Filosofía y teología del Mas Allá: Los signos físicos que precederán al juicio final
Las quince señales[1]
La cuestión siguiente del Suplemento de la Suma teológica está dedicada al estudio las señales de tipo físico que precederán al juicio. En los tres artículos en que se divide, se intenta averiguar: «si la venida del Señor a juicio será precedida de algunas señales; si realmente el sol y la luna deberán oscurecerse; si las potestades celestes se conmoverán con la venida del Señor»[2].
Sobre las señales precursoras del juicio, santo Tomás enumera las atribuidas a san Jerónimo, según dijo san Pedro Damián, en el siglo XI y que popularizó Gonzalo de Berceo en la primera mitad del XIII. Al comenzar el artículo primero escribe el Aquinate que, antes de la venida del Señor para el juicio universal: «Se dice: «Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas» (Lc 21, 25)».

En el artículo tercero de esta cuestión dedicada a las oraciones de los santos, se trata el problema de si son siempre escuchadas las oraciones de los difuntos que están en el cielo y que si en todos los casos son eficaces. Podría decirse que no lo son o no siempre e intentar probarlo con varios argumentos.
En la cuestión siguiente, santo Tomás trata de la oración de los santos que están en el cielo. En cada uno de sus tres artículos se ocupa de si a los santos les llegan las oraciones que les dirigimos, si hay que pedirles que rueguen a Dios por nosotros, y si son siempre atendidas sus oraciones por Dios.