26.10.09

La intrigas políticas produjeron, de rebote, la elección de un Papa santo

LA ELECCIÓN DE SAN PÍO X O CÓMO DIOS ESCRIBE DERECHO CON RENGLONES TORCIDOS

Han pasado ya más de cien años desde el cónclave que en agosto de 1903 eligió como Papa al cardenal Giuseppe Melchiorre Sarto. El último Pontífice que ha sido proclamado santo, un gran Papa pastor que dio la posibilidad a los niños pequeños de hacer la primera comunión. Del siguiente episodio, que se remonta a la época de su episcopado en Mantua, emerge la gran libertad interior del papa Sarto. Un día, paseando por la ciudad con el rector del seminario, pasó delante del cementerio judío. Le preguntó a su acompañante si rezaría el De profundis por los muertos que allí reposaban. El monseñor le respondió que no. Entonces el obispo Sarto se quitó el sombrero y rezó el salmo entero, diciéndole al joven sacerdote: «Mire, ahora nosotros hemos hecho nuestra parte. El Señor hará la suya. Porque en ninguna parte está escrito que la teología del Señor es como la que enseñan los padres jesuitas de la Universidad Gregoriana».

León XIII, fallecido a la edad de 93 años después de un cuarto de siglo de pontificado, dejaba una herencia nada fácil. Muchos cardenales querían un cambio “pastoral”, un papa “no político” ni “diplomático”. El candidato con más posibilidades era, en cambio, un purpurado que encarnaba la otra línea, la de continuidad directa con León XIII. Era un noble y piadoso siciliano, Mariano Rampolla del Tíndaro, hasta entonces secretario de Estado. La mayor parte de los cardenales franceses apoyaba su elección, pero Austria se oponía por su política de apoyo a las aspiraciones de los eslavos en los Balcanes. El emperador de Austria decide valerse de un antiguo derecho de veto concedido a las grandes monarquías católicas para impedir la elección de Rampolla.

El obispo de Cracovia, Jan Puzyna de Kozielsko, fue informado del veto. Según algunos, la iniciativa nació del mismo cardenal, que la defendió ante el anciano Francisco José que era reacio a usar ese derecho. Informados de la “exclusión”, los cardenales austro-húngaros deciden indicar dos nombres de cardenales: Serafino Vannutelli y Girolamo Maria Gotti, este último carmelita prefecto de Propaganda Fide. Hay algunos cardenales, entre ellos el arzobispo de Milán, Andrea Carlo Ferrari, que desean una candidatura con un perfil claramente pastoral. Y ven en el patriarca de Venecia, Sarto, al hombre ideal. Su nombre, sin embargo, no aparece en las previsiones de la víspera. Pero es interesante señalar que, antes del comienzo del cónclave, los periódicos dan por fracasada la candidatura de Rampolla del Tíndaro. La tarde del 31 de julio entran en el cónclave sesenta y dos cardenales.

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24.10.09

La reforma litúrgica (IV): Las amarguras de Pablo VI

LA APLICACIÓN CONCRETA DE LA REFORMA CONCILIAR TRAJO NO POCOS QUEBRADEROS DE CABEZA A PABLO VI

Entre tanto, al Papa Pablo VI, al que la aplicación del concilio Vaticano II trajo un sinfín de amarguras y sinsabores, no se le ahorraron tampoco los sufrimientos por el tema de la liturgia. Por un lado empezó a descubrir la capacidad de desobediencia que había en ciertos eclesiásticos y que culminó años después con la gran desobediencia -organizada a nivel internacional- ante la publicación de su encíclica Humanae Vitae, como ya hemos visto. Por oro lado, tal estado de confusión litúrgica animaba a los que miraban escépticamente a la reforma y no encontraban motivos para que les gustase (en 1964 se había fundado Una Voce en defensa de la liturgia que había sido defenestrada y el número de simpatizantes crecía…). En el intento de atajar ambas posiciones, Pablo VI se encontró con pocas fuerzas y no consiguió frenar ninguno de las dos, aunque lo intentó. La historia le ha dado la razón en querer atajar las desobediencias del progresío litúrgico en la aplicación de la nueva liturgia y se la ha quitado en su esfuerzo de erradicar las que él llamaba “obstinadas e irreverentes nostalgias” y que sus sucesores han vuelto a poner en el lugar de reverencia que les corresponde.

El 19 de abril de 1967 el mismo Pablo VI, en su alocución a los miembros del Consilium, decía en tono amargo: “Dolor y preocupación son los episodios de indisciplina que se difunden en las diversas regiones con motivo de las celebraciones comunitarias… con grave perturbación para los buenos fieles y con inadmisibles motivaciones, peligrosas para la paz y el orden de la misma Iglesia… Nos urge mas expresar nuestra confianza en que el episcopado sabrá vigilar estos episodios y tutelar la armonía propia del culto católico en el campo litúrgico y religioso, objeto en este momento posconciliar de los más asiduos y delicados cuidados; también extendemos nuestra exhortación a las familias religiosas, de las cuales la Iglesia espera hoy como nunca una contribución de fidelidad y ejemplo; y luego la dirigimos al clero y a todos los fieles para que no se dejen embaucar por la veleidad de caprichosas experiencias, sino que sobre todo traten de dar perfección y plenitud a los ritos prescritos por la Iglesia…

Pero mayor aflicción nos proporciona la difusión de una tendencia a desacralizar, como se osa decir, la liturgia (si es que todavía merece este nombre) y con ella, fatalmente, al cristianismo. La nueva mentalidad, cuyas turbias fuentes no sería difícil descubrir, pretendida base de esta demolición del autentico culto católico, implica tales revoluciones doctrinales, disciplinares y pastorales que no dudamos en considerarla aberrante; y lo decimos con pena, no solo por el espíritu anticanónico y radical que gratuitamente profesa, sino más bien por la desintegración religiosa que fatalmente lleva consigo” ("Osservatore Romano“, 20-IV-67).

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21.10.09

La otra sabia de Alejandría

FILÓSOFA, MAESTRA Y MÁRTIR, COMO LA HIPATIA DE “ÁGORA", PERO ILUMINADA POR LA LUZ MARAVILLOSA DE LA FE

RODOLFO VARGAS RUBIO

La película Ágora de Alejandro Amenábar ha puesto de actualidad la vida y la muerte de una gran mujer de la Antigüedad: Hipacia (o Hipatía, siguiendo el griego, filósofa neoplatónica, seguidora de Plotino, y matemática eximia, que fue asesinada por una turba de fanáticos en el contexto de las complicadas relaciones entre el Patriarcado de Constantinopla y la administración del Imperio de Oriente. No pretendemos hacer en estas líneas la crítica del film, cosa de la que otros se han ocupado. Baste decir que nos parece sesgado y tendencioso y que su propio creador no oculta su propósito de propaganda “contra el fanatismo” (léase “contra el cristianismo”). Amenábar se monta al carro del ataque fácil y barato contra una religión que sabe que no se defenderá como lo harían otras en el caso que las afectadas fueran ellas. Que pruebe si no a filmar alguna película que muestre los excesos de los musulmanes y ponga en boca de alguno de sus protagonistas que “Alá no ha demostrado ser mejor que los otros dioses”.

Dado que todo el mundo habla ahora de Hipacia, nosotros queremos tratar, para variar, de otra filósofa y matemática compatriota suya, que vivió cien años antes y que, como aquélla, murió de forma violenta: Santa Catalina de Alejandría, otra mujer eximia que, dicho sea de paso, pone en entredicho el mito de la misoginia del cristianismo. Algunos han sostenido que, en realidad, no existió y que su vida es una pura invención para aleccionar a los fieles en el amor a la sabiduría y a la verdad en espíritu de fe y pureza, prácticamente como un ejemplo que oponer a la pagana Hipacia. Se basan para ello en que la hagiografía de Santa Catalina es demasiado fabulosa y resulta inverosímil, aparte que las noticias sobre ella son tardías. Pero si consideramos que un monasterio en el Sinaí le fue dedicado –siendo edificado, según se dice, sobre sus despojos mortales– y data del primer tercio del siglo VI (es decir, a dos siglos de su muerte), la existencia de esta santa se vuelve más que probable, ya que ello supone una previa, firme y arraigada creencia en ella. Además, rechazar los datos de las tradiciones por un prurito de exactitud histórica es puro positivismo, afortunadamente desacreditado en nuestros tiempos. Nadie creía en la Guerra de Troya hasta que Schliemann, con los Poemas Homéricos en mano, descubrió la ciudad y el tesoro de Príamo en pleno siglo cientificista.

La misma Iglesia Católica, sensible a cualquier acusación de superchería, consideró en un tiempo que no era oportuno continuar dedicando una fiesta con carácter universal a una santa de la que se sabía tan poco, y en la reforma del calendario litúrgico de 1969 la suprimió sin más (al igual que la de Santa Bárbara y San Jorge). Pero en 2002, en la nueva edición típica del Misal Romano se la restauró como memoria opcional. Lo que prueba que la creencia en la existencia de los santos no depende sólo de fuentes racionales y verificables, sino también del sentir más profundo del pueblo fiel, al que determinados personajes impactan de manera especial. Y ése es el caso de Santa Catalina de Alejandría, cuyo culto llegó a ser tan importante y popular que se la ha venerado siempre como uno de los catorce santos auxiliadores”. Su iconografía es, además, una de las más ricas en la historia del arte.

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18.10.09

Historias de los herejes y las Herejías: Berengario de Tours y su negación de la presencia real

LA PRIMERA NEGACIÓN PERTINAZ DE LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN LA EUCARISTÍA, CONSECUENCIA DE LA DIALÉCTICA ACADÉMICA

Nos situamos en el s. XI, pasada ya la decadencia general en la Iglesia del siglo X, y ahora el renacimiento del monacato vigoriza de nuevo la piedad y el culto, la reforma gregoriana lleva con rigor la disciplina eclesiástica, y la cultura se desarrolla en las escuelas catedralicias y monásticas, con gran actividad de la ciencia teológica. La Iglesia sigue su rumbo en medio de avatares. Su barca ha sido zarandeada, pero no destrozada ni destruida. Dios, a través de su Iglesia, ha estado siempre vigilante a cuanto sucedía en el mundo. Ella, la Iglesia, vive en carne propia todos los gozos y tristezas de cada nación, de cada hombre, de cada hijo suyo. En este siglo, muchos religiosos salidos de los monasterios reformados, como los que dependen de Cluny, se muestran deseosos de una iglesia más santa y buscan la manera de hacer una reforma general. Para ello era necesario que los pastores se preocupasen más de sus responsabilidades, pero la gran mayoría carecen de las debidas cualidades ya que eran nombrados por los príncipes.

En las escuelas teológicas a veces le enseñanza de las ciencias sagradas se vuelve tempestuosa, por la controversia entre dialécticos y antidialécticos. Para los primeros el «arte dialéctico» (el Trivium) se convierte casi en un deporte, con el que algunos recorren lugares, discutiendo sin temas de fondo con unos cuantos silogismos, o resolviendo problemas con mera palabrería. En el s. XII continuarían, con mayor profundidad intelectual, las polémicas entre las dos tendencias que en el s. XIII prácticamente se fundirían en las grandes Sumas de la Escolástica.

Tuvo especial trascendencia en el s. XI la polémica suscitada por Berengario, nacido en Tours poco después del año 1000. Alumno de S. Fulberto, el fundador de la célebre escuela de Chartres, que murió en 1029, Berengario volvió a su ciudad natal; en 1031 es ya canónigo y director de la escuela de San Martín de Tours, rivalizando con la del docto Lanfranco (+1089) en la abadía de Bec. Lanfranco atraía más discípulos (entre ellos S. Anselmo de Canterbury), y, antes de retirarse a Bec, en su época de dialéctico, ya había derrotado a Berengario en una discusión, razones por las que éste quizá le guardó cierta animosidad. No siguió Berengario los pasos de su maestro S. Fulberto, sino que aplicó el racionalismo dialéctico a temas religiosos y teológicos, y a partir de 1046 comenzó a difundir ideas contrarias a la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

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16.10.09

Santos por las calles de Nueva York (II): Perdió posición social y fortuna por hacerse católica

DESPRECIADA EN SOCIEDAD POR CONVERTIRSE AL CATOLICISMO, ENCONTRÓ EN LA CARIDAD LA VERDADERA RIQUEZA

Isabel Seton nació el 28 de agosto de 1774 en Nueva York. Sus padres, el Doctor Richard Bayley y Catalina Charlton, los dos anglicanos piadosos y leales miembros del partido conservador, habían permanecido fieles a Gran Bretaña durante la guerra de la independencia americana (1775-1783). Los antepasados de Isabel fueron de los primeros colonos de la región de Nueva York. Su padre procedía de una acomodada familia francesa hugonote, los condes de “New Rochelle". Su madre era hija del Doctor Richard Charlton, importante pastor anglicano, de origen anglo-irlandés. Cuando nació Isabel (1774-1821) sus padres llevaban casados cinco años y tenían ya una hija, María Magdalena (1768-1856). La pequeña, Catalina (1777-1778), nació tres años después de su hermana. Se cree que la Señora Bayley murió al dar a luz a Catalina, que murió al año siguiente. El Doctor Bayley se volvió a casar y continuó viajando al extranjero para perfeccionar sus estudios de medicina. Su segunda esposa, Carlota Barclay Bayley (1759-1805) le dio siete hijos que ella prefirió a las hijas mayores procedentes del primer matrimonio. María e Isabel tuvieron que sufrir mucho debido al rechazo de su madrastra.

Como muchos otros santos, desde sus primeros días, Isabel tuvo que caminar a la sombra de la cruz. Más tarde, plasmó sus sentimientos y sus experiencias espirituales en un diario íntimo. Entre sus primeros recuerdos, relata la muerte de su madre y la de su hermanita, cuenta también que enseñó a rezar a su hermanastra Emma. Isabel habla también de las largas temporadas en que María y ella tuvieron que vivir con otros parientes debido a problemas familiares que al final causaron la disolución del segundo matrimonio de su padre. Médico eminente y cirujano, el Doctor Bayley parecía dedicar más atención a su profesión que a sus hijas mayores.En su adolescencia, Isabel se sentía sola y melancólica. Durante una época, sufrió de una depresión llegando a tener ideas de suicidio. Más tarde, escribe en su diario íntimo su agradecimiento por haber superado la tentación de tomar una sobredosis de láudano, medicamento utilizado entonces como sedante: “A este terrible pensamiento relativo al láudano, siguió la alabanza y la acción de gracias por la indecible alegría de no haber llevado a cabo ‘ese acto horrible’, pensamientos y promesa de gratitud eterna".

Pero, a la vez, iba madurando su inclinación hacia la contemplación. Le gustaba la música y expresaba sus sentimientos tocando el piano. Relata en sus escritos qué feliz se sentía a la orilla del mar, junto a la bahía de Long Island, al contemplar el mar, las conchas, la naturaleza y toda la creación de Dios, mostrando su atractivo por un estilo de vida rural. Muy joven conoció a un joven excelente, William Magee Seton (1768-1803) y se enamoraron. Después de un tiempo de noviazgo, se casaron el 25 de enero de 1794 y lo celebraron en casa de su hermana, María Magdalena, convertida en la Señora Wright Post, en Manhatan. William era un importante negociante en importaciones y exportaciones. Había llevado a cabo su aprendizaje en la firma Filicchi en Liorna, Italia. Isabel, encantada de convertirse en la Señora William Magee Seton, se extasiaba ante su nueva casa: “A los veinte años, tener mi propia casa en este mundo, es el paraíso, es increíble". El matrimonio de los Seton fue muy feliz y pronto conocieron la dicha de tener cinco hijos: Ana María (1795), William (1796), Richard (1798), Catalina Charlton (1800), Rebeca María (1802). Los Seton vivían en Lower Manhatan; les gustaba el baile y la música, sobre todo el violín y el piano. Vivían en un barrio chic y formaban parte de los notables de la sociedad, participando en la política y en los acontecimientos principales de la época. Eran feligreses de la famosa iglesia episcopaliana de la Santísima Trinidad, muy cerca de donde siglos después estuvieron las torres gemelas y hoy sigue estando la bolsa de Wall Street.

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13.10.09

Historias del Postconcilio (III): La "Humanae Vitae" convirtió a Pablo VI en profeta y mártir

PABLO VI NO VOLVIÓ A ESCRIBIR UNA ENCÍCLICA EN SUS DIEZ AÑOS RESTANTES DE PONTIFICADO

La mañana del 25 de julio de 1968 -recordaría años más tarde el Cardenal Casaroli, entonces Secretario de Estado-, Pablo VI celebró la Misa del Espíritu Santo, pidió luz de lo Alto… y firmó: firmó su firma más difícil, una de sus firmas más gloriosas. Firmó su propia pasión”. Se trataba de la Carta Encíclica Humanae Vitae, sobre la regulación de la natalidad; terminaba de esa manera un largo trabajo comenzado en 1963 por Juan XXIII al constituir una “Comisión para el estudio de problemas de población, familia y natalidad”. Pablo VI, al sucederle en el Pontificado, asumió el reto lanzado por su predecesor, sabiendo desde el principio que ésta sería una de las cruces más pesadas que le tocaría llevar. De hecho, a consecuencia de la tormentosa reacción que recibió el documento a nivel mundial, el Papa no volvió a escribir una encíclica en los diez años restantes de su pontificado (en los 5 años anteriores había escrito 7 encíclicas)

En efecto, ya en tiempos de Juan XXIII, al tiempo de constituir la Comisión de estudio, un grupo de moralistas había comenzado una intensa campaña a favor de la contracepción, que se agudizó con la indiscreta publicación del informe ’secreto’ escrito para uso del Papa por la referida Comisión. Este informe recogía la posición de los diversos especialistas sobre el tema y se dividía en tres elocuentes partes: el informe de la ‘mayoría’ que se inclinaba notoriamente por una mitigación de la doctrina de la anticoncepción, el de la ‘minoría’ que sostenía la doctrina tradicional, y finalmente la ‘respuesta’ de la mayoría a la minoría; el mismo esquema revelaba la tendenciosa influencia que se intentaba ejercer sobre el Papa en orden a la permisión moral de los anticonceptivos; su publicación intentó -probablemente- aumentar la presión.

Con la publicación de la Encíclica llegó la parte más dura para Pablo VI: no sólo la incomprensión de muchos laicos católicos sino la violenta oposición de influyentes grupos de teólogos y la ambigua posición de algunas Conferencias Episcopales (como los episcopados austríaco, belga, canadiense, francés, etc.) que por una parte daban la razón al Pontífice y por otra intentaban mitigar su enseñanza. “Raramente un texto de la historia reciente del Magisterio -escribió en 1995 el cardenal Ratzinger- se ha convertido en signo de contradicción como esta encíclica, que Pablo VI escribió a partir de una decisión tras múltiples sufrimientos”. Para explicar el disenso y las reacciones polémicas intervinieron muchos factores, del clima cultural de la época a los enormes intereses económicos implicados. A pesar de ello el Papa Montini no cambió su posición.

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8.10.09

Aquellos tiempos en que hubo tres Papas en la Iglesia

DEBILIDADES HUMANAS, INTERESES POCO ESPIRITUALES Y MUCHOS MALENTENDIDOS DIERON LUGAR A ESTE DOLOROSO CISMA

MIGUEL SERRANO CABEZA

A causa de las urgencias del día a día uno puede ser tentado por la creencia de que tiempos pasados siempre fueron mejores. O, al menos, más sencillos de entender. Sin embargo, sólo se trata de una ilusión mental creada, quizá, por la falta de horas de sueño y la escasez de lecturas.

El Gran Cisma de Occidente (1378-1429) no fue una buena época para la Iglesia. Tampoco fue una época fácil de entender. Sin embargo, incluso con la única ayuda de la Wikipedia, podemos llegar a comprender las motivaciones y los intereses de las personas que participaron en aquellos acontecimientos. Comprendiendo a las personas, comprenderemos la época que les tocó vivir.

Bonifacio VIII (1294-1303) era un Papa inteligente, de carácter fuerte, independiente y experimentado en lides políticas de toda laya. Su muerte le permitió a Felipe IV de Francia influir en los cardenales franceses para lograr la elección de un Papa francés que se plegara más a sus intereses. El Papa elegido fue Clemente V (1305-1324). Las presiones de Felipe IV de Francia, la inestabilidad política de Roma provocada por la pugna entre las familias Colonna y Orsini, la cercanía física y temporal del Concilio de Vienne (1311) y la relación indirecta entre Aviñón y los Estados Pontificios desde la llegada al trono de Provenza y Nápoles de Roberto I El Prudente hicieron que en 1309 el Papa Clemente V decidiera trasladar temporalmente la Sede de Pedro a Aviñón.

Aviñón era la capital del condado de Vienne, que formaba parte del reino de Provenza. Desde el reinado de Roberto de Anjou, Conde de Provenza y Rey de Nápoles, también conocido como Roberto I el Prudente (1309-1343), ambos reinos, Provenza y Nápoles, estuvieron unidos por un mismo rey. Como el Reino de Nápoles estaba sometido al vasallaje de los Estados Pontificios, Aviñón también dependía, aunque indirectamente, de ellos.

Cuando en 1442 murió René I (1435-1442), el reino de Nápoles y el ahora Condado de Provenza pasaron al Rey de Aragón, Alfonso I (1442-1458). El cambio dinástico permitió que el condado de Vienne dejara de depender del Condado de Provenza y pasara a ser un enclave de los Estados Pontificios en Francia hasta 1791, cuando se produjo la promulgación de la primera constitución francesa, todavía bajo el reinado de Luis XVI, que enajenó todas las propiedades de la Iglesia en Francia.

Lo que iba a ser un traslado temporal de la corte papal se alargó a causa de la inestabilidad endémica de la política romana, ocupando los papados de Clemente V (1305–1314), Juan XXII (1316–1334), Benedicto XII (1334–1342), Clemente VI (1342–1352), Inocencio VI (1352–1362), Urbano V (1362–1370), y Gregorio XI (1370–1378), todos ellos de origen francés.

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2.10.09

Bartolomé de las Casas, centro de una polémica que dura siglos (y II)

LA VIDA Y ESCRITOS DE FRAY BARTOLOMÉ, OBJETO DE LAS MÁS VARIADAS INTERPRETACIONES

Ya es bien sabido que, en general, Las Casas ha tenido una acogida muy favorable durante el ultimo siglo y medio, tanto fuera como dentro de España, y tanto de parte de eclesiásticos como de seglares, y aun de los enemigos del catolicismo. Como también es conocido que han sido pocos los que han conocido y leído sus obras mas importantes y voluminosas. Tanto la vida de don Antonio Maria Fabie, como antes la del poeta don Manuel José Quintana 10 son laudatorias, con ciertas reservas sobre su actitud antiespañola y el vértigo de los números. Entre las numerosas vidas o artículos publicados en el extranjero, el tono laudatorio rara vez abandona a los admiradores incondicionales de Las Casas, prácticamente todos. Solo más recientemente se han hecho tímidas correcciones y reservas. Entre los extranjeros que siguen la línea admirativa, pero muestran también determinados reparos que hacer a Las Casas historiador o a sus escritos, hay que contar a Lewis Hanke, en diversas obras y artículos, y a Marcel Bataillon, buenos historiadores y conocedores de la América hispana, pero arrastrados, tal vez demasiado, en conjunto, por su fervor lascasista. Su contribución al conocimiento de la vida y de los escritos del protector de los indios es considerable, con aciertos dignos de tenerse en cuenta. Pero creemos que también con ellos valen las observaciones que hace don Ramón Menéndez Pidal.

Entre los españoles, podemos contar entre los recientes panegiristas de Las Casas, especialmente a don Manuel Giménez Fernández y al padre Manuel Maria Martínez, O. P., en su obra Fray Bartolome de las Casas, el gran calumniado. Sin dedicarse del todo a su personaje, ha intervenido también bastante en su favor el padre Venancio D. Carro, O. P. Merece destacarse el Estudio preliminar, de don Juan Perez de Tudela, a las Obras escogidas de fray Bartolome de las Casas: pertenece al grupo lascasista, aunque también hace notar determinados errores de su biografiado, o exageraciones o desviaciones tanto en el mismo fray Bartolomé como en sus biógrafos. Es un estudio que hay que tener en cuenta, tanto en su aportación histórica como en el estudio de la personalidad del discutido obispo. Cierta dureza de estilo y prurito de filosofar oscurecen un poco las líneas del estudio, haciendo mas fatigosa su lectura; pero, en definitiva, es una buena aportación a estos estudios.

Existe el grupo antilascasista, como gustan de llamarlo hoy los defensores, frecuentemente exagerados, de Las Casas, pero que generalmente tratan de hacer con él el criticismo que tanto practicó Las Casas con las cuestiones referentes a las Indias y las personas que intervinieron en ellas y tanto ponderan sus adictos. Creemos que es un deber histórico el hacerlo, con tal que se haga únicamente con argumentos y de modo digno, como lo pide la materia.

Solo que, de hecho, surge inevitablemente la polémica. Y no sabemos porqué haya de haber una especie de intangibilidad para un personaje discutido, que, a muy grandes méritos, une también algunos deméritos. Debería llegarse a un honrado examen del problema, sin acudir en seguida a expresiones injuriosas para los que disientan de nuestro parecer, como se ve, por desgracia, con no rara frecuencia. Así habría modo de entenderse y de llegar mejor a conclusiones históricamente aceptables y dentro de los respetos debidos a personas e instituciones.

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30.09.09

Historias de la evangelización de América: El controvertido Fray Bartolomé de las Casas (I)

ENSALZADO POR ALGUNOS HISTORIADORES Y MIRADO CON ESCEPTICISMO POR OTROS, LAS CASAS FUE RADICAL EN LA DEFENSA DE LOS INDIOS

La figura y la acción de fray Bartolomé de las Casas son inseparables de la historia de la América hispana en sus primeros decenios, no menos que de todo el criticismo que entonces y ahora trata de abordar los orígenes de la colonización española en las Indias occidentales. Pero da la casualidad de que esa figura, centro de tantos estudios y publicaciones, no acaba de definirse y de quedar colocada dentro de su real marco histórico, con los valores o deficiencias que le hicieron tan celebre entonces, y ahora tan amado o criticado. Por eso continúa siendo un verdadero problema histórico e ideológico, que, si tiene solucionados muchos de sus interrogantes, aguarda aun la solución que pudiera llamarse casi definitiva y que pudiera ser admitida por la mayoría de los estudiosos.

Nació en Sevilla en 1474 y murió en Madrid en 1566. En esos noventa y dos años de vida activísima asistió a la creación de la España moderna, con los Reyes Católicos, y de la América hispánica, en sus rasgos generales, que no parece que llegara a comprender y penetrar como un fenómeno irreversible y por muchos siglos definitivo, sin posibilidad de restauraciones indígenas que tanto parecía desear.

Licenciado en leyes, se embarcó en Sevilla en 1502 en la flota de Nicolás de Ovando, la más importante de las que hasta entonces se habían dirigido a América. Iban transcurridos diez años desde el descubrimiento, y ciertamente ricos en sucesos históricos, orientaciones descubridoras y colonizadoras y tentativas de introducción del cristianismo en las Antillas. Después de los primeros ensayos mineros comienza la encomienda, y el licenciado don Bartolomé conoce sus primeros pasos en la Española entre 1502 y 1512 como encomendero, tomando parte en las luchas y en el botín, y aunque él no tratara mal a los indios encomendados, tampoco se preocupaba por su cristianización ni por los demás deberes que le incumbían.

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27.09.09

No hay Europa cristiana sin San Benito de Nursia. Los pilares de la Europa Cristiana (II)

San Benito de Nursia

Cuando uno visita no lejos de Roma el monasterio de Subiaco, il Sacro Specco, y lee la lista esculpida en marmol de los monjes benedictinos que evangelizaron los diversos paises de Europa, del este al oeste y del norte al sur, entiende perfectamente porqué San Benito es, quizás sin haberlo pretendido, el «Padre de Europa»

Proclamado Patrono de Europa por Pablo VI, y único como tal hasta que Juan Pablo II nombró también a San Cirilo y San Metodio, hablar de él es hablar de Europa, como ha recordado recientemente Benedicto XVI (Papa que le tiene especial devoción y habla de él y de su obra con frecuencia):

«Por su moderación, su humanidad y su sobrio discernimiento entre lo esencial y lo secundario en la vida espiritual, ha podido mantener su fuerza iluminadora hasta hoy. Pablo VI, al proclamar el 24 de octubre de 1964 a san Benito patrono de Europa pretendía reconocer la obra maravillosa desempeñada por el santo a través de la Regla para la formación de la civilización y de la cultura europea. Hoy Europa, que acaba de salir de un siglo profundamente herido por dos guerras mundiales y por el derrumbe de las grandes ideologías que se han revelado como trágicas utopías, se encuentra en búsqueda de la propia identidad. Para crear una unidad nueva y duradera, ciertamente son importantes los instrumentos políticos, económicos y jurídicos, pero es necesario también suscitar una renovación ética y espiritual que se inspire en las raíces cristianas del continente, de lo contrario no se puede reconstruir Europa.

Sin esta savia vital, el hombre queda expuesto al peligro de sucumbir a la antigua tentación de querer redimirse por sí mismo, utopía que de diferentes maneras, en la Europa del siglo XX, ha causado, como ha revelado el Papa Juan Pablo II «un regreso sin precedentes en la atormentada historia de la humanidad» (Insegnamenti, XIII/1, 1990, p. 58). Al buscar el verdadero progreso, escuchemos también hoy la Regla de san Benito como una luz para nuestro camino. El gran monje sigue siendo un verdadero maestro del que podemos aprender el arte de vivir el verdadero humanismo.»

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