Hacerse viejo como buen hijo de Dios (II)

Siguiendo la norma 
Maricruz, edad 66

Desde hace 3 años vengo ajustándome a la norma de estar enfermita de cualquier tontería que me presenta a Dios. 

Voy a escribir sobre el tema pero entiéndase que no es una que queja sino un aporte, tanto para quienes están enfermos como para los que no ya que podrían enfermarse en cualquier momento y podría ser que no tengan recursos espirituales y mentales para hacer frente a la situación. 

A mí es que me vienen capacitando desde niña ya que casi muero al nacer y después empecé a tener problemas respiratorios hasta el día de hoy. 

Pasé muchas horas de mi infancia solita en la cama leyendo, jugando con mis muñecas, reponiéndome de algún medicamento muy fuerte o escribiendo poemas a Dios o jugando con mi hermano pequeño. 

Muchas décadas de mi vida pasé bastante saludable pero tengo como una decada de ir decayendo y supongo que por la edad y debido al material con que me hicieron que tal vez no es de la mejor calidad, aunque totalmente digno y valioso.

De esta última década debo decir que también se me ha capacitado muy eficientemente de parte de María santísima ya que, primero, el Espíritu Santo me inspiró consagrarme a ella y, luego, rezar el rosario diariamente. 

María es el mejor recurso para conservarse en gracia y recibir de Dios los dones que tiene reservados para ti en cualquier momento, con la condición que pongas de tu parte, frecuentes la misa y los sacramentos. 

Estés o no estés enfermito, no puedes ni debes pasar por la vida sin frecuentar a la señora María (y a San José, ya lo veremos más adelante) porque tiene todo lo que una madre guarda en su corazón  todo para ti. 

Durante estos últimos años, de hecho, varias veces he tenido ganas de escribir sobre este tema pero lo desecho ya que suponía que nadie o muy pocos querrían estar leyendo sobre las dolencias de los demás. 

Yo he aprendido a hacerlo porque en las salas de espera de los hospitales casi lo único que se conversa es de lo que cada uno de nosotros padecemos y así es como aprende uno a compadecerse y a tenerse mayor paciencia. Uno aprende a escuchar y también a reconocer que no es el ombligo del mundo.

Repito, lo que yo tengo no es de gravedad aunque en una ocasión tuve un cáncer pequeño pero ya no. Lo que tengo me hace pasar dolor, quietud, soledad y varias otras cosas que a casi nadie nos gustan. Eso, nada más. 

Estoy consciente que existen personas infinitamente más enfermas que yo y basta que se me olvide para que Dios me presente alguna persona que ha superado cosas gravísimas; como aquel día que me sentía muy abrumada por esperar tanto en una fila y se me apareció una señora que ha tenido como tres infartos y dos cáncer y la extirpación de alguna cosa. Algo brutal y estaba ahí sin mayor problema mientras yo me retorcía del colerón por la larga espera. 

En verdad, es una parte muy graciosa y bella esa en la que Dios interviene para que no se te olvide el lugar que ocupas en el universo y ante su mirada. Que es una preciosidad cómo nos mira y nos comprende y nos apoya y nos consuela y nos alegra y nos da fuerza y nos da compasión y esperanza y otras tantas cosas que nos da todos los días desde que abrimos los ojos. 

Esa mirada de Dios que te mira contento de que sabes sufrir y lo haces lo mejor que puedes y que has podido entregarle todo lo que tienes y eres por el bien de las almas tanto como lo hizo su Hijo, aunque salvando las distancias, digo, esa mirada de Dios es una preciosidad. Por saber que así te mira darías la vida. 

Sí, Dios llega a mirarte muy contento y te das cuenta porque sientes una alegría preciosa y una gratitud infinita por estas enfermedades que Te llevaron más cerca suyo y te hicieron más semejante a Jesús, a quien ya perteneces y te lleva dentro de sus llagas.

Porque, resulta que un día que te sentías muy abrumado y dolorido por la enfermedad decidiste pedirle que te escondiera en sus llagas (como en el poema) y, así lo hizo desde aquel día, y así es como te lleva dentro suyo de manera que su sangre corre por tus venas y hace que cada vez más te le parezcas casi sin apenas notarlo y, obviamente, sin sentir orgullo, ya que sabes que todo, todo es obra de suya.

Otra cosa que estoy notando mientras escribo es que, cosa rara, es que Dios me dé hablar de estas cosas; pero la verdad, no tanto, porque ya me ha dado hablar sobre otras también un poco extrañas y no ha salido mal porque, como siempre, ha sido inspiración suya. Es cosa de Dios, absolutamente.

En fin, he tratado de contarles brevemente cómo han sido los últimos años y espero que también sirva un poco como justificación por haber dejado de ser tan prolífica en este blog. 

Doy muchas gracias a Dios que Juanjo Romero me reclutó y que junto a los suyos me quiere tanto porque eso me da ánimo, no solo durante la enfermedad, sino en vistas a mi futuro en este blog.

Ellos, allá en casa de Juanjo, dicen que me quieren mucho y yo digo que los quiero más. 

Es bueno saber que al otro lado del océano alguien te aguarda con el corazón inmenso lleno de cariño. 

Pues sí, la norma en ese periodo es estar enferma y doy gracias a Dios que puedo hablar de ello con naturalidad y espero que sea de bien para las personas que me lean. 

A Dios sea toda la gloria!

2 comentarios

  
Génesis
gracias
14/06/26 7:44 PM
  
Charo
Me ha gustado lo que has dicho, Maricruz. Yo he tenido toda mi vida dolores de espalda, y tengo la columna llena de clavos de titanio. Tengo épocas mejores y otras peores, y he aprendido a ofrecerlo a Dios. Hay otros que están mucho peor, no tengo motivos para quejarme.
15/06/26 12:44 PM

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