21.11.20

Rey del Universo

Jesucristo, Rey del Universo, lleva a su consumación el plan salvador de Dios. Él es el supremo Pastor, Rey y Juez de todos los hombres, tal como había profetizado Ezequiel (cf Ez 34,11-17).

Jesucristo nos acompaña todos los días de nuestra vida; nos guía por el sendero justo y nos conduce a la casa del Padre (cf Sal 22).

Él es el Rey del mundo y el Señor de la historia. Quiere reinar en el mundo reinando en nuestros corazones. “Nosotros, y solo nosotros, podemos impedirle reinar en nosotros mismos y, por tanto, podemos poner obstáculos a su realeza en el mundo: en la familia, en la sociedad y en la historia", comenta Benedicto XVI.

Nuestra salvación personal, pero también la salvación del mundo, depende de nuestra correspondencia a la gracia, que se traduce de modo concreto en la decisión de practicar la justicia y no la iniquidad, de abrazar el perdón y no la venganza, el amor y no el odio.

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7.11.20

25 personas

En el “Diario Oficial de Galicia” del miércoles 4 de noviembre de 2020 el Presidente de la Xunta, entre otras medidas, dispone “limitaciones a la permanencia de personas en lugares de culto”. Como máximo, cincuenta personas, sin poder utilizar el exterior de los edificios ni la vía pública para la celebración de los actos de culto.

No obstante, el límite máximo previsto será de veinticinco personas en algunos ayuntamientos y ámbitos territoriales. Entre estos, las principales ciudades gallegas. Vigo, una de ellas.

Es decir, en la Misa, sea diaria o dominical, no puede permitirse un aforo que supere las 25 personas. Da igual que el templo tenga capacidad para cuatrocientas o quinientas. 25. Solo 25. Y eso que esas mismas disposiciones advierten que “las limitaciones previstas en los puntos anteriores no podrán afectar en ningún caso al ejercicio privado e individual de la libertad religiosa”.

Yo no sé qué idea tienen nuestros gobernantes sobre la “libertad religiosa”. Que en ningún caso, al menos para un católico, puede restringirse al “ejercicio privado e individual”. Somos la Iglesia de Jesucristo; somos congregación, comunidad, comunión.

No se podrá decir que la Iglesia Católica en España no ha sido solidaria y responsable a la hora de abordar la crisis del coronavirus. En las parroquias hemos obedecido en todo: gel hidroalcohólico, mascarillas, desinfección. Hemos compartido los momentos duros del confinamiento de marzo y abril sin ninguna queja, a pesar de lo doloroso de las medidas entonces adoptadas.

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29.09.20

Telmus 12/13

El 30 de septiembre de 2020 – conmemoración de San Jerónimo - es la fecha simbólica que figura como día en que se acabó de imprimir el volumen 12/13 de Telmus. Anuario del Instituto Teológico San José y del Seminario Mayor San José de Vigo. Corresponde este volumen a los años 2019-2020. No es fácil mantener una publicación de estas características, pero sí es importante hacerlo, ya que un Centro de Estudios Eclesiásticos ha de comunicar a quien desee tener noticia parte de sus trabajos y de sus intereses en el ámbito de la investigación y de la divulgación.

El anuario tiene tres secciones: Estudios, notas, y recensiones y reseñas. En la primera de ellas – estudios – contamos con las siguientes colaboraciones: Jesús Casás Otero, “Sugerencias para una estética teológica”; Francisco José Fernández de la Cigoña Núñez, “Los Obispos de Tuy en el siglo XIX: Don Juan García Benito”; Juan José González Estévez, “Perspectiva histórica y actualidad de la teología cristiana de las religiones: del exclusivismo al diálogo interreligioso”; José Luis Guzón Nestar, “Los jóvenes, fiel reflejo de la sociedad líquida. La propuesta pastoral de la Iglesia”; Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, “Discípulo Sacerdote Misionero. Nueva Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis” y Ángel Marzoa Rodríguez, “Actualidad de la docencia del Derecho Canónico”.

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18.09.20

Ley de eutanasia: ¿Más muerte?

Estamos atravesando una circunstancia espantosa, horrible. La pandemia del coronavirus se está cebando de un modo muy especial con la población más vulnerable por edad y/o enfermedad. A esa catástrofe se deben añadir los daños colaterales: personas que sufren o mueren por una atención que, en términos generales, es peor.

Las cifras de la siega que todos estos factores ha cosechado es pavorosa; especialmente en las residencias de ancianos. Hay de todo. Algunas han respondido muy bien, otras regular y otras muy mal. Pero no cabe duda de que hay que “humanizar” más el trato a las personas mayores. Se humanizan las calles. Se lucha por el bienestar animal. ¿Y las personas mayores, qué? ¿Qué garantías tienen – y tiene la sociedad – de que son tratadas en conformidad con su dignidad de personas?

Estas dudas deberían llevarnos a arrimar el hombro; a mejorar las cosas. Pero no. Algunos siguen con lo mismo, con lo suyo: favorecer y ampliar la cultura de la muerte. Algunos – siempre serán demasiados – quieren convertir lo que llaman “eutanasia” en un derecho. O sea, en algo que exige, por parte de los demás, de la sociedad, de las leyes, el cumplimiento de una obligación.

Si alguien pide ser eliminado físicamente, los demás – la sociedad, las leyes, etc. – tendrían la obligación de eliminarlo físicamente. De matarlo, para hablar con claridad. Un “derecho” de este estilo es aberrante, pues pretende generar obligaciones aberrantes. Pretende obligar  a que otros – los demás – se conviertan, de modo activo o pasivo, en homicidas o en consentidores del homicidio.

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13.09.20

Tres citas de teólogos

Merece la pena leer teología, buena teología. Como Dios no abandona a su pueblo, tampoco lo deja desasistido de teólogos. Por razones “profesionales” – yo mismo soy profesor de teología – he dedicado una buena parte del verano a leer a fondo algunos textos sobre teología fundamental y liturgia.

He leído a Joseph Ratzinger. Es una empresa que nunca defrauda. Ratzinger tiene la capacidad de facilitar que quien lea sus obras pueda entenderlo. Además, permite que se siga su razonamiento, muy claro y distinto. Y, en el colmo de la cortesía, de vez en cuando incluye un breve párrafo en el que, sintéticamente, dice todo lo que ha argumentado sin que sobre ni una coma.

He leído también, y no es la primera vez que lo hago, a un autor genial, Pierangelo Sequeri. No es claro y distinto, es retórico y alambicado, a mi humilde entender. Pero es un maestro. Si uno hace el esfuerzo, no pequeño, de seguirle frase a frase, palabra a palabra, razonamiento a razonamiento, no se verá defraudado. Tiene la lucidez de hacer ver lo que uno sospechaba, e incluso lo que no sospechaba en absoluto, pero en cualquier caso, lo que no se puede desechar como irrelevante.

El tercero es un teólogo español, yo creo que de enorme categoría: José Granados. Su libro “Teología de los misterios de la vida de Jesús. Ensayo de cristología soteriológica” es, en mi opinión, de lectura obligatoria. Es claro y brillante. También debo recomendar su “Tratado general de los sacramentos” (BAC, Madrid 2017).

Y voy a las citas. A los textos. El primero de J. Ratzinger. Nos dice, en síntesis, que participar en la liturgia de la Iglesia significa insertar nuestra relación con Dios en el lugar concreto en que Dios nos sale al encuentro. Es un modo de responder a la pregunta ¿por qué ir a Misa cada domingo?:

“orar en la Iglesia y en la cercanía del sacramento eucarístico es insertar nuestra relación con Dios en el misterio de la Iglesia como lugar concreto en el que Dios nos sale al encuentro. Y este es a fin de cuentas el sentido cabal de ir a la iglesia: la inserción de mi propio ser en la historia de Dios con los hombres, la única en la que yo en cuanto hombre tengo mi verdadera existencia humana, la única que me abre por tanto al verdadero lugar de mi encuentro con el amor eterno de Dios. Efectivamente, este amor no busca solo un espíritu aislado, que sería solo […] un fantasma en relación con la realidad del hombre, sino que busca al hombre todo, en el cuerpo de su historicidad, y le regala, en los signos sagrados de los sacramentos, una garantía de la respuesta divina en la que la pregunta abierta de la existencia humana alcanza su meta y su cumplimiento” (J. Raztinger, “Obras Completas”. XI. Teología de la liturgia, p. 152).

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