de cualquier ministro del Señor, como tampoco hay duda de su amor a la Iglesia y su devoción a la Virgen, pero de su fervor revolucionario podemos nutrir muchas dudas…

El 8 de febrero de 1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador, hasta ese momento obispo de Santiago de María. Su elección fue alabada por el sector más progre del clero salvadoreño, no porque él fuera de esa tendencia, sino porque entre los otros candidatos que se barajaban, Romero aparecía como el más fácil de convencer aunque en no pocas ocasiones había criticado el compromiso político del clero. Parece que l 22 de febrero tomó posesión del arzobispado y de 24 al 28 de febrero de 1977 monseñor Romero se encerró con un grupo de sacerdotes en el Seminario San José de la Montaña. Fue aislado por completo, incluso no se le permitió que se le hablase, y para ello se puso una religiosa en la portería del Seminario. Entre los sacerdotes que le practicaron durante esos días un psicoanálisis, como lo afirma el padre Placido Erdozain en su opúsculo “Monseñor Romero, mártir de la Iglesia Popular” se encontraban Inocencio Alas, Astor Ruíz, Fabián Amaya, Rutilio Sánchez y Alfonso Navarro. Durante esos días le analizaron la situación nacional vista a través del análisis marxista.

Descubrieron el fallo psicológico y personal de monseñor Romero, esto es, que era un hombre bueno y moldeable. Los sacerdotes del “Grupo” se ofrecieron como grupo de apoyo en el gobierno pastoral de la arquidiócesis. El primero de marzo de ese año declaró monseñor Romero que su línea pastoral sería la de Medellín y que se solidarizaba con la línea pastoral del Grupo de sacerdotes que, en esa línea, realizaba una pastoral “liberadora”, no obstante que ese grupo le había impedida tomar posesión de la arquidiócesis en la catedral. Hasta se momento monseñor Romero siempre se había manifestado en contra de la línea pastoral de Medellín. Declaró igualmente que no tendría ninguna relación con el Gobierno en protesta por la masacre acaecida a las 10:30 de la noche del día anterior, 28 de febrero. En esa ocasión aparecieron las Ligas Populares 28 de febrero (LP-28), grupo armado comunista. Ese mismo día salió el primer Boletín de la Oficina de Prensa del arzobispado de San Salvador.

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31.10.09

Recordando a Juan Pablo II: La bala que no llegó a su destino (1ª parte)

“UNA MANO DISPARÓ Y OTRA GUIÓ LA BALA”

Era el día 13 de mayo de 1981 y había audiencia general a las cinco de la tarde en la plaza de San Pedro. Ese día, Juan Pablo II comió con dos amigos, el profesor Jéróme Lejeune y su mujer. Lejeune, distinguido genetista francés que había identificado la anomalía cromosómica que causa el síndrome de Down, tenía un papel destacado en el movimiento internacional a favor de la vida. A las cinco en punto, con puntualidad intachable, el pequeño papamóvil, un jeep, pasó por el arco de las Campanas y penetró en la plaza con Juan Pablo II en la parte trasera, sonriendo y saludando a la multitud. La costumbre era dar un par de vueltas a la plaza antes de llevar al Papa al sagrato, la plataforma colocada delante de la basílica, desde donde se dirigiría a la multitud.

El vehículo avanzó con lentitud entre las vallas de madera, por encima de las cuales era frecuente que algunos padres levantaran a sus bebés para que los cogiera el Papa y los bendijera. Juan Pablo acababa de devolver a una niña a sus padres y se dirigía a las Puertas de Bronce del Palacio Apostólico cuando, a las 17’13, se oyó algo extraño: De repente, en el cielo de la tarde, habían echado a volar cientos de palomas. Una fracción de segundo más tarde, gracias a la acústica peculiar de la plaza se supo el motivo.

Colocado detrás de la primera fila de peregrinos, junto a una de las vallas de madera, Mehmet Ali Agca acababa de disparar dos tiros al Papa con una pistola semiautomática Browning de nueve milímetros. Juan Pablo recibió el impacto en el abdomen y cayó hacia atrás, en brazos de su secretario, monseñor Dziwisz. La imagen del Papa inerte, transmitida poco después al mundo entero, recordó inmediatamente a millones de personas las representaciones artísticas de Cristo en su descenso de la cruz .

Juan Pablo fue llevado a toda prisa a una ambulancia cercana, y lo condujeron por el tráfico vespertino de Roma hasta el policlínico Gemelli, que estaba a seis kilómetros. En circunstancias normales, el trayecto se habría cubierto en unos veinticinco minutos, pero la ambulancia lo hizo en ocho. El Papa permaneció consciente a lo largo del recorrido, musitando breves oraciones. Más tarde recordaría que “justo en el momento de caer […] tuve un presentimiento muy fuerte de que me salvaría”. Quedó inconsciente en el hospital, y reinó la confusión durante unos instantes que pudieron ser nefastos. El aviso del Vaticano al Gemelli se había limitado a las palabras “II Papa é stato colpito”, frase que podía tener múltiples significados (un «golpe», un «ataque» o una «impresión»), relacionados con cuadros igual de múltiples: una caída, un ataque de corazón, una apoplejía, una herida de bala… La decisión inicial fue llevarlo a las habitaciones de la planta décima, siempre preparadas para someterlo a un examen preliminar.

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29.10.09

El bombardeo que destruyó la abadía de Montecassino

SE HABLÓ DE TRÁGICO ERROR EN LA DESTRUCCIÓN DE LA ABADÍA DE MONTECASSINO, HE AQUÍ LO QUE OCURRIÓ

ROBERTO ROTONDO

En la calurosa mañana de primavera del 18 de mayo de 1944, los primeros infantes polacos pisan agotados los escombros desiertos de la abadía de Montecassino. Las diezmadas tropas del general Anders son los primeros soldados del V cuerpo de ejército aliado que llegan hasta allá arriba, abriéndose camino por entre los cadáveres en putrefacción desperdigados por toda la ladera de la montaña. Una de las batallas más duras de la Segunda Guerra Mundial ha terminado. Del más antiguo monasterio de la cristiandad, fundado en el 529 d.C. por san Benito, y donde descansan sus restos mortales, quedan sólo escombros y trozos de paredes. Ha sido arrasado por el más imponente bombardeo de la historia contra un solo edificio el 15 de febrero, al que siguieron tres meses de combates feroces para echar a los alemanes, que se habían atrincherado entre los escombros después del bombardeo.

Pero cuando los soldados aliados llegan a Quota Monastero, los pocos paracaidistas alemanes, que seguían resistiendo tenazmente desde febrero, ya se habían ido para evitar que los cercaran los gurkhas de la división india del general Francis Tuker, que ha atravesado los montes Aurunci rompiendo el frente enemigo, dejando fuera Cassino y abriendo a los aliados el camino hacia Roma. Un plan que el propio Tuker hubiera querido poner en práctica ya en febrero, de acuerdo con el general francés Alphonse Juin, jefe de las tropas norteafricanas, para evitar atacar a los alemanes frontalmente en Montecassino. Pero la estrategia franco-india, que quizá hubiera salvado miles de vidas humanas, además de las paredes y los frescos renacentistas de la abadía, había sido descartada por los otros oficiales del “multiétnico” V cuerpo de ejército, formado por soldados de doce naciones distintas a las órdenes del general Mark Clark. Este último había decidido, empujado por subordinados influyentes como el neozelandés Bernard Freyberg, que había que insistir en el ataque frontal de la línea Gustav (planeada por el mariscal de campo Kesselring para detener a los aliados que iban desde el sur hacia el norte) precisamente en su punto principal: la ciudad de Cassino y la montaña a su espalda, sobre la que surgía el antiguo monasterio benedictino, desde donde se dominaban los valles del Liri y del Rápido.

La abadía de Montecassino, que durante la posguerra fue reconstruida exactamente como era, ha recordado este año con algunas manifestaciones los sesenta años del bombardeo y de la trágica batalla. También el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, participó el 15 de marzo en las celebraciones. Subió a la abadía, donde se recogió durante tres minutos de silencio para recordar a las víctimas del atentado terrorista de Madrid ocurrido cinco días antes, asistió a una misa y, luego, en la plaza de Cassino dedicó un discurso a los sufrimientos de aquellas tierras durante la última guerra. Sufrimientos que, durante la posguerra, solo el libro y, luego, la película La Campesina «tuvieron el valor de contar», dijo Ciampi, quien añadió: «Hay acontecimientos que representan el mal, que ninguna filosofía de la historia consigue mitigar. En la Segunda Guerra Mundial, por desgracia, hubo muchos. La destrucción de Cassino es uno de ellos». Además, siguió diciendo Ciampi, «nadie podrá nunca perdonar la destrucción de lo que durante más de mil años fue un faro de la civilización europea, la abadía de san Benito». Dos veces volvió el jefe del Estado a los bombardeos del monasterio benedictino: «Fue un trágico error, fruto de una mala información».

A sesenta años exactos de distancia, también EE UU e Inglaterra admiten que fue «un tráfico error». Pero, ¿cómo y por qué llegó el bombardeo?

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