[DE] Capítulo 45: Pilas y Acetre

 

La pila es el vaso para depositar el agua bendita. Cuando se halla colocado en la puerta de entrada de las iglesias, tiene generalmente forma de cuenco o barreño y suele ser de piedra esculpida (mármol, alabastro…), muchas veces dotada de un pie a manera de tronco que la fija de manera estable en el pavimento. A veces las de menor tamaño se encuentran fijadas o empotradas en el muro. Muchas veces asumen formas artísticas y monumentales.

Si en cambio sirve para transportar el agua bendita, recibe la forma de un pequeño balde metálico con un asa para su mejor manejo. El agua bendita se dispone para las personas o estas son rociadas, así como los objetos mediante un instrumento apósito llamado aspersorio o hisopo, dotado de una bola agujereada en la punta, de la cual salen las gotas para la aspersión. Esta es la forma moderna que remonta al siglo XV. En un principio se usaba un ramito de laurel o de hisopo, como aún se encuentra prescrito en el rito de consagración de una iglesia; o también como en el periodo medieval a un mango de plata o marfil se fijaban pequeños ramitos de cerdas.

Aspersorio con cerdas o fibras vegetales

Aspersorio de escobilla

 

La pila de agua bendita en las iglesias no es, como algunos piensan, el sucedáneo del cantharus o fuente que en la antigüedad estaba en el centro del atrio basilical o en los monasterios, donde los fieles o monjes se lavaban las manos y la cara a manera de purificación, antes de entrar en el templo para la oración. Hay que recordar que el agua del cantharus no estaba en ningún modo bendecida. La pila nació de la voluntad de satisfacer el deseo de aquellos que no habiendo podido asistir a la aspersión dominical, querían santiguarse con agua bendita y poder llevarse algo de ella para su devoción privada. El uso de las pilas de agua bendita en las iglesias no debe ser anterior al siglo IX, es decir un poco posterior a la introducción de la solemne aspersión dominical, instituida al parecer en Francia hacia la mitad del siglo VIII.

 

Acetre de marfil de Godofredo de Milán (s.X)

El 2º de los Capitula de Hincmaro de Reims (+882) prescribe que cada domingo los párrocos, antes de la misa cantada, bendigan el agua in vase nitido et tanto ministerio conveniente; de qua populus intrans ecclesiam aspergatur, et qui voluerit in vasculis suis nitidis ex illa accipiant.

Esto prueba que la pila de agua bendita permanecía en la iglesia a disposición de los fieles. Sin embargo era necesario que hubiese un acetre portátil para el Asperges dominical. Tales vasos tenían generalmente la forma de cubo, confeccionados en estaño o cobre, más o menos labrados y elaborados, redondos o ligeramente abultados en la parte inferior.

Tenemos un magnífico ejemplar en el acetre de marfil del arzobispo Godofredo de Milán conservado en el Tesoro del Duomo.

Salpàs en St Bertomeu del Grau (años 60)

 

También hallamos bastantes vasos de los siglos V-VI en arcilla, metal o madera, con inscripciones cristianas esculpidas, los cuales debieron servir para contener y transportar el agua bendita con finalidad litúrgica, para visitar enfermos, exorcismos, bendición de casas y establos. En catalán el conjunto de acetre e hisopo adoptó el mismo nombre popular otorgado al sacramental de bendición pascual de casas y establos, Salpàs , en el cual se bendecían el agua y la sal para protección de animales y personas.

El más antiguo de todos los acetres hallados, y que puede remontarse al siglo IV o V, es el acetre de Túnez, vaso elíptico de plomo, con una aplicación de placas historiadas con símbolos y figuras, algunas con significado eucarístico y otras alusivas al martirio de las santas Perpetua y Felicidad, junto con otras figuras mitológicas. En la parte superior muestra una inscripción en griego, cita del profeta Isaias: “Sacareis aguas con gozo”.

Muchos Sínodos medievales insisten en el deber de mantener bien limpios los acetres y las pilas, mostrando cuidado de renovar

Dom Gregori Maria