Hace años tuve la ocasión de visitar Praga. Paseando por sus calles me encontré con un grupo de Hare Krishna que evolucionaba al ritmo de una especie de danza mientras sus componentes entonaban su famoso mantra. Uno de ellos, un muchacho joven, iba vestido con ropa de calle. A los pocos días, volví a toparme con la vistosa comitiva. El jovencito ya lucía, como el resto de sus compañeros, una túnica azafrán.
He evocado esta escena por ser Praga la capital de la República Checa, uno de los Estados más secularizados de Europa, donde, según encuestas, la mayor parte de sus habitantes viven al margen de la religión. No obstante, sería equivocado concluir que la religión ha desaparecido de ese país. Basta abrir los ojos para descubrir, por ejemplo, las bellas catedrales e iglesias católicas, los templos husitas, la presencia de sinagogas, de centros de culto islámico y hasta los frecuentes desfiles por las calles de Praga de esa variante del hinduismo que es el movimiento Hare Krishna.
Algo análogo sucede en casi todas las ciudades. La religión – y las religiones – existen y forman parte de la realidad y de la vida de los hombres. Según datos recientes, en España, un 40,6% de los ciudadanos se declaran no creyentes o indiferentes; un 38,5% se consideran católicos no practicantes; el 15,9 %, católicos practicantes y un 3,2% pertenecen a otras religiones. El resto, no se ha manifestado. Paseando por Vigo, se puede constatar la proliferación de iglesias evangélicas, la presencia del Islam, así como la novedosa inauguración de un templo mormón en Alcabre. Por supuesto, las iglesias católicas siguen abriendo sus puertas, aunque con una menguada asistencia de fieles.Leer más... »