Lo más complicado es acabar
Dicen que donde más se nota una homilía improvisada es en que el predicador no sabe terminar. Empieza como puede, sigue dando vueltas a lo ya expuesto, unas generalidades por aquí, otras por allá, unas pocas más por acullá… y no consigue rematar faena de forma más o menos digna. Y, encima, muy posiblemente, se eterniza para no decir nada.
Las homilías bien preparadas, no escritas, que eso sí que no, tienen un esquema de predicación a base de notas o al menos con una estructura pensada que permite un inicio que llame la atención, un desarrollo que sigue unos puntos bien peparados y finaliza con una síntesis, compromiso o interrogante de cara al futuro.
El sínodo sinodal mucho me temo que se nos esté conviertiendo en una mala homilía que nadie sabe cómo dar por acabada. El núcleo se supone que duraba tres años: 2021 - 2024, pero ahora no hay quien ponga su punto final. Comisiones, documentos, estudios, reflexiones, implementación, revisión de lo implementado para una nueva implementación sinodal sinodalizante.
Lo único que saca uno en limpio es que pareciera que a cada parroquia, diócesis, congregación, movimiento, delegación o dicasterio nos han hecho llegar un saquito de etiquetas con la palabra sinodal, de forma que en la práctica seguimos con lo de siempre pero añadiendo la etiqueta. Anda que no queda bonito hablar de seminario sinodal, oración en clave sinodal, formación para la sinodalidad, experiencias en el camino sinodal, misión desde la sinodalidad, parroquias sinodales.
Es lo que toca. Yo creo que no hay demasiado interés, ni ganas ni entendemos demasiado qué cosa sea eso. Quizá la moda. Me viene a la memoria ahora lo del año de la misericordia. Entonces tuvimos misioneros de la misericordia y ahora misioneros sinodales, pasamos de llevar la misericordia a implantar la sinodalidad, de orar desde la misericordia a rezar sinodalmente.
Supongo que lo del sínodo es a perpetuidad. Ya saben, es un proceso que ha entrado para quedarse.
Hagan un ejercicio distinto, si me lo permiten. Es tan simple como sustituir lo sinodal por lo cristiano, por Cristo. Entonces se entiende todo: seminarios para Cristo, misioneros de Cristo, oración cristiana, formación cristiana, parroquia de Cristo y para llevar las almas a Cristo.
Y sinodales. Qué cansino…

Uno tiene sus manías y aficiones. Una de ellas, lo saben, es la de pasar ratos entre los libros de los archivos parroquiales. Durante años trabajé en el de Miraflores, que se había dado por perdido en la guerra civil y que un servidor encontró íntegro desde el siglo XV en el Archivo Histórico Nacional, con documentos hasta principios del XIX. El resto, hasta hoy mismo, se encuentra custodiado en el despacho parroquial.
En cualquier caso, es igual, pero hoy me quiero referir especialmente al momento de la comunión y la proliferación de ministros extraordinarios por la cosa de que no se alargue la celebración. Salvo grandes celebraciones y algunas misas con una asistencia realmente extraordinaria, no pasa nada porque la distribuya el celebrante y se demore unos pocos minutos.