InfoCatólica / Deo Omnis Gloria / Categoría: Sobre este blog y su autora

20.06.26

Ay! Cuanto me gustan los perritos!

Episodio IV de la Serie “Hacerse viejo como buen hijo de Dios”

He titulado esta conversación de esta manera porque hoy día es muy popular que nos gusten los animalitos especialmente gatos y perritos.Nos gustan tanto que algunos se vuelven acumuladores y llegan a tener hasta más de una decena..

Otros, en cambio, los tratan como personas y les dan los cuidados que deberían dar a un hijo si lo estuvieran.

Con todo el afecto del mundo se refieren a ellos como "perrijos” o “gatijos".

Por otro lado, nosotros los católicos, también tenemos la responsabilidad de cuidar de la naturaleza, lo que incluye a estos animalitos que nos pone Dios por delante tanto como el aire que respiramos, ya que se les ve por todas partes y te llegan de no se sabe dónde, necesitando los cuidados que algún “padre o madre” no quisieron o supieron darle. Algunos llegan en bastante mala situación.

Leer más... »

14.06.26

Hacerse viejo como buen hijo de Dios (II)

Siguiendo la norma 
Maricruz, edad 66

Desde hace 3 años vengo ajustándome a la norma de estar enfermita de cualquier tontería que me presenta a Dios. 

Voy a escribir sobre el tema pero entiéndase que no es una queja sino un aporte, tanto para quienes están enfermos como para los que no, ya que podrían enfermarse en cualquier momento y podría ser que no tengan o les falte recursos espirituales y mentales para hacer frente a la situación. 

A mí es que me vienen capacitando desde niña ya que casi muero al nacer y después empecé a tener problemas respiratorios hasta el día de hoy. 

Pasé muchas horas de mi infancia solita en la cama leyendo, jugando con mis muñecas, reponiéndome de algún medicamento muy fuerte o escribiendo poemas a Dios o jugando con mi hermano pequeño. 

Muchas décadas de mi vida pasé bastante saludable pero tengo como una decada de ir decayendo y supongo que por la edad y debido al material con que me hicieron que tal vez no es de la mejor calidad, aunque totalmente digno y valioso.

De esta última década debo decir que también se me ha capacitado muy eficientemente de parte de María santísima ya que, primero, el Espíritu Santo me inspiró consagrarme a ella y, luego, rezar el rosario diariamente. 

María es el mejor recurso para conservarse en gracia y recibir de Dios los dones que tiene reservados para ti en cualquier momento, con la condición que pongas de tu parte, frecuentes la misa y los sacramentos. 

Estés o no estés enfermito, no puedes ni debes pasar por la vida sin frecuentar a la señora María (y a San José, ya lo veremos más adelante) porque tiene todo lo que una madre guarda en su corazón  todo para ti. 

Durante estos últimos años, de hecho, varias veces he tenido ganas de escribir sobre este tema pero lo desecho ya que suponía que nadie o muy pocos querrían estar leyendo sobre las dolencias de los demás. 

Yo he aprendido a hacerlo porque en las salas de espera de los hospitales casi lo único que se conversa es de lo que cada uno de nosotros padecemos y así es como aprende uno a compadecerse y a tenerse mayor paciencia. Uno aprende a escuchar y también a reconocer que no es el ombligo del mundo.

Repito, lo que yo tengo no es de gravedad aunque en una ocasión tuve un cáncer pequeño pero ya no. Lo que tengo me hace pasar dolor, quietud, soledad y varias otras cosas que a casi nadie nos gustan. Eso, nada más. 

Estoy consciente que existen personas infinitamente más enfermas que yo y basta que se me olvide para que Dios me presente alguna persona que ha superado cosas gravísimas; como aquel día que me sentía muy abrumada por esperar tanto en una fila y se me apareció una señora que ha tenido como tres infartos y dos cáncer y la extirpación de alguna cosa. Algo brutal y estaba ahí sin mayor problema mientras yo me retorcía del colerón por la larga espera. 

En verdad, es una parte muy graciosa y bella esa en la que Dios interviene para que no se te olvide el lugar que ocupas en el universo y ante su mirada. Que es una preciosidad cómo nos mira y nos comprende y nos apoya y nos consuela y nos alegra y nos da fuerza y nos da compasión y esperanza y otras tantas cosas que nos da todos los días desde que abrimos los ojos. 

Esa mirada de Dios que te mira contento de que sabes sufrir y lo haces lo mejor que puedes y que has podido entregarle todo lo que tienes y eres por el bien de las almas tanto como lo hizo su Hijo, aunque salvando las distancias, digo, esa mirada de Dios es una preciosidad. Por saber que así te mira darías la vida. 

Sí, Dios llega a mirarte muy contento y te das cuenta porque sientes una alegría preciosa y una gratitud infinita por estas enfermedades que Te llevaron más cerca suyo y te hicieron más semejante a Jesús, a quien ya perteneces y te lleva dentro de sus llagas.

Porque, resulta que un día que te sentías muy abrumado y dolorido por la enfermedad decidiste pedirle que te escondiera en sus llagas (como en el poema) y, así lo hizo desde aquel día, y así es como te lleva dentro suyo de manera que su sangre corre por tus venas y hace que cada vez más te le parezcas casi sin apenas notarlo y, obviamente, sin sentir orgullo, ya que sabes que todo, todo es obra de suya.

Otra cosa que estoy notando mientras escribo es que, cosa rara, es que Dios me dé hablar de estas cosas; pero la verdad, no tanto, porque ya me ha dado hablar sobre otras también un poco extrañas y no ha salido mal porque, como siempre, ha sido inspiración suya. Es cosa de Dios, absolutamente.

En fin, he tratado de contarles brevemente cómo han sido los últimos años y espero que también sirva un poco como justificación por haber dejado de ser tan prolífica en este blog. 

Doy muchas gracias a Dios que Juanjo Romero me reclutó y que junto a los suyos me quiere tanto porque eso me da ánimo, no solo durante la enfermedad, sino en vistas a mi futuro en este blog.

Ellos, allá en casa de Juanjo, dicen que me quieren mucho y yo digo que los quiero más. 

Es bueno saber que al otro lado del océano alguien te aguarda con el corazón inmenso lleno de cariño. 

Pues sí, la norma en ese periodo es estar enferma y doy gracias a Dios que puedo hablar de ello con naturalidad y espero que sea de bien para las personas que me lean. 

A Dios sea toda la gloria!

25.11.25

Tu gran proyecto tras recibir la pensión

En mi caso, cobrar la primera pensión marcó el punto exacto en el que empecé a ser viejita.

Qué maravilla! Jamás habría sospechado que el Señor tendría un antes y un después para mi justo a los 65 años. Cosa de que Dios, todo lo hace bien.

Para llegar a viejo, lo que deseo a todos es que, lleguen con un vehemente deseo de ser santos, por su propio bien ya que, a partir de cierto punto, todo lo que te falta o se te añade, podría convertirse en prueba. Me refiero a que, por ejemplo, la falta de esposo o hijos, se te convierta en la necesidad de pedir ayuda a extraños o parientes no cercanos.

Así la cosa, hacerse viejo es –en verdad de la verdadera- la prueba final a la que te conviene llegar habiendo entendido ciertas cosas tal como que, de ahí para atrás, todo fue un milagro. Un milagro tu buena salud, tu trabajo, tus ahorros, tus estudios, tus entretenimientos, el ejercicio que hiciste, los amigos, los buenos vecinos, los parientes que llegaron a quererte, por mencionar algunas cosas estupendas que, lo largo de tu larga vida, llegaron a ti, muchas veces, sin esperarlo o merecerlo. Todo fue un  milagro.

De tal forma que, lo oportuno es que, junto a la pensión, empieces a dar gracias por el tiempo pasado y cada cosa sucedida que te hizo quien eres, para bien o para mal ya que, todavía queda tiempo para pedir perdón, corregir, reparar y, con ayuda de Dios, construir una vejez preciosa; digna de un hijo de Dios.

La gratitud es fundamental. Tendrías que tomártela junto a las primeras pastillas de la mañana.

La gratitud, sí, porque te abre la puerta a la humildad y sin ella, pues seguirás haciendo lo tuyo pensando que son cosas de Dios. Muy equivocado. Sumamente.

Con humildad, una que  ni siquiera tú puedas imaginar, se te abren las puertas del cielo y las del corazón de quienes te quieren y te cuidan, sean parientes y/o personal sanitario. Sí, porque a eso vas: dentro de poco o más, te estarán cuidando como cuando fuiste bebé. No hay escapatoria por lo que, para llegar ahí, la humildad que tengas te salvará la tanda.

Yo lo vengo a entender ahora, justo en este mi primer año de celebrada vejez en la que se me ha hecho necesario volver a escribir a mano en un diario solo las cosas positivas de la vida. Por salud física, mental y emocional, me lo han mandado los que saben con la mucha sabiduría de la que gozan por bondad de Dios.

Dicho lo anterior, lo que sigue es enfatizar en tu necesidad del deseo de ser santo ya que, si no fue hasta ahora que pones cerebro en considerarlo ya que dispones de tiempo (cof, cof), vendría bien que –de verdad de la verdadera- te lo propongas; de todos modos, no tendrás grandes proyectos en los ocupar tu tiempo, solo ser santo y con eso, sobra y basta.

Los grandes proyectos, que quizá tengas alguno entre manos o en mente, muy probablemente, termines dejándoselo a los más jóvenes, así que, conviene pensar que tu gran proyecto tras recibir la pensión sea, con ayuda de Dios, llegar al cielo con todas las de la ley. Te parece?

11.09.25

No importa cuanto vivan, siempre serán echados de menos

De Fray Cayetano María de Bérgamo aprendí que la puerta para el don de la humildad es la gratitud; y, del Dr. Arteaga, que la gratitud es la llave para activar el nervio vago del que deriva equilibrio en el sistema nervioso y la variabilidad de la frecuencia cardiaca, marcador de la resiliencia al estrés.

En otras palabras, en nuestras manos está poner esfuerzo en la práctica de la gratitud para fortalecer mente y cuerpo, la parte en que participa Dios es, regalándonos humildad. Negocio redondo.

Hablábamos hace poco sobre hacernos viejos como buenos hijos de Dios, pues, ahí está: es bueno y conveniente, si no lo hicimos antes, dedicarnos a conocer el funcionamiento del cuerpo y del alma.  Ahora nos sobra el tiempo y sería el colmo que, teniéndolo, lo malgastáramos.

En esta parte de la vida, si es que antes no lo hicimos, es vital vivir prestando atención.

Como dicen, vivir “el momento presente” para ampliar el rango de asuntos por los que hemos de agradecer a Dios; hacerlo, no solo por la activación del nervio vago sino por crecer en humildad sin la que no entraremos al cielo.

Vivir “el momento presente” también, para fortalecer la memoria ya que, es de morir de risa (pero también alarmante), la velocidad con la que se pierde.

Dice mi amigo Joaquín, de Huesca, que ha de ser porque olvido tomar la pastilla de la memoria. Cierto, también la olvido!.

Me preocupa muchísimo la dificultad que tienen las personas jóvenes de prestar atención a la realidad después de que han pasado horas y horas en el ordenador. Es como si no lograran desconectarse. Viven acelerados pensando en cómo resolverán en la máquina el siguiente paso pero ni siquiera se dan cuenta que no han echado agua al inodoro. Es de preocuparse, por supuesto, pero tampoco es algo que esté en nuestras manos resolver; entonces, hay que decirle a la mente que no se preocupe y volver a lo que nos concierne, también nosotros, aquí y ahora.

Aquí, en el presente, es donde vivimos, aquí es donde sentimos alegría, dolor, sufrimos, esperamos, confiamos, amamos, pensamos, estudiamos, creamos, sembramos y tantas cosas preciosas que la salud nos permite hacer.

Contemplar el instante con el alma puesta en Jesús es el encuentro con la felicidad.

Hacer el esfuerzo por observar lo que pasa “ahora mismo” nos permite también apreciar el esfuerzo que hace el Ángel de la Guarda por llevarnos a la oración, es también posible descubrir el suave movimiento del alma que en lo profundo atiende la voz de la Madre que le llama.

Muchas cosas muy preciadas suceden cuando, en cuerpo y alma, en silencio, nos detenemos a contemplar para luego, agradecer.

Si, recuerdo que Santa Teresita pedía sufrir por amor a Dios y, probablemente, también agradecía que el Señor se lo concediera. Esa lógica no es humana, es la lógica del Espíritu de Dios, con el que los santos se han familiarizado gracias al esfuerzo de concentración.

No importa si, al observar detenidamente, llegan muchas razones para sufrir, como por ejemplo, culpas que hay que evacuar en el confesionario, arrepentimientos de lo que no hicimos o hicimos sin pensar, lamentos por almas de personas fallecidas, enfermedades y toda índole  de situaciones irremediables. Si, observar podría ser como abrir la caja de Pandora en lo que respecta al dolor y sufrimiento; pero, es mejor, es mejor darle cara ahora para reparar el daño y agradecer, con ayuda de Dios. 

Pues, bien, hablando de olvidar, yo venía a platicar de otro tema pero, he aquí que me puse a decir estas cosas y nunca llegué al punto.

La intención era platicarles sobre lo que he reflexionado acerca de lo que pudimos haber hecho mal al haber solicitado hace años la misa según la forma extraordinaria tal como lo indicaba Summorum Pontificum de Benedicto XVI.

Me vengo preguntando “qué fue lo que hicimos mal” para que el cuerpo total de los obispos de mi país, resolviera prohibir ese aspecto de la Liturgia de nuestra santa Iglesia?

Les soy sincera, he pensado en preguntarlo directamente pero, de ahí no he pasado. Supongo que llegará ese día o tal vez no. Tal vez podría morir antes por lo que, la respuesta de los obispos podría nunca llegar y todos olvidar esa misa viejita que, con todo afecto y humildad, domó todo nuestro ser en acción de gracias y adoración a Dios.

Por ahí iría la cosa cuando más temprano  tomé el ordenador pero, no vamos a seguir por ahí la reflexión, no; en este momento vamos a dar gracias por lo que tuvimos ya que, no importa cuánto vivan los abuelitos, desde el momento en que no están y para siempre, nuestra alma y corazón los echará de menos. .

2.08.25

Hacerse viejo como buen hijo de Dios (I)

“Hacerse viejo sin desesperar es un desafío que solo la gracia puede ayudar” MaricruzTR 

Es un desafío que nos presenta Dios, nuestro amado Dios, para que crezcamos en virtud ya que, de lo contrario, qué feo volverse un viejillo mal encarado al que será difícil cuidar.

Introducción

Hoy, muy temprano, le pedí su parecer a un amigo muy querido que me lee para preguntarle su parecer sobre escribir acerca de hacerse viejo como buen hijo de Dios. Dice que le parece muy bien el tema. También a mí ya que, tengo mucho para escribir al respecto, tanto como antes escribí sobre tantas cosas que fueron para mi actos de adoración a Dios.

Porque si, que la vida es para hacer con ella un acto de adoración, que es por ahí que nos llega de Dios ese deslumbrante rayo de luz que nos transforma en seres agradables en su presencia.

…………………

Les digo una cosa (hago este paréntesis para explicar algo), durante papa Francisco, a quien –por gracia- llegué amar, sufrí mucho, al punto que ya no quería saber nada de nada (todo aquello lo puse como ofrenda porque realmente no sabía qué más hacer). Recé mucho pidiendo pureza y gratitud para no ofender a Dios, sin embargo, ahora, con papa León, he visto que no se nos da mayor prueba que la necesaria.

Doy gracias por todo aquello y por los Heraldos del Evangelio que los trajo Dios a vivir muy cerca de casa en el campo y puedo ir a misa con ellos. De frecuentarlos recibí la fuerza para sostenerme. Ahora me doy cuenta.

………………….

Pues, bien, les digo que lo de hacerse viejo parece un buen tema porque, no solo tengo mucho para escribir sino mucho de lo que hablar de lo que hace Dios, que es lo principal.

Les confieso algo, ya que el Jubileo de los jóvenes me hizo pensar en ello, he visto que a ciertos sectores de católicos, tal como los Infocatólicos y otros, no se nos toma en cuenta. Padre Jorge González lo mencionó el otro día. Cierto, nos dejan a un lado, tal vez sin querer, pero el caso es que nadie nos pregunta sobre cómo enfrentar distintas situaciones en las que todos aquí son expertos.

Porque nadie pregunta, es por lo que se debe hablar cuando es necesario. Cuando nadie pregunta es porque no sabe o no quiere saber y eso no es virtud, sino defecto. De ahí que, si nadie pregunta sobre cómo hacerse viejo con ayuda de Dios, se debe hablar.

Para eso estoy aquí y, como siempre, con ayuda de Dios lo haré.

Probaremos un tiempo para ver si es para su mayor gloria.

Eso de arriba fue una especie de introducción, lo que sigue será parte de lo vengo a decir.

 

Una semana y tres citas médicas

“Yo no sé quién puede vivir así. Cómo va a ser que tenga que salir tres de cinco días a ver a un doctor si, en realidad, no me siento ni veo enferma? Qué barbaridad!”

Así es como reacciona la cabeza de esta criatura de Dios antes de caer en cuenta que aquello, en realidad, es bendición.

Primero que todo, las citas son con médicos del Seguro Social, quiere decir que sus honorarios los pagué durante mi vida, ahora recibo los beneficios. Luego, los médicos no quedan lejos ni el horario es incómodo. Además, una cita es con la Doc. Melissa para que me de las medicinas para el dolor crónico, la otra con Doc. Evelio, para las medicinas de mantenimiento del corazón y el asma y, la otra, con la junta médica para que me entrevistará para una pequeña cirugía que deben hacerme.

Si tuviera que pagar por todo eso no tendría con qué, así que es una múltiple bendición en muchos aspectos.

Una bendición más es que no tendré que cambiar ni faltar a mis sesiones de natación que tanto bien me hacen. Esa es doble bendición.

Tampoco tendré que cambiar el horario de rezar los Laudes, así que me iré a la cita habiéndolo hecho, si es que otra cosa no se interpone; luego, me llevaré mi rosario para rezarlo en el bus por si acaso pasara algo que me impidiera hacerlo a la hora que acostumbro.

Será muy bonito encontrarme en los consultorios con tanta gente necesitada de una sonrisa, consuelo, unas palabras de ánimo o algún consejo que daré sin que me lo pidan (jeje), tanta gente por la que ofreceré mis oraciones ya que, como soy enfermo misionero, eso hago.

Las Obras Misionales Pontificias (OMP) tiene ese apostolado del enfermo misionero al que me adscribí. Me corresponde rezar por los misioneros, el papa, el clero, los enfermos y además rezo por mi familia y seres queridos, que incluye el resto de la humanidad; porque es cierto, todos son mis seres queridos.

Como al enfrentar la muerte, hay que echarle el cuerpo al día, aunque la carga no parezca fácil, la gracia puede.

Soy testigo.