Tres "haches" en Noruega
Recuerdo haber oído hablar al profesor argentino Mario Bunge (1919-2020) de las tres “haches” fatídicas de la filosofía. Según él, ese podio lo ocupaban Hegel, Husserl y Heidegger. No es el momento de debatir sobre la prioridad, en el conocimiento, de las ideas o de las cosas. Olvidando el calificativo de “fatídicas”, sí que podemos recuperar el esquema de las tres “haches” para aplicarlo a Noruega, ese país que está en el foco de atención por el fallecimiento, el 28 de agosto de 2026, del rey Harald V.
La primera hache corresponde a Haaland, el célebre futbolista, nacido en 2000, que jugó en la selección noruega en el reciente mundial. Es un vikingo gigante de casi dos metros de altura que sobresale por su ritmo, fuerza y atléticos movimientos. Quizá sea el ciudadano noruego más conocido en el mundo. En una publicación en las redes sociales, el delantero del Manchester City se despedía del difunto rey con el siguiente mensaje: “Descansa en paz, rey Harald. Gracias por todo lo que has significado para Noruega. Fue un honor conocerte".

La palabra “facsímil” viene del latín - “fac” (haz) “simile” (semejante) – y se emplea para designar la perfecta imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de un impreso, etc.
Esta tarde ha sido una tarde muy diferente a las demás tardes de mi vida. Esta tarde falleció mi padre, Constantino, a los 86 años, tras pasar los últimos diez especialmente asediado por una enfermedad pulmonar. Unos diez años que fueron casi una prórroga graciosa, un aplazamiento, un combate que él libró con una incontestable voluntad de vivir – él se marcaba como meta al menos los 90 años -. No llegó a los 90, pero casi. Le faltaban cuatro años, que son los que tiene su único nieto, Adrià, el hijo, de momento único, del más joven de sus hijos, Miguel.
En el mundo griego, los poetas intentaron alcanzar de manera mítica y fantástica, mediante la intuición y la imaginación, la comprensión del hombre, de la historia y del universo; en suma, de la realidad presentada en su totalidad. Los poemas homéricos, la “Ilíada” y la “Odisea”, supusieron para los primeros griegos algo análogo a lo que la Biblia supuso para los judíos. Y lo que constituyó el alimento espiritual para los griegos, al ser Grecia uno de los pilares de la cultura occidental, lo sigue siendo, en cierto modo, también para nosotros en la actualidad.






