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19.07.25

Preferir una forma del rito sobre la otra nos hace sectarios.

De muchos años para acá es muy difícil escribir sobre Liturgia debido a las reacciones de muchos lectores aficionados quienes han elegido una forma del rito sobre la otra como si una fuera la única verdadera y más santa.

No me refiero únicamente a los que se autodenominan “tradicionalistas” sino también a quienes conocemos como “progresistas” o “modernistas”.

Hasta aquí, y debido a que se hace necesario nombrarlos para analizar la cuestion, el tema asusta y también lo que expresan unos y otros cuando se nombra este asunto pero, me atrevo hacerlo ya que espero siempre lo mejor de las personas, aun cuando actuan por temor a perder algo que consideran les pertenece. 

El temor es el combustible de toda violencia. .  

Uno que ame a Cristo en la Liturgia será incapaz de elegir una forma del rito sobre la otra, la gracia evitará cosa semejante; le será imposible, una elección de ese tipo. 

A qué tipo de elección me refiero?

Me refiero al tipo de elección que te convierte en miembro de una secta.

Una elección de ese tipo se hace porque has comprometido tu libertad a tus gustos o preferencias, es decir, has elegido esclavizarte.Elegir una forma del rito sobre la otra tiene ese efecto, te convierte en persona esclava de tu soberbia y la vez, persona sectaria.

No hace falta mencionar el efecto nocivo que dicha elección tiene para el alma y el bloqueo del Entendimiento para las cosas de Dios.

Es decir, si fueras un jugador de fútbol y eligieras -por sobre el entrenamiento y el trabajo en equipo- la fama y la apariencia para meter goles, tarde te darías cuenta que no sirven para nada. 

Así es como actuas al preferir una forma del rito sobre la otra, esa es tu conducta y te lo digo claramente, así seas laico, presbítero u obispo, todos tienen por delante la opción de ser sectarios o no. De verse como unos tontos, o no.

Se debe decir alto y fuerte: preferir una forma del rito sobre la otra nos hace sectarios.

Se equivoca quien piensa que la celebración de la santa misa en una u otra forma del rito provoca el sectarismo. Es una infamia afirmar algo así de la Santa Misa. No, lo que nos hace sectarios es actuar con soberbia al elegir una forma del rito sobre la otra.

Este solo sanará con ayuda de Dios y la voluntad de cada; uno así como con el auxilio que ofrezca el Magisterio y la Tradición para corregir el entuerto.

Benedicto XVI tenía claro que lo mejor era la convivencia de ambas formas del rito romano. Lo mejor es su mutuo enriquecimiento, decía. Ofrecer la opción de celebrar la forma extraordinaria al menos una vez por mes en cada diócesis para enriquecimiento del celebrante y la asamblea. Que estén disponibles todas las opciones de conocer y celebrar a Cristo.

Actualmente, en nuestra Santa y amada iglesia, a duras penas conviven ambas formas del rito. En algunos lugares ha sido absolutamente prohibido el vetus ordo; es como, si prohibieran el novus ordo. Una locura!

Es fácil hallar el fruto de la convivencia en varias partes del mundo. Yo lo conocí en Guadalajara, Jalisco, México. Ahí está la preciosa parroquia de la Virgen del Pilar a cargo de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP) en cuya diócesis se celebran tanto el vetus como el novus ordo y cuyas asambleas se entremezclan.

En esa diócesis hay presencia de Lefebvristas, aunque desconozco la relación que tienen con los demás, el caso es que están ahí, conviviendo; hechos que son una declaración de mutua aceptación y unidad, cosa que tiene mayor apariencia de “cosa de Dios” que lo que venimos padeciendo. 

Como es fácil concluir, los frutos de esa convivencia son buenos, verdaderos y bellos. Papa Benedicto lo tenía claro y lo dejó dicho en su libro “El Espíritu de la Liturgia”.

Sigo amando la Liturgia gracias a los sacerdotes que me dieron formación y también a Benedicto XVI quien, entre otros, me afirmó en lo de “ser una, santa, católica y apostólica” de la Iglesia.

Pidamos la Gracia de un corazón agradecido libre de temor para que nos sea posible amar a Cristo en la Liturgia sin la mala inclinación a elegir una forma del rito sobre la otra.

Gracias por su amable lectura.

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NOTA: Cerraré comentarios.

 

 

2.07.25

En la Iglesia (no) escuchamos

“Saber escuchar, o escucha activa, es la habilidad de prestar atención a lo que dice otra persona, comprendiendo no solo las palabras, sino también las emociones y perspectivas subyacentes. Implica un interés genuino por lo que se comunica, y va más allá de oír; es un proceso activo de interpretación y respuesta”.  (Resultado búsqueda en Google)

 

Si bien lo anterior es el resultado de una búsqueda en Google, podemos confiar que –al menos- aparentemente y en lo fundamental, es una respuesta confiable.

Google, además, describe los beneficios de la escucha activa y cómo desarrollarla.

Esta descripción general de la escucha activa carece del aspecto de antropología cristiana como sería, para empezar, que a todos nos ha creado Dios con dignidad humana. A partir de lo fundamental, es que cualquier bautizado tendría que proponerse escuchar, pero no sucede y es por la soberbia.

Y digo que es por soberbia porque la humildad hace lo contrario, para empezar, la humildad, escucha. No sería humildad si no lo hiciera.

Ahora bien, me fui a investigar este asunto de “la escucha” porque, tras la muerte de papa Francisco, sigo “escuchando” sobre el asunto de la sinodalidad o lo que es lo mismo: el “saber escuchar” que, sin duda, necesitamos aprender en la Iglesia.

Durante esos años de preparación para el sínodo sobre sinodalidad estuve esforzándome en escuchar, lo que más esfuerzo requirió fue en “el interés” que el tema despertaba ya que era nulo. Puse mucha atención durante las sesiones on line previas entre laicos y consagrados latinoamericanos, mucha, pero debo decir que no entendí nada, parecían estar hablando en idioma extraño. Lo que más llamaba mi atención es que los participantes parecían entender lo que se decía y alababan las presentaciones que para mí fueron excesivamente largas, ininteligibles y aburridas. Podría ser que no entendía porque no me interesaba, eso también, pero lo dudo ya que, en verdad quería conocer la iniciativa del papa Francisco. No lo logré.

Mi deseo de comprensión fue sincero ya que me doy cuenta que éLo he padecido siempre. Si, se sufre por la falta de escucha al punto que uno termina adaptándose a la impositiva soberbia de algunos fieles y consagrados, presbíteros u obispos.

La jerarquía tendría que marcar alguna diferencia?  Si, pero no es la norma.

No estoy diciendo que no hay humildad en los obispos, la hay pero, lo que no encuentro son destrezas comunicativas que involucren un auténtico interés sobre lo que se está diciendo, que hagan preguntas (a mi, que he sido lo revuelca albóndigas que he sido, nunca, ningún obispo nada me preguntó), eviten juzgar y procuren validar lo expresado.

Es posible darse cuenta que “escuchan” con sincero corazón pero no hay forma de saber qué sucede en su interior con lo que se dice. Cada palabra parece caer como cuerpo inerte en un agujero negro.

Uno sabe, por personas como el padre Pío, que a las autoridades se les dificulta escuchar y, con ello el santo aprendió a vivir. No veo por qué no habríamos de hacerlo nosotros con ayuda de Dios? Aprender a sobrellevar la cruz que son algunos obispos a los que se ama muchísimo.

Puede uno, por gracia y con humildad amarlos, sobrellevar sus personas como una cruz, pero también, por gracia, puede uno ejercitar con ellos las obras de misericordia. Yo, por ejemplo, las ejercito por medio de este blog y, ocasionalmente, en persona.  

Sobre este tema tendré que hablar un poco más en futuros articulitos, con ayuda de Dios.

Dedicado a los obispos de mi país a los que tanto quiero y, particularmente, aquellos con los que he cruzado palabra. Ellos saben de quienes hablo.

El Señor los conserve en su gracia.