11.08.20

¿Qué entendemos por espiritualidad? (Notas de espiritualidad litúrgica - II)

  coro   La palabra “espiritualidad” se ha hecho corriente en el lenguaje cristiano, con significados complementarios: vida de perfección cristiana, tendencia al misticismo, vida espiritual… Espiritualidad es el modo peculiar de concebir y realizar el ideal de la vida cristiana.

     De aquí nacen los diversos matices en la teología y las diversas actitudes del alma respecto a Dios: los distintos caminos espirituales o distintas espiritualidades. A lo que hay que sumar los distintos temperamentos personales tan diversos: como san Jerónimo y san Benito, san Francisco de Asís y san Ignacio de Loyola, etc… Se generan así distintos estilos de santidad que generan tantas espiritualidades como aplicaciones concretas del ideal cristiano, siempre en el seno de la Iglesia.

    Muchas de estas espiritualidades tienen detrás Órdenes religiosas que las viven y que las difunden para los demás. Así las corrientes de espiritualidad en la santa Iglesia: cada una con sus rasgos, prestando atención a unos puntos más que a otros, con sus matices a la hora de ordenar el conjunto.

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4.08.20

La liturgia, fuente de espiritualidad. De verdad, que sí (Notas espiritualidad litúrgica I)

 coro       Vamos a iniciar un recorrido, a lo largo de una serie de artículos, sobre la espiritualidad litúrgica, tan necesaria, y que es urgente educar en ella. A veces nos quedamos en controversias sobre la liturgia, su reforma, sus rúbricas, lo ceremonial…, sin llegar a ahondar en su espíritu y esencia. Y esto debe nutrir las almas. Buscamos a veces más el morbo en estas cuestiones en un blog y otro, que en penetrar en las esencias.

      Partiremos, o nos apoyaremos, de un libro muy claro: G. BRASSÓ, Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956.

     La liturgia es el culto público de la Iglesia y al mismo tiempo alimento básico y norma genuina de la vida espiritual del cristiano. La liturgia es fuente de vida y norma de espiritualidad.

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28.07.20

La vía del mal gusto (o «qué cosa más fea»)

iglesias modernas     Cuando tanto hablamos de belleza y de la “via pulchritudinis", debemos darnos cuenta de que la realidad que hoy se impone es el feísmo, las cosas utilitarias, o “la vía del mal gusto". Es una estética reinante fea, que va unida al rechazo a la Verdad y al Bien. Lo que es Bello en sí mismo sí va unido a la Verdad y al Bien.

       Sociedad y cultura actuales han privilegiado ese “mal gusto"; la Iglesia, hija de su tiempo, con hombres que son hijos de su tiempo, ha asumido demasiado ese camino de fealdad en su música, en sus cantos, en sus “obras artísticas” (si pueden llamarse así) y en sus edificios. Aun cuando a veces esa banalidad en las formas y en los contenidos se justifiquen por la palabra talismán “pastoral", la pastoral auténtica sabe privilegiar los caminos de la belleza como vía de acceso y de comunicación del Misterio.

      La Iglesia siempre se ha mostrado amiga del arte verdadero, pero no se identifica con estilo artístico ninguno, no reconoce ninguno como propio y exclusivo. Se adapta a la cultura de cada época, de regiones distintas, a condición de que sea belleza verdadera. Sería una contradicción construir hoy y celebrar hoy con el paradigma del “barroco” como único estilo bello y eclesial o la reproducción de lo bizantino como único arte y expresión evangelizadora; y tampoco sería verdadero y bello asumir acríticamente la música actual y la arquitectura actual, secularizando la belleza y el sentido del Misterio de Dios dándose.

 

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21.07.20

Partes de la Plegaria eucarística (y II)

benedicto

6.      2ª Epíclesis

        Suele haber una segunda epíclesis, es decir, una petición humilde para que el fruto de la Eucaristía sea la unión de la Iglesia, la comunión formando un solo Cuerpo vivificado por el Espíritu Santo: “para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión sirva para la salvación de quienes van a participar en ella” (IGMR 79). Es el Espíritu Santo quien edifica la Iglesia, Cuerpo de Cristo:

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición (Canon romano).

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo (Plegaria eucarística II).

Para que, fortalecidos con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Que él nos transforme en ofrenda permanente (Plegaria eucarística III).

Concede a cuantos compartimos este pan y este cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria (Plegaria eucarística IV).

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14.07.20

Partes de la Plegaria eucarística (I)

plegaria Para unirse al “corazón” de la Misa (Cf CAT 1352), la gran Plegaria o anáfora, es bueno conocerla en su estructura, en las partes fundamentales que tiene, la trabazón interna que posee, para no despistarse o aburrirse ante su extensión al ser proclamada.

    Será bueno que leamos la descripción que ofrece el Catecismo:

1352La Anáfora: Con la plegaria eucarística, oración de acción de gracias y de consagración llegamos al corazón y a la cumbre de la celebración:

En el prefacio, la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por la creación, la redención y la santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan al Dios tres veces santo.

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