InfoCatólica / Santiago de Gobiendes / Categoría: Sin categorías

4.08.20

Honor

Una de las características más llamativas, al menos para mí, de la modernidad es la disociación, que todo el mundo parece aceptar con la mayor normalidad, entre la vida privada y la vida pública de las personas. Un político (un periodista, un profesor, un abogado) puede tener una reputación intachable en su vida “pública” profesional y, al mismo tiempo, en su vida privada, puede ser adúltero, mentiroso, perjuro, ladrón y sinvergüenza. Porque parece ser que la vida pública y la privada no tienen nada que ver. Pero ¿se puede uno fiar de alguien que incumple su juramento matrimonial de fidelidad? Si no es capaz de cumplir su palabra con su propia esposa, ¿cómo vamos a poder fiarnos de él para ocupar responsabilidades públicas?

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29.07.20

Consideraciones Intempestivas

Dice el documento de la Pontificia Academia por la Vida, titulado Humana Communitas en la era de la pandemia: consideraciones intempestivas sobre el renacimiento de la vida, que “con el Covid-19 nos hemos encontrado vinculados de manera diferente, compartiendo una experiencia común de contingencia (cum- tangere): como nadie se ha podido librar de ella, la pandemia nos ha hecho a todos igualmente vulnerables, todos igualmente expuestos”. Debe de ser que antes de la pandemia no éramos todos contingentes o no nos habíamos dado cuenta de que lo éramos. Ahora resulta que toda una Academia Pontificia por la Vida no había caído en la cuenta hasta ahora del hecho incuestionable, de la certeza absoluta de que todos vamos a morir. No sabemos cómo, cuándo ni dónde pero, indefectiblemente, todos vamos a morir y por ello, somos todos contingentes (cum-tangere). Dicen que hemos aprendido que somos frágiles. Y es que no sabíamos hasta ahora que lo éramos. El sorprendente descubrimiento de la Academia Pontificia por la Vida nos ha cogido desprevenidos con este inquietante constatación de nuestra propia fragilidad.

“Es necesaria la disposición de los países ricos a pagar el precio requerido por el llamado a la supervivencia de los pobres”.

En resumen: otro mundo es posible. Vamos a cambiar el mundo para evitar las desigualdades económicas entre los países ricos y los pobres. Creemos órganos globales de gobierno que garanticen el derecho de todos a la sanidad. Y la esperanza consistiría en “imaginar y poner en práctica un proyecto de convivencia humana que permita un futuro mejor para todos y cada uno”. Pelagianismo puro y duro.

Permítanme alguna consideración intempestiva a partir de la lectura de dicho documento.

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22.07.20

Los pecados contra el Santísimo Sacramento y la necesidad de una cruzada de reparación eucarística

Se ha perdido el sentido de lo sobrenatural y lo que impera es el antropocentrismo: ahí está la raíz de la actual crisis de la Iglesia, según el obispo Athanasius Schneider. Así que, si queremos salir de esta pavorosa crisis que sufre la Iglesia hoy en día, hemos de volver a poner a Cristo - y su revelación - en el centro. Hoy asistimos a una tremenda crisis doctrina, moral y litúrgica.

Nuestro primer deber es adorar a Cristo, realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. “La Iglesia de nuestros días sufre de una fuerte cardiopatía eucarística", señala Monseñor Schneider en su último libro, Christus Vincit, debido a la desacralización y a la debilitación de la fe en la presencia real de Jesucristo y en la naturaleza sacrificial de la Misa.

Para salir de esta profunda crisis interna de la Iglesia, realmente, el programa es uno: Cristo mismo. En primer lugar, debemos intensificar la vida de oración en la Iglesia a todos los niveles. Esto supone restaurar la centralidad de la adoración a Dios: significa restaurar la centralidad de la Eucaristía y del sacramento de la Confesión. No podemos evangelizar si no le damos a Cristo el honor debido, especialmente en la Eucaristía. Debemos renovar con toda seriedad el culto eucarístico. Esto es imprescindible e inaplazable: acabar con el antropocentrismo y restaurar el Cristocentrismo.

El sacramento de la Eucaristía es el corazón de la Iglesia. Cristo superará la crisis de la Iglesia en y a través de la Eucaristía. En esta línea, el obispo Athanasius Schneider acaba de realizar un llamamiento desde The Remant para invitarnos a todos a iniciar una cruzada de reparación eucarística, ante los pecados que se cometen contra el Señor Sacramentado. He aquí el texto de Mons. Schneider traducido al español:

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23.06.20

Educación y Moral

En nuestros tiempos, mucha gente cree que sólo lo moderno es bueno y verdadero. Caemos así en el error de considerar esencial lo que no es sino una moda pasajera; y en el error aún mayor de despreciar la tradición.

Lo único que permanece es aquello que se fundamenta sobre roca; esto es, sobre el ser, sobre la naturaleza de las cosas, sobre Dios. El mundo de la educación y la Pedagogía ha sufrido muchos vaivenes por culpa de las modas y de las teorías pedagógicas pasajeras: el constructivismo, la enseñanza cooperativa, la inteligencia emocional, las inteligencias múltiples… Pero la única educación perenne, la que no pasará de moda, es la que se asienta sobre la roca firme que es Cristo.

Lo que es inmutable en la educación es la ordenación del hombre a su perfección, que es la adquisición de la virtud. Esa adquisición viene exigida por la necesidad del niño que no se vale por sí mismo. Cuando esta necesidad desaparece y la persona ya se vale por sí misma, entonces la educación pierde su razón de ser, siendo sustituida por el esfuerzo personal.

La educación y la moral han de ir de la mano. No se dice que alguien eduque si enseña correctamente a robar o a mentir. La educación está subordinada a la vida moral. Educar es, en cuanto tal, una acción moral: consiste en enseñar a distinguir el bien del mal; en inclinar al alumno a hacer el bien y a evitar el mal. La escuela ha de procurar, en definitiva, que de sus aulas salgan buenas personas que pongan sus talentos al servicio de los demás. 

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14.06.20

¡No tengáis miedo!

Escribo estas líneas el 12 de junio de 2020. Aún no ha terminado este atípico curso 2019/20. Y visto desde hoy, el principio del curso 20/21 aparece lleno de incertidumbres, de dudas, de miedos. ¿Volveremos al confinamiento? ¿Habrá rebrotes de la pandemia? ¿Habrá más enfermedad, más muertes, más dolor? Nadie lo sabe. Nadie conoce el futuro, salvo Dios.

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