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16.05.26

Filosofía y teología del Mas Allá: Existencia del purgatorio

Los cinco lugares más allá de la muerte[1]

En los artículos examinados de la primera cuestión del Tratado de los novísimos, santo Tomás ha probado que después de la muerte hay varios lugares asignados a las almas de los difuntos. En el último, el séptimo, se pregunta si deben distinguirse tantos.

Podría parecer que no es necesario, porque: «los lugares penales deben guardar relación con las culpas. No hay más que tres clases de culpas, la del pecado original, la del pecado venial y la del pecado mortal. En consecuencia, no debe haber sino tres lugares penales»[2]. Serían el limbo, para la culpa del pecado original, el purgatorio para la del pecado venial, y el infierno para la del pecado mortal. Junto con el cielo, para los sin culpa, habría, por tanto, cuatro lugares de ultratumba.

No es así ya que, según lo dicho en los anteriores artículos: «por la culpa original, uno puede ser castigado doblemente: o por razón de la persona o por razón de la naturaleza sólo; y de aquí que a esa culpa le corresponda un doble limbo»[3]. El limbo de los niños, para los que está afectada su persona con su naturaleza; y el de los patriarcas, para los que solamente está perjudicada su naturaleza en cuanto que les queda el reato de pena de la misma.

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1.05.26

Filosofía y teología del Mas Allá: El limbo de los niños

El limbo y el infierno de los condenados[1]

Después de explicar santo Tomás, en los tres primeros artículos de la cuestión sobre el lugar de las almas de los difuntos; en el siguiente, que el llamado seno de Abrahán es el limbo de los justos, o limbo de los Padres, se puede denominar limbo del infierno, porque, antes de la venida de Cristo, aunque era un lugar de descanso no se gozaba de la visión de Dios; y, en el artículo quinto, se pregunta si el limbo es lo mismo que el infierno de los condenados.

Su respuesta es negativa. La razón es porque: «no hay redención en el infierno». En cambio, en el limbo de los justos los «santos fueron redimidos»[2], por Cristo y el limbo se convirtió así en la gloria, o cielo, y ya en pleno descanso.

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