InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Año litúrgico

6.04.22

Las «Actas de los mártires» y las «Passiones» hispanas, origen y uso en la liturgia (Mártires - IV)

Mártires cristianos en el Coliseo, Konstantin Flavitsky

La redacción de las Actas de los mártires y de las “Pasiones” atestigua la consolidación y expansión del culto a los mártires a partir del siglo III.

Con amor, la Iglesia procuró conservar las Actas judiciales de los martirios siempre que fuera posible y que hubiesen sido sometidos a juicio; también se desarrolló el género hagiográfico de la “Passio” o Pasión del mártir, en la cual, aportando datos de su vida, narra con detalle los sufrimientos que padecieron, su glorioso martirio y en muchos casos la deposición de sus restos en las sepulturas, con el honor de la Iglesia. Estas Pasiones son un relato pensado para ser leído eclesialmente, en la liturgia.

Las Pasiones se empleaban ya en Cartago y de ahí fácilmente se difundió su uso litúrgico en España (como muchos otros elementos que dejaron su impronta en el rito hispano-mozárabe). “Se atribuye, generalmente, la buena calidad de la hagiografía africana al uso de leer las Pasiones en las reuniones litúrgicas, circunstancia que les aseguraba, al menos en cierta medida, la estabilidad propia a los textos consagrados por el uso eclesiástico” (Delehaye, Les origines du culte des martyrs, p. 372).

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28.03.22

El origen del ciclo santoral en el año litúrgico (Mártires - III)

Diácono del Liber Testamentorum

El germen histórico del culto a los santos nació, así pues, con los mártires. El concepto de “santo” ha sido tomado de modo diverso en el curso de la historia. Cuando hablamos hoy de un santo, entendemos generalmente una persona de una fe y una conducta moral extraordinarias, y que la Iglesia así lo reconoce y propone a todos, lo canoniza, es decir, lo presenta como “canon”, norma de vida cristiana, aprobando su culto e intercesión. Sin embargo “hasta mediados del siglo IV los cristianos consideraban santos propiamente sólo a los mártires, los que habían dado la vida por la confesión de la fe” (Olivar, A., “La historia del culto a los santos y de los martirologios”, en Phase 42 (2002), p. 287).

El culto a los santos comenzó con el honor tributado a los mártires porque se veía en el mártir al perfecto imitador de Cristo (Cf. S. Clemente de Alejandría, Stromata IV, 4, 15; 9, 75).

En el mártir, de modo eminente, se ha realizado en su plenitud el Misterio pascual del Señor, su muerte y su resurrección. Vivieron y reprodujeron el Misterio pascual de Cristo:

“Estos mártires son hombres y mujeres que han realizado plenamente en su vida real la presencia de Cristo y de su Cruz que se les había dado por el Misterio sacramental. Y son también hombres y mujeres que han cumplido, como podemos verlo, este “paso” definitivo, por medio de la Cruz, del mundo de hoy al mundo del futuro, al mundo de la Resurrección. La celebración de la “memoria de los mártires”, tal como la llamaba la Iglesia antigua, es por tanto la celebración en la que el Misterio de la Cabeza se cumple en el Cuerpo, es la verificación, si podemos emplear este término, de la afirmación de san Pablo: “si sufrimos con él, seremos glorificados con él”” (Bouyer, L., La vie de la liturgie, Paris 1960, p. 268).

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24.03.22

El dies natalis, el sepulcro y la Eucaristía (Mártires - II)

Mártires de Turón

Terminada la ejecución, intentaban los cristianos recoger con honor el cuerpo del mártir y darle una sepultura digna. Al principio, una sepultura como cualquier otra, en cementerios comunes, hasta que llegará el momento –con la libertad religiosa- de poder enterrar y edificar una capilla (memoria) o basílica en su honor.

“Por sus luchas y su triunfo, el mártir pertenece exclusivamente a la Iglesia; a la Iglesia también pertenece su tumba, de la que nadie ignora el emplazamiento y que los fieles encuentran sin dificultad, como los parientes y amigos distinguen la tumba de uno de los suyos. Pero no se pensó ni mucho menos, sobre todo al principio, en reservar a los mártires una sepultura privilegiada” (Delehaye, Les origines du culte des martyrs, p. 36).

Era costumbre habitual ir a la tumba de los parientes difuntos en el aniversario de su fallecimiento y así lo hizo la Iglesia, con otro tono y espíritu, con sus mártires. Celebraban el dies natalis, o día de su nacimiento al cielo. Pero muchas veces los verdugos ejecutores del martirio dificultaban que se pudiera recoger el cuerpo del mártir para enterrarlo, honrarlo y reunirse en su sepulcro. “Los paganos no ignoraban esta particularidad, tan conforme, por lo demás, con sus propias costumbres, y regularmente, cuando querían impedir a los cristianos rendir culto a algún mártir, no retroceden ante lo que a sus ojos es la suprema crueldad, impidiendo al ajusticiado la justa sepultura. Las cenizas son lanzadas al viento o los cuerpos se quedan expuestos a los dientes de animales depredadores, y se cree que así se suprime radicalmente el objeto mismo de culto. Vanos esfuerzos por parte de aquellos que pretendían conseguirlo en esencia. Quedaba la conmemoración solemne, que no era inseparable de una visita a la tumba. Y esto mismo también con los restos del mártir, se hacía desaparecer uno de los elementos más apropiados para dar lo que pedían ante todo las multitudes: el atractivo de un objeto tangible y una localización precisa” (Delehaye, Les origines du culte des martyrs, p. 39).

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13.03.22

Arraigo y sentido del culto martirial (Mártires - I)

Catacumbas del Vaticano

Desde que en mi diócesis de Córdoba (España) se aprobó la beatificación de los mártires de la Guerra Civil, Juan Elías Medina y 126 compañeros, he ido escribiendo en la sección litúrgica de la revista diocesana “Iglesia en Córdoba” una serie de 16 artículos explicando todo lo que concierne al culto a los mártires, veneración, calendario, etc., con el fin de formar y preparar en mi diócesis para cuando llegase la tan deseada beatificación. Desde luego no sé ni nadie me ha dicho si sirvieron para algo o no, si sensibilizaron e incrementaron el recto culto a los mártires y su inclusión en el año litúrgico. Pero creo que todo ese material, en este blog, puede ser útil e ilustrativo. Aquí, además, lo puedo hacer con más extensión y sin límites de caracteres.

Que la lectura sea provechosa con esta nueva serie.

Para gloria de Dios que corona a sus mártires.

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El año litúrgico conmemora los misterios de Cristo y su redención en los distintos ciclos (Navidad y Pascua) con tiempos litúrgicos de preparación intensiva (Adviento y Cuaresma respectivamente), teniendo como fiesta primordial el domingo.

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11.05.21

Los Agnus Dei de cera

pío xii agnus deiHermosa tradición, antigua, ya casi en desuso, fue la elaboración de medallones de cera, con la imagen del Agnus Dei impresa, grabada, y que se fabricaban con simbólico ritual con la cera del Cirio pascual del año precedente.

  La Iglesia ha tenido ritos simbólicos muy expresivos y merecen ser conocidos para empaparnos bien de lo que fueron nuestras tradiciones. Muchas de ellas se han perdido, o se han suprimido sin más, empobreciendo todo el tejido simbólico de la liturgia, de devociones y de piedad. Y… ante tantas ausencias, se inventan cosas y ritos nuevos para distintos momentos en la vida pastoral, catequética y litúrgica.

   Dom Guéranger, en su “L’année liturgique[1] bien explica la historia y el sentido de estos Agnus Dei:

    “El Miércoles de Pascua es célebre en Roma por la bendición de los Agnus Dei: ceremonia que realiza el Papa el primer año de su Pontificado y después cada siete años.

    Los Agnus Dei son discos de cera en los cuales se graba, por un lado la imagen del Cordero de Dios, y por el otro la de algún santo. El uso de bendecirlos, en la fiesta de Pascua, es muy antiguo; se encuentran vestigios en los monumentos de la liturgia desde el siglo VII; y cuando en 1544 en Roma se abrió la tumba de la emperatriz María, mujer de Honorio e hija de Stilicon, fallecida antes de mitad del siglo V, se encontró en ella uno de estos Agnus Dei, semejante a los que el Papa bendice todavía hoy.

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