La cantera latinoamericana

No les voy a hablar de fútbol, ni de la desangelada Copa América celebrada el pasado mes de julio. Pero al igual que hay una pléyade de futbolistas latinoamericanos por estos pagos, existe también una hornada de cristianos provenientes de aquellas latitudes, que se han visto obligados a emigrar a nuestra tierra. Ojo: digo cristianos, sin distinguir, porque entre los mismos hay un enorme grupo de católicos, pero también existe una creciente cantidad de adeptos a las diferentes corrientes protestantes. En los últimos años esta cantera se ha hecho presente en nuestras parroquias. Se trata de personas con una religiosidad muy acendrada, fieles, piadosas y, en especial, muy rezadoras. Pero, como a toda cantera, debe cuidársela, porque el riesgo de perderla está siempre presente. Especialmente cuando el protestantismo consigue cada vez más adeptos en sus países de origen.

En Cataluña se añade otra circunstancia al posible alejamiento de estos fieles: la lengua. No es un tema baladí. Está absolutamente comprobado que los fieles latinoamericanos se acercan más -mucho más- a aquellas parroquias que ofrecen suficientes misas en castellano que a aquellas otras que los ofrecen casi en exclusiva en catalán. Con el agravante de que el protestantismo en Cataluña proporciona la inmensa mayoría de sus servicios religiosos en castellano. Lo cual, evidentemente, utilizan como señuelo para captar nuevos seguidores. Algunos me dirán -no sin cierta razón- que muy frágil debe ser la religiosidad de aquellos que se pasan de un bando a otro; tan fácilmente y en cuestión tan fundamental. Ya digo que puedo llegar a suscribir tal aserto, pero el mundo es como es y no como quisiéramos que fuera. Igual pasó con el pueblo gitano y hoy están absolutamente incardinados en la Iglesia Evangélica de Filadelfia. Pocos gitanos quedan en la iglesia católica, a pesar de que, por ejemplo, nuestra diócesis cuenta con un secretariado diocesano de pastoral gitana.

No trato con ello de insinuar que la Iglesia no se vuelque con los inmigrantes y con los más necesitados. Muchos de ellos han encontrado amparo y auxilio en nuestras parroquias y en la Cáritas diocesana. Pero ese auxilio material también se lo proporcionan las iglesias protestantes. Volviendo al tema gitano, la labor de la Iglesia de Filadelfia llega al extremo de controlar que los niños vayan al colegio, al objeto de que sus padres no se queden sin el PIRMI, la renta mínima de inserción que les paga la administración. Muchas veces el éxito del protestantismo radica en lograr que los inmigrantes sean los verdaderos protagonistas de aquellas comunidades. Piénsese que estas personas han debido cruzar miles de kilómetros para ganarse el pan que no hallaban en sus tierras, que muchos de ellos están aquí sin sus familias, sin otro arraigo que un hermano o un paisano de su misma localidad. Es absolutamente comprensible que encuentren acomodo en centros religiosos donde se puedan sentir ciudadanos de primera. Y como les decía anteriormente, en Cataluña está el problema lingüístico. Estas personas han emigrado a España, pensando que la facilidad idiomática les iba a abrir puertas. Y así es, también en Cataluña, excepto en dos instituciones: la escuela y la iglesia. Con una salvedad, en la escuela entran de pequeños o muy jóvenes y la facilidad de aprender el idioma es mayor. Por el contrario, a la iglesia van fieles de todas las edades, algunos de ellos con un bagaje intelectual muy precario. Sentirse extranjeros en el templo, máxime cuando no lo esperaban, por mucha ayuda material que se les proporcione, no ayuda a la integración. Luego está la superioridad (casi siempre involuntaria) con que les miran los de aquí. Siempre hay feligreses que se creen que la parroquia nació con ellos. Eso sucede incluso con el sacerdote que acaba de aterrizar. Siempre hay aquel miembro del consejo parroquial, aquel representante "dels de tota la vida" que va a marcar el terreno al nuevo párroco. Con mayor motivo lo hacen con los inmigrantes. En especial, en el tema lingüístico.

No están los tiempos para ir desperdigando la mies. La cantera latinoamericana es muy nutrida y de una religiosidad tan extrema como quebradiza, aunque parezca un oxímoron. No les cerremos las puertas, no tengamos miedo a perder nuestra pequeña integridad de "catalanets", busquemos más bien nuestra gran integridad de católicos. Y tampoco desdeñemos la ortodoxia de muchos de estos fieles. Curiosamente, en las parroquias germinantes la presencia de latinoamericanos es más nutrida. Por algo será.

Oriolt