Las Dos Banderas

Las Dos Banderas

139 Tercer preámbulo. El tercero: pedir lo que quiero; y será aquí pedir conocimiento de los engaños del mal caudillo, y ayuda para guardarme de ellos, y conocimiento de la vida verdadera que nos muestra el sumo y verdadero capitán, y gracia para imitarle.

140 Primer punto. El primer punto es imaginar como si el caudillo de todos los enemigos tomase asiento en aquel gran campamento de Babilonia, en una especie de cátedra grande de fuego y humo, en figura horrible y espantosa.

141 Segundo punto. El segundo: considerar cómo hace un llamamiento a innumerables demonios y cómo los esparce a unos en una ciudad y a otros en otra, y así por todo el mundo, no dejando provincias, lugares, estados ni personas algunas en particular.

142 Tercer punto. El tercero considerar el discurso que les dirige, cómo los exhorta a echar redes y cadenas; de manera que primero deberán tentar de codicia de riquezas, como suele ser comúnmente, para que más fácilmente lleguen al vano honor del mundo, y después a crecida soberbia, de manera que el primer escalón sea de riquezas, el segundo de honor y el tercero de soberbia; y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.

143 Así por el contrario, hay que imaginar al sumo y verdadero capitán que es Cristo nuestro Señor.

144 Primer punto. El primer punto es considerar cómo Cristo nuestro Señor se pone en un gran campamento de aquella región de Jerusalén humilde, hermoso y afable.

145 Segundo punto. El segundo: considerar cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc. y los envía por todo el mundo a esparcir su sagrada doctrina por todos los estados y condiciones de personas.

146 Tercer punto. El tercero: considerar el sermón que Cristo nuestro Señor dirige a todos sus siervos y amigos, que envía a esa tarea encomendándoles que a todos quieran ayudar para traerlos, primero a suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no menos a la pobreza actual, segundo, a deseo de oprobios y menosprecios, porque de estas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones: el primero, pobreza frente a riqueza; el segundo oprobio o menosprecio frente al honor mundano; el tercero, humildad frente a soberbia; y de estos tres escalones induzcan a todas las otras virtudes.

147 Coloquio. Un coloquio a Nuestra Señora por que me alcance gracia de su Hijo y Señor, para que yo sea recibido bajo su bandera, y primero en suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y recibir, no menos en la pobreza actual; segundo, en pasar oprobios e injurias por imitarle más en ellas, con tal de que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona y sin desagradar a su divina majestad; después decir un Ave María.

María, mediadora de todas las gracias: lo sabía muy bien San Ignacio de Loyola, aunque parece que a algunos se les haya olvidado. A algunos se les han olvidado los propios Ejercicios Espirituales y su verdadero valor.

Dos ciudades y dos banderas. Dos generales: el mal caudillo – Satanás – y el verdadero Capitan, que es Cristo. Hay una guerra abierta entre los dos ejércitos. Ante Jesús hay que tomar partido. Él no ha venido a traer paz, sino a suscitar conflictos:

No penséis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada. Porque he venido a separar al hombre de su padre y a la hija de su madre y a la nuera de su suegra y los enemigos de los hombres serán los de su casa. El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá, y el que la perdiere por amor de mí, la hallará. (Mt 10, 34-39).

El Mal Caudillo, Satanás, nos pretende encadenar y esclavizar tentándonos para que pequemos, engañándonos con una falsa felicidad para apartarnos del fin para el que hemos sido creados: alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto, salvar nuestra alma. Pero en vez de felicidad, el Maligno pretende llevarnos a la perdición ofreciendo la falsa dicha de las riquezas, los vanos honores y la soberbia. La soberbia que nos hace creernos a nosotros mismos como fines y causas primeras, en lugar de criaturas y siervos indignos de nuestro Creador y Señor. Al hombre le resulta humillante sentirse inferior a Dios y quiere ser como Él: todopoderoso, onmipotente, dueño de sí mismo. El hombre quiere que lo adoren, que lo alaben, quiere tenerlo todo y dominar todo lo creado. Por eso se cree que puede someter el universo entero, que puede domeñar los mares y los ríos, los terremotos y los volcanes; que puede controlar la biodiversidad y hasta el clima del planeta. Pero el hombre poco puede frente a Dios. El Rey de la Historia y del Universo es Cristo. Todo fue hecho por Él y para Él. Cristo es el principio de todo y el fin al que todo lo creado se dirige. Y el hombre también ha sido creado por Dios y para Dios. Y nada puede el hombre sin Dios. Porque no somos sino barro en sus manos. Somos polvo.

Viviremos mientras Cristo quiera. Y no sabemos cómo ni cuándo, pero cuando el Señor nos llame, pasaremos de este mundo a su presencia para que Él nos juzgue. Y los humildes que hayan servido a Dios, amándolo sobre todas las cosas, y a sus hermanos, vivirán. Y los hijos de la ira serán condenados al castigo eterno como siervos de Satanás que son. Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial

Quien se ama a sí mismo hasta el desprecio de Dios, se condenarán. Los que aman a Dios hasta el desprecio de sí se salvarán.

No hay término medio: o están con el mal caudillo o con Cristo. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama (Lc 11, 22). Porque Cristo es el único Dios verdadero, el único redentor de la humanidad, nuestro único salvador, nuestra esperanza; es todo aquello que siempre hemos soñado: el Bien, la Belleza y la Verdad absolutos. Cristo es nuestra Felicidad, es le fin para el que hemos sido creados. Por eso hemos de procurar todo aquello que contribuya a nuestra salvación y apartarnos de lo que pueda llevarnos a la perdición.

Satanás es más listo que nosotros y a muchos los engaña ofreciéndoles felicidades distintas de Cristo. Lucifer ofrece el goce hedonista de los sentidos, los placeres de la carne, el buen vivir: el buen comer, el buen beber, el sexo, la vida relajada, las drogas y un largo etcétera de señuelos que nos atraen irresistiblemente sin saber que detrás de esos cantos de sirena nos aguardan monstruos dispuestos a devorarnos. Los placeres de este mundo elevados a la categoría de ídolos son pecado: la idolatría de la carne, la gula, la pereza, la lujuria, la codicia, la envidia… Entendámonos: comer no es pecado pero vivir para comer, sí. Celebrar una fiesta no es pecado (el cielo es un banquete): que no tengas otro fin en la vida que beber e ir de fiesta, apartándote del Dios verdadero para convertir a Baco en tu ídolo, sí. Y así sucesivamente. Yo creo que se entiende bien pero siempre hay ciegos que ven lo que les da la gana y no ven lo que no les interesa. El dinero, la buena reputación o las responsabilidades políticas, académicas o empresariales no son pecado; al contrario: pueden contribuir a nuestra santificación. Pero si caemos en la avaricia, la codicia, la vana gloria o en las ansias desenfrenadas de dominio y de poder, entonces sí son pecados. Todo es buen o malo en tanto en cuanto contribuya al fin para el que hemos sido creados, que es Dios mismo.

El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado.

De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe privarse de ellas cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que cae bajo la libre determinación de nuestra libertad y no le está prohibido.

(Ejercicios Espirituales. Principio y Fundamento. San Ignacio de Loyola)

Nuestra felicidad es Cristo: Él es nuestro único y verdadero Dios.

Muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra. Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo. (Flp. 3, 18-20)

Por eso juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo. (Flp 3, 8).

Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. (Flp 1, 21).

De tal manera que no queramos, de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y así en todo lo demás, solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para el que hemos sido creados. (EE.EE. Principio y Fundamento, San Ignacio de Loyola).

¿Cómo te va a dar igual estar enfermo que sano, tener riquezas que ser pobre, tener buena reputación o sufrir injurias y desprecios? ¿Cómo te va a dar igual disfrutar de una vidad larga que una corta? ¿Estamos locos? Sí. Estamos locos por Cristo. El mundo no lo puede entender porque no ve. Para ellos estamos locos o somos unos necios o unos fanáticos peligrosos… Porque no entienden la lógica de la Cruz.

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, pero para los llamados, judíos y griegos, predicamos a Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. (I Cor.23-25).

Los hijos de las tinieblas siempre parece que van ganando. Pero la victoria es de nuestro Dios, que hizo el cielo y la tierra. Suyo es el poder y la gloria por siempre.

Estamos atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. (2 Cor. 4, 8-9)

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?

Como está escrito:
    Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
    Somos contados como ovejas de matadero.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.

(Rom. 8, 31-39)

Hay que elegir: el Quis ut Deus? de San Miguel Arcángel o el Non serviam de Lucifer. Siervo de Dios o esclavo del demonio. O la libertad auténtica de los hijos de Dios que procuran cumplir la voluntad de Dios con la ayuda de la gracia; o la falsa libertad de la autonomía que te da licencia para pecar. He ahí la cuestión. Hay dos banderas, dos ejércitos, dos generales. Y hay que tomar partido: no cabe la neutralidad.

En cuanto a mí, ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! (Gal. 6, 14)

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis; a Vos, Señor, lo torno; todo es Vuestro, disponed a toda Vuestra Voluntad; dadme Vuestro Amor y Gracia, que ésta me basta. (Contemplación para alcanzar amor. Ejercición Espirituales. San Ignacio de Loyola).

Santidad o muerte.

3 comentarios

  
hornero (Argentina)
Cristo Rey ha puesto sus Banderas en las Manos de Su Madre, la Mujer Fuerte, la que pisará la cabeza de la serpiente. La que Conduce el único ejército de Cristo, constituido por las milicias angélicas y de bienaventurados y por los fieles hijos de María. María Reina y Madre de la Iglesia, Sede de la Sabiduría y de la Omnipotencia divina es la Mediadora entre Cristo y los hombres, por eso dice Jesús en San Nicolás; "Quien rechaza a Mi Madre, a Mí me rechaza". Cristo libra su última batalla contra el anticristo por medio de María, batalla que terminará con el triunfo de su Corazón Inmaculado en el mundo. El demonio sabe que “le queda poco tiempo” (Apoc), por eso se empeña con distintas astucias, en silenciar la acción decisiva de la Virgen contra él y sus secuaces, como se advierte hoy en la Iglesia, acallando Fátima y los actuales Mensajes, ironizando y ridiculizando sus Apariciones ( No es Jefa de Correos, ni Jefa de Telégrafos, dice Francisco). La lucha se da entre el ejército de Cristo que Comanda la Virgen y el demonio que va a la derrota definitiva.

17/03/21 9:00 PM
  
Javier
Acertado artículo y aprovecho para dar gracias a Dios por Infocatólica y sus colaboradores. La sigo diariamente, desde sus inicios, aunque parezca 'cansino' es para dar y dar gracias a Nuestro Señor.
Para quien desee hacer Ejercicios Espirituales completos y con sacerdotes (3, 5 y 30 días) por internet, el Instituto del Verbo Encarnado se ofrece a ello y gratis. Lo ideal es hacerlos de forma presencial pero no todo el mundo puede por diversos problemas.
La web: ejerciciosive.org.


17/03/21 10:13 PM
  
Amelia de la Fuente Trueba
Bendito sea Dios que ha debido de pedirle, con mucha claridad, que siga escribiendo en Infocatólica sus Lecciones Magistrales. Deberían ser obligatorias para muchos, muchísimos sacerdotes y Obispos.
¡Qué preciosos recuerdos de los Ejercicios Ignacianos en el Colegio!
¡Qué oraciones inigualables de las que yo, al menos, no puedo prescindir tras la Comunión! Desde luego Dios te da fuerza porque si no , no sé de dónde iba a salir energía para tantísimo trabajo como tienes encima.
Nunca había oído hablar de Santiago de Gobiendes. Precioso nombre, entre poético y mágico. Hasta anima más a leerte.
No me he puesto en contacto todavía por Telegram. Tengo que pedir ayuda a algún hijo. Demasiado inglés para mí. Sólo lo estudié tres cursos en mi Bachillerato de siete años, como el griego. Latín y francés los siete. Soy la única persona, hoy día, que no se defiende en esa lengua. Me gusta tanto como los hijos de la Gran. . . Bretaña. Un gran abrazo, y me felicito a mí
misma por poder leerte otra vez, querido amigo.
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Pedro L. Llera
Querida Amelia: sabes que el cariño es mutuo. Gracias.
20/03/21 6:34 PM

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