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20.11.19

Plegaria eucarística (Plegaria euc.- I)

 asenjo misa

Vamos a ir abordando un tema central, clave de toda la Misa: la plegaria eucarística.

   Para la participación verdadera en la liturgia, que nunca se identifica con “intervenir” y “que todos hagan algo”, se requiere un conocimiento de la misma liturgia que nos lleve a orar, responder, cantar, escuchar y ofrecernos. Así, para una auténtica participación según la mente de la Iglesia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establecía:

  “La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen…” (SC 48).

     ¿Tan importante es la liturgia? ¿No son sólo ceremonias, ritos? La liturgia no es un cúmulo de ceremonias, sino la oración misma de la Iglesia, el culto espiritual y santo. Sus textos litúrgicos, sus lecturas, sus cantos, etc., van impregnando el alma poco a poco si se sabe recibirlos y asimilarlos, de manera que la liturgia es la gran maestra y educadora de la fe: “es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (SC 14).

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13.11.19

Dios mío, ven en mi auxilio (Respuestas L - y última)

Desde muy antiguo, sobre el siglo V-VI, la Liturgia de las Horas se comienza entonando el que preside: “Dios mío, ven en mi auxilio”, a lo que todos responden: “Señor, date prisa en socorrerme”, añadiéndole después el “Gloria al Padre y al Hijo… Amén. (Aleluya)”. Así se entonan las alabanzas divinas.

   “Dios mío, ven en mi auxilio…” es un versículo del salmo 69,2. Se pide la ayuda de Dios para comenzar a cantar debidamente su gloria. Ya san Benito da testimonio de esta práctica en su Regla: “En primer lugar dígase el verso “Dios mío ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme”, el gloria y el himno de cada hora” (RB 18,1).

   ¿Cuál es el alcance de este versículo? ¿Qué dice, qué expresa, qué suplica? San Agustín lo glosa diciendo:

“Luego clamemos todos al unísono con estas palabras: Dios mío, ven en mi auxilio. Pues necesitamos de continua ayuda en este mundo. ¡Cuándo no la necesitaremos! Sin embargo, ahora, colocados en medio de la tribulación digamos de modo particular: Dios mío, ven en mi auxilio” (Enar. in Ps. 69,2).

    En esta vida terrena, peregrina, siempre seremos –con expresión agustiniana- mendigos de Dios, mendigos de su gracia: suplicamos siempre su ayuda, su asistencia.

     Este versículo era muy de la devoción privada de los primitivos monjes. Casiano lo elogia y afirma que los monjes egipcios lo usaban como jaculatoria para fomentar en ellos el espíritu de oración. Fácilmente pasará, pues, al inicio de cada Hora del Oficio divino. Las palabras de Casiano son deliciosas y espirituales:

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6.11.19

La casulla: ¿Sí? ¿No? ¿Depende?

      No ha mucho, un joven sacerdote de una diócesis cercana (al que aprecio muchísimo), en su primera parroquia como párroco, recibía una crítica de una feligresa: “Usted es muy poco humilde porque se pone la casulla todos los días”. ¿La casulla es un signo de orgullo? ¿Desde cuándo? ¿Y es más humilde el que sólo se pone una estola sobre el alba, estola llena de colorines varios, que no se sabe si es blanca, verde, roja o morada, dorada o negra?

      Realmente la confusión es grande, los conceptos no están claros en las cabezas y así está la liturgia, como resultado de todo ello.

     La casulla, ¿hay que ponérsela para celebrar la Misa? ¿Sí o no? El sacerdote que oficia la santa Misa debe ir siempre revestido con casulla. ¿Y si hace calor? También. Ninguna rúbrica en ningún lado autoriza a omitir la casulla si hace calor. Ese día que emplee una casulla de tejido más ligero y sin forro, pero la casulla hay que revestirla.

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