25.03.20

La asamblea: los fieles, mis hermanos (sin dividir tanto) y algo de actualidad

fieles santa misa   

“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Hay, así pues, una presencia real de Cristo resucitado en medio de la Iglesia cuando es convocada para la santa liturgia:

“Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt., 18,20)” (SC 48).

    El Señor está realmente presente en medio de su Iglesia, Cabeza del Cuerpo convocado. La asamblea es santa por su Cabeza, Cristo, y por su alma, el Espíritu Santo. El otro no es un estorbo que me distraiga, que me prive de mi recogimiento: el otro es un miembro de Cristo; juntos formamos la Iglesia y el Señor está en medio de esa reunión santa de fieles en su nombre:

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18.03.20

"Nos haces dignos de servirte en tu presencia" (Plegaria euc.- XI)

procesión ordenación      “Adstare coram te et tibi ministrare", dice el original latino: “Estar delante de ti y servirte a ti". Esta breve frase de la plegaria eucarística II da pie a una reflexión que conduce a conocer la naturaleza de la liturgia misma y el concepto (recto, claro) de la participación litúrgica.

    De este modo, tomando pie en las mismas plegarias eucarísticas, nos vamos acostumbrando a descubrir la riqueza teológica y espiritual que se contienen en los textos litúrgicos de la Iglesia y, al mismo tiempo, a penetrar en las plegarias eucarísticas, que son la oración cumbre y fundamental de la celebración eucarística.

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11.03.20

Acéptanos también a nosotros (Plegaria euc.- X)

consagración

   Un filón inagotable es la plegaria eucarística, que contiene y expresa la fe de la Iglesia, como precioso tesoro.

    En ella, recitada por boca del sacerdote in persona Christi et in persona Ecclesiae, se afirman grandes verdades de la fe que merecen ser consideradas con detención, porque la escucha rápida durante la Santa Misa tal vez no llegue a provocar la meditación personal.

    Fijándonos en una de las súplicas de la plegaria eucarística, podemos alcanzar una comprensión mayor del sacerdocio bautismal o sacerdocio común que hemos recibido en las aguas bautismales.

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     La Ofrenda de Cristo, que es su propia Persona, su Cuerpo y su Sangre ofrecidos sacramentalmente, incluye también a los fieles, que se unen a su Señor y se ofrecen conjuntamente con Él al Padre.

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4.03.20

"En ofrenda permanente" con excursus atrevido de actualidad (Plegaria euc.- IX)

 consagración     Junto a la Ofrenda de Cristo mismo al Padre, que la Iglesia realiza en la santa Misa por manos del sacerdote, se incluye igualmente nuestra propia ofrenda, es decir, la ofrenda de nosotros mismos.

     ¡Ah!, ¿que también nosotros nos ofrecemos? ¿Cómo y para qué?

     ¿Que nos hacemos ofrenda también? ¡Sí!

     Todos los misterios de Cristo se reproducen y prolongan en nosotros, miembros de su Cuerpo; y si completamos en nuestra carne la pasión de Cristo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia (cf. Col 1,24), también somos incluidos en su Ofrenda del altar.

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19.02.20

"Víctima viva para alabanza de tu gloria" (Plegaria euc.- VIII)

MISA       Consecuencia lógica de descubrir en la Eucaristía el sacrificio de Cristo, es calificarle a Él de “Víctima". Pero, siguiendo más aún en esa misma línea, junto a Cristo-Víctima están los fieles bautizados, que se convierten en víctimas vivas.

        Hemos de profundizar y contemplar este término, “víctima", para una mejor comprensión del sacramento eucarístico y el alcance que tiene una verdadera participación en la liturgia -lejos de ser intervención constante- que supone ofrecerse con Cristo, sin condiciones.

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    En el sacrificio de Cristo se incluyen nuestros propios sacrificios personales: penitencias, mortificaciones, luchas, combates, ejercicio de obras de misericordia, virtudes practicadas, el trabajo ofrecido… y en la ofrenda de Cristo nosotros mismos nos ofrecemos: “ofreced vuestros cuerpos como hostia viva, santa… Éste es vuestro culto razonable” (Rm 12,1). Ofrecemos y entregamos todo lo nuestro, e incluso a nosotros mismos, como sacrificio junto al Gran Sacrificio de Cristo.

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