Recordando el Vaticano II: Reflexiones sobre el Concilio

EL CONCILIO Y LA TENTACIÓN REVOLUCIONARIA


RODOLFO VARGAS RUBIO

No podemos evitar, en este punto, hacer una observación muy sugestiva. El concilio Vaticano II fue definido como “1789 para la Iglesia” por el cardenal belga Leo Jozef Suenens (1904-1996), arzobispo de Malinas-Bruselas. La comparación no era antojadiza, pues ya el cardenal jesuita Louis Billot (1846-1931) la había empleado —aunque con una connotación bien distinta— al advertir a Pío XI, cuando se habló en 1923 de la eventualidad de un concilio, que éste podría ser manipulado por “los peores enemigos de la Iglesia, los modernistas, quienes ya se están preparando, como ciertas indicaciones muestran, a producir la revolución en la Iglesia, un nuevo 1789”. Esto es tanto como decir que el concilio era una revolución: la Revolución Francesa.

Si se considera atentamente el desarrollo de los acontecimientos, no pueden dejar de hacerse comparaciones entre la situación de la Iglesia y la de la Francia del tránsito entre el siglo XVIII y el XIX. Luis XV y Pío XII habían reinado, con mano enérgica, en períodos respectivos de aparente florecimiento, aunque era por dentro por donde la situación real se iba descomponiendo. El beato Juan XXIII puede compararse a Luis XVI, un buen hombre que, como él, amaba la paz y la concordia (educado como había sido en la escuela del Télémaque de Fénelon), pero no fue capaz de sospechar lo que podía desencadenar la convocatoria de los Estados Generales (que fueron preparados también concienzudamente, sólo que, en lugar de vota y consilia, en Versalles se recibieron los cahiers de doléances). Una suntuosa y deslumbrante procesión (como la de la Plaza de San Pedro en 1962) había dado inicio a la reunión de los tres órdenes en los que reposaba el Reino de San Luis, pero una vez instalados los diputados en sus escaños del Jeu de Paume, se desencadenaría la intriga que iba a cambiar el rostro del país: el Tercer Estado no quiso acatar las reglas de juego establecidas por una tradición secular y, con la complicidad de diputados de los otros tres estamentos, llevó a cabo la auténtica revolución, al establecerse a sí mismo como Asamblea Constituyente y jurar que no se disolvería antes de haber dado a Francia una constitución. Tal como sucedería en el aula conciliar cerca de dos siglos más tarde (según acabamos de ver).

El Concilio tuvo también sus partidos como en la Revolución: uno minoritario seguidor de la Tradición (el de la Curia, correspondiente al de la Corte); otro moderado y mayoritario (que era la extensa mayoría de obispos, correspondiente a los girondinos); otro minoritario pero agitador y propugnador del cambio a toda costa (el de la “Alianza Europea” con sus periti, a semejanza de los montañeses con los jacobinos como su sector intelectual). Si quisiéramos extremar las analogías, diríamos que el Concilio fue como la Revolución desde los Estados Generales hasta la abolición de la monarquía; el largo período postconciliar es equiparable al período que va hasta el 18 de brumario; en fin, la época de Bonaparte, en la que éste transformó la Revolución dándole un rostro respetable, sería el pontificado de Juan Pablo II… Más lejos fue el teólogo dominico Yves Congar, que escribió: “La Iglesia hizo pacíficamente su Revolución de Octubre” (Le Concile au jour le jour, deuxieme session, Éd. du Cerf, 1977). Pero no vamos a intentar aquí adivinar quién fue Lenin y quién Kerensky…

Como ésta no es una historia sino una reseña conmemorativa del Concilio Vaticano II no vamos a relatar aquí todas sus incidencias. Baste consignar aquellas en las que se ve cómo la “Alianza Europea” consiguió dominar completamente la asamblea, sin que pudiera evitarlo la tan vilipendiada Curia Romana, a la que se tenía por despótica y extremista, y que, en cambio, demostró una exquisita prudencia y una actitud muy moderada. Es más, fueron precisamente los que se tenían por adalides de la libertad los que utilizaron en más de una ocasión métodos reprobables. Como, por ejemplo, cuando en plena discusión sobre la Misa, el cardenal Alfrink cortó el micrófono al cardenal Ottaviani, que había sobrepasado el tiempo límite de su intervención por no haber oído la campanilla que lo señalaba. Para vergüenza de los padres conciliares, este episodio lamentable tuvo lugar entre los aplausos de la concurrencia. No se explica cómo el cardenal Tisserant pudo instigar el comportamiento del purpurado holandés.

El primer período intersesional fue el decisivo para la definitiva “toma de poder” por parte de los liberales del Rin. A principios de enero de 1963, el cardenal Julius Döpfner (1913-1976), arzobispo de Münich y Frisinga, y miembro de la comisión coordinadora (que ejercía presiones sobre las demás comisiones conciliares para modificar o eliminar esquemas), convocó una reunión de obispos y teólogos en la capital bávara para trabajar sobre los futuros esquemas a presentar, teniendo en cuenta de modo particular dos cuestiones que se consideraban claves para las futuras discusiones, sobre todo en lo tocante al esquema De Ecclesia: la colegialidad episcopal y la apertura ecuménica. El 25 de enero, los resultados de estos trabajos extra-conciliares fueron presentados al Santo Padre y al cardenal Ottaviani en forma de doce esquemas alternativos a los de la comisión preparatoria, de los cuales se enviaron copias a todos los obispos germanófonos. El Papa Roncalli aprobó los nuevos textos que iban a servir de base a la discusión y los hizo remitir a todos los Padres conciliares, al tiempo que instaba a las comisiones a acelerar los trabajos para poder reanudar lo antes posible el Concilio, inaugurando la segunda sesión. El beato Juan XXIII ya sabía que se estaba muriendo, pues era presa de continuas e abundantes hemorragias gástricas. El 9 de abril había publicado su última encíclica, la Pacem in terris, que era un ferviente llamado a la paz a todos los hombres de buena voluntad (una copia con la firma autógrafa del Papa había sido enviada a U Thant, secretario general de la ONU.). El 3 de junio de 1963, fallecía después de tres días de penosa agonía.

Es el momento de hacer un balance sobre la figura del beato Juan XXIII, dado que alrededor suyo se han entretejido algunos tópicos en los que conviene dilucidar qué hay de verdad y qué se ha de desmentir. En primer lugar, el calificativo de “Papa bueno”. Es evidente que sobre la justicia del apelativo aplicado a su persona no puede haber dudas: se trataba efectivamente de alguien con un buen corazón y una gran sensibilidad, que puso de manifiesto en muchas ocasiones, tanto antes como después de su elevación al sumo pontificado. Lo que pasa es que muchas veces se hace un énfasis interesado sobre la bondad de Roncalli en detrimento de la de otros Papas: se le llama “Papa bueno” como si los demás hubieran sido malos o simplemente menos buenos (comenzando por su antecesor el venerable Pío XII, que para muchos es hoy un “Papa malo”). Juan XXIII está beatificado y, por tanto, no puede haber discusión sobre la heroicidad de sus virtudes y la ejemplaridad de su conducta moral. Otra cosa es lo que pueda pensarse sobre su prudencia y sobre sus medidas concretas de gobierno, que no tienen por qué ser todas impecables (salvo cuando está comprometida la infalibilidad pontificia). En cuanto al Concilio Vaticano II, su buena fe al convocarlo —sinceramente preocupado por dar a la Iglesia un rostro rejuvenecido— no excluye una cierta falta de precaución y discernimiento en la manera como permitió que se encaminaran las cosas. En lo que también habría influido aquello que él mismo admitió en cierta ocasión: que era más pastor que teólogo. Su olfato en materia de doctrina no era tan fino como el del cardenal Ottaviani, entrenado en una larga carrera en el Santo Oficio, ni su formación intelectual le permitía comprender a fondo las nuevas escuelas teológicas. Dicho esto, sí: fue un Papa bueno, al estilo de San Pedro Celestino y San Pío X, es decir, bueno de corazón.

Otro tópico: el mito de “Papa revolucionario”. El beato Juan XXIII lo fue en todo caso por los resultados, no por las intenciones. Existen testimonios de su rigidez en cuanto a la etiqueta eclesiástica, como la anécdota en la que se cuenta cómo afeó a unos seminaristas del Colegio Francés de Roma el que no llevaran el sombrero negro de fieltro de los clérigos. Aunque al principio le costó acostumbrarse, le tomó gusto al protocolo y al ceremonial vigentes en la corte papal. En su indumentaria no omitía ninguna de las prendas del ajuar pontificio y se sentía muy cómodo con el camauro (el antiguo gorro de terciopelo escarlata orlado de armiño), que no llevaban usualmente los Papas desde la época de la Contrarreforma. Pero no son estos detalles los que desdibujan su supuesto inconformismo. Existen datos sólidos que avalan el conservadurismo de Roncalli. Citaremos unos cuantos, a título de ejemplo.

El primero es la confirmación que dio el 2 de abril de 1959 a la responsio (respuesta) negativa del Santo Oficio del 25 de marzo anterior sobre la posibilidad de colaboración con los comunistas por parte de los católicos en las elecciones (sea dándoles votos o apoyándolos de cualquier otra manera), a tenor del decreto de 1º de julio de 1949 (en el que se consideraba apóstatas de la fe e incursos en excomunión a quienes prestaren tal colaboración). Según la regla de la caridad cristiana, el Papa acogía benévolamente a las personas, pero no podía admitir el error y menos toleraba que los que se llamaban católicos contribuyeran a su difusión. El segundo dato: su entusiasmo por el Sínodo Romano de 1960 y sus resultados (que no podían ser más tradicionales), hasta el punto que costeó de su propio peculio una edición de lujo de las constituciones sinodales, cuyos ejemplares regalaba a sus visitantes más ilustres como muestra de especial aprecio. El Papa Juan pensaba —como ya se vio— que el Concilio podría ser a escala universal lo que el Sínodo había sido para Roma. Un tercero lo constituye la promulgación, el 22 de febrero de 1962 y en medio de un aparato sin precedentes en la basílica de San Pedro, del importante documento sobre el latín que se intitula Veterum sapientia, al que dio la forma solemne de constitución apostólica. Por fin, el 30 de junio de 1962, Juan XXIII ponía su firma al monitum (admonición) del Santo Oficio contra la aceptación acrítica de los escritos del P. Teilhard de Chardin (uno de los exponentes de la Nouvelle Théologie, cuyo pensamiento habían defendido Jean Daniélou y Henri de Lubac). ¿Pueden juzgarse estas actitudes y medidas como propias de alguien que quiere revolucionar la Iglesia? Francamente es difícil.

32 comentarios

  
vicente
la verdadera revolución que nos hace falta es una revolución de santos.
09/11/12 1:23 PM
  
Martin Ellingham
Es un acierto del autor que recuerde al Sínodo Romano y la firmeza en la condena del comunismo.

Decía Álvaro D´Ors sobre Juan XXIII y el Pacto de Metz:

"Algo parecido ha ocurrido con la condena del Comunismo, que, naturalmente, no podía figurar todavía en el antiguo Código. El Sínodo de 1960, no sólo tenía un recuerdo de sentimiento (págs. 477 y 499) para los que sufren en la Iglesia del silencio, y, por otro lado, volvía a afirmar la licitud de la propiedad privada (art. 217 § 1), sino que declaraba como enemigos de la Iglesia al Comunismo, Marxismo y Materialismo; no sólo condenaba los partidos políticas contrarios a la Iglesia (artículo 246, cfr. 216) y prohibía (art. 672) la pertenencia a los sindicatos marxistas, sino que negaba expresamente la intervención de personas comunistas y similares en las ceremonias nupciales (art. 509) y como padrinos de Bautismo (art. 379 § 3).Esto era congruente con el Decreto del Santo Oficio de 28-11-1949, bajo Pío XII, y con el más severo todavía del nuevo Papa Juan XXIII, el 25-111-1959. Pero esta hostilidad había de cesar desde los primeros momentos del Concilio. En agosto de 1962, ya con la autorización pontificia, se celebró en Metz un encuentro con el Metropolita de Moscovia, Nicodemo, en el que se convino que el Concilio no iba a proferir condena alguna del Comunismo, y así sucedió, en efecto: «Comunismo» y «Marxismo» son palabras que no aparecen ni una sola vez en los textos conciliares. Sólo Dios podrá juzgar sobre el acierto o no de esta «Ostpolitik» influida ya entonces por el futuro Papa Pablo VI, quien, quizá con su mayor clarividencia, veía —y no seré yo quien lo niegue— cierta lejana esperanza de restauración cristiana del mundo precisamente ex Oriente, es decir, con un objetivo de mucho mayor alcance que el que pudiera pensarse a primera vista."

Saludos.
09/11/12 2:36 PM
  
perenolasc
ay, ay, ay, que esta "reflexión" no me gusta nada...que de ahí al lefevranismo hay un paso... ay ay ay
09/11/12 3:06 PM
  
Alberto Royo Mejía
El artículo refleja solamente la opinión particular de su autor, no la mía, no necesariamente coinciden
09/11/12 3:10 PM
  
luis
Excelente artículo. Cerrar los ojos ante la realidad histórica no es la solución para los no lefebristas, perenolasc.
09/11/12 4:16 PM
  
santodomingo
Muy interesante este artículo, aunque discrepo enérgicamente con esto:

"Dicho esto, sí: fue un Papa bueno, al estilo de San Pedro Celestino y San Pío X, es decir, bueno de corazón."

Comparar a Juan XXIII, por mucho cariño que se le pueda tener, con San Pio X, es comparar a un enano con un gigante. La realidad es que, mientras San Pio X fulminó a los enemigos de Cristo con sus encíclicas anti-modernistas, y luchó incansablemente por defender la Iglesia con un santo temor de la responsabilidad tan tremenda que le había sido encomendada, Juan XXIII abrió ingenuamente las puertas de la Iglesia de par en par, para que entraran triunfalmente los lobos, que muy pronto devoraron a la mayoría de fieles, con sus "reformas", engaños y herejías.
09/11/12 4:50 PM
  
Martin Ellingham
Sobre el Pacto de Metz y la no condena del comunismo, la bibliografía es muy amplia. En una obra reciente, de un profesor de la Universidad de Navarra, lo resume claramente:

“En el debate sobre el ateísmo, que tuvo lugar a finales de octubre, se pidió por numerosos obispos una condenación formal del comunismo. Pero esta postura no prosperó en el Aula. Era conocida la oposición de Pablo VI a semejante medida. El Papa deseaba con la mayoría de los Padres conciliares una censura del ateísmo como ideología antirreligiosa. Consideraba inoportuna, y en gran parte innecesaria, una condenación del comunismo, porque habría parecido un gesto político” (Morales, J. Breve historia del Concilio Vaticano II. Rialp, Madrid, 2012, p. 129)

Saludos.
09/11/12 8:40 PM
Es un error afirmar que no hubo condena alguna del comunismo por parte del Concilio Vaticano II. La mayoría de las fuentes mencionadas en este post se refieren a una condenación formal y explícita del comunismo, y no a una condenación implícita pero diáfana del mismo.

De hecho, este tema ya ha sido tratado varias veces en el portal, primero por Daniel Iglesias aquí:

El Concilio Vaticano II y la condena de los errores
http://infocatolica.com/blog/razones.php/1006210646-el-concilio-vaticano-ii-y-la

Y luego por mi aquí:

El Concilio Vaticano II y su condena al comunismo
http://infocatolica.com/blog/apologeticamundo.php/1210130314-el-concilio-vaticano-ii-y-su
10/11/12 12:03 AM
  
Gregory
Interesante post en verdad que resulta lamentable cuando se emplean terminos tan confusos como: "La iglesia tuvo pacificamente su revolución de octubre" porque se prestan a evidentes equivocos que otros usaran para argumentar en contra en este caso del Vaticano II. El Concilio si condeno el comunismo de manera implicita en la Gaudiun et Spes en sus numerales 20 y 21 el comunismo se condena por imponer el ateismo a la sociedad combatiendo si es preciso a sangre y fuego todo tipo de manifestación religiosa. No tiene desperdicio la cita recomiendo leerla.
10/11/12 2:28 AM
  
Martin Ellingham
Tres cosas:

1. Contra los negacionistas La existencia del Pacto de Metz es un hecho histórico. A los autores ya citados cabe agregar el caso de José Orlandis Rovira (primer director del Instituto de Historia de la Iglesia de la Universidad de Navarra) en su obra "La Iglesia Católica en la Segunda Mitad Del Siglo XX" (ps.30-31). Dice Orlandis que se pactó en Metz que el concilio "se abstendría de cualquier pronunciamiento directamente condenatorio del comunismo".

2. Para el Magisterio de la Iglesia no existe tal cosa como una "condena implícita". Una condena, en sentido propio, es explícita o no es condena. Máxime con una doctrina cuya puesta en práctica tenía consecuencias tan serias como la excomunión. Afirmar que hay condenas implícitas supone un disparate teológico (ya que es una función del magisterio explicitar lo que está implícito, no generar misterios para iniciados), moral (las personas se presumen honestas) y canónico (publicidad exigida al magisterio vinculante por razones de seguridad jurídica).

3. Sugiero a quienes sostienen la existencia de "condenas implícitas" que hagan testeo empírico de su "hipótesis" e intenten iniciar un proceso ante la Congregación para la doctrina de la fe, con base en alguna "condena implícita". Lo más probable -supuesto que por caridad no se les rían en la cara- es que les recuerden los principios elementales plasmados en el reglamento para examinar doctrinas (29-VI-1997), para luego explicarles que si no hay condena explícita precedente tocará la CDF examinar el caso y emitir una condena nueva, que deberá ser explícita.

Saludos.
10/11/12 11:30 AM
  
Gregory
Por cierto los lefebistas no ven la condena al comunismo por eso lean la gaudiun et spes no hace falta ir a la CDF leanlo ustedes mismos y solo eso haganlo.
10/11/12 9:25 PM
  
solodoctrina
Lamento que el P Royo cobije esta fantasía política-religiosa del señor Vargas en su blog. Porque, entre otras cosas, no sabemos cuáles afirmaciones del señor Vargas coinciden con las opiniones del P Royo y cuáles no.

Sobre el tema en particular de la condena del comunismo por el CV II debe aclararse que ese no era en absoluto un motivo central de su convocatoria. Por lo demás, sería ridículo que integren la agenda de un concilio, consideraciones sobre el comunismo, sobre el cual la Iglesia ya se había expedido con claridad un buen número de veces.

11/11/12 6:56 AM
  
josé vericat
Lo cierto, es que al día de hoy, 50 años después, la Iglesia no ha encontrado salida a la crisis, que, quiérase o no, ha surgido - no sé si a causa de, o con motivo de - pero en todo caso sí después de ... Ya que la Iglesia bajo Pio XII era de un grado de exaltación como no demasiadas veces en la Historia.
11/11/12 7:20 PM
  
gior
Los esquemas que se rechazaron durante el Concílio, ¿fueron publicados en algún sitio?, ¿se puede acceder a ellos? ¿Y los documentos del Sínodo Romano?

Muchas gracias.
11/11/12 10:05 PM
  
Maricruz Tasies
No me referiré al artículo porque ni siquiera lo he leído pero les diré algo.

Si el Consejo Editorial de InfoCatólica le ha publicado a Rodolfo Vargas Rubio es porque lo consideran de fiar al igual que yo.

Razón tiene el Santo Padre de pedirnos que le dejemos a Dios hacer Iglesia porque está visto que no hace falta que aparezca alguien que exprese las cosas un pelín diferente de lo que juzgamos correcto y nos le tiramos encima.

Rodolfo para mi y como Secretario de la Federación Internacional Una Voce fue durante años y lo sigue siendo un gran amigo y asesor en lo que respecta a las gestiones que estuve realizando para fundar la asociación en Costa Rica, de tal manera que me lastima personalmente el que le hagan este tipo de críticas.

Alguien que sabe servir a la Iglesia como el lo hizo durante tantos años y lo continua haciendo es no solo de respetar sino agradecer.
11/11/12 11:50 PM
  
Maricruz Tasies
Padre Royo, le agradezco que publique estos artículos porque para mi resultan valiosos.
12/11/12 12:05 AM
  
Martin Ellingham
Los críticos del artículo saltan fácilmente al ad hominem y no aportan argumentos consistentes. Por ejemplo, he citado a tres catedráticos de la Universidad de Navarra, que confirman la existencia del pacto de Metz y su significado. Me gustaría que los negacionistas pudieran argumentar contra la existencia del pacto. Cabe aclarar que De Mattei y Tornielli han publicado recientemente pruebas documentales.

Saludos.

12/11/12 10:15 AM
  
solodoctrina
En esta zona de comentarios no han existido argumentos o críticas contra la persona del señor Vargas. Hay gente que confunde ataques personales a críticas a un artículo, lo cual ayuda poco a ejercitar el razonamiento. Desde ya, hay que aclarar que si alguien publica un escrito debe aceptar tanto el elogio como la crítica. Lo mismo, los defensores del articulista ¿O acaso se está intimidando al ejercicio de la libertad de expresión, mostrándose ofendido por críticas naturalmente legítimas, realizadas al escrito en cuestión?

Asimismo, a partir de la intervención de Tasies, da para pensar si este artículo del señor Vargas, tan injusto con la Iglesia y sus hombres es, también, la postura editorial de Infocatólica.
12/11/12 4:28 PM
  
Gregory
No conozco al Sr. Rodolfo no niego los méritos que le puedan adornar porque no lo conozco pero de algo estoy seguro no es infalible ni es una persona ajena a la critica respetuosa. Por otro lado creo que son personas como Martin quienes aprovechan cualquier cosa o escrito para reafirmar su punto de vista y eso es valido aunque se este equivocado.
12/11/12 7:09 PM
  
Silvestre
Seamos sinceros, algo se hizo mal cuando tantas décadas después todavía se discute qué dijo el Concilio, qué no dijo, qué quería decir, qué no quería decir, cuál era su objetivo, si pastoral, dogmático o ambos...

Hay concilios que han tardado en aplicarse, otros han sido muy discutidos los años psteriores, pero dudo que a ninguno le haya seguido tanta confusión sobre él mismo. Y al final en vez de aplicar en la predicación, la evangelización y la vida comunitaria los Diez Mandamientos y la Voluntad del Redentor nos dedicamos a discutir circularmente sobre un concilio.

Como poco hastía. ¿Realmente es necesario todo ésto? Yo, lo siento, soy un pobre ignorante y no entiendo nada.
13/11/12 12:51 AM
  
Martin Ellingham
Gregory: lo que gratis se afirma, gratis se niega...

Si tiene argumentos para negar la existencia del Pacto de Metz y su alcance, se pueden debatir. Lo mismo hay que decir de esa categoría de las "condenas implícitas".


13/11/12 11:17 AM
  
Tomás Guillermo Santillana Cantella
Hago mío en todas sus partes y sin ninguna observación, lo expuesto por Rodolfo Francisco Vargas Rubio en su artículo El Concilio y la Tentación Revolucionaria.
13/11/12 4:05 PM
Tres cosas también:

1. Incluso la fuente del texto de cita quien participa con el pseudónimo de Martin Ellingham no dice lo que pretende que dice, que no hubo condena contra el comunismo, sino que el concilio "se abstendría de cualquier pronunciamiento directamente condenatorio del comunismo".

2. Cuando me refiero a una condena implícita de parte del magisterio me refiero a la condena del marxismo comunista describiéndolo más que mencionándolo explícitamente por nombre. El texto en sí mismo es bastante claro:

“Entre las formas del ateísmo moderno debe mencionarse la que pone la liberación del hombre principalmente en su liberación económica y social. Pretende este ateísmo que la religión, por su propia naturaleza, es un obstáculo para esta liberación, porque, al orientar el espíritu humano hacia una vida futura ilusoria, apartaría al hombre del esfuerzo por levantar la ciudad temporal. Por eso, cuando los defensores de esta doctrina logran alcanzar el dominio político del Estado, atacan violentamente a la religión, difundiendo el ateísmo, sobre todo en materia educativa, con el uso de todos los medios de presión que tiene a su alcance el poder público.

La Iglesia, fiel a Dios y fiel a los hombres, no puede dejar de reprobar con dolor, pero con firmeza, como hasta ahora ha reprobado, esas perniciosas doctrinas y conductas, que son contrarias a la razón y a la experiencia humana universal y privan al hombre de su innata grandeza.” (GS 20-21).


Si el texto no resulta suficientemente claro bastaría ver la nota que aparece al final, donde para clarificar que condenas se reiteran de parte del Concilio, se citan cuatro encíclicas que condenan el comunismo ateo.

-Divini Redemptoris (Sobre el comunismo ateo) de Pío XI (19 de marzo de 1937).
-Ad Apostolorum Principis (Sobre el comunismo en a Iglesia en China) también de Pío XII (29 de junio de 1958)
-Mater el Magistra (Sobre el reciente desarrollo de la cuestión social a la luz de la doctrina cristiana) de Juan XXIII (15 de mayo de 1961)
- Ecclesiam suam (El mandato de la Iglesia en el mundo contemporáneo) de Pablo VI (6 de agosto)

3. Por tanto, se puede discutir si es implícito o explícita la condena al comunismo de parte del Concilio, pero lo que no se puede hacer si se pretende ser honesto intelectualmente es negar que existió, porque allí está y cualquiera puede comprobarla.

Entiendo que los lefebvrianos tengan dificultar para admitir este hecho, porque su interés principal que se deba ver en todos los sitios donde dejan ver su cara, es descalificar al Concilio. De allí la manipulación de ciertos autores que hablan de que no hubo condenas directas al comunismo sesgando sus comentarios para hacerlos decir algo que no dicen. Pero esto, repito, es irrelevante. La condena está allí.
16/11/12 6:15 PM
  
Gregory
Sobre las condenas implicitas con mucho gusto le invito a leer la Gaudiun et spes en los numerales antes mencionados esta ahi reflejado esta retoma la condena del papa Pio XI sobre el comunismo en la divinis redentoris. Sobre el tema del pacto al que se refiere insitentemente le dire la verdad pienso que no pasa de ser una fabula.

Por otro lade el Concilio Vaticano II a grandes raasgos es muy valorado en la Iglesia salvo por algunos ha sido, por ahora el ultimo de manera que esta muy reciente aun viven Padres conciliares. Y la interpretación del mismo fue en muchos casos manipulado. Y vuelvo a insitir todo Concilio en su aplicación es un proceso de adaptacion es lento, y poniendo las criticas negativas aparte el valor doctrinal del Concilio es valiosisimo.


Por cierto silvestre la aplicación del Vaticano I ocasiono un cisma el de los viejos católicos que aun hoy no aceptan ese Concilio.
16/11/12 10:15 PM
  
Martin Ellingham
Entiendo que el voluntarismo neoconservador practica una “apologética” negacionista de la realidad.

1. Más pruebas sobre el pacto de Metz.

George Weigel, campeón del juanpablismo y Andrea Tornielli, en su biografía de Pablo VI, aportan más pruebas escritas sobre la existencia del pacto de Metz. Lo mismo ha hecho recientemente Roberto de Mattei.

2. Las “condenas implícitas” son un círculo cuadrado.

Una condena magisterial puede asumir diversas formas de redacción. No es necesario que sea redactada en como un canon de género jurídico-legislativo y que contenga la expresión “sea anatema”. Sí se requiere, obviamente, que individualice el objeto reprobado. Y no es necesario remontarse al magisterio pre-conciliar para encontrar ejemplos: “…declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente…” (Juan Pablo II. Evangelium vitae, 62)

Respecto del comunismo, hubo condenas claras, sin emplear el género jurídico-legislativo y recurrir al clásico “anatema”, con diversas formas redaccionales:

a. Condena lisa y llana: “el comunismo es intrínsecamente malo” (Pío XI, Divini Redemptoris).

b. Recuerdo y actualización de la condena: “la Iglesia ha condenado los varios sistemas del socialismo marxista, y los condena también hoy” (Pío XII, Radiomensaje de Navidad, 1942)

c. Recuerdo de una condena sin actualización ni revocación: “El Sumo Pontífice [Pío XI, citado más arriba] manifiesta además que la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical” (Juan XIII, Pacem in terris)

Los tres pontífices precisan el objeto reprobado (comunismo, socialismo marxista) y emplean la palabra condena.

3. Gaudium et Spes 20-21 y su nota.

El texto de GS y su nota han sido reproducidos aquí por lo que no resulta necesario volver a copiarlo aquí. Merece crítica en cambio la “interpretación” que practican algunos. Por los siguientes motivos:

3.1. No hay relación unívoca entre ateísmo y comunismo. El ateísmo, aun siendo uno de los errores fundamentales del comunismo, no es el único, ni es propio, y mucho menos exclusivo del comunismo.
Dos ejemplos de actualidad:
a. El asturiano Gustavo Bueno es ateo (con un sistema de materialismo filosófico propio) pero no comunista;
b. Ayn Rand, una autora muy influyente en los Estados Unidos, pero menos conocida en Europa, era atea y rabiosamente anticomunista.

3.2. Un comunismo teísta eludiría la hipotética “condena”. En el caso de que el comunismo, por hipótesis, no hubiera sido ateo, debería ser rechazado por la negación de otras verdades fundamentales del orden natural.
Sin embargo, basta una mirada histórica a todo el fenómeno de los cristianos por el socialismo, la teología de la liberación, el diálogo entre cristianos y marxistas en sus principales exponentes de finales de los 60 y 70 (v. especialmente el caso de Karl Rahner) para encontrar sobrados ejemplos de comunistas teístas e incluso cristianos.

3.3. Las condenas no se interpretan de manera extensiva sino de manera estricta. Las palabras “comunismo” y “marxismo” no aparecen ni una sola vez en los textos conciliares, el texto dio lugar a la excluir comunismos teístas de la reprobación.

4. Conclusión

El texto de GS y su nota no es una condena del comunismo. Es una alusión o una remisión, que ocupa un lugar secundario en el texto (una nota al pie) conciliar.

Que el Vaticano II no haya condenado al comunismo no es en sí algo heterodoxo. Para equivocarse, lógicamente, es necesario que exista una proposición que afirme o niegue una cosa respecto de otra. Y no hay heterodoxia en el silencio, a menos que haya obligación de expedirse en un sentido u otro.

La ausencia de error doctrinal no impide, sin embargo, discutir sobre la oportunidad y consecuencias de la una omisión que, vistos los antecedentes históricos, fue pactada y deliberada.
17/11/12 3:31 PM
  
Martin Ellingham
P.S. mi anterior tiene algunas erratas que en otro momento, si resulta importante, trataré de corregir.
17/11/12 8:23 PM
  
Gregory
Bueno si no quieren ver en este texto una condena ahi les dejo eso si así sienten felices les dejare en su felicidad. Pero yo si creo en esa condena.
18/11/12 2:12 AM
  
Martin Ellingham
Gregory: no confunda los hechos (el texto de GS) con sus interpretaciones. Aunque es propio del voluntarismo disociarse del primado de la realidad, en este caso además se incurre en una falacia redonda, de manual.

Saludos.
19/11/12 11:08 AM
  
José Miguel Arráiz

Muy falaz encuentro la argumentación de Martin Ellingham.

1. El pacto de Metz es irrelevante, porque aunque hubiese ocurrido y algunos biógrafos lo reseñen, lo importante es el texto del Concilio, no los posibles acuerdos que hayan ocurrido antes de él.

2.- Es cierto que no hay relación unívoca entre el ateísmo y comunismo. La Gaudium Et Spes alude a varios tipos de ateísmo, es cierto. Eso no quiere decir que el texto citado no haga referencia especial a un tipo de ateísmo que “pone la liberación del hombre principalmente en su liberación económica y social” .y “pretende este ateísmo que la religión, por su propia naturaleza, es un obstáculo para esta liberación, porque, al orientar el espíritu humano hacia una vida futura ilusoria, apartaría al hombre del esfuerzo por levantar la ciudad temporal” . El resto del texto es también bastante claro respecto a que tipo de ateísmo se refiere. Por tanto, aunque el texto en general aluda varias formas de ateísmo, eso no quita que esta sección aluda al ateísmo marxista y su expresión política: el comunismo.

3. Si, es cierto que un marxismo teista eludiría la condena, lo cual no es el caso. Ya luego al surgir estas modalidades de marxismo también la Iglesia se pronunciaría como lo ha hecho con la teoría de la liberación. Lo importante es que el comunismo tal como se entiende no la elude.

4. .Ya se ha dicho que el hecho de que las palabras “comunismo” y “marxismo” y marxismo no aparezcan en el texto no hace menos clara que la reiteración de las condenas que se hacen en la nota si lo hagan.

5. Reiterar condenas del pasado también es una forma de condenar, y aquí no se discute si la reiteración de esas condenas un lugar secundario o no, sino si está allí, y allí está.

Aunque si hemos de ser honestos, no ocupa un lugar secundario. La condena aparece en el texto, lo que está en la nota es la explicación de que condenas se reiteran, citando las encíclicas dedicadas a condenar el comunismo.
19/11/12 1:41 PM
  
Martin Ellingham
Algunos comentarios adicionales sobre los dichos del Sr. ARRAIZ.

Ante todo, decir que entiendo que tenga problemas con el primado el primado de la realidad sobre sus propios deseos, porque eso es constitutivo del voluntarismo que profesa.

1. La cita completa del profesor Orlandis (UNAV) sobre el Pacto de Metz.
El texto y su contexto próximo no dice lo que pretende el Sr. ARRAIZ. Su sentido es concordante con media docena de historiadores ya citados aquí. Lo transcribo:
“Entre los observadores figuraban dos representantes del patriarcado de Moscú, cuya presencia despertó la natural expectación, y que parece haber sido el resultado del llamado “pacto de Metz”, en atención a la ciudad alsaciana donde tuvo lugar la larga aunque informal negociación.
Los protagonistas de estas conversaciones habrían sido el cardenal Tisserant, decano del Sacro Colegio por parte del Vaticano, y el metropolita Nikodim, enviado del patriarcado de Moscú. El acuerdo fue que el concilio se abstendría de cualquier pronunciamiento directamente condenatorio del comunismo.
Una vez concluido el “pacto”, Mons. Willebrands, miembro destacado del secretariado para la unidad de los cristianos, viajó a Moscú para formalizar oficialmente la invitación…” (La Iglesia Católica en la Segunda Mitad Del Siglo XX. Ps.30-31).

2. Arráiz confunde hechos con su personal interpretación. Es un hecho innegable la existencia de GS 21-22 y de su nota. No es un “hecho” que el texto contenga una condena al comunismo. Tal conclusión es la hermenéutica que practica el Sr. ARRAIZ, muy discutible por cierto. Que una nota alusiva sea una condena es también interpretación del Sr. ARRAIZ, no un hecho. En realidad, cuando alguien dice que su propia hermenéutica es un hecho lo que hace es enmascarar una petición de principio. Supone lo que debe probar: que el texto es una condena en el sentido propio y católico del término.

3. No todo comunismo es ateo, ni todo ateísmo es comunista. A los ejemplos que ya he citado cabe agregar ahora el caso significativo del proto-comunista Graco Babeuf, que no fue ateo sino deísta (y masón). Pero dado que la historia del pensamiento político (o el pensamiento mismo, como actividad) no se cultiva mucho entre negacionistas, pongo ahora un ejemplo “audiovisual” (Cristianos por el socialismo llaman a votar por Chávez):
http://www.youtube.com/watch?v=4_SlUPMdZnM

4. Falacia de accidente. La pretensión de incluir al comunismo en una condena al ateísmo es una falacia que transforma en un atributo esencial lo que en realidad es un atributo accidental y eso conduce a errores de generalización. Tal vez exista una “lógica bolivariana” que autorice a convertir lo contingente en esencial. Pero no es así para la lógica clásica supuesta por el Magisterio de la Iglesia.

Saludos.
19/11/12 3:34 PM
  
Gregory
Si el texto hubiese dicho comunismo literalmente los comentarios de Martin no existirian eso es todo.
19/11/12 5:28 PM
  
José Miguel Arráiz
Nuevamente respecto a los comentarios de quien participa como Martin Ellingham

1.-La cita de Orlandis ya se analizó y él habla de que se negoció que no hubiera un pronunciamiento DIRECTAMENTE condenatorio. El mismo texto que suministra lo confirma,.

2.-Es completamente comprensible que no esté de acuerdo con mi interpretación de la GS 21-22, era de esperar tomando en cuenta su orientación lefebvriana, pero el hecho es que en el numeral 22 si se habla de condena: “La Iglesia, fiel a Dios y fiel a los hombres, no puede dejar de reprobar con dolor, pero con firmeza, como hasta ahora ha reprobado, esas perniciosas doctrinas y conductas, que son contrarias a la razón y a la experiencia humana universal y privan al hombre de su innata grandeza.”. Y ¿Cuáles son esas perniciosas doctrinas y conductas que la Iglesia hasta ese momento ha reprobado?. Si no lo ve en el contexto para eso está la nota explicativa donde se citan las encíclicas con las condenas previas al comunismo. No se trata pues como asume es una personal interpretación, sino que son los mismos padres conciliares los que con dicha nota aclaran que condenas están reiterando.

3.-El punto 3 es verborrea pura. Ya se dijo que no todo el ateísmo es comunista pero también que en la GS 21-22 si se hace referencia especialmente a ese tipo de ateísmo. Que luego surgieran nuevas formas de comunismo deísta es irrelevante, y muchas de ellas tampoco escaparían a las condenas que reitera el Concilio reafirmando las encíclicas condenatorias al comunismo.

4.- La falacia no es incluir al comunismo en una condena al ateísmo, sino hacer querer ver que en dicho texto no se alude a un tipo particular de ateísmo que es el marxista. El hecho de que el Concilio dedique una sección a la condena del ateísmo no incluye que allí mismo hile más fino y referencie formas de ateísmo más específicas.
19/11/12 6:22 PM

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