InfoCatólica / Sapientia christiana / Archivos para: Julio 2025

15.07.25

LXXXIV. La Ascensión de Cristo

Utilidad de la Ascensión de Cristo[1]

A las cuatro cuestiones dedicadas a la Resurrección de Cristo, en el tratado de la Vida de Cristo de la Suma teológica, ya examinadas, sigue otra en la que Santo Tomás se ocupa de su Ascensión, porque, como dice en el escrito sobre el Credo: «Después de la Resurrección de Cristo es necesario creer en su Ascensión: ascendió al cielo a los cuarenta días»[2].

En el artículo primero de esta cuestión sostiene que fue muy conveniente que Cristo subiera al cielo tanto para Él como para los hombres. Respecto a lo primero lo prueba con el siguiente argumento: «El lugar debe ser proporcional al que lo ocupa. Cristo, después de su resurrección, inauguró por ella una vida inmortal e incorruptible. Además, esta tierra que nosotros habitamos está sometida a la generación y a la corrupción, mientras que el cielo está exento de la corrupción. Tal es el motivo, porque no fue conveniente que Cristo, después de la resurrección, permaneciese en la tierra, sino que fue conveniente que subiese al cielo»[3].

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2.07.25

LXXXIII. Causalidad de la resurrección de Cristo

Causalidad eficiente de la resurrección de Cristo[1]

La última cuestión de las cuatro dedicadas por Santo Tomás a la resurrección de Cristo está dedicada a estudiar su causalidad en nosotros. En el primer artículo se analiza el benefició de nuestra futura resurrección corporal, que causó su triunfante resurrección.

Establece, en primer lugar, que la resurrección de Cristo es la causa eficiente de la resurrección de los hombres. Prueba esta tesis con la siguiente argumentación: «Dice Aristóteles en Metafísica que: «Lo que es primero en un género cualquiera, es causa de todos los que vienen después». (II, I a, c. l, n. 5)». Así, por ejemplo, en el género humano, el primero de los hombres, Adán, es la causa de todos los demás en cuanto a la generación.

Como: «en el género de la resurrección, fue primero la resurrección de Cristo, como ya se ha dicho anteriormente (q. 53 a. 3), se sigue que la resurrección de Cristo sea causa de nuestra resurrección».

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