¿Qué hay que hacer para conocer “bastante bien” la realidad de Cataluña?
“No te fijes en su aspecto ni en su estatura elevada. Lo que vale no es lo que el hombre ve. El hombre mira lo que está a los ojos, la apariencia, mientras que Dios mira el fondo del corazón”. (Del I libro de Samuel:16,7)
Encontrar interlocutores fiables en Cataluña para recabar información sobre candidatos a las sucesiones episcopales de nuestra tierra, especialmente la de Barcelona, es casi tan difícil como encontrar los candidatos mismos. Esto ya sucedió en la sucesión de Don Ricard Maria Carles y la elección de compromiso y “tira la pelota hacia delante” de Sistach.
¡Nombres, nombres!, piden el Vaticano y el Nuncio. Menuda faena.


Una imagen vale más que mil palabras y una contraimagen vale más que mil contrapalabras. ¿De verdad que la Conferencia Episcopal no ha encontrado mejor alegoría del sacerdocio que esta bellísima fuente natural, ciertamente ideal para promover el ecologismo y otras hierbas? Ni que fuese un alzacuello (o un clergyman, como los llaman), ni que fuese una estola, un manípulo, una casulla. ¿Acaso no son buenas alegorías del sacerdocio cada uno de los 7 sacramentos o todos juntos? O la imagen de alguno de los grandes sacerdotes que han dado vida y prestigio cristiano a la Iglesia. El Cura de Ars, sin ir más lejos. ¿Es que han agotado ya los obispos todas las alegorías, todas las imágenes, todos los iconos que representan al sacerdocio, para ir a buscar semejante icono?
Les decía en mi artículo de la semana pasada que los sacerdotes barceloneses habían perdido el miedo a disentir de su arzobispo (¡y del ambiente políticamente correcto eclesial!) y ya no les paraba nadie. En alguna otra ocasión, ya les he recordado que el cronómetro está puesto y no hay marcha atrás. Cada semana se están sucediendo los ejemplos. Lo que empezó de manera timorata, anecdótica, casi limitada a esta web, está alcanzando visos de seriedad. Hoy les traigo a colación dos hechos (que no tienen nada que ver uno con otro) pero que ejemplifican que el clero jasp barcelonés ha decidido revelarse, dar un puñetazo en la mesa y empezar a enseñar sus poderes, que no son otros que sus templos llenos, una inmensa labor social, la economía de sus parroquias saneadas, una ortodoxia doctrinal y un estilo valiente, audaz y dinámico. 