Una práctica contraria a la pastoral: Celebrar la Misa más de una vez al día
La excepción, dice el refrán, confirma la regla. Y la regla general, en lo referente al número de veces que un sacerdote puede celebrar la Santa Misa en un día, es extraordinariamente clara: “Exceptuados aquellos casos en que, según el derecho, se puede celebrar o concelebrar más de una vez la Eucaristía en el mismo día, no es lícito que el sacerdote celebre más de una vez al día” (Código de Derecho Canónico, c. 905, &1). Se puede celebrar tres veces la Santa Misa el día de Navidad y en la Conmemoración de los Fieles difuntos y concelebrar, aunque ya se haya celebrado o se vaya a celebrar aparte, en la Misa Crismal.
La excepción es la siguiente: “Si hay escasez de sacerdotes, el Ordinario del lugar puede conceder que, con causa justa, celebren dos veces al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los domingos y fiestas de precepto” (c. 905, &2). El Código no deja al criterio del sacerdote escoger el número de veces que ha de celebrar, sino que apela a una concesión motivada del Ordinario del lugar cuando hay escasez de sacerdotes.

En ocasiones, lo que puede parecer más teórico resulta lo más práctico. Hay que buscar el ser tras el obrar, sin separar ambas dimensiones, sin disociar la “teología” de la “economía”, la “doctrina” de la “pastoral”.
El historiador griego Plutarco escribió, entre los siglos I y II de nuestra era, una serie de biografías emparejadas por alguna similitud de personajes ilustres, griegos y romanos, estableciendo una comparación entre ellos; por ejemplo, entre Teseo, el héroe fundador de Atenas, y Rómulo, el fundador y primer rey de Roma. El título de esta obra es “Vidas paralelas”. Cuando se habla de líneas paralelas se dice que mantienen la misma distancia entre sí en todos sus puntos. Plutarco parece emplear el término “paralelas” en el sentido de trayectorias existenciales semejantes. Sí puede establecerse un cierto símil entre una biografía y otra, pero difícilmente las vidas de los seres humanos permanecen en una perfecta equidistancia entre ellas, sino que, más bien, suelen entrelazarse unas con otras.
Guillermo JUAN MORADO, “La oración de Jesús en el pensamiento de Joseph Ratzinger. Una aproximación teológico-fundamental", Compostellanum 71 (2026) 11-52.






