Alabanza con la Liturgia de las Horas (Notas de espiritualidad litúrgica - V)

  lh         Sabemos bien que la naturaleza de la liturgia es latréutica, culto de adoración a Dios, reconocimiento de Dios y su alabanza.

    Y alabanza es el Oficio divino, la Liturgia de las Horas, con la que se desgrana la jornada en alabanza y glorificación, ya sea comunitaria o individualmente, en coro o en casa, como monjes o frailes o monjas, o como presbítero (diáconos incluidos, claro) o seglar (o virgen consagrada, no las olvidemos) en el hogar o en la capilla del Sagrario a solas.

     ¿Cómo vivir más y mejor la Liturgia de las Horas para que sea alabanza? ¿Cómo reforzar esta vivencia del Oficio divino para que sea espiritual, para que constituya un elemento integrante de la espiritualidad litúrgica?

     Se ha de considerar que “el oficio divino no es sino una extensión moral de la presencia real de Cristo en la eucaristía” (Brasó, Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956, p. 162).

      Es más se podría considerar perfectamente, en su relación eucarística, cómo la Liturgia de las Horas prepara y prolonga a su vez la gracia del sacrificio eucarístico que, en el Oficio, se convierte en sacrificium laudis. La Eucaristía encuentra así lazos con el Oficio divino que ayudan a la Iglesia a vivir el sacrificio del altar, prepararse a él y luego prolongar la gracia de ese sacrificio:

       “Toda la razón de ser del oficio divino en la liturgia consiste en preparar o continuar místicamente a lo largo de la jornada y aun durante la noche la celebración del misterio que sacramentalmente se ha celebrado en la eucaristía de aquel día. Por la contemplación, aquel misterio se mantiene vivo en la mente de la Iglesia, y le sirve de punto de apoyo para elevarse desde la eucaristía al seno del Padre, desde el misterio celebrado en el tiempo al estado glorioso de Cristo en la eternidad” (Brasó, p. 162).

     Relación iluminadora y fecunda: santa Misa y Oficio divino. La devotio moderna inculcó encarecidamente la Misa diaria y el rezo del rosario, dejando aislado y arrinconado el Oficio divino como Oficio clerical, no apto, o complicado, para el resto de los fieles cristianos. Muchas espiritualidades hoy aún no lo han integrado: toman pie en la meditación y oración personal, mañana y tarde, adoración eucarística, rosario, etc., pero no incluyen la Liturgia de las Horas.

     La vivencia de la Misa diaria se enriquece sobremanera cuando se reza también el Oficio divino, especialmente Laudes y Vísperas:

“La Liturgia de las Horas extiendes a los distintos momentos del día la alabanza y la acción de gracias, así como el recuerdo de los misterios de la salvación, las súplicas y el gusto anticipado de la gloria celeste, que se nos ofrecen en el misterio eucarístico, “centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”

La celebración eucarística halla una preparación magnífica en la Liturgia de las Horas, ya que esta suscita y acrecienta muy bien las disposiciones que son necesarias para celebrar la Eucaristía, como la fe, la esperanza, la caridad, la devoción y el espíritu de sacrificio” (IGLH 12).

     Con el Oficio divino, todos, cada cual según sus posibilidades, pero con el eje fundamental de Laudes y Vísperas, glorifican y alaban a Dios prestando voz y corazón a Cristo sumo y eterno Sacerdote. Él, glorificado, canta en el cielo un himno eterno que resuena aquí, ahora, en la tierra, por la voz de la Iglesia Esposa, la Iglesia su Cuerpo, y en cada uno de sus miembros.

       “Cuando vino para comunicar a los hombres la vida de Dios el Verbo que procede del Padre como esplendor de su gloria, “el Sumo sacerdote de la nueva y eterna Alianza Cristo Jesús, al tomar la naturaleza humana, introdujo en este exilio terrestre aquel himno que se canta perpetuamente en las moradas celestiales". Desde entonces resuena en el corazón de Cristo la alabanza a Dios con palabras humanas de adoración, propiciación e intercesión: todo ello lo presentó al Padre, en nombre de los hombres y para bien de todos ellos, el que es príncipe de la nueva humanidad y Mediador ante Dios” (IGLH 3).

    Así es: “El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia, con una maravillosa variedad de formas” (Pablo VI, Const. Laudis canticum).

     Con el Oficio divino se canta esta glorificación constante, esta alabanza perpetua a Dios.

     Con el Oficio divino se alaba a Dios unidos a Cristo, sumo Sacerdote, cantor de los salmos.

     Con el Oficio divino, mañana y tarde, se glorifica al Señor reconociendo en nosotros la voz del mismo Cristo.

    Con el Oficio divino, el alma vive para alabar al Señor durante toda la jornada, y aprende a alabarle en toda circunstancia, en todo momento.

    La espiritualidad litúrgica tiene como quicio, como eje, la Liturgia de las Horas, propuesta para todos, sacerdotes, monjes, consagrados y fieles seglares. Para todos como oración eclesial de alabanza que es; de forma especialísima las dos Horas principales del día, las Laudes y las Vísperas: es la propuesta pastoral que hemos de ofrecer, el consejo en la dirección espiritual, el ámbito de oración para retiros y convivencias y encuentros…

 

5 comentarios

  
Vicente
Al rezar la Liturgia Horarum se prolonga la perfecta alabanza a Dios que se le tributa en la Misa e intercedemos por la salvación de todo el mundo.
08/09/20 12:27 PM
  
Mauro Sánchez
Muchas gracias Padre por desarrollar estos temas de liturgia, en especial el rezo de Las Horas. Desde que he comenzado a rezarlas la verdad que despierta en el alma un ansia de encuentro con el Señor cada vez mayor. No es que no cueste, pero es lo bueno también; ir forjando nuestra voluntad y dejarnos moldear por Dios. Muchas bendiciones Padre desde San Juan, Argentina!

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JAVIER:

Gracias por sus palabras. Eso deseo: conducir, iniciar, para amar a Cristo en la liturgia y mediante la liturgia, uniéndose a Él.

He creado una nueva "etiqueta", que la verá al pie del artículo: "Liturgia de las HOras". En ella pude leer todo lo que he publicado en este blog sobre el Oficio divino.
08/09/20 7:00 PM
  
esron ben fares
Buenos días:
¿Cómo se formo históricamente la liturgia de las horas?

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JAVIER:

Uf, largo y complicado. Le aconsejo, por ejemplo, el libro de Julián López MArtín, "La Oración de las Horas".

Resumiendo en exceso: era costumbre apostólica la oración por la mañana y al atardecer (nuestras Laudes y Vísperas). Poco a poco -bien lo explica Tertuliano y sobre todo S. Cipriano en su De dominica oratione- se empieza a orar en Tercia (recordando Pentecostés), Sexta (Cristo clavado en cruz) y Nona (La muerte del Señor).

Era oficio eclesial, comunitario, con salmos y lecturas. Es el oficio catedral, convocando a toda la Iglesia (con el paso de los siglos, reducido al Cabildo Catedral de canónigos).

Los monasterios viven igualmente el Oficio divino, complicándolo litúrgicamente, con más salmos y lecturas más extensas y repitiendo los 150 salmos en un ciclo de una semana. Así va evolucionando un oficio catedral y un oficio monástico diferente.

En la Baja Edad Media surge para los frailes mendicantes, luego también para clero y curia, el Breviario: en un solo libro, reduciendo todo, está la Liturgia de las Horas para poderlas rezar en privado o de viaje, dejando el coro (recitación en común) para catedrales, monasterios y conventos.
08/09/20 7:42 PM
  
Vicente
Con la Liturgia de las Horas nos unimos a toda la creación que no deja de alabar a la Santísima Trinidad por su obra salvadora e intercedemos por la paz y la salvación de todo el mundo.
09/09/20 9:55 PM
  
Anónimo
Con la liturgia de las horas ejercemos de una manera especial nuestro sacerdocio bautismal

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JAVIER:

¡Así es, así es!
15/09/20 12:39 PM

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