Filosofía y teología del Mas Allá: Existencia del purgatorio
Los cinco lugares más allá de la muerte[1]
En los artículos examinados de la primera cuestión del Tratado de los novísimos, santo Tomás ha probado que después de la muerte hay varios lugares asignados a las almas de los difuntos. En el último, el séptimo, se pregunta si deben distinguirse tantos.
Podría parecer que no es necesario, porque: «los lugares penales deben guardar relación con las culpas. No hay más que tres clases de culpas, la del pecado original, la del pecado venial y la del pecado mortal. En consecuencia, no debe haber sino tres lugares penales»[2]. Serían el limbo, para la culpa del pecado original, el purgatorio para la del pecado venial, y el infierno para la del pecado mortal. Junto con el cielo, para los sin culpa, habría, por tanto, cuatro lugares de ultratumba.
No es así ya que, según lo dicho en los anteriores artículos: «por la culpa original, uno puede ser castigado doblemente: o por razón de la persona o por razón de la naturaleza sólo; y de aquí que a esa culpa le corresponda un doble limbo»[3]. El limbo de los niños, para los que está afectada su persona con su naturaleza; y el de los patriarcas, para los que solamente está perjudicada su naturaleza en cuanto que les queda el reato de pena de la misma.


En la cuestión de la Suma teológica sobre la necesidad de los sacramentos, después de dedicar el artículo segundo a mostrar que no eran necesarios en el estado precedente al pecado original, se ocupa en el siguiente a averiguar si lo fueron en el estado posterior al pecado y anterior a la venida de Cristo
En los tres primeros artículos de la primera cuestión del Tratado de los Novísimos, el último de la Suma teológica, santo Tomás se ocupa del lugar de las almas después de la muerte de una manera general, en el cuarto comienza a precisarlos. El primero es el denominado «seno de Abraham»
En su escrito sobre El mundo invisible, Newman, después de indicar que las almas de los difuntos se encuentran en otro mundo, el mundo que no captamos, en el que se encuentran los ángeles y el mismo Dios, se dice: «El mundo espiritual, a pesar de no ser visto, se halla presente; es un mundo presente, no futuro ni distante. No está sobre el cielo ni más allá del sepulcro. Se encuentra aquí y ahora»





