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4.04.26

Sagrada Liturgia | La luz del carisma en ambas formas del rito romano

En Francia

El papa León hizo ver a los obispos franceses su deber como es, pensar en una solución a los conflictos relacionados con los grupos afines a la tradición litúrgica previa al Concilio Vaticano II

Muchos de los llamados tradicionalistas se lo han tomado como si no fuera solo para los franceses sino para el resto del mundo. Pese a que no fue así, no dejan de tener razón.

El papa no se dirigió al resto del catolicismo ya que el caso de Francia es particular, allí existen grupos de largo tiempo allegados al rito antiguo, me refiero a grupos que tienen más de cinco décadas celebrando de esa manera. No es el caso de todos, ni mucho menos.

En México

Alrededor del mundo existen grupos que, sencillamente, crecieron bajo la influencia del carisma de fraternidades sacerdotales como la de San Pedro en Guadalajara, dedicada a conservar y difundir el vetus ordo. Se instalaron en una parroquia céntrica autorizados por el obispo.
Los católicos a ellos cercanos, son gente del barrio y algunos que llegan de otros lugares de la ciudad. No me parece que tengan veinte años celebrando según el rito antiguo en esa ciudad y, además, tampoco creo que haya sido conflicto para ningún feligrés ya que la misa en latín toda se entiende y los cantos gregorianos, se pueden aprender. Puede verse su actividad en el Facebook bajo el nombre “Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México”.

En Costa Rica

Por otro lado, existen casos como el de mi país, que, por haberse dispuesto un sacerdote diocesano a aprender la forma extraordinaria para atender a una comunidad que le solicitara la celebración tal como indica el documento Summorum Pontificum, se estuvo celebrando  por varios años según la forma antigua del rito latino.

El grupo tico que conocí estaba conformado por fieles de varias parroquias unidos por su amor a la Sagrada Liturgia desde diferentes movimientos; en su mayoría se formó bajo la influencia de Benedicto XVI, a la luz del Concilio Vaticano II y por la atracción que sobre ellos ejerce el carisma que contiene la santa misa de antes la que llegaron a conocer primero, por medios electrónicos; segundo, por viajes realizados.

La comunidad surgió de ninguna otra cosa que de un carisma que la gracia de Dios inspiró y sostuvo y que los movió, tanto a solicitar la misa según indicaba Benedicto XVI, sino a tomar como apostolado darla a conocer y difundirla inspirados en sus ideas.

Siempre he hablado de lo que conozco. Conozco el caso de Guadalajara y el de mi país. Desconozco comunidades que se hayan formado de otra manera que no sea por haberse dejado  guiar por el Papa Benedicto en su teología y espiritualidad.

Es cierto, todo el pontificado anterior transcurrió dentro de un medio hostil hacia la forma extraordinaria. Fue como si, para poner orden, fuera necesario castigar.

Dicha comunidad tica fue la única en el mundo entero a la que se le prohibió celebrar el vetus ordo así como cualquier variante que contuviera latín. Apenas unos días pasaron después de la publicación de Traditiones Custodes cuando nuestros amados obispos publicaron la prohibición y el envío del sacerdote a su remota provincia de origen.  Quedamos desolados pero obedecimos.

Desde el documento del papa Francisco en muchos lugares del mundo surgió división que hasta el día de hoy persiste aunque, gracias al papa León, se está dejando ver la dulzura y delicadeza del Santo Espíritu de Dios que todo lo sana.

Tal cosa la notamos quienes nos hemos acercado al rito antiguo debido a nuestra afinidad con papa Benedicto y, sobre todo, por cercanía con el carisma que emana de la forma extraordinaria. Existe un carisma ahí.

El rito como carisma

Me atrevo a decir que en los ritos el Espíritu Santo nos entrega un carisma (Cat n. 799-801)

Cada rito  católico contiene un carisma entregado a la Iglesia como gracias especiales del Espíritu Santo a personas y grupos para la edificación de la Iglesia, el bien de los hombres y las necesidades del mundo. Los ritos como carisma son regalo maravilloso que enriquece la vida apostólica y la santidad de todo el Cuerpo de Cristo.

Comprendido de esta forma, se puede decir que el rito de la santa misa contiene el carisma por antonomasia entre tantos como ha suscitado el Espíritu Santo.

Los ritos forman parte del conjunto de manifestaciones reales y concretas del Espíritu que deben ser acogidas con generosidad y gratitud.

La Santa Iglesia cuenta con 24 Iglesias sui iuris (autónomas), que utilizan diversos ritos litúrgicos.

El rito romano o latino (celebrado en Occidente) es el más extendido. Sin embargo, existen 23 ritos orientales en plena comunión con el Papa, divididos principalmente en las tradiciones bizantina, alejandrina, antioquena, armenia y caldea.

Es razonable considerar que el Espíritu Santo haya suscitado tantos ritos a  lo largo y el ancho del mundo y a través del tiempo con la finalidad de enriquecernos de acuerdo a la diversidad de los bautizados.

De esta manera comprendo que Dios haya suscitado la existencia de la forma antigua y nueva del rito latino.

En Occidente, la cultura cambió vertiginosamente, por lo que fue necesario aggionar por allá del año 1965 y de ahí, fue que Dios en su Providencia, inspiró lo valioso que contiene el Concilio Vaticano II y logró conservar la forma antigua en manos de las asociaciones de fieles y fraternidades sacerdotales que resultaron de aquél evento.

Dios pensó en todos

Dios pensó en todos, no obstante, muchos le han venido haciendo la guerra. No les ha parecido para nada bien que nuestro Dios, por un lado, haya permitido el aggiornamiento y, por otro lado, que conservara en las personas atracción hacia el carisma contenido en la misa de antes.

Lo que ha permitido Dios les ha parecido todo mal así como les pareció mal que nos haya dado al Papa Francisco, por mencionar un claro ejemplo de la inconformidad de muchos hacia lo que Dios permite.

Aceptemos agradecidos que Dios ha sido paciente y que, habiéndonos dado todo lo que necesitamos, no todos hayamos estado de acuerdo ni tampoco pedido perdón.

Demos gracias porque muchos hemos recibido conformes lo que se nos da o se nos retira. Sea Dios bendito.

Volviendo a los obispos (de Francia, de Costa Rica y el mundo entero)

Ya el Papa León puso las tildes sobre las íes a los obispos franceses. Hagan el favor de atenderle. Es imperativo que pongan su cabecita a pensar para resolver el entuerto que ustedes mismos han provocado por no permitirse ser dóciles y humildes.

Saliendo en su ayuda, quizá, he visto que algunos teólogos han expresado la idea de fundir ambas formas del rito romano lo que no encuentro sea la mejor opción siendo que ambas formas del rito contienen carismas diferentes que sirven a grupos diversos cuyas espiritualidades son afines ya sea, a la santa misa comprendida como a. Sacrificio (vetus ordo) o como b. Banquete (novus ordo).  Ambas formas de comprenderla no son excluyentes pero tampoco lo opuesto. Son expresión de carismas diversos. Es simple.

Reconocerlo, respetarlo, darle forma y fomentarlo es actuar acorde con lo que Dios ha venido haciendo con su Iglesia Santa a lo largo del tiempo.

La conversión viene a ser aceptar el cambio de mentalidad que Dios propone.

Me parece que el papa León estará de acuerdo conmigo.

Ambos carismas no son excluyentes pero tampoco lo contrario

Ambas formas del rito están centradas en Cristo. Son como dos brazos que unidos al cuerpo de Cristo, son su entro y culmen, trabajando con sentido en una misma dirección.

El brazo más antiguo recibe su fuerza del Sacrificio de Cristo, el otro brazo la recibe de la Resurrección.

El primero, posee un carisma que atrae a las almas por su centralidad en Cristo, Dios y hombre verdadero; el segundo, es la humanidad de Cristo la que consigue atraerlas.

En el primero, el sacerdote está de cara a Cristo. La asamblea toda es conducida de forma segura por manos del presbítero hasta ser colocada como ofrenda en las llagas de Cristo.

En el segundo, el sacerdote está de cara al pueblo. El sacerdote les muestra el fin glorioso al que conduce el muy humano sufrimiento del Redentor, tan humano como el suyo propio, tan glorioso como el del mismo Cristo que, por amor, entregó la vida a cambio.

Cristo se presenta diferente forma según la forma del rito y la particular necesidad de la asamblea.

Por eso los sacerdotes son distintos, fui distinto el llamado, fue distinta la formación pero no completamente diferente.

Ante ambas formas del rito, según el carisma de cada una, estamos ante dos tipos de sacerdotes, dos pastores distintos que cuidan de manera diferente y eficientemente el rebaño para, finalmente, entregarlo a Cristo.

El caso del Camino Neo-catecumenal

Recientemente leí la noticia de la inauguración del Seminario diocesano destinado a los seminaristas del Camino Neo-catecumenal

Esos jóvenes tuvieron el llamada siendo miembros del Camino y se mantendrán en el Camino durante toda su formación y, aunque asisten a formación en el seminario diocesano, la reciben también en su propio seminario en donde, además y, para conservar el carisma, continúan su vida de comunidad, conservando vivos todos los aspectos propios del carisma.

Cuando son ordenados, se mantienen bajo el cuidado del Arzobispo y le deben obediencia, sin embargo, el Camino puede proponer adónde enviarlos de misión. El obispo tiene la última palabra. De todas formas son ordenados como sacerdotes diocesanos. El Camino renuncia a ellos para enriquecer con su carisma al Pueblo de Dios.

El futuro

El futuro del carisma de ambas formas del rito latino podría llegar a seguir el modelo del Camino-Neocatecumenal.

Podría ser que alguna vez, un obispo invitara a una fraternidad sacerdotal a instalarse en su diócesis siguiendo para proponer seguir ese modelo (o semejante) o, bien, podría ser que la propia fraternidad se lo solicitara al obispo.

Los seminaristas se formarían tanto en el seminario diocesano como en el propio de la fraternidad. Llevarían la riqueza de su carisma al seminario diocesano y recibirían la riqueza del carisma del novus ordo. Sería un enriquecimiento mutuo tal cual propuso Benedicto.

Un obispo que así actuara sería uno que ha sabido escuchar y aplicar lo aprendido.

Una fraternidad y seminaristas que de esa forma se sujetaran al obispo, a su lado, estarían mostrando un alto grado de humildad, muy de agradecer a Dios e imitar.

Un obispo que actuara de esa manera, si es que todavía no se ha visto, estaría siendo pionero en esta nueva mentalidad que, indefectiblemente, vencería a muy corto plazo los obstáculos que impiden la paz litúrgica.

No se ustedes pero puedo, perfectamente, imaginar una diócesis en la que, tanto sacerdotes diocesanos como miembros de un carisma particular, se entremezclaran celebrando una u otra forma del rito latino, sin mayor dificultad o complicación. Si para eso los hizo Dios.

Un mundo utópico? No, un mundo que piensa según Dios.

Finalmente

Me doy cuenta que he escrito sobre asuntos que me sobrepasan y que, sobre lo dicho, si tuviera algún valor, hay mucho sobre lo que se debe hablar. No lo haré porque desconozco el tema, sin embargo, confío que habrá personas tan o más interesadas que yo en ofrecer soluciones a un asunto que nunca debió terminar en conflicto. Así lo quiera Dios.

 

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Cerraré comentarios. 

24.01.26

Llego al cielo cada domingo y me devuelvo

A la “Costa Rica profunda” se llega solo si se desea. Ella parece lejana, misteriosa, silenciosa, oculta, diferente. Se conoce de su existencia por sus manifestaciones y solo aquellos que buscan sentido en los orígenes, al conocerla, se enriquecen.

Este término lo escuché por primera vez del candidato a la presidencia el Lic. Fernando Zamora quien publico una imagen con ciudadanos costarricenses de esa región, la región “profunda"de mi pais..
Encantada con el término me voy a permitir presentar un símil con nuestra bella y amada Liturgia.

Fui parte de esa mayoría católica que va a misa sin tener buenas razones.
Yo sé que, dentro de nuestra cultura, será muy difícil que eso cambie ya que no parece que muchos piensen que las razones son necesarias, no solo para ir a misa, sino para conocerla, tal como se llega a conocer “lo profundo” de la conciencia, del oceáno, de las regiones montañosas y selváticas”.

Aun conociendo que existe, que aventurarse en lo profundo es bello y ofrece sentido, muchos no llegarán nunca a tener ni el primer deseo. A muchos, les bastará con lo que encuentran en por el camino, aunque, probablemente, después de un tiempo perderán la ruta completamente. 

Tengo una experiencia eclesial muy valiosa, según mi forma de entender a la Iglesia ya que, vivo en una comunidad que fue parroquia hasta hace menos de veinte años y que ha tenido párrocos de todo tipo. Además, la región se presta para que congregaciones como los Hermanos de La Salle se haya establecido aquí y también asociaciones como Los Heraldos del Evangelio.

En esta región, también, fue establecida la UCatólica a la que fui a estudiar una carrera corta de teología motivada por el padre Guido, uno de los párrocos. .

Allí fue mi encuentro con la Liturgia.

Le debo mucho al profesor padre Manuel Rojas y también a Benedicto XVI. De ambos comprendí lo valiosa que es la Liturgia.

Por su influencia, sucedió que, con algunos jóvenes y adultos, buscamos que fuera también celebrada de misa de antes, tal como promovía Summorum Pontificum.

La forma extraordinaria del rito latino fue celebrada durante algunos años hasta que nuestros obispos, unánimemente, establecieron prohibición para ese misal y el de Pablo VI.  

Al día de hoy, con estudios y mayor experiencia, finalmente acepté de Dios que la situación con la misa de antes haya sucedido así.

Me parece, que así como fue, todo salió bien ya que, de todas formas, contrario a los argumentos presentados, nunca existió apego hacia forma del rito, como no existe hacia el rito actual o, como tampoo tendríamos hacia el rito hispano-mozárabe o maronita, si los tuviéramos disponibles.

Nunca le encontré sentido al apego a los ritos, como si la santidad de uno fuera superior al otro. Ese agego es desordenado y no debería de existir, pero existe y es muy fuerte, al punto que produce bandos y conflictos. 

La lectura que hago de dicha conducta es que, como ya dije, existe un apego desordenado sin que siquiera se haya llegado a la Liturgia profunda, 

Esa es la Liturgia que casi todos desconocemos, tanto como desconocemos a Cristo.

Actualmente, la Liturgia, para la mayoría, ha llegado a ser un aspecto de la vida de fe que, poco o nada, tiene que ver con lo que la describió el Concilio Vaticano II  “centro y culmen de la vida de la Iglesia”; dicho a mi manera, la Liturgia es “la misma alma de Cristo en cuyas llagas el Espíritu Santo nos esconde para llevarnos ante el Padre, en el Hijo, como ofrenda (perfecta)".

Porque eso, e infinitamente más, es la Liturgia.  

En mi país, bendito sea Dios, la Liturgia profunda se puede vivir en el Santuario Nacional Catedral Metropolitana cuyo Cabildo está formado por varios ancianos y sabios sacerdotes muy amados. Uno de ellos, el padre Munguía. De ellos, Dios buenos, nos deja nutrir el alma.

Ahora bien, he conocido algunos, muy pocos sacerdotes a los que la Liturgia transforma; pasan de ser los animadores parroquiales a verdaderos “padre Pío” celebrando misa; pero esa transformación casi nadie la nota. Habría que conocer bastante al padre Pío para notarlo.

También he conocido algunos que les gusta la Liturgia, conocen y aman pero dejan ver que su principal inclinación es por la forma.

Andar por la superfice, ya lo dijimos, no facilita las cosas al Santo Espíritu de Dios para que, los queridos hijos, lleguemos por su mano a las honduras del alma a conocer a Jesús que allí espera. Porque si, para llegar a Jesús que espera, deben darse ciertas condiciones; tal como un alma en estado de gracia, voluntad, libertad, sinceridad, piedad, compunción, humildad, entre otros; sobre todo en el celebrante pero, igualmente, en la asamblea.

Pero en muchos lugares los presbíteros ni siquiera hablan de pecado, ni siquiera ofrecen la confesión y si la ofrecen es por cita; entonces, digo yo, cómo empezar siquiera a tener almas en estado de gracia para que inicien y recorran el camino hacia la “Liturgia profunda”?

Lo digo con mucha seriedad, es tan dramático ver en los presbíteros el desinterés por las almas en pecado que lo sentimientos son fuertes y a veces difíciles de sobrellevar, si no es por gracia.

Concedo que quizá en otros muchos lugares no es así, quizá es de ese modo solo es en mi parroquia.

Ni les digo la de generaciones y generaciones que en más de 40 años he visto perder aquí la fe.  Y también he visto, es la verdad, como –a pesar- de la mala administración de las cosas de Dios, tengo vecinos a los que el Señor no abandona. 

Dios es bendito, y nunca, nunca abandona.

Quién, jamás, hubiera esperado que, de amar así como amo a Cristo en la Liturgia, lo que amarlo me ha hecho sufrir pero también más amarlo, iba el Señor, Dios bueno, a dejarme llegar al cielo todos los domingos para, al final, devolverme a la casa a almorzar? Quién, por más fe que tuviera, lo habría imaginado?

Eso es lo que ha hecho el Señor conmigo. Me deja llegar a misa de 9:30am, prepararme media hora, sin ruido, con devoción, confesarme si hace falta. Cantar el Kyrie y demás oraciones de la misa de Angelis para llegar a esa parte en que, delante de mis ojos, baja de lo alto para posarse en mi alma como en la patena sobre sobre el altar. Escuchar su Palabra, las advertencias e instrucciones que cualquiera necesita para dejar a Dios hacer de la propia, una vida santa, llena de caridad y perdón, por todo y todos.

La Iglesia enseña que la Liturgia parroquial o cualquiera debe ser imagen de la Liturgia celestial, entre más cercana lo sea, tendrá el alma mayor deseo de santidad que buscará nutrir  con el don de Dios cada domingo. Qué otro modo necesitan presbíteros y obispos para asegurarse de estar cumpliendo su misión? Por qué han dejado de hacerlo? Perdieron la fe?

Yo sé que esto que hace el Señor conmigo no es común pero no por eso me engallo sino que más bien vivo contenta y agradezco ya que, lo mismo hace por aquél montón de padres y madres con sus hijos, jóvenes y ancianos que llegan al cielo conmigo cada domingo (aquí y en cualquier parte del mundo).

Obispos y presbíteros amados, los hijos de Dios necesitamos que nos hablen de pecado, que nos ofrezcan la oportunidad de reconocer las culpas, arrepentirnos y enmendar, que el efecto nos sirva como alimento básico para nutrir el alma que lleva de Dios su impronta divina.

 

11.09.25

No importa cuanto vivan, siempre serán echados de menos

De Fray Cayetano María de Bérgamo aprendí que la puerta para el don de la humildad es la gratitud; y, del Dr. Arteaga, que la gratitud es la llave para activar el nervio vago del que deriva equilibrio en el sistema nervioso y la variabilidad de la frecuencia cardiaca, marcador de la resiliencia al estrés.

En otras palabras, en nuestras manos está poner esfuerzo en la práctica de la gratitud para fortalecer mente y cuerpo, la parte en que participa Dios es, regalándonos humildad. Negocio redondo.

Hablábamos hace poco sobre hacernos viejos como buenos hijos de Dios, pues, ahí está: es bueno y conveniente, si no lo hicimos antes, dedicarnos a conocer el funcionamiento del cuerpo y del alma.  Ahora nos sobra el tiempo y sería el colmo que, teniéndolo, lo malgastáramos.

En esta parte de la vida, si es que antes no lo hicimos, es vital vivir prestando atención.

Como dicen, vivir “el momento presente” para ampliar el rango de asuntos por los que hemos de agradecer a Dios; hacerlo, no solo por la activación del nervio vago sino por crecer en humildad sin la que no entraremos al cielo.

Vivir “el momento presente” también, para fortalecer la memoria ya que, es de morir de risa (pero también alarmante), la velocidad con la que se pierde.

Dice mi amigo Joaquín, de Huesca, que ha de ser porque olvido tomar la pastilla de la memoria. Cierto, también la olvido!.

Me preocupa muchísimo la dificultad que tienen las personas jóvenes de prestar atención a la realidad después de que han pasado horas y horas en el ordenador. Es como si no lograran desconectarse. Viven acelerados pensando en cómo resolverán en la máquina el siguiente paso pero ni siquiera se dan cuenta que no han echado agua al inodoro. Es de preocuparse, por supuesto, pero tampoco es algo que esté en nuestras manos resolver; entonces, hay que decirle a la mente que no se preocupe y volver a lo que nos concierne, también nosotros, aquí y ahora.

Aquí, en el presente, es donde vivimos, aquí es donde sentimos alegría, dolor, sufrimos, esperamos, confiamos, amamos, pensamos, estudiamos, creamos, sembramos y tantas cosas preciosas que la salud nos permite hacer.

Contemplar el instante con el alma puesta en Jesús es el encuentro con la felicidad.

Hacer el esfuerzo por observar lo que pasa “ahora mismo” nos permite también apreciar el esfuerzo que hace el Ángel de la Guarda por llevarnos a la oración, es también posible descubrir el suave movimiento del alma que en lo profundo atiende la voz de la Madre que le llama.

Muchas cosas muy preciadas suceden cuando, en cuerpo y alma, en silencio, nos detenemos a contemplar para luego, agradecer.

Si, recuerdo que Santa Teresita pedía sufrir por amor a Dios y, probablemente, también agradecía que el Señor se lo concediera. Esa lógica no es humana, es la lógica del Espíritu de Dios, con el que los santos se han familiarizado gracias al esfuerzo de concentración.

No importa si, al observar detenidamente, llegan muchas razones para sufrir, como por ejemplo, culpas que hay que evacuar en el confesionario, arrepentimientos de lo que no hicimos o hicimos sin pensar, lamentos por almas de personas fallecidas, enfermedades y toda índole  de situaciones irremediables. Si, observar podría ser como abrir la caja de Pandora en lo que respecta al dolor y sufrimiento; pero, es mejor, es mejor darle cara ahora para reparar el daño y agradecer, con ayuda de Dios. 

Pues, bien, hablando de olvidar, yo venía a platicar de otro tema pero, he aquí que me puse a decir estas cosas y nunca llegué al punto.

La intención era platicarles sobre lo que he reflexionado acerca de lo que pudimos haber hecho mal al haber solicitado hace años la misa según la forma extraordinaria tal como lo indicaba Summorum Pontificum de Benedicto XVI.

Me vengo preguntando “qué fue lo que hicimos mal” para que el cuerpo total de los obispos de mi país, resolviera prohibir ese aspecto de la Liturgia de nuestra santa Iglesia?

Les soy sincera, he pensado en preguntarlo directamente pero, de ahí no he pasado. Supongo que llegará ese día o tal vez no. Tal vez podría morir antes por lo que, la respuesta de los obispos podría nunca llegar y todos olvidar esa misa viejita que, con todo afecto y humildad, domó todo nuestro ser en acción de gracias y adoración a Dios.

Por ahí iría la cosa cuando más temprano  tomé el ordenador pero, no vamos a seguir por ahí la reflexión, no; en este momento vamos a dar gracias por lo que tuvimos ya que, no importa cuánto vivan los abuelitos, desde el momento en que no están y para siempre, nuestra alma y corazón los echará de menos. .

19.07.25

Preferir una forma del rito sobre la otra nos hace sectarios.

De muchos años para acá es muy difícil escribir sobre Liturgia debido a las reacciones de muchos lectores aficionados quienes han elegido una forma del rito sobre la otra como si una fuera la única verdadera y más santa.

No me refiero únicamente a los que se autodenominan “tradicionalistas” sino también a quienes conocemos como “progresistas” o “modernistas”.

Hasta aquí, y debido a que se hace necesario nombrarlos para analizar la cuestion, el tema asusta y también lo que expresan unos y otros cuando se nombra este asunto pero, me atrevo hacerlo ya que espero siempre lo mejor de las personas, aun cuando actuan por temor a perder algo que consideran les pertenece. 

El temor es el combustible de toda violencia. .  

Uno que ame a Cristo en la Liturgia será incapaz de elegir una forma del rito sobre la otra, la gracia evitará cosa semejante; le será imposible, una elección de ese tipo. 

A qué tipo de elección me refiero?

Me refiero al tipo de elección que te convierte en miembro de una secta.

Una elección de ese tipo se hace porque has comprometido tu libertad a tus gustos o preferencias, es decir, has elegido esclavizarte.Elegir una forma del rito sobre la otra tiene ese efecto, te convierte en persona esclava de tu soberbia y la vez, persona sectaria.

No hace falta mencionar el efecto nocivo que dicha elección tiene para el alma y el bloqueo del Entendimiento para las cosas de Dios.

Es decir, si fueras un jugador de fútbol y eligieras -por sobre el entrenamiento y el trabajo en equipo- la fama y la apariencia para meter goles, tarde te darías cuenta que no sirven para nada. 

Así es como actuas al preferir una forma del rito sobre la otra, esa es tu conducta y te lo digo claramente, así seas laico, presbítero u obispo, todos tienen por delante la opción de ser sectarios o no. De verse como unos tontos, o no.

Se debe decir alto y fuerte: preferir una forma del rito sobre la otra nos hace sectarios.

Se equivoca quien piensa que la celebración de la santa misa en una u otra forma del rito provoca el sectarismo. Es una infamia afirmar algo así de la Santa Misa. No, lo que nos hace sectarios es actuar con soberbia al elegir una forma del rito sobre la otra.

Este solo sanará con ayuda de Dios y la voluntad de cada; uno así como con el auxilio que ofrezca el Magisterio y la Tradición para corregir el entuerto.

Benedicto XVI tenía claro que lo mejor era la convivencia de ambas formas del rito romano. Lo mejor es su mutuo enriquecimiento, decía. Ofrecer la opción de celebrar la forma extraordinaria al menos una vez por mes en cada diócesis para enriquecimiento del celebrante y la asamblea. Que estén disponibles todas las opciones de conocer y celebrar a Cristo.

Actualmente, en nuestra Santa y amada iglesia, a duras penas conviven ambas formas del rito. En algunos lugares ha sido absolutamente prohibido el vetus ordo; es como, si prohibieran el novus ordo. Una locura!

Es fácil hallar el fruto de la convivencia en varias partes del mundo. Yo lo conocí en Guadalajara, Jalisco, México. Ahí está la preciosa parroquia de la Virgen del Pilar a cargo de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) en cuya diócesis se celebran tanto el vetus como el novus ordo y cuyas asambleas se entremezclan.

En esa diócesis hay presencia de Lefebvristas, aunque desconozco la relación que tienen con los demás, el caso es que están ahí, conviviendo; hechos que son una declaración de mutua aceptación y unidad, cosa que tiene mayor apariencia de “cosa de Dios” que lo que venimos padeciendo. 

Como es fácil concluir, los frutos de esa convivencia son buenos, verdaderos y bellos. Papa Benedicto lo tenía claro y lo dejó dicho en su libro “El Espíritu de la Liturgia”.

Sigo amando la Liturgia gracias a los sacerdotes que me dieron formación y también a Benedicto XVI quien, entre otros, me afirmó en lo de “ser una, santa, católica y apostólica” de la Iglesia.

Pidamos la Gracia de un corazón agradecido libre de temor para que nos sea posible amar a Cristo en la Liturgia sin la mala inclinación a elegir una forma del rito sobre la otra.

Gracias por su amable lectura.

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NOTA: Cerraré comentarios.

 

 

2.07.25

En la Iglesia (no) escuchamos

“Saber escuchar, o escucha activa, es la habilidad de prestar atención a lo que dice otra persona, comprendiendo no solo las palabras, sino también las emociones y perspectivas subyacentes. Implica un interés genuino por lo que se comunica, y va más allá de oír; es un proceso activo de interpretación y respuesta”.  (Resultado búsqueda en Google)

 

Si bien lo anterior es el resultado de una búsqueda en Google, podemos confiar que –al menos- aparentemente y en lo fundamental, es una respuesta confiable.

Google, además, describe los beneficios de la escucha activa y cómo desarrollarla.

Esta descripción general de la escucha activa carece del aspecto de antropología cristiana como sería, para empezar, que a todos nos ha creado Dios con dignidad humana. A partir de lo fundamental, es que cualquier bautizado tendría que proponerse escuchar, pero no sucede y es por la soberbia.

Y digo que es por soberbia porque la humildad hace lo contrario, para empezar, la humildad, escucha. No sería humildad si no lo hiciera.

Ahora bien, me fui a investigar este asunto de “la escucha” porque, tras la muerte de papa Francisco, sigo “escuchando” sobre el asunto de la sinodalidad o lo que es lo mismo: el “saber escuchar” que, sin duda, necesitamos aprender en la Iglesia.

Durante esos años de preparación para el sínodo sobre sinodalidad estuve esforzándome en escuchar, lo que más esfuerzo requirió fue en “el interés” que el tema despertaba ya que era nulo. Puse mucha atención durante las sesiones on line previas entre laicos y consagrados latinoamericanos, mucha, pero debo decir que no entendí nada, parecían estar hablando en idioma extraño. Lo que más llamaba mi atención es que los participantes parecían entender lo que se decía y alababan las presentaciones que para mí fueron excesivamente largas, ininteligibles y aburridas. Podría ser que no entendía porque no me interesaba, eso también, pero lo dudo ya que, en verdad quería conocer la iniciativa del papa Francisco. No lo logré.

Mi deseo de comprensión fue sincero ya que me doy cuenta que éLo he padecido siempre. Si, se sufre por la falta de escucha al punto que uno termina adaptándose a la impositiva soberbia de algunos fieles y consagrados, presbíteros u obispos.

La jerarquía tendría que marcar alguna diferencia?  Si, pero no es la norma.

No estoy diciendo que no hay humildad en los obispos, la hay pero, lo que no encuentro son destrezas comunicativas que involucren un auténtico interés sobre lo que se está diciendo, que hagan preguntas (a mi, que he sido lo revuelca albóndigas que he sido, nunca, ningún obispo nada me preguntó), eviten juzgar y procuren validar lo expresado.

Es posible darse cuenta que “escuchan” con sincero corazón pero no hay forma de saber qué sucede en su interior con lo que se dice. Cada palabra parece caer como cuerpo inerte en un agujero negro.

Uno sabe, por personas como el padre Pío, que a las autoridades se les dificulta escuchar y, con ello el santo aprendió a vivir. No veo por qué no habríamos de hacerlo nosotros con ayuda de Dios? Aprender a sobrellevar la cruz que son algunos obispos a los que se ama muchísimo.

Puede uno, por gracia y con humildad amarlos, sobrellevar sus personas como una cruz, pero también, por gracia, puede uno ejercitar con ellos las obras de misericordia. Yo, por ejemplo, las ejercito por medio de este blog y, ocasionalmente, en persona.  

Sobre este tema tendré que hablar un poco más en futuros articulitos, con ayuda de Dios.

Dedicado a los obispos de mi país a los que tanto quiero y, particularmente, aquellos con los que he cruzado palabra. Ellos saben de quienes hablo.

El Señor los conserve en su gracia.