Filosofía y teología del Mas Allá: El limbo de los niños

El limbo y el infierno de los condenados[1]
Después de explicar santo Tomás, en los tres primeros artículos de la cuestión sobre el lugar de las almas de los difuntos; en el siguiente, que el llamado seno de Abrahán es el limbo de los justos, o limbo de los Padres, se puede denominar limbo del infierno, porque, antes de la venida de Cristo, aunque era un lugar de descanso no se gozaba de la visión de Dios; y, en el artículo quinto, se pregunta si el limbo es lo mismo que el infierno de los condenados.
Su respuesta es negativa. La razón es porque: «no hay redención en el infierno». En cambio, en el limbo de los justos los «santos fueron redimidos»[2], por Cristo y el limbo se convirtió así en la gloria, o cielo, y ya en pleno descanso.

En la cuestión de la Suma teológica sobre la necesidad de los sacramentos, después de dedicar el artículo segundo a mostrar que no eran necesarios en el estado precedente al pecado original, se ocupa en el siguiente a averiguar si lo fueron en el estado posterior al pecado y anterior a la venida de Cristo
En los tres primeros artículos de la primera cuestión del Tratado de los Novísimos, el último de la Suma teológica, santo Tomás se ocupa del lugar de las almas después de la muerte de una manera general, en el cuarto comienza a precisarlos. El primero es el denominado «seno de Abraham»
En su escrito sobre El mundo invisible, Newman, después de indicar que las almas de los difuntos se encuentran en otro mundo, el mundo que no captamos, en el que se encuentran los ángeles y el mismo Dios, se dice: «El mundo espiritual, a pesar de no ser visto, se halla presente; es un mundo presente, no futuro ni distante. No está sobre el cielo ni más allá del sepulcro. Se encuentra aquí y ahora»