Ay! Cuanto me gustan los perritos!
Episodio IV de la Serie “Hacerse viejo como buen hijo de Dios”
He titulado esta conversación de esta manera porque hoy día es muy popular que nos gusten los animalitos especialmente gatos y perritos.Nos gustan tanto que algunos se vuelven acumuladores y llegan a tener hasta más de una decena..
Otros, en cambio, los tratan como personas y les dan los cuidados que deberían dar a un hijo si lo estuvieran.
Con todo el afecto del mundo se refieren a ellos como "perrijos” o “gatijos".
Por otro lado, nosotros los católicos, también tenemos la responsabilidad de cuidar de la naturaleza, lo que incluye a estos animalitos que nos pone Dios por delante tanto como el aire que respiramos, ya que se les ve por todas partes y te llegan de no se sabe dónde, necesitando los cuidados que algún “padre o madre” no quisieron o supieron darle. Algunos llegan en bastante mala situación.
Ante estos casos, también es nuestra responsabilidad actuar pero no en el sentido de volvernos también acumuladores, sino de buscar la ayuda necesaria. Como el otro día que mi Gato me trajo un bebe de ardilla y lo dejó en el comedor. Debe habérselo encontrado al pie del árbol ya que no creo que Gato se haya atrevido a enfrentarse a la mamá. En fin, ese precioso animalito se lo di a un rescatista veterinario que lo está cuidando como suyo y lo dejará libre en cuanto esté listo.
De todos los encuentros posibles con animalitos silvestres o domésticos, lo interesante es que Dios nos pone ciertos desafíos para ver si nos dejamos moldear el Entendimiento hacia lo que es verdaderamente propio de Dios, como es cuidar a sus criaturas sin que dejen de ser autónomas y sin tratarlas como lo que no son.
Yo tengo perritos desde que soy niña y el primero fue un Chihuahua porque alguien le dijo a mi mamá que ese tipo de perritos me iban a servir para curar el asma. Mamá no era supersticiosa pero igual, lo compró.
El perrito nunca me ayudó a sentirme menos enferma durante mi niñez, en cambio me dio el gran aprendizaje de verlo morir debajo de las ruedas de un carro. Ese fue el primer duelo por un animalito. No fue prolongado ni demasiado doloroso. Fue más bien traumático y me ayudó a comprender la importancia de mirar a ambos lados de la calle antes de cruzar.
Eso fue cuando estaba en edad escolar y desde entonces he tenido un perrito tras otro, hasta he llegado a tener ocho perritos pero, al verme con tantos empecé a regalarlos porque ya era demasiado. He tenido siempre un buen sentido de mesura. Gracias a Dios.
Como he dicho antes, ya tengo 66 años y durante todo este tiempo he debido tener más de 30 perritos.
Los últimos fueron de los más preciados porque vivieron muchos años y se fueron poniendo viejos y hubo que acompañarlos hasta el último aliento, cosa que es muy dolorosa desprenderse de un animalito así.
Desde muy joven, tuve la determinación de que no iba nunca a invertir en la salud de un animalito más de lo que costaría la comida mensual de una familia pobre. Con ese criterio fue que a algunos perritos que se enfermaron muchísimo y sería sumamente caro recuperar la salud, le pedí al doctor que los “pusiera a dormir", como decimos para no sentirnos mal.
Pero uno se siente mal, al punto que a veces parece que cuesta perdonarse, lo que pasa es que es razonable lo que se hizo y no debería haber culpa de ninguna forma.
Les doy un ejemplo y se trata de cuando mi perrita Gotera sufrió un daño en la columna vertebral y debía ser operada y pasar por una prolongada recuperación y cómo pensaba 50 kilos yo no iba a poder atenderla porque debía estarla levantando continuamente y dándole medicamentos y limpiando sus heces y orina porque no se iba a poder levantar así como demás cuidados, complicaciones y medicamentos. Yo lo sabía porque muchos años atrás cuidé durante un mes a Canuto, una perrita que había sido atropellada y, cuidándola, pensé que sería quien iba a morir de agotamiento físico y mental. .
Con esto quiero decir que poner a dormir a Gotera fue un acto razonable. No espero que a todo el mundo le parezca bien y hasta podría salir alguno con frases de la Escritura o del Magisterio para culparme, pero Dios y yo estamos de acuerdo en esto y para mí es suficiente porque, además, también conozco la Escritura y el Magisterio.
Escribo sobre este tema y doy estos ejemplos porque al hacernos viejos podríamos apegarnos a criaturas que nos arrastran a situaciones que atentan contra nuestro bienestar físico, espiritual, mental.y financiero. A una cierta edad ya no es razonable exponerse a situaciones así.
Recordemos que todo lo razonble nos lo inspira Dios,de modo que, hay que prestar atención.
Hace poco un anciano de mi pueblo fue atacado y muerto por sus propios perros y es que probablemente no los cuidaba bien y los perritos estaban hastiados de su existencia. Eso puede suceder cuando existe un apego desordenado.
El anciano tuvo que sufrir las consecuencias de sus decisiones y de la indiferencia de sus semejantes.
Hacerse viejo como buen hijo de Dios también involucra este tipo de decisiones tanto para los animalitos como para la propia vida porque a veces también nos aferramos a personas, animales y hábitos o costumbres dañinos que para nada ayudan a llegar al cielo.
Eso es todo por hoy, amigos.
El Señor los conserve en su gracia.
Deo omnis gloria!
1 comentario
Y aquí la vida cotidiana ofrece una cierta ironía tranquila. 24.000 personas por causas relacionadas con el hambre cada día, mil cada hora, una cada 4 segundos, (cuando hayas terminado de leer este comentario habrá muerto mas de 5 personas de hambre). No es una cifra abstracta ni una metáfora moral: es una contabilidad diaria del fracaso humano.
Entre ese dato y el gesto habitual del “euro de rigor” en el cestillo de misa, se abre una zona interesante donde la conciencia suele sentirse razonablemente en paz. Y sin embargo, en paralelo, hay otra contabilidad menos solemne pero igual de real: la de lo que cuesta mantener un perro en España en condiciones normales en una casa media. Hablamos de un gasto anual que fácilmente se mueve entre los 600 y los 1.500 euros, incluso sin entrar en excesos.
Solo en comida, un pienso de calidad media ya se lleva entre 350 y 700 euros al año. A eso se suman vacunas y revisiones básicas, que rara vez bajan de 40 a 80 euros anuales cada una de las partidas relevantes. La desparasitación, tanto interna como externa, añade otros 100 a 260 euros según el método y la constancia. Si el perro requiere peluquería, algo habitual en muchas razas, se puede sumar entre cero y 300 euros al año, dependiendo de si uno se organiza o delega. Luego están los baños en casa, que parecen casi gratuitos hasta que uno incorpora agua caliente, energía y productos, y acaban siendo unos 10 a 30 euros anuales. Y finalmente están los pequeños “extras inexistentes” que en realidad siempre existen: alguna chuche, algún capricho de supermercado, algún detalle que nunca se contabiliza pero siempre aparece, que puede suponer fácilmente entre 50 y 150 euros al año.
Es simplemente el estándar normal de un animal bien cuidado en una sociedad próspera.
Si te gastas esa cantidad en un perro y para caritas parroquial, ayuda a la iglesia necesitada, u obras misiones pontificias no das mas que para tu perro, mucho me temo que estás pecando contra el 5 mandamiento sin necesidad de haber disparado a nadie.
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s.a.b.a.t.h
Precisamente, la moral católica nos obliga a hacer ese tipo de reflexiones.
Se agradece.
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