No con mis cuartos
Rafaela a muy primera hora.
- Oye cura, ¿tú me puedes explicar eso del convenio de los abusos que por lo visto habéis firmado con el gobierno?
- Yo no he firmado nada.
- Lo han firmado los tuyos, así que es igual.
Rafaela entiende perfectamente lo que ha explicado el ministro Bolaños. Es decir, que cualquiera que hoy diga que sufrió abusos por parte de alguien de la Iglesia, cuando fuera y como fuera, aunque civilmente haya prescrito hace mil años y el supuesto victimario lleve fallecido otros mil, puede tener derecho a una indemnización económica que, en último caso decidirá el gobierno y pagará la Iglesia.
Han descrito muy bien el proceso: cada caso denunciado se traslada a la comisión mixta.
- si víctima e Iglesia están de acuerdo, la Iglesia abonará íntegramente la cantidad.
- en caso de desacuerdo, se mantendrá una reunión con las asociaciones de víctimas para llegar a un acuerdo conjunto.
- si esto no fuera posible, prevalecerá la decisión del Defensor del Pueblo.
El ministro Bolaños lo resume de una manera muy sencilla. Durante la comparecencia ha destacado que las claves del acuerdo radican en que «el Estado decide la indemnización y la Iglesia paga».
Entonces, sigue Rafaela:
- Imagina, cura, que a estas alturas mi vecina Damiana dice que D. Froilán que estuvo aquí de cura sobre 1960, y que se murió el pobre hará quince o veinte años, la tocaba donde no debía y que ella entonces lo pasó mal, que yo podría contar mucho de quien tocaba a quién. Oye, con un poco de suerte, la Damiana cobra una pasta.
- Así podría ser.
- Y los cuartos los pone la Iglesia.
- Sí.
- Vamos, que lo pago yo porque así lo decide el gobierno, y los tuyos tan felices. No entiendo nada. Y prefiero no entender. Eso sí, ni un euro más que se vaya fuera de la parroquia, a ver si a estas alturas va a resultar que lo que yo doy lo se lo acabe llevando la Damiana, que ya te digo que no está nada clara la cosa. Y mejor me callo.
17 comentarios
Estoy muy indignado con el acuerdo. Lo escribí en la noticia. Yo escribí a mi obispo hace años de la metedura de pata que esto. Le dije resumidamente lo siguiente:
1. La Iglesia paga por los culpables. Es decir, que los fieles estamos poniendo dinero para compensar las fechorías y encubrimientos de los clérigos. Como sea como en EEUU, muchas diócesis se van a la quiebra.
2. El culpable no paga y se hace más probable denuncias falsas, minimizando la gravedad del pecado.
3. ¿Qué se va a considerar un caso verdadero si hace décadas de los presuntos hechos y el acusado está muerto sin posibilidad de defensa?¿Como garantiza esto la presunción de inocencia? ¿Como van a defender la memoria de los sacerdotes y la reputación de los que viven todavía?
Yo animo a todos los fieles que nos leen a pedirles explicaciones a nuestros obispos. Porque el dinero no es suyo, es de la Iglesia. Y esto amenaza con llevar diócesis enteras a la ruina, como ya ha pasado en EEUU.
Alucinante la magnitud de la cagada
Rezo la preceptiva Ave María y otras muchas más para que Dios ilumine a nuestros obispos, que mucha falta les hace a casi todos, por acción u omisión.
¿A quiénes llamaron para hscer el análisis, sinodalmente hablando?
¿Aplica también también para un militante de PSOE que sea acusado por idénticos motivos y circunstancias, pagando el partido, siendo el defensor del pueblo un sacerdote? Digo por aquello de la reciprocidad.
Y otra forma de abuso de conciencia: presuponer la culpa y la compensación.
Y uno que pensaba que en la bajada de pantalones el límite era el suelo...
Yo pienso seguir si ejemplo.
Por cierto, para ejemplo, lo del cardenal Pell, acusado injustamente y que por el disgusto, murió. La mayoría de las acusaciones, por no decir casi todas, son falsas.
Primero, que paguen los condenados, punto. Y si la Iglesia fuera condenada a título subsidiario, entonces también. Pero como pasa en cualquier organización donde hay un delito. Sin ir más lejos, en la PSOE; ¿van a pagar a las mujeres que denunciaron a Paco Salazar, aun sin denuncia? Vale. NO. Repetimos. NO.
La PSOE solo pagará a las mujeres cuando haya condena. Punto. Esto es así.
No hay más preguntas señoría.
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