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16.01.20

19.12.19

Venid, adorad al Rey de la Gloria

En el Hijo de la Virgen, «envuelto en pañales» y «acostado en un pesebre», reconocemos y adoramos «el pan bajado del cielo»: el Redentor venido a la tierra para dar la vida al mundo.

¡Belén! La ciudad donde según las Escrituras nació Jesús, en lengua hebrea, significa «casa del pan». Allí, pues, debía nacer el Mesías, que más tarde diría de sí mismo: «Yo soy el pan de vida».

En Belén nació Aquél que, bajo el signo del pan partido, dejaría el memorial de la Pascua. Por esto, la adoración del Niño Jesús, en esta Noche Santa, se convierte en adoración eucarística.

Homilía de Juan Pablo II en la Nochebuena de 2004

 

¡Feliz Navidad!

Hago mía la oración de San Ignacio:

Tomad, Señor, y recibid
toda mi libertad,
mi memoria,
mi entendimiento,
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.

Vos me lo disteis,
A Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro,
disponed todo a vuestra voluntad;
dadme vuestro amor y gracia,
que con ésta me basta.

Ahora toca silencio y oración.

Muchas gracias a InfoCatólica y muchas gracias a todos mis lectores.

Dios les bendiga

No cuenten conmigo

 

No cuenten conmigo. Quiero seguir profesando la fe perenne de la Iglesia frente al rugido del mal que la asedia. El que quiera condenarse, allá él. Yo, con los santos, con los Padres de la Iglesia, con San Agustín, con Santo Tomás de Aquino, con San Ignacio de Loyola, con Santa Teresa de Jesús, con San Juan de la Cruz… De ahí no me muevo. Aunque me cueste la vida. Aunque me insulten, aunque me llamen hereje… Yo, con Cristo y con la Santísima Virgen María; con la Purísima, a muerte.

Yo soy un ignorante pero esto de la Pontificia Comisión Bíblica a mí me parece una blasfemia contra Nuestro Señor Jesucristo. Yo no soy teólogo, pero estoy bautizado y tengo eso que llaman “sensus fidei“. Lo que predica esta nueva iglesia no tiene nada que ver con la fe de mis abuelos, con la fe que llevó a que mis antepasados construyeran el pequeño templo de Santiago de Gobiendes o la Catedral de San Salvador de Oviedo.


Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.


Gálatas 1

8. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!

9. Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!


Recemos el Santo Rosario en reparación por las ofensas que recibe el Sagrado Corazón de Jesús.

Corazón Divino de Jesús, dame tus ansias redentoras para llevarte a donde no estés, poner amor allí donde no te conocen, reparar las ofensas allí donde te desprecian. Que todo lo que haga y diga; que toda mi vida sirva para extender la devoción a tu Sagrado Corazón en el mundo. Amén.

Por su indudable interés, les pongo el enlace al último texto de Mons. Viganò publicado en Correpondencia Romana:

Un atto di accusa a papa Francesco e di amore alla Chiesa di S.E. mons. Carlo Maria Viganò

17.12.19

Malditos

Algunos lectores de mi blog, con la piel muy fina, se han escandalizado por el término “malditos” que empleé en el artículo anterior: “Con mi Madre no os metáis, malditos”.

Alguno o alguna me cuestionó si sabía el significado de la palabra. Obviamente lo sé.

Pero, por si quedaba alguna duda, dedicaré un artículo exclusivamente a tratar sobre el sentido del término “malditos”, que tanto ha molestado a más de uno.

Dice la Real Academia Española de la Lengua:

maldito, ta

Del part. irreg. de maldecir; lat. maledictus.

1. adj. Perverso, de mala intención y dañadas costumbres.

2. adj. Condenado y castigado por la justicia divina. U. t. c. s.

3. adj. De mala calidad, ruin, miserable. En esta maldita cama se acostó.

Alguien maldito es, por lo tanto, alguien perverso, dañino y con malas intenciones: ruin y miserable. Y ya yéndonos al ámbito religioso, podemos decir que alguien maldito es aquel condenado y castigado por la justicia divina. En este sentido, maldito vendría a ser sinónimo de “anatema”.

anatema

Del lat. tardío anathĕma, y este del gr. ἀνάθεμα anáthema ‘ofrenda votiva’, ‘objeto maldito’, ‘maldición, anatema’, infl. en su acentuación por el lat. tardío anathēma ‘ofrenda, don’, del gr. ἀνάθημα anáthēma.

1. m. excomunión (‖ acción de excomulgar). Era u. t. c. f.

2. m. Maldición, imprecación. Era u. t. c. f.

3. m. En el Antiguo Testamento, condena al exterminio de las personas o cosas afectadas por la maldición atribuida a Dios. Era u. t. c. f.

4. m. Persona o cosa anatematizada.

¿A quién maldice Dios? Veámoslo

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15.12.19

Con mi Madre no os metáis, malditos

Dice el Papa Francisco que «Si alguien dice una palabrota sobre mi madre puede esperarse un puñetazo». Yo puñetazos no doy. No recuerdo haberle dado nunca un puñetazo a nadie y tampoco creo que nunca se lo vaya a dar a nadie. Pero con mi Madre no os metáis, malditos herejes.

Yo les confieso que me pongo muy nervioso cada vez que se refieren a mi Madre de manera inapropiada. Muy nervioso. Y yo sé que lo hacen adrede para provocarnos… para que salgamos violentamente arremetiendo contra ellos y así poder pintarnos como esa caricatura que tanto les gusta dibujar para despreciar y denigrar a los verdaderos creyentes: fundamentalistas intolerantes fariseos con cara de pepinillos en vinagre, rigoristas pelagianos, etc., etc., etc..

Los modernistas tienen sobre todo dos objetivos a batir (no necesariamente en este orden): el primero, la Virgen María; el segundo, el Santísimo Sacramento y el dogma de la transubstanciación. A los modernistas, todo lo sobrenatural les molesta sobremanera porque ellos no tienen fe: no creen que haya nada metafísico; no creen en los milagros; no creen en el más allá; no creen en la vida eterna; no creen en el cielo ni en el infierno… No creen en Dios.

Los modernistas creen que Jesús de Nazaret es un personaje histórico excepcional, como Napoleón o Fidel Castro: pero solo un hombre excepcional. Para ellos, Cristo es una persona meramente humana: no creen que Cristo sea una Persona Divina. Creen que Jesús era un hombre excepcional, un verdadero revolucionario, un adelantado a su tiempo, un modelo de persona; si quieren, una persona ideal, un ejemplo a seguir; pero solo persona humana a fin de cuentas.

Por eso esta banda de herejes sin vergüenza interpretan todos los milagros de manera puramente naturalista: la multiplicación de los panes y los peces fue en realidad una especie de picnic donde cada uno de los allí presentes compartió con el resto lo que llevaba en sus cestitas y, así, sobró comida para todos: el milagro del compartir y de la fraternidad. Y así interpretan también la santa misa: una metáfora, un signo de la fraternidad universal, en la que todos alegres compartimos el mismo pan de manera igualitaria y sin exclusiones: sin descartados. Todos pueden comer del pan de la eucaristía: da igual que estés en pecado mortal que en gracia de Dios. Esos conceptos son propios de rígidos fariseos sin compasión y elitistas que piensan que el pan de la misa es solo para unos pocos escogidos, para unos santitos sin pecado, pero que en realidad son sepulcros blanqueados que aparentan ser buenecitos pero esconden un alma corrupta y llena de odio y de maldad. Por eso dicen que los ateos son mejores que los creyentes que se creen superiores y descartan a los que no son como ellos. Por eso los herejes pretenden que todos pueden comulgar: incluidos adúlteros y corruptos, defensores del aborto, luteranos y toda clase de infieles, impíos y desgraciados.

¡Malditos sacrílegos y blasfemos!

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