InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Etiquetas: cristianismo

11.11.15

Las crisis de las culturas (Cardenal Joseph Ratzinger)

1. Reflexiones sobre culturas que hoy se contraponen

Vivimos una época de grandes peligros y grandes oportunidades para el hombre y para el mundo, un momento de gran responsabilidad para todos nosotros. Durante el siglo pasado, las posibilidades del hombre y su dominio sobre la materia crecieron de manera realmente inimaginable. Pero su capacidad para disponer del mundo ha hecho que su poder de destrucción haya alcanzado unas dimensiones que, a veces, nos causan verdadero pavor. En ese contexto, surge espontáneamente la idea de la amenaza del terrorismo, esa nueva guerra sin límites y sin frentes establecidos.

El temor de que ese fenómeno pueda muy pronto apoderarse de armas nucleares y biológicas no es, ni mucho menos, infundado; de modo que en el seno de los estados de derecho se ha tenido que recurrir a sistemas de seguridad que en épocas precedentes no existían más que en los regímenes dictatoriales. Con todo, se tiene la sensación de que, en realidad, todas esas precauciones jamás serán suficientes, porque no es posible ni deseable un férreo control sobre toda clase de armamento.

Menos visibles, pero no por ello menos inquietantes, son las posibilidades de auto-manipulación que el hombre ha conseguido. Ha logrado sondear los entresijos más recónditos del ser, ha descifrado los códigos más profundos del ser humano y ahora es capaz, por así decir, de «construir» por sí mismo al hombre que, de ese modo, no viene al mundo como don del Creador, sino como producto de una manipulación humana; un producto que, en consecuencia, puede ser seleccionado según las exigencias que nosotros mismos fijamos. Desde esa perspectiva, sobre ese hombre ya no brilla el esplendor de ser imagen de Dios, que es lo que le confiere su dignidad y su inviolabilidad, sino sólo el poder de las capacidades humanas. El hombre ya no es otra cosa que imagen del hombre. Pero, ¿de qué hombre?

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8.11.15

Discurso del Biglietto (Beato Cardenal John Henry Newman)

Cardenal Newman

Le agradezco, Monseñor, la participación que me hecho del alto honor que el Santo Padre se ha dignado conferir sobre mi humilde persona. Y si le pido permiso para continuar dirigiéndome a Ud., no en su idioma musical, sino en mi querida lengua materna, es porque en ella puedo expresar mis sentimientos, sobre este amabilísimo anuncio que me ha traído, mucho mejor que intentar lo que me sobrepasa.
En primer lugar, quiero hablar del asombro y la profunda gratitud que sentí, y siento aún, ante la condescendencia y amor que el Santo Padre ha tenido hacia mí al distinguirme con tan inmenso honor. Fue una gran sorpresa. Jamás me vino a la mente semejante elevación, y hubiera parecido en desacuerdo con mis antecedentes. Había atravesado muchas aflicciones, que han pasado ya, y ahora me había casi llegado el fin de todas las cosas, y estaba en paz.

¿Será posible que, después de todo, haya vivido tantos años para esto? Tampoco es fácil ver cómo podría haber soportado un impacto tan grande si el Santo Padre no lo hubiese atemperado con un segundo acto de condescendencia hacia mí, que fue para todos los que lo supieron una evidencia conmovedora de su naturaleza amable y generosa. Se compadeció de mí y me dijo las razones por las cuales me elevaba a esta dignidad. Además de otras palabras de aliento, dijo que su acto era un reconocimiento de mi celo y buen servicio de tantos años por la causa católica, más aún, que creía darles gusto a los católicos ingleses, incluso a la Inglaterra protestante, si yo recibía alguna señal de su favor. Después de tales palabras bondadosas de Su Santidad, hubiera sido insensible y cruel de mi parte haber tenido escrúpulos por más tiempo.

Esto fue lo que tuvo la amabilidad de decirme, ¿y qué más podía querer yo? A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito.

Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.

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7.11.15

¿Verdad del cristianismo? (Cardenal Joseph Ratzinger)

Al final del segundo milenio, el cristianismo vive, en el terreno de su expansión original, Europa, una honda crisis que resulta de su pretensión a la verdad. Esta crisis tiene una dimensión doble; primero, se plantea cada vez más la cuestión de si es justo, en el fondo, aplicar la noción de verdad a la religión: en otros términos, si le es dado al hombre conocer la verdad propiamente dicha sobre Dios y las cosas divinas.

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11.08.15

El cristianismo frente al desafío del relativismo (Raymond de Souza KM)

El sábado 27 de junio de 2015, en el local de la Asociación Uruguaya de la Orden de Malta, tuvo lugar una conferencia de apologética del destacado conferencista internacional Raymond de Souza. El título de la conferencia fue: ¿Qué es la Verdad? ¿Qué es el Bien? ¿Qué es el Mal? El cristianismo frente al desafío del relativismo. Esta conferencia, una de las cinco que R. de Souza dictó en Uruguay, fue co-organizada por el Centro Cultural Católico “Fe y Razón” (CCCFR) y Provida Esperanza Uruguay, y apoyada por la Asociación Uruguaya de la Orden de Malta. Hoy tenemos el agrado de publicar la filmación de esa conferencia.

Raymond de Souza es un laico brasileño casado, padre de ocho hijos. Ha residido en Nueva Zelanda y Australia y vive actualmente en los Estados Unidos. Es Caballero de la Orden de Malta. Desde hace 25 años es conferencista internacional en temas relativos a la familia y la vida y en cuestiones de fe y diálogo con la cultura. Ha brindado conferencias a los más variados públicos en 29 países de los cinco continentes y en cuatro idiomas (inglés, español, francés y portugués). Es Coordinador de Misiones Especiales para la asociación Vida Humana Internacional (VHI). Es fundador del apostolado de Saint Gabriel Communications de Australia para la evangelización. También es presidente del Instituto del Sagrado Corazón y presentador en EWTN. Ha colaborado con programas educativos religiosos en parroquias, escuelas y organizaciones laicas, con muy buena recepción en su tarea por parte de obispos, sacerdotes y comunidades en las distintas diócesis que ha visitado. Escribe artículos en The Wanderer, uno de los mayores semanarios católicos de los Estados Unidos.

El Sr. de Souza ha tenido la gentileza de ofrecernos un curso suyo de apologética católica publicado originalmente en The Wanderer. La revista Fe y Razón lo está publicando (traducido al español) en entregas sucesivas. 


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21.07.15

La cruz, la hoz y el martillo –3

1. Introducción

Durante el período 1965-1985 gran parte de América Latina sufrió una tremenda crisis política, cuyos efectos negativos aún no han sido superados del todo. Simultáneamente se consolidó y tuvo su momento de auge en nuestra región un neo-catolicismo de cuño marxista, impulsado por la corriente principal de la llamada “Teología de la Liberación”. Un amplio sector del clero y del laicado latinoamericanos, al que podríamos llamar (en sus propios términos) “progresista”, apoyó a esa corriente en mayor o menor medida. Dentro de ese sector hubo una minoría más radical, “revolucionaria”, que llegó a tomar las armas, incorporándose a las guerrillas marxistas del continente.

El “Martirologio Latinoamericano” de “Servicios Koinonía” es una interesante fuente de información acerca de dicho grupo revolucionario, que fue algo así como “la punta del iceberg” del mencionado movimiento católico-marxista. Véase: http://www.servicioskoinonia.org/martirologio/

No es difícil identificar la ideología que inspira a este pseudo-martirologio. Basta observar que entre los “mártires latinoamericanos” se incluye a Ernesto “Che” Guevara y al sacerdote uruguayo Indalecio Olivera, del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros, muerto el 12 de noviembre de 1969 durante un operativo en el que también murió el agente policial Juan Antonio Viera. Por error, el “Martirologio Latinoamericano” llama Oliveira a este sacerdote.

Para comprender mejor el fenómeno del “clero revolucionario” del pasado reciente de América Latina, consideremos un ejemplo que encontré en el citado “Martirologio”: el caso de Fernando Hoyos, misionero jesuita que trabajó pastoralmente entre los campesinos indígenas de Guatemala, se sumó luego a la guerrilla guatemalteca y murió el 13 de julio de 1982 (en un enfrentamiento con el ejército) junto con Chepito, un monaguillo de 15 años de edad.

A continuación citaré dos cartas de Fernando Hoyos a sus compañeros jesuitas Juan Hernández Picó y César Jerez. Véase estas cartas en http://www.tinet.org/~fqi_sp02/hoyca_sp.htm, extraídas del siguiente libro de María del Pilar Hoyos [hermana de Fernando Hoyos]: Fernando Hoyos, ¿dónde estás?, Fondo de Cultura Editorial, Guatemala, 1997. Las citas del P. Hoyos figuran en letra itálica. Intercalo mis comentarios en letra normal.

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