InfoCatólica / Deo Omnis Gloria / Categoría: Celebrando la vida

29.01.15

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

Entre lo que me sucede, lo que sucede en la Iglesia y en el mundo no he venido siendo yo en los últimos meses; en ocasiones hasta pensé que jamás volvería a escribir. He pedido al cielo que me diera la gracia de tomármelo con calma y, ¡glorificado sea el nombre del Señor!, ha sido así.

Se puede decir que la experiencia de poco más de un año (en la que el nivel de mis ingresos ha llegado al mínimo imaginable) ha sido venturosa en cuanto que, debido a ello, ahora no existe forma que nadie me haga decir lo contrario: Tengo Padre.

Lo tenemos. Un padre que ama entrañablemente y educa con máxima delicadeza y, dado que nos capacita con su gracia, espera de nosotros lo mejor.

Al principio, esa “capacitación” es desconcertante ya que, dentro del desvalimiento, nos damos cuenta que no es que nos auto-educamos, ni nos educa el mundo sino nuestro Padre a cuya pedagogía –por gracia- responderemos con amor o, simplemente, huyendo.

No he huido, me he quedado para ver de qué se trata esta nueva experiencia ya que nunca había debido dinero ni me lo han debido.

Como le decía a Alonso Gracián: tras el desconcierto, el temor y la furia río con sabrosura no solo por lo absurdo de la situación sino porque detrás de cada preocupación (de la que por gracia me despreocupo) el Padre me presenta algún hecho difícil de describir como lo es cada cada plato de comida que con insignificantes recursos preparo e ingiero con gratitud, satisfacción y gozo hasta ahora desconocidos. “Es como un milagro!”, me digo, “un verdadero milagro este bendito plato de comida tan sabrosa”.

Bajo el influjo de tanta bondad, verdad y belleza, de lo último que me ha inspirado el Señor ha sido tirarme al monte en busca de sustento. Hace unos días regresé de un paseo por los alrededores con una cesta conteniendo zanahorias, chayotes, romero, orégano, bananos, limones agrios y dulces, naranjas y elotes. ¡Cuánta abundancia!

Reflexionando en ello comprendí que ese “tirarme al monte” siguiendo su inspiración fue haberle dicho: - “Padre: con mis propios ojos observo que provees a las flores y las ardillitas del bosque. ¡Me proveerás de lo necesario!”

Ese fue el total abandono que el Padre había estado esperando de mí.

Aquella cesta colmada fue contundente certeza.

Estoy muy agradecida ya que, desde aquél día, ese ha sido el movimiento de mi alma en cada nueva situación de carencia:

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

¡Opa!

Como les decía, no he venido siendo yo pero, tal parece, ha sido una situación temporal; volví a escribir y, definitivamente, sigo siendo yo.

NOTA: Cierto, muchas cosas que suceden en la Iglesia y en el mundo también capturan mi interés y aunque podría manifestar mi punto de vista en este blog la inspiración que sigo es la de compartir con ustedes mi experiencia con la gracia. ¡Sabrá el Señor para qué!

16.01.15

"Pequeño nuevo camino"

“Ser distinta de lo que soy, más grande, es imposible para mí: me debo soportar como soy con todos mis defectos; pero quiero buscar la manera de ir al Cielo a través del pequeño nuevo camino”.

Teresita

 

Han notado que un solo día de sol tras un temporal provoca que olvidemos las sensaciones de soledad, tristeza y opresión provocadas por el mal tiempo? Completamente se olvidan! Es impresionante!

Un solo día de sol y cielo azul nos revive! Salimos a la calle y ahí están nuestros vecinos en ropas ligeras sonriendo al igual que nosotros. Los sentidos todos embotados de belleza. Con la salida del sol renacen el gozo y esperanza! Qué maravilloso es nuestro Padre que hasta con el clima amorosamente nos educa!

Notar estos detalles de la vida me parece una gracia. Queda tan claro con Teresita en su “Historia de un alma”. Quienes lo han leído recordarán que la santa conserva con gran sensibilidad en su memoria los pequeños detalles tal como las sensaciones y sentimientos que provocaba el que su hermana la peinara diariamente. No es una gracia tener el alma abierta para esas pequeñas cosas?

Claro, luego –como Teresita- salimos al mundo para darnos cuenta que nada existe  ahí fuera que nos interese y que, más bien, parece una gracia el que nada nos atraiga verdaderamente.

Bien, estoy generalizando, ignoro si la mayoría ponemos atención a las pequeñas cosas o si, por el contrario, nos atrae más lo que acaece en el mundo en cuanto nos sentimos responsables.

Si, pienso en situaciones tan graves como lo de Charlie Hebdo, Asia Bibi (que mortifica tanto), el aborto, la eutanasia, la Fivet, el matrimonio gay, esos inhumanos del Boko Haram así como sus miles de víctimas; horrores ante los que observamos a tantos gobernantes, autoridades civiles y eclesiales que no poseen los recursos intelectuales, éticos ni morales para reaccionar.

Ay! Señor bendito! Cuánta impotencia pero también cuánto bien nos haces librándonos de tener autoridad! Muchos de nosotros seríamos unos perfectos tiranos tratando de imponer el bien al mundo entero!

En fin, que les digo que más vale olvidarse de belleza, dinero y poder! Más vale la gracia que se nos regala para hacer bien nuestros pequeños trabajos; caminar alegres y a pequeños pasos por el “nuevo pequeño camino” que conduce al cielo “confidentes hasta la audacia” de la bondad del Padre.

“Pequeño nuevo camino” que resulta ser el mismo seguido por Teresita que camina enamorada tras los pasos de nuestro amado Jesús.

“Pequeño nuevo camino” que, por gracia, se ve más claro cuando sale el sol! 

“La Santidad no está en esta o aquella práctica, sino que consiste en una disposición del corazón que nos vuelve humildes y pequeños en los brazos del Buen Dios, conscientes de nuestra debilidad y confidentes hasta la audacia en su bondad de Padre”

Teresita

 

23.12.14

Reportándome para Adviento y Navidad (fin de año también)

Se han de preguntar por qué no habían vuelto a saber de mi.

No han tenido noticias por varias razones, entre ellas, porque estoy concluyendo un curso universitario en línea que me ha exprimido no solo física sino intelectualmente sino porque ha habido tanto contratiempo para terminarlo que me ha dejado exhausta.

Eso por un lado y, por otro lado, toda una variedad de asuntos me han mantenido sin tiempo, fuerza ni ánimo para escribir.  

A pesar de todo estoy  en paz, muy contenta y esperanzada.  

Y es que cómo no estarlo si–literalmente- he venido acompañando a María y José en su camino hacia Belén.

Lo digo porque es el primer año en mi vida que me veo sola, vulnerable, dependiendo completamente de la Providencia Divina.

Lo cierto es que debido a ello la gracia me ayuda a valorar la dicha infinita que es contar con familia que lo quiere a uno y a quien uno quiere. ¡Cuánto más cuando también se tienen amigos!

El tiempo de Adviento de este 2014, definitivamente, ha sido un tiempo de gracia.

Alégrense conmigo y con ternura den gracias al igual que yo.

Qué espectacular experiencia es acompañar a María y a José por el camino!

Reciban la gracia para apreciar el don de la vida y de la familia.

Espero regresar el próximo año con nuevos bríos.

Así lo quiera el Señor.

Amén

¡Feliz Navidad!

 

 

11.10.14

El silencio reverente de la Madre

Regresaba a casa de la tienda por la tarde bajo un clima fresco y un paisaje hermoso platicando con el Señor y le decía que si debía pasar por las que estoy pasando con el único propósito de que aprenda amar, pues, que se hiciera en mí su voluntad.

Últimamente he pensado mucho en María ya que algunos aspectos de mi vida presente se asemejan a la suya. 

Me digo que de no ser por la gracia para la Madre habría sido la suya una vida de sufrimiento y quizá lo fue pero, como de ella lo que más conocemos es su silencio, es del mismo de donde hemos que obtener la enseñanza.

María guardaba silencio. Conservaba todo en su corazón para meditarlo así que la primera enseñanza es la necesidad de silencio que facilita la reflexión a la luz de la gracia.

Aquello que me dije camino a casa acerca de “aprender a amar” a través del dolor y el sufrimiento es tan real como que a través de la risa obtenemos placer. 

Con “aprender a amar” me refiero al amor que fluye a través nuestro desde su fuente original cuando las fuerzas nos han abandonado o porque, simplemente y por mera gracia, nos hemos rendido ante la voluntad de Dios.

Tal parece que es a través del dolor y el sufrimiento que conocemos el Misterio de Redención ya que, desde la perspectiva de Cristo con la cruz a cuestas es que somos capacitados por la gracia para mirar nuestra vida y la ajena con la perspectiva del Redentor. Con la perspectiva de su corazón amante.

Nada de este mundo me convencerá jamás de que de algo o de alguien obtendré la experiencia del verdadero amor. El verdadero amor se aprende únicamente al aceptar –por gracia- el dolor y el sufrimiento.

Un día de estos, de nuevo, caminaba hacia la tienda y me encontré a Luis quien hace cosa de meses perdió a su hijo único varón de veinte años por causa del cáncer. Me contaba que en fase terminal su hijo, quien nunca se quejaba y más bien era fuente de consuelo, rechazaba la morfina ya que aseguraba no sentir dolor; lo que me hace pensar que fue extraordinariamente regalado con la gracia.

No creo que exista más claro ejemplo de la existencia de Dios que un ser humano, contrariando a la ciencia médica, no solo tenga paz ante la muerte cercana sino que no experimente dolor físico ni sufrimiento moral. El caso del hijo de Luis viene a ser como aquél de los tres jóvenes en el horno cantando alabanzas al Creador y glorificándole. Ni más ni menos.

Muchas veces miramos con escepticismo la Escritura ya que las narraciones nos parecen más cercanas a la ficción que a la realidad; sin embargo, la Palabra de Dios está muy lejos de ser ficción.

Ante lo que resulta comprensible el silencio reverente del corazón amante de la Madre.

7.10.14

Ante la realidad: abrirse con franqueza y humildad

 

“Estamos hechos para algo más grande que el otro” decía en una entrevista don Julián Carrón, presidente de Comunión y Liberación.

Es el tipo de conclusiones a las que se llega de forma tan simple como sería al estar consigo mismo en silencio con la mirada absorta en aquello que nos arrebata el corazón como sería la belleza del paisaje, tu hijo jugando sobre la arena de la playa, tu mujer concentrada preparando con cariño lo que a su familia habrá de deleitar, tu marido haciendo su mejor esfuerzo por reparar la pata de la mesa del comedor; tantas cosas de las que la vida está llena que nos roban el corazón.

Por eso, cuando ante la belleza de la naturaleza, de la verdad y bondad de la que son capaces nuestros semejantes, nos sintamos arrebatados hemos de rendirnos para que se haga visible la imagen de la insatisfacción que llevamos impresa cuya finalidad es proporcionar indicios de que estamos hechos para algo más grande

Infinita insatisfacción de la que resulta comprensible el que busquemos en el placer su satisfacción.

Sentirnos llenos, plenos, sin ese vacío que, de no llenarse, parece consumirnos vivos; sin embargo, no es sino hasta que nos dejamos extinguir, que el pavor al vacío desaparece para vernos, de nuevo, con el corazón anhelando un poco más, siempre algo más, algo más grande.

Siempre insatisfechos hasta que la belleza, la verdad y la bondad, nos seduzca una vez más. 

De ahí que muchas, al mirar la ecografía, desistan de abortar; de ahí que muchos, al percibir el Misterio en la Liturgia, se conviertan; de ahí que personas homosexuales y divorciados vueltos a casar vivan en castidad; de ahí lo que sucede en nuestro interior ante el paisaje, los hijos, la mujer, el marido, los padres ancianos que se han vuelto niños.

De ahí, también, que el papa haya pedido a los obispos que se “hable con parresia y humildad” 

Ante la realidad, abrirse con franqueza y humildad, para que la gracia  -como si fuera la primera vez- nos descubra a Aquél que en lo secreto de nuestro corazón nos define cuando, como a un crío, nos dice quiénes somos, de dónde venimos, para qué estamos aquí y hacia dónde vamos, como Iglesia tanto como personas únicas.  

Cuánta paz verse, a la vez que insatisfecho perennemente, con estas preguntas resueltas!

Cuánta paz!