Enseñar al que no sabe: iglesias cristianas y mezquitas
Las obras de misericordia no están abolidas, derogadas ni pasadas de moda. Y una de ellas, la primera de las espirituales, es “enseñar a que no sabe”. ¿Enseñar el qué? Pues a conocer a Dios, a respetar, a comportarse como una persona de bien, ser educado, tolerante con los que piensan distinto. Una señora obra de misericordia.
Otro problema es la metodología, diferente como es natural dependiendo del destinatario. Con el niño de año y medio empeñado en meter sus deditos recién chupados en cada enchufe de la casa suele funcionar muy bien lo del cachete en la mano. Hay personas que aceptan muy bien el razonamiento, y otros, según el bueno de D. Camilo, necesitan un par de coscorrones para que se les pongan en orden las ideas. Decía el rey Alfonso X de Castilla que los que se hacen los tontos, con el castigo se vuelven cuerdos. Cosa de la metodología, como se ve.

Nadie es perfecto. Ni un obispo, un párroco, un padre de familia o un empleado de correos y telégrafos. Todos sujetos a crítica, y cuanto más público el personaje, más. Pero vamos a convenir que una cosa es la crítica, y otra la fijación y el ensañamiento. Y eso es lo que vengo observando desde hace tiempo en Religión Digital, que hoy ha decidido caer todo lo bajo que se puede. Porque
Las parroquias van desarrollando su labor pastoral gracias a tantos y tantos voluntarios. Una suerte contar con ellos, pero un peligro si no sabemos mantener las cosas en su justo lugar.