13.03.22

Hitler ganó la guerra

Las revoluciones liberales nos vendieron que sin Dios íbamos a ser más felices, que la educación iba a acabar con la violencia y con las guerras. El hombre mayor de edad, siguiendo el non serviam luciferino, se rebeló contra la Ley de Dios y se creyó autónomo. Los ateos convencieron a las masas de que sin Dios viviríamos mejor y seríamos verdaderamente libres. El hombre es bueno por naturaleza – el buen salvaje – y, libre del concepto de pecado y de remordimientos, él solo y por sí mismo se dará sus propias normas morales. Dios ya no hace falta para nada.

Y viene Kant y dice que el hombre mayor de edad, el ilustrado, no puede conocer nada que no perciba por los sentidos: ya no se puede hablar del alma ni de Dios. Y que una persona es un ser autónomo que no depende de nadie, que se autodetermina, se autoposee y que es responsable de sus actos. La persona es digna porque es autónoma y no depende de nada ni de nadie: tampoco de Dios, suponiendo que exista porque a Él no lo podemos conocer.

Y resulta que los seres humanos no autónomos no son personas y no tienen derechos, sino precio. Y los embriones humanos, los fetos, no son autónomos y no son personas y, por lo tanto, no tienen derechos. Y el aborto se convierte en un derecho de la mujer autónoma, que tiene dignidad y es libre para matar a su hijo, si no lo desea. Porque la dignidad de las personas autónomas impone su libertad, su voluntad, a cualquier otra consideración. La ley es su deseo. El libertinaje es ley. Los seres no autónomos no tienen dignidad ni derechos. 

Y los viejos, los discapacitados, los parapléjicos, los enfermos terminales, los niños con Síndrome de Down tampoco son personas con dignidad: su vida es indigna. Por eso se les tiene que proporcionar una «muerte digna». Los débiles, dice Nietzsche (discípulo aventajado de Kant y de Darwin), no solo deben desaparecer, sino que debemos ayudarlos a desaparecer. La compasión cristiana va contra el principio darwinista de la selección natural. Pero la ley de la selección natural nos dice que solo deben sobrevivir los más fuertes, los más dotados para vivir sin depender de nadie.

Y en toda Europa se aprueban leyes de eutanasia y de suicidio asistido para quitarse de en medio a todos aquellos que llevan una vida indigna por no ser autónomos. Y los fetos con discapacidad o con Síndrome de Down no llegan a nacer y Europa presume de que cada vez hay menos niños Down: claro, porque los matan, los abortan. Porque la voluntad del hombre autónomo, la voluntad de quien impone su libertad y sus deseos, asesina a los débiles, que deben perecer, porque son una carga para la humanidad. 

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3.03.22

Rusia invade Ucrania

No lo entiendo. No puedo entenderlo.

Entiendo que los comunistas del mundo apoyen a Putin y a su régimen tiránico en su invasión de Ucrania. A Putin, a la Rusia de Putin, la apoyan Corea del Norte, Venezuela, Cuba, Eritrea, Siria, Bielorrusia… ¿Hace falta explicar qué representan estos países? Son basura: gobiernos asesinos, dictaduras monstruosas… Son la ciénaga pestilente de la comunidad de naciones. Así pues, es comprensible que la defecación apoye a la excreción. La misma mierda son.

Lo que no puedo entender es que haya voces del tradicionalismo católico que prediquen la neutralidad o incluso lleguen a justificar la invasión de Ucrania como un acto de guerra justa. No lo entiendo. Y, por supuesto, no lo comparto en absoluto y con la libertad de hijo de Dios, de quien no debe nada a nadie, condeno esta invasión de Ucrania sin ningún tipo de paliativo.

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24.02.22

Guerra, hambre y peste: los tres castigos de Dios sobre los pueblos

En 1805, don Pedro Gómez Bueno (1741-1807) predica en la solemnidad del domingo de ramos un sermón en la Real Iglesia de Santiago de Cádiz titulado Guerra, hambre y peste, los tres castigos de Dios sobre los pueblos, sirviendo de aviso a los mortales. El texto completo lo pueden leer pinchando en el enlace: el PDF está en la Biblioteca Virtual Andalucía. Les aseguro que nunca había oído hablar del P. Gómez Bueno. Pero la Divina Providencia, con su sabiduría infinita y eterna, hizo que este texto llegara a mi conocimiento. Y, por su interés, comparto con ustedes algunos fragmentos de este sermón de don Pedro Gómez, sin añadir ni quitar nada:

Nosotros en el día sufrimos guerras repe­tidas, hambres frecuentes y epidemias reiteradas. A vista de esto, deseo haceros conocer que, si Jesucristo anunciaba a Jerusalén varias calamida­des en castigo de su obstinación y dureza, pode­mos temer nosotros que las calamidades que mi­ramos presentes sean unos castigos del Cielo por nuestros pecados. Me da fundamento para esto la misma Iglesia. Ésta, en una de sus oraciones de rogativa por  calamidad pública, pide encarecidamen­te a Dios que haga conocer a los hombres esto mismo. Haz, Señor, le dice, que los hombres co­nozcan que las calamidades son azotes de tu ma­no: que se los mandas cuando estás irritado con­tra ellos y que solo cesarán estando Vos aplaca­do: mortalium corda cognoscantte indignante talia flagella prodire et te miserante cessare. Pueblo Cristiano, conócelo tú de esta suerte: ¡Qué feliz fueras si así lo conocieras! Si cognovisses et tu: os he manifestado mi idea: intento deciros que la guerra, la hambre y la peste que hemos experi­mentado en estos años pueden ser muy bien efec­tos de la Divina Justicia indignada contra nosotros, pero añado que también pueden ser efectos de su misericordia para con nosotros dándonos es­tos recuerdos para nuestra enmienda. En breves pa­labras: la guerra, la hambre y la peste son castigos de Dios sobre los pueblos con los que avi­sa a los mortales sobre el arrepentimiento de sus culpas. Para que yo pueda imprimir en vuestros corazones estos sentimientos, recurramos antes todos a pedir los socorros de lo alto.

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20.02.22

El Silencio sobre Dios

Uno de los defectos más sobresalientes en los debates políticos, sociales o intelectuales, desde mi punto de vista, es la constante renuncia que muchos católicos hacen de hablar públicamente Dios. Omitimos a Dios. No citamos a Dios. No nos remitimos a Dios. Damos por sentado que en el mundo actual, Dios no pinta nada y que no podemos hablar directamente sobre Dios. Damos por supuesto y aceptamos las reglas del juego del Enemigo. Vivimos en una sociedad secularizada donde se da por consabido que Dios no existe o, si existe, no pinta nada en la vida social, política o intelectual. Aceptamos las premisas de los ateos o de los agnósticos.

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17.02.22

La Reforma Educativa

La llamada LOMLOE es la última basura que ha generado este régimen teófobo que continúa el paulatino proceso de destrucción de la enseñanza y de las instituciones educativas de España, con el fin de apoderarse de las almas de los niños y adoctrinarlos a todos en sus doctrinas impías. El liberalismo se ha mestizado con la dialéctica marxista feminista y ecologista dando lugar a lo que hemos venido en llamar “Pensamiento Único”: una ideología anticatólica, relativista y totalitaria que todo el mundo debe acatar a pies juntillas sin rechistar. Sólo se puede pensar de una manera: de la manera que imponen los poderes plutocráticos mundialistas. Y esos poderes trasnacionales (globalistas o mundialistas, llámenlos como quieran) han decidido imponer sus postulados a todo el mundo a través de los medios de comunicación, de las redes sociales y de las escuelas. Su objetivo: cambiar el mundo y erradicar cualquier vestigio de la civilización cristiana. Odian a Dios, odian la familia, odian la procreación, odian el amor (o ignoran lo que es) y la fidelidad conyugal. Odian a Cristo y odian a su Iglesia. Por eso también quieren destruir a la Iglesia desde fuera y desde dentro de la propia Iglesia.

En este proceso, la educación es una pieza más en manos de los poderosos para destruir cualquier resquicio de virtud, de humanidad o de caridad. La LOMLOE sigue la estela de la LOGSE y de la LOE. Pero cada vez se da un paso más en el proceso de destrucción de la educación y de la escuela.

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