29.10.18

El documento finalista. Del Sínodo, claro.

Lo he leído con una cierta premura, pareja al escaso interés que me ha suscitabao el evento; y con su pizca -gorda- de fuerte desconfianza. Y, en honor a la verdad, he de afirmar que mis expectativas se han visto confirmadas y con creces: para mal.

Lo primero que me ha chocado es que el “tono juvenil” -"un Jesús joven con los jóvenes"- no lo he visto: ni siquiera lo he notado en ningún momento. Es un lenguaje de “maduros y sesudos hombres de iglesia” que no me parece que lo que dicen y, sobre todo, cómo lo dicen, no solo no sea entendido sino, y como se nos ha pretendido vender en el momento actual de la Iglesia respecto a los jóvenes, será rechazado por estos. Todo lo que se dice -y cómo se dice- está al otro extremo del arco generacional juvenil. O sea, unos “carcas” de tomo y lomo, y con lenguaje de carcas, claro: para ese viaje….

Y esto pone de manifiesto -la echa abajo- el  primer “motivo” del sínodo de “oir a los jóvenes y de hablarles y acompañarles con un lenguaje que entiendan". Por lo que respecta al documento, nada más lejos de la realidad. Pero claro, y como dice el clásico: “lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible". Tal cual.

Otra cosa que me ha venido a la cabeza según leía, era la vanalidad de todo lo que se recoje ahí. Es que no hay ni una sola idea de fuste, que vaya seriamente a los temas enunciados. Se pierden en un marasmo de verbalismo, lugares comunes, eslóganes pasados de moda -viejos, ya- y pseudoideas que montan un trampantojo que ni siquiera es original: recoge todo lo más manido de lo que se ha oído y leído en los últimos cinco años, más o menos.

Atufa a un verbalismo perfectamente prescindible -"las respuestas simples no nos satisfacen", sentimos que lo sagrado resulta lejano de nuestra vida cotidiana", “la Iglesia suele aparecer como demasiado severa y excesivamente moralista", “necesitamos una Iglesia acogedora y misericordiosa", “las enseñanzas controvertidas", “el rol de la mujer en la Iglesia", etc.- que nada aporta, que nada ilumina, que nada arrastra porque, en la situación actual, da la impresión de que en la Iglesia no hay ya nada que decir ni nada que aportar porque ni siquiera hay ya a dónde llevar. Y esto es lo más duro de digerir.

Oor ejemplo: se da por descontado y se asume como signo de valentía por parte de la Iglesia, afirmaciones del tipo: “los jóvenes católicos, cuyas convicciones están en conflicto con la enseñanza oficial, siguen deseando ser parte de la Iglesia". Un galimatías que afirma una cosa y su contraria y pretende acabar en una síntesis que no lo es ni esforzándose a tope.

Porque no se puede ser católico sin aceptar, con plena conciencia de ser hijo de Dios en “su” Iglesia, la “enseñanza oficial de la Iglesia", ya que no tiene otra: no la hay. Y con este planteamiento, ¿cómo se puede afirmar, como testimonio de Fe, que se quiere permanecer en Ella? Esto sólo se “explica” y solo se escribe si lo que se quiere poner sobre el tapete es que hay que cambiar la doctrina como primera premisa para “quedarse” en la Iglesia. O sea: un chantaje en toda regla. O un desatino sin más, solo comparable al papelón de la Calvo con sus declaraciones públicas tras su reunión con Parolin.

Y cuando se pretende entrarle a las causas, por ejemplo, de la desafección de tantos y tantos jóvenes respecto a la Iglesia, se queda no ya en la superficie, sino que ni siquiera se ha metido en el agua para intentar nadar un poco. Y se asume y enfoca de esta forma: “Los jóvenes que se encuentran desconectados (…), lo hacen luego de haber experimentado indiferencia, de sentirse juzgados y rechazados", algo que, simplemente es falso: la muchedumbre de jóvenes -y mayores- que han dejado de ir a Misa, por ejemplo, lo han hecho más “porque sí” que por otro motivo; sumado al ambiente familiar -padres no practicantes-, al ambiente escolar -clases de religión que matan la Fe- y, como es lógico, al ambiente eclesial: nada han recibido en las diferentes catequesis en las que han participado y nada les ha podido quedar.

Y todo el remedio que se señala es “confiar en los jóvenes": ni una sola palabra en que los jóvenes confíen en la Iglesia, en Jesucristo, en la Gracia, en Dios Padre. O sea: un “paternalismo” absoluto, fruto de un “clericalismo” ingenuo, en el que se ha abdicado de EDUCAR EN LA FE -con lo que comporta de compromiso y lucha ascéticas, que es lo que atrae-, para simplemente “acomodarse” a los signos “de los jóvenes", antes llamados “signos de los tiempos", que solo pueden traer lo que han traído estos: descristianización. Porque a Cristo ni se le escucha, ni se le muestra, ni se le trata,.

“Si no soy protagonista, no juego y no te ajunto". Es la máxima que se les pone en el cerebro y se les admite sin ninguna crítica. Pero así, ¿cómo van a madurar? Se les encierra en un infantilismo perjudicial, se les encadena -y se les condena por tanto- a ser menores de edad.., que ya se va a encargar la Iglesia de que se crean mayores y de que lo saben todo de todo, y que la vida cristiana es eso: NADA.

¿Alguien cree que este documento final del presínodo confirma en la Fe de la Iglesia a algún joven? “Los jóvenes desean asumir este desafío"  [Se refiere al desafío vocacional, que se define como “vocación a la vida": ¡toma ya!] ¿Alguien cree, honradamente, que este documento, por ejemplo, va a llevar a algún joven al seminario? Y no será por no haber plazas en la inmensíima mayoría de ellos, bastantes cerrados por dentro por falta de inquilinos.

¿Cuántas veces aparece en el documento la palabra JESUCRISTO? Cuéntenlas, que se van a morir del susto.

Y no sigo. Vamos a esperar al documento firmado por el Papa y hecho, de ese modo, “magisterio".

A seguir rezando, que cada vez es más urgente por necesario.

22.10.18

¿Queda algo de la unidad de la Iglesia o no?

La Iglesia Católica es Una y Única, porque así salió de las manos de su Fundador, de su Cabeza, que es Jesucristo; y Ella, su Cuerpo. Esta es la razón principal y primera, aunque hay más; por ejemplo, que siendo Dios Uno y Único no puede “desposarse” con dos o más iglesias. O, por añadir una razón más, y de la mano del papa Benedicto XVI: por lo mismo que “los dioses no son Dios", las iglesias no son la Iglesia, ni lo pueden ser. O sea: un solo Dios verdadero, una sola Iglesia verdadera, una sola Religion verdadera. No hay margen para nada más. Como cada cuerpo tiene su cabeza, y cada cabeza su cuerpo propio. Aparte que ningún cuerpo puede vivir en cabeza ajena.

Esta cualidad, Una y Única, pertenece al mismo ser de la Iglesia que nos ha dado -y a la que nos ha traido- Jesús. El Señor la ha hecho así desde el primer segundo. Y así ha vivido desde entonces, a pesar de los pesares: desde los intentos, internos y externos, para romperla en cachitos, para triturarla: cismas, herejías, persecuciones reiteradas, abandonos con “nuevos inventos pseudo eclesiales": llámense como quieran y gusten, y haya sido su trayectoria la que haya sido; y esto ya desde el primer conato de ruptura o, al menos, de sembrar cizaña; en concreto, con los judaizantes, recién nacida la Iglesia;:todo resuelto -y bien resuelto- en el primer concilio de Jerusalén, con el mismo Pedro a la Cabeza.

En aquella época, y luego en otras muchas -de muy diversas situaciones y temáticas-, la solución siempre venía, lógicamente pues para eso está en primer lugar, por parte de la Jerarquía: con el Papa a la cabeza de sus obispos, o estos mismos en los concilios regionales, asentando una y otra vez la doctrina perenne que Cristo mismo les había entregado -tenían una única conciencia de estar defendiendo a Cristo y a sus propias ovejas, al defender a su Iglesia-, porque esa doctrina, como la misma Iglesia, como la propia Persona de Cristo NO ERA “propiedad” SUYA: ellos eran ADMINISTRADORES, que un día habrían de oír aquello del Evangelio: ¡Dame cuenta de tu administración!

El sistema era más o menos el mismo. El Papa para toda la Iglesia -aunque tantas veces solo acudían los obispos que podían-, o un obispo con prestigio -en Toledo, en Reims o en Cartago, por ejemplo-, para una parte regional más o menos amplia de la Iglesia en Europa o en el norte de África, convocaban a los demás obispos para el estudio, a veces, de un solo tema: el de los lapsi, en África; el re-bautismo de los que venían de un sector cismático o herético y volvían a la Iglesia en Roma, y en contra, por cierto, de la propuesta del mismo Papa; los obispos que se habían vendido en Francia al poder real frente a Roma y frente a la defensa del matrimonio legítimo del propio monarca; etc.

Reunidos, se discutían los temas, siempre en base a las Escrituras Santas como primera referencia; luego a la Tradición, para finalmente acudir al Magisterio que, en los primeros siglos daba de sí lo que daba. Pero daba.

Iluminadas las nuevas ideas o las nuevas situaciones de facto con lo inmutable de la Iglesia   -lo recibido por Ella- se pronunciaban al respecto y se dictaba sentencia. Y no se cortaban un pelo en declarar hereje al más pintado, o en excomulgar al más gallito, o en discutirle al propio Papa sus disposiciones cuando no concordaban con las verdaderas Fuentes, que nacían de Dios mismo.

Uno de los casos más sonados por las repercusiones que tuvo, no solo en su momento, que también, sino porque sentó doctrina y jurisprudencia hasta hoy mismo, como quien dice, fue el que enfrentó al Papa Nicolás I con el rey de Francia, Lotario II. En pleno siglo IX.

Fue un enfrentamiento de años: casi diez -los que gobernó el Papa-, con ocasión del empeño de Lotario de que el papa Nicolás I, refrendara la sentencia de dos obispos desleales, traidores y entregados al poder imperante, que habían acusado y sentenciaron como incestuosa a la mujer legítima del rey -con total injusticia, pues los testimonios eran falsos- y casarlo con su barragana de juventud y de siempre. Y lo hicieron. Y la reina, “a un convento, como era su obligación".

Pero el Papa Nicolás era mucho Papa. Les ahorro las vicisitudes de años en las que se empeñaron, pero sí cómo acabó todo: los dos arzobispos, el de Colonia y el de Reims -dos pesos pesados- son excomulgados y reducidos al estado laical; el rey es obligado a recibir a su mujer y apartar a su “circunstancia", que también es excomulgada; al rey le manda, además, que si no recibe a su mujer, quedará obligado a perfecta castidad “como un monje” y, caso de incumplimiento del precepto de castidad, quedará excomulgado automaticamente.

Pero, no contento con estas resoluciones, concretará los casos de nulidad matrimonial en solo dos; que la Iglesia tiene la ultima palabra en estos temas, y en todo lo que dice relación a la Salvación de sus fieles, frente al poder temporal; que la Iglesia no se casa con nadie: es “Esposa-Virgen", como lo es la misma Madre de Dios y Madre nuestra; que la Iglesia debe defender siempre al débil frente al poderoso, sin hacer acepción de personas, como le pide el mismo Señor; que los miembros de la Jerarquía han de ser los primeros en obrar en favor de la Verdad, la Justicia y la Paz de sus “hijos", por hijos de Dios; etc.

Así se ha mantenido la unidad de la Iglesia Católica a lo largo de más de veinte siglos de vida. Y el puntal en todo este horizonte ha estado en los miembros de la Jerarquía: porque lo han sido.

¿Que con Nicolás I a la cabeza han pecado de “rígidos", de “legalistas", de “usar un lenguaje que nadie entendía", de “encerrados en sí mismos", de “obsoletos” y “con cara de vinagre"? Sinceramente, y vistos los resultados, nadíe en su sano juicio lo diría. Desde Roma se llamaba al pan, pan, y al vino vino. Y todos sabían a qué carta quedarse. O de qué había que descartarse.

El lenguaje del Papa lo entendió hasta Lotario II, el mayor implicado, y el primer destinatario de la sentencia. Y los fieles comunes, ni te cuento. Y los demás miembros de la Jerarquía, para qué hablar. Y no armó ningún “lio", sino todo lo contrario: deshizo los nudos que había, que no eran pocos, ni fáciles: porque resistirse a todo un emperador, Luis II, cuando aparece ante Roma con sus tropas, flanqueando a los dos obispos indignos y empieza el jaleo, no debió ser nada fácil, me da. Y, además, el Papa, que se entrevistó con el mismo Luis II, arregló todo el desaguisado que le habían montado, a él, y a la Iglesia. Porque él no estaba por la labor, desde luego.

¿Igualito que ahora? Igualito tal cual.

Ahora “cada loco con su tema". Y para mayor gloria de los locos, hoy pueden decir una cosa, mañana su contraria, y pasado cambiar de tema, para volver la semana siguiente a la misma murga. Y no pasa nada, porque ya se sabe: están como cabras.

Ahora, un miembro de la Jerarquía dice una cosa, y otro la contraria. ¡Viva la “comunión"!, como ahora a la progrez eclesial les gusta llamar a la Unidad de toda la vida. Pero lo más gordo es que nadie interviene, ni se interpone, ni aclara… porque “no juzga": ¿quien es él para cometer tamaña fechoría?. Y el “lío” pasa de chascarrillo a divisa vigente y en regla. Y crece como una bola de nieve cuesta abajo. Y arrasa.

Ahora, basta que el Papa firme unas resoluciones de un sínodo parcial y particular que ha trabajado un instrumentum laboris que se les ha dado “fabricado” -en el anterior sobre la familia se les suministraron también las conclusiones fabricadas de antemano, para facilitarles la recopilación-, para que eso, lo que salga de ahí, sea “magisterio"… Será “magisterito” en todo caso y exagerando: “como aquel que tenía un cerebro de tamaño mosquito porque lo tenía hinchado". Pues eso.

Hoy y ahora, en la Iglesia Católica, impera el KAOS. Lo escribo así para que lo entiendan hasta los más “periféricos". Y si pretendes sacar un tema a relucir, para recordar la doctrina de siempre y fortalecer la Fe de todos, apoyándote en el Catecismo, o en los Evangelios, vas “apañadito", ¡y por tus mismos “hermanos"!

La UNIDAD en la Iglesia -un Bien preciso y absolutamente necesario para la supervivencia- solo se construye en la Verdad, en el Bien, en el buen Camino, en la Vida que lleva a la Santidad, en la tierra y en el cielo. Es decir: en CRISTO. Nunca “chalaneando” -por táctica o sin ella- con las cosas del Señor y de su Iglesia.

Todo lo demás es bla, bla, bla, cuando no herejías formales y/o materiales, locuras de “teólogos arrodillados” ante el mundo y no ante Dios y su Iglesia, sueños -pesadillas, mejor, aunque no lo reconozcan- de “revolucionarios trasnochados” y/o “infantilizados” que no han madurado y siguen siendo críos que anteponen la fantasía a la realidad y, por supuesto, a la Fe. Y están también los de la máquina con la pinza gigante para que no quede más que arena y polvo. Mäs los de “no sabe, no contesta"; en cierto modo, hacen “bien". Lo malo es que no hacen NADA.

La UNIDAD está en UNA sola Fe, UN solo Bautismo, UN solo Dios y Padre. Como solo hay UN Cristo y UNA Iglesia: la Católica. Con esto, y solo con esto, se ilumina cualquier situación humana, vieja o nueva, cualquier pretendido ataque de la (sub)"kultura” occidental que, intelectual y moralmente hablando, no resiste la más mínima confrontación con la verdad más sencillita, por más evidente.

Y no solo con la Verdad de la Iglesia: el pollo que le montaron a una del PP por decir que un niño de una escuela castellana iba dos o tres años por delante de un niño andaluz, fue de traca. ¿Alguien dijo que “no es verdad"? Nadie. Lo que le achacaron fue que “una cosa así no se puede decir"; y los tontos -con máster donde Sánchez- añadieron que eso era meterse e insultar a los niños andaluces. Quod est demostrandum! Habían estudiado en Andalucía, fijo.

En la Iglesia está pasando exactamente lo mismo, solo que más en gordo y con mayores y más nefastas repercusiones: porque se pierden las almas, en una trágica desbandada histórica, organizada y facilitada desde hace 50 años en la propia Iglesia. Pero exactamente lo mismo: lo peor de la subkultura hecha por la progrez en todos sus horizontes ha tomado carta de naturalidad en la Iglesia Católica. Y no ha venido sola, ni ha empezado ayer, como acabo de señalar.

En conclusión: hay que rezar el Rosario por la Iglesia y frente al demonio: lo ha pedido el Papa.

Amén.

19.10.18

"Distante, difícil de entender, legalista y obsolescente". (Mons. Zuppi)

No deja títere con cabeza el tal mons. Zuppi, arzobispo de Bolonia si no me equivoco, que está por ahí en lo del sínodo de los jóvenes: que se habrán quedado de piedra con lo de “obsolescente", o mirando la traducción inmediatamente en Google. O jugando a los marcianos y/o al comecocos ya que están con el movil. Porque lo dicho por este buen (mon)señor les habrá interesado sobre manera. ¡Petrificados, oyes!

Como es natural en la progrez, todo lo pone “en el futuro", porque el presente de la Iglesia Católica a este buen hombre no le mola nada. Y no me extraña: estoy totalmente de acuerdo en esto, proque a mí me pasa lo mismo. La cosa está que arde, porque las llamas que salen del infierno, con satánas a la cabeza, están más vivas, por atzadas desde la misma Iglesia -todo un éxito para Lucifer- que nunca. El presente es de pena; y desde hace unos pocos años, ¡Para echarse a llorar!

Pero siempre, estos que denuncian desde tan arriba, oteando el horizonte com vigías motivados y ayatolás, siempre dicen las cosas como si no fuesen con ellos, como si ellos no hubiesen tenido nada que ver y, casi, casi,  como si nos les afectase en absoluto. Luego han de acudir al “hemos defraudado y escandalizado". Blanco y en botella: pero lo dicen también por decir, porque es lo que hay que decir ahora para quedar bien: porque siguen sin poner un solo remedio válido y eficaz.

Y la prueba es que ha tenido que salir a la palesta el mismísimo Fracisco para pedirnos rezar el Rosario, el “Sub tuum praesidium” y el “Sancte Michael Arcangele” para quw recemos por la Iglesia ¡frente a los ataques del mismísimo demonio! ¡Cómo verá el Santo Padre las cosas para decir y pedir públicamente una cosa así!

¡A lo que íbamos, Catalina!

Pues al Zuppi -que debe ser algo así como una “sopa” de letras con dos “pp"- no le gusta nada de nada la Iglesia de hoy que, como es natural, él también habrá colaborado en montar. O en derribar, tal como están las cosas: que es arzobispo de Bolonia, no de un pueblecito perdido entre montañas, y con siete curas a su cargo, por poner un poner, sino que debe llevar en el mundillo eclesial un buen montón de años desde su Ordenación sacerdotal.

Bueno, por lo que dice, no le gusta ni la de hoy ni la de ayer, ni la de nunca. Porque, según sus sesudas palabras -fruto de horas y horas de meditación ante el Sagrario y por los jardines de palacio, de estudio, de buscar opiniones de preclaros, entendidos y letrados miembros de su gran presbiterio, de cotejarlas, de mirar con detenimiento los escritos del Papa, de hablar con muchas gentes de Bolonia y de las periferias, a las que no puede olvidar y estar sin aparecer- el buen arzobispo -Dios le ampare con su misericordia-, ha visto claro clarísimo -¡que se lo ha currado!- que la Iglesia lleva mucho tiempo asÍ: “distante, difícil de entender, legalista y obsolescente". ¡Esta última palabra me eleva a nivel de las nubes del mismísimo firmamento. Vamos: como desde siempre más o menos, por poner un poner.

1. “Distante". La paginilla que recoge su gran largada, no aclara nada al respecto: ni de esta acusación ni de las otras; por lo que vamos a intentar entender y dilucidar un poco los “por qués” de las mismas, si los hay, que quizás, no.

¿"Distante? ¿Por que? No lo pillo. Y me deja más que perplejo. ¿Distante? Pues da la “impre” de que algunos de sus miembros han estado desde hace ya bastantes años, más “cerca” que nunca del personal, a todos los niveles de edades y situaciones. ¿Distante? Nunca han sido más “mansas” las homilías -o sus aproximaciones- que desde hace un buen montón de años. Y nunca han sido más “laigt” las catequesis, las preparaciones para la recepción “válida y fructífera” -¡que sarcasmo, si no fuera sacrílego!- de los Sacramentos, también desde los mismos años.

¡Mira que si la causa de este “distanciamiento” ha venido motivado por el mal-hacer de los eclesiásticos! Acaba de decir un cardenal que “aguar” o “diluir” la doctrina no va a atraer a ningún joven a la Iglesia. Y sabe de lo que habla: no pertence a la progrez eclesial, porsu.

2. “Difícil de entender” ¡Pero que muy, muy difícil! A mí mismo, sin tener que alejarme ni un paso más, se me hace incomprensible total. Han conseguido -la tal progrez eclesial, teñida además de arcoiris en muchos casos, que ya no se entienda nada; porque se puede decir una cosa y su contraria sobre el mismo tema y bajo el mismo aspecto: lo que hace saltar todas las conexiones neuronales, si uno pretende tomárselo en serio. 

De tal forma que se puede pedir que hay que rezar por la Iglesia para defenderla de los ataques del demonio y, a la vez y sobre la marcha, decir que no hay demonio, o no hay infierno. Se puede afirmar que una conciencia sabe conscientemente que está en una situación objetivamente grave de pecado mortal para decir a continuación que puede saltarse esa situación grave de pecado y acercarse a comulgar, o decir que “nosotros no tenemos por política negar la comunión a los homosexs"- ¡Toma nísperos, Carmela!

¡Así es imposible entender nada! Y, con este desmadre, no se puede atraer a nadie que piense, o pretenda intentarlo al menos. O solo a los tontos. Pero, a este respecto, siempre me acuerdo de lo que decía un santo español de reconocida santidad: “en el Cielo no hay plazas de tontos” (san Josemaría Escrivá de Balaguer). ¿Por qué? Porque, si las hubiese, el tonto sería Dios; y que me perdone tal dislate, que ni lo pienso ni lo digo: solo concluyo una afirmación absolutamente cierta.

3. “Legalista". O sea: “legatonta", para entendernos. Porque, vamos a ver: ¿la Iglesia es “legalista” porque hay -tiene- leyes? ¿Puede haber una iglesia sin leyes? ¿Se puede aceptar que hay leyes, con sus sanciones correspondientes incluidas, hasta para conducir un coche o para que te saque las perras los de Hacieda -que somos todos, aunque unos más que otros, claro- y cuando la Iglesia Católica pretende recordar las que Dios mismo le ha puesto entre las manos para nuestra felicidad terrena y eterna tacharla de “legalista"? O sea: para este tipo de personal de la progrez eclesial ¡que Dios mismo nos haya dado unos Mandamientos es de un “legalismo” que echa para atrás!

Aquí me temo que hay mucho “legatonto", con estudios y máster incluído: que se han esforzado, vamos. Incluso han llegado a arzobispos.

4. “Obsolescente". Para la RAE significa “que está volviéndose obsoleto, que está cayendo en desuso“. Aquí, le vuelvo a dar la razón a estos monseñores, aunque en un sentido distinto al suyo, porsu.¡Que países enteros hayan dejado de ser católicos ante la mirada -complaciente, inoperante, perpleja, indiferente o de acuerdo con los medios y sus resultados- de una grandísima parte de sus jerarcas ha llevado a que la vida católica, en esos mismos países y en esos mismos nichos ecológicos, se hayan desertizado! Como pasa en la misma naturaleza cuando un campo, que antes era un vergel, se deja echar a perder. Lo dice la Escritura Santa, pero se les ha debido olvidar, o ni la han leído; quizás.

Sí, señores. A todo este personal, metido de hoz y coz en la progrez eclesial, la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica ya no les dice nada. NO les mola. NO les va: les estraga el estómago y la ven “distante, difiícl de entender, legalista y obsolescente", por decirlo suvamente, claro, y según sus propias palabras.

Habrán perdido la Fe, si la tivieron alguna vez. O se habrán “desnaturalizado". Pero es muy fuerte lo que dice Jesús a este propósito: Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la salará? No sirve para nada, sino para tirarla por los caminos y que la pise la gente. ¡Pobrecillos! ¡Qué bajo han caído, y desde tan alto! Estos prefieren una que ya no sea ni iglesia. Por eso “denuncian” lo que la Iglesia Católica no es, para justificar, ad futurum, lo que quieren que sea: nada. ¡De pena!

Amén.

Y rezad por mi.

8.10.18

Lo "imposible" es posible. Y se hace real.

Estamos en tiempos difíciles por enrevesados y, además, oscuros y oscurecidos. El “caos” intelectual, moral y religioso montado en el mundo, fruto del montado en la Iglesia, es tan incontestable como evidente: es real.

El cardenal Caffarra, de felicisima memoria, predicaba en la Misa del III Domingo de Cuaresma, el 27 de febrero de 2006: “La verdadera historia del hombre comienza cuando empieza a “ver” con seriedad [con respeto, con admiración y devoción] la realidad: la realidad que le rodea (…). Sin prejuicios, sin ideas preconcebidas".

Y, como es natural tratándose de este cardenal, “tiene más razón que un santo".

Hoy, en la Iglesia -el mundo y lo que le corresponde viene después-, entre otros tipos de personas, están las necesitadas de seguridad a como dé lugar.

Por ejemplo: las que se agarran a aquello tan socorrido de “el Papa es el Papa", que para ellos, no solo les es más que suficiente, sino que anula cualquier otra consideración, así se caiga el mundo. Lo mismo con “al Papa lo elige Dios". Y punto.

Como es lógico, no critico esta “necesidad” de seguridad, máxime cuando se desmoronan tantas y tantas cosas. Esa necesidad la entiendo perfectamente. De entrada, porque yo también la quiero, y la busco. E intento darla a los demás, porque es mi oficio.

El problema son las “falsas” seguridades, fundamentalmente por infundadas.

A esto se añade que, cosas que hace unos años eran impensables, pues parecían imposibles, hoy no son solo posibles: es que son absolutamente  reales, y están ahí.

Por ejemplo. Hace setenta años, era impensable que a alguien se le ocurriese decir que en el Vaticano podía haber un loby arcoiris. Pues ya hace tiempo que, públicamente, lo ha afirmado la misma Jerarquía. Y ejemplos como éste los hay para todos los gustos. Por dar una vuelta de tuerca: los miles de abusos sexuales por parte de clérigos, religiosos y demás.

Ítem más: impensable por imposible, antes del CV II, que en la Iglesia Católica, se rompiera la unidad de Doctrina, la unidad de Liturgia, la unidad con Pedro, etc. Hoy es pan de cada día. Como hace poco mas de un año, a nadie en la Iglesia le podía caber en la cabeza que un Sínodo de Obispos tuviese los deberes hechos antes ya de empezar. O que la Pastoral arrasara con la Teología.

O que se tuviese miedo a la misma Palabra de Dios y se la callase. Hace unos Domingos, el Evangelio recogía aquello tan fuerte de Jesús a Pedro: “Apartate de Mí, Satanás, que me escandalizas". Ahora, en la última versión oficial en España, lo de “apartate de Mí” ya no se puede “sufrir", pues hace sangrar las orejas, y se ha sustituido tan ricamente por ‘ponte detrás, Satanás’. Maravilloso. Como mínimo.

O sea: “apártate", que no tiene ninguna dificultad para ser entendido, se transmuta, por arte de la “delicatessen para incultos” en “ponte detrás", que es y significa exactamente lo contrario del apartarse. Porque “ponte detrás de Mí” es, ni más ni menos, que el signo -el sitio- del “ser llamado por Cristo". Justo, lo mismito que lo de “apártate". Imposible de casar, por otro lado -es ridículo, por no decir otra cosa-, “la llamada” con lo de “Satanás” que viene a continuación.

¿Que cómo va a ser posible que todo un Concilio, el Vaticano II, le pegue un tiro a la misma Iglesia? Pues es lo que ha pasado. Y no lo digo yo: otros lo han dicho ya antes y desde hace mucho.

Por ejemplo, el cardenal Siri, padre conciliar, escribía y denunciaba en 1975: “Cambiados más o menos conscientemente, con más o menos sutileza y a veces incluso con astucia, en una amalgama especulativa sin contornos precisos y sin referencias fundamentales, que sirve de base para una precipitación hacia la humanización integral de toda la religión…"; y lo escribia como compendio de lo que se había hecho durante y después del susodicho Concilio. Y añadía: “El mensaje evangélico y las enseñanzas de la Iglesia sobre la nueva creación, sobre la renovación del hombre y de todas las cosas ha sido fundamentalmente alterado". Sin resquicio alguno.

Muchas voces se alzaron, durante y después. Pero no hubo empeño por parte de quienes más debían de remover lo tan mal hecho. Por que? Quizá por no querer reconocerlo, porque habían sido parte activa o pasiva. Quizá porque lo de “Madre", sí; pero ya lo de “Maestra” se estaba convirtiendo en algo demasiado “duro” que impedía, en su propia lógica, cualquier conato de “Gobierno". 

“En la Iglesia hay una crisis de Fe", es el resumen que tantos hacían, en especial al ver, sin poderlo “creer” apenas, lo que estaba pasando.

Quod est demostrandum!

Pues así se están haciendo las cosas, reverdecidas como están las malas hierbas.

“Mejor, imposible", título que se ha hecho memorable.

6.10.18

"igualdad de dignidad y derechos". ¡Faltaría más! ¡Y al por mayor!

Aprovechando lo del Pisuerga, Valladolid, el Sínodo, el arcoiris, la pantera rosa, y demás farándula acunada por la progrez política y eclesial casi por igual -o sin casi-, los del mundillo LGTBI….Z, se han marcado, con el inestimable, motivado, necesario y biencobrado apoyo de las páginas más venenosas de la progrez pseudoreligiosa -o sea y  para entendernos: anticatólica; léase RD, con Vidal, “veneno mortal” a la cabeza, más Bastante, “el permanentemente insatisfecho” como segundo del famoso camarote, y un tal Doody -que igual se han debido inventar, o así, en la redacción desde hace un tiempo: por aquello de que no sea siempre aradillas&cía los firmantes, que están medio más p’allá que p’acá-; pues, como digo, se largan una serie de sinsorgadas -por no decir algo más fuerte, que bien podría-, que se van sumando párrafo a párrafo, como en una cartilla de puntos a rellenar. Supongo que, al final, a alguien le habrán dado el premio… “mongolito de oro de la progrez pseudoreligiosa de la cáscara amarga", o así.

No hace falta que lean esa página que se envenenan, queriendo o sin querer. Ya les pongo yo algunas de las lindezas que trae, y vamos comentando convenientemente, porque no tienen desperdicio. Bueno: sí lo tienen, y son para tirar, claro.

Empezamos. Pero no se asusten: simplemente, ríanse, que falta hace.

1. “Dos tercios de los católicos del mundo creen que la doctrina en este campo [campo homosexs, se entiende; pero por si acaso lo remarco] debe cambiar". ¡Ole! Perdón: ¡aleluya!, que estamos en una página “a favor". O no.

Sería para reirse y no parar en más o menos medio año, porque es de un bacile increíble. Y claro, como preguntarse de dónde se han sacado tal mendaz majadería es ponerse a su nivel, no lo voy a hacer. Porque, además, no tiene ningún misterio: como es imposible que realmente hayan hecho esa encuesta -no hablo de su posible verosimilitud-: vamos: que es mentira, sin más, y por si cuela, solo la han podido sacar del marmitón donde recuecen sus ponzoñosas pócimas, que luego vierten por el “internés” para que se envenene el que quiera. Que siempre hay gente así: ¡qué le vamos a hacer!

2. “Pasaron 500 años hasta que la Iglesia se disculpó con Galileo: no podemos hacerle esto a la gente LGTB".[no nos hemos salido de lo homosexs, claro] ¡Aleluya!, y con incienso, que esta es aún más gorda.

Porque, ¿qué tiene que ver Galileo con el mundillo arcoiris con predominio del rosa orgullosa? ¿Qué tienen que ver el sol y la tierra y sus interacciones con lo del “orgullo"? Si, además, Galileo no era nada orgulloso: era un científico, entre otras cosas; y, que se sepa, nunca se subió a una carroza al uso de estos “[email protected]". Lo hubiesen dicho los libros, lo mismo que han recogido lo de su disputa y, después de 500 años, la “disculpa” católica. 

3. “Equal future (…) [¡será por nombres, oigan!, de los homosexs, porsu], ha presentado una campaña a través de la cual los fieles gays (sic, aunque no creo que sepan ya lo que significa la palabra “fiel") pueden ponerse en contacto con su delegado a esta cumbre de obispos de todo el mundo para hacerles llegar sus experiencias como creyente homosexual". Tal cual. Aquí, y como mínimo, tendrían que sonar las campanas volteadas al máximo; porque no me digan que no hay motivos. Claro que quizás sus “experiencias” en el terreno homosexs por muy creyentes que se pretendan…, pues como que no.

Lo más “in” entre lo “in” de las fijaciones homosexs es el empeño que tienen en hacernos creer que los del rosa pálido y como desvaído son “fieles", “cristianos", “católicos” y “creyentes” pero “de los de verdad". ¿Qué contenido tiene en este contexto la palabra “de verdad"? No se sabe, pues no lo dicen: solo lo saben ellos y quieren que la Iglesia se lo bediga todo, como es su obligación; y así lo afirman.

Por contra, no se cortan un pelo en insistir -difamando, claro- que los católicos hemos sido muy malos con todos ellos, pero que muy malos: malotes total. Y que les hemos hecho mucho daño, pero mucho. Y que ya está bien de hacerles sufrir. ¡Malos, más que malos! Y ya que estamos en medio del sinodo, hay que aprovecharlo para reflexionar sobre todo esto, y ponerle no coto, sino fin. ¡Que ya está bien de darles…!

Además, no contento con lo de “fieles", también pretenden que son mogollón, entre el colectivo gay y lesbi, transgénero y queer [No pretendan que les diga lo que es, porque no tengo ningún interés en saberlo:ellos sabrán, y con su pan se lo coman]. Estos homosexs quieren ser más numerosos que las gotas del mar, que ya caben… Claro que esto no se lo cree nadie ni harto de chupitos de orujo de hierbas, del amarillo. Y gallego, por supuesto, en honor a un muy buen amigo, aunque nos veamos poco

¡Si acaba de salir un cardenal o así diciendo que no hay ni uno: o sea, CERO. ¡La NADA! Y es lo lógico: si se están acabando en tantos sitios los que no lo son -ni lo son, ni ganas que tienen de serlo-, ¡a ver si va a resutar que “el relevo” está en los homosexs, y los jerarcas empiezan a enterarse ahora, y de ahí el mariposeo con ese orgulloso mundillo!. Lo último, de momento, ha sido lo del cardenal ese que ha dicho que “tienen por política no negarles la comunión” refiriéndose a los LGTBI………Z. En lo de “por política” debe tener razón; ya que eso sea católico y eclesial…, debe estar más cerca de una herejía o de una blasfemia. Sed contra: un arzobispo católico ha dicho que, en la Iglesia, no se deberían ni mencionar ese tipo de siglas

4. “La idea es lograr de la jerarquía el reconocimiento de que la gente LGTB tiene derecho al mismo respeto y dignidad y las mismas aspiraciones en la sociedad que cualquier otro". Pero esto, y expuesto así, ¿se lo niega la Iglesia Católica? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por quién? ¡Nombres, nombres! Aunque han de reconocer pues es patente que no todos en la sociedad tenemos las mismas posibilidades, ni siquiera teóricamente. Por ejemplo, el PSOE ferviente partido a favor del colectivo homosexs en sus diversas y distintas presentaciones acaba de nombrar a mogollón de altos y medios cargos en la gobernanza de España y no creo que sean mitad y mitad entre orgullosos y humildicos. ¿Le han reclamado algo a Pedro “el copias” por tal discriminación? ¿Y a la Iglesia sÍ? Si no es Ella la que lo ha hecho…

Se está produciendo lo que ya pasó en el CV II, bien calcado para que nada desafine, y tropezando en la misma piedra para confirmarnos que somos humanos. ¡Había que escuchar al mundo, a la sociedad, a la cultura, a los hermanos separados, a los hermanos lejanos, a los no hermanos, a los no de no y menos aún hermanos… A todos, todos, de la marca que fuesen; o sin marca siquiera!. Un deseo que se concretó hasta en la creación de instituciones vaticanas de alto nivel, amén de los grandes documentos en los que se recogieron afanes y algunos planes a ejecutar más pronto que tarde en tantos campos. Luego, la vida ha sido la vida; y aunque se dice que se ha avanzado mucho en todos esos campos, a día de hoy la verdad es que los protestantes siguen siendo protestantes, los anglicanos siguen siendo lo mismo, los musulmanes para qué vamos a decir, y los judíos están donde estaban.

Con algun representante que bien poco representan de alguno de esos colectivo en particular se ha firmado algún papelico, pero la cosa no ha pasado de ahí tampoco. Ha habido más abrazos que nunca, eso sí, y más fiestecillas de todos juntos “en oración” -casi todos, claro- y muy poquito más, aunque sí alguna que otra comunio in sacris: impedida por cierto por el Derecho Canónico, que también pinta cada vez menos. Vamos: más fachada que sustancia. Y nada práctico; pero queda muy bien para algunas personas, y otras se aprovechan -¡y de qué manera"- de todos estos eventos tan publicitados.

Ahora hay que escuchar a los jóvenes. A todos. Que no creo que quepan en ningún sitio, supuesto que quisieran ir, que no parece que haya sido el caso. Pero hay que decir TODOS, sin EXCLUSIÓN.

Y hay que hablar de todo, también, sin tabúes. Que sigue quedando fenomenal de cara a la galería o para que se luzca el portavoce. Y que va a cuajar en algunas directrices o así sobre los homosexs rosaceos, que darán que hablar en cuanto se publiquen. 

De momento parece que los jóvenes se han pronunciado categóricamente por un tema crucial: “que hay que usar menos papel". Asunto -se lo aclaro, por si alguien no está en el ajo- de un alcance eclesial y con un potencial espiritual para el futuro de la Iglesia Católica, que es imposible imaginar en el momento presente.

Pero todo sea por mantener el tipo, por moverse para que todo vaya a peor, y por arrinconar la Revelación, la Fe, la Doctrina, el Derecho, la Iglesia y, desde el principio, a Cristo.

Amén.

Recen por mi.