Capítulo 16: Fin de 1962: Ensueños tras una puerta abierta...

17 DE NOVIEMBRE: VOTACIONES SOBRE EL ESQUEMA

“Mientras tanto han pasado inadvertidas las primeras votaciones sobre el esquema litúrgico. Votaciones cuyo resultado, casi unánime, contrasta con el debate actual.

La realizada sobre el conjunto del esquema totalizó 2.162 votos favorables sobre un total de 2.215 ¿Se conseguirá la misma unanimidad cuando lleguen los puntos concretos: lengua litúrgica, concelebración, comunión bajo las dos especies? “

5 DE DICIEMBRE: VOTACIONES SOBRE LAS REFORMAS

“Mientras los nuevos temas han ido entrando en estudio el Concilio ha ido procediendo a las votaciones de las reformas introducidas en el esquema de Liturgia. La mayoría de las votadas hasta ahora eran más bien cuestiones de detalle. Pero ya hoy se ha llegado a algún punto realmente significativo.

El primero es el referido a la posición de las comisiones episcopales en materia litúrgica. Como es sabido, el esquema inicial dejaba prácticamente toda jurisdicción en este terreno a la Santa Sede y a las correspondientes Congregaciones. La modificación hoy introducida y aprobada por casi unanimidad dice así: "En virtud del poder concedido por el derecho, la reforma litúrgica es también competencia de las diferentes asambleas territoriales de obispos legítimamente constituidas". ¿No es éste un paso importante para la adaptación de la liturgia a todas las culturas?

El segundo gran problema debatido fue el de la lengua de la liturgia. Todavía no se ha votado el problema en particular, pero la toma de postura general indica ya los caminos que se seguirán. El párrafo tal y como hoy ha sido votado dice que el latín se conservará en los ritos latinos (nadie trataba en rigor de abolirlo completamente), pero que, dado el interés pastoral que se ve en las lenguas vivas, éstas podrán ser introducidas en mucha mayor parte en la liturgia, dejando para cada apartado en futuras votaciones el ver hasta dónde deben introducirse en cada acto litúrgico.

La puerta, pues, está abierta. Las futuras votaciones decidirán cuánto se abrirá en Ia misa y cuánto en cada sacramento. La casi unanimidad conseguida también en esta votación viene a demostrar que, al menos en términos generales, el acuerdo está conseguido. ¡Qué pena que no haya tiempo ya en esta sesión para llegar a estas aclaraciones concretas! Pero todo será cosa de esperar diez meses más. De todos modos lo importante es ver cómo el tiempo va madurando las ideas y cómo lo que ayer se veía insoñable, de pronto se hace posible, casi alcanzable con la mano. Dios sea bendito.”

Cóctel más que explosivo: competencia de las conferencias episcopales nacionales en materia litúrgica y posibilidad de introducir las lenguas vivas en mayor parte en la liturgia, en razón del interés pastoral. Estrategia clara a seguir: hacer que todo lo que se presente a posteriores votaciones, a pesar de haber afirmado solemnemente que el latín se conservará en los ritos latinos, privilegie la introducción de las lenguas vernáculas en el desarrollo de la reforma litúrgica. Pero para preparar este terreno hace falta algo de tiempo, no más que algunos meses, e instrumentos válidos. Pero también un golpe de timón. Y este llegó de la mano del Papa el día después, 6 de diciembre.

NUEVAS NORMAS PONTIFICIAS

Su objetivo estaba muy claro: reestructurar la marcha del Concilio y dirigir las reformas a través de una comisión que mantenga la línea del discurso de apertura del Concilio. Los prelados Suenens, Léger y Montini habían abogado por ello.

“Las normas dictadas hoy por el Papa recogen y arquitecturan todas estas preocupaciones:

En ellas por de pronto se dice que, en el intervalo entre sesión y sesión, las comisiones conciliares han de reexaminar y reelaborar todos los esquemas. Y han de examinarlos a una luz: a la de la alocución pontificia del 11 de octubre, fecha que comienza a ser histórica no sólo por haber inaugurado un Concilio, sino también una nueva manera de pensar. El Papa, en las normas hechas públicas hoy, vuelve a recoger los párrafos de su discurso en los que dice sin rodeos lo que quiere que sea este Concilio: un recoger las verdades antiguas y decirlas en el lenguaje de los tiempos actuales; un orientar todo con un carácter directa y prevalentemente pastoral; un decir la doctrina maternalmente, con el tono de la misericordia.

Por todo ello -prosiguen las normas pontificias- es necesario que entre todos los temas preparados se elijan principalmente aquellos que afecten "a la Iglesia universal, a los fieles y a la entera familia humana", dejando los puntos particulares a -novedad importante- las comisiones que serán constituidas después del Concilio. ¿No serán entonces las Congregaciones Romanas quienes aplicarán el Concilio, sino comisiones especiales que se constituirán concluidas las sesiones?

Pero sin duda la gran novedad de hoy es la constitución de una nueva comisión coordinadora, directora de las tareas del Concilio. El Papa hace suya, pues, aquella preocupación que señaló el cardenal Montini: "la falta de una autoridad que dominara la preparación de los esquemas, que señalase la idea central y arquitectónica que marcase el punto focal del programa". ¿Quiénes formarán esta comisión? Se sabe que la va a presidir el secretario de Estado, Cardenal Cicognani, y se rumorea que la formarán los cardenales Lienart, Suenens, Doepfner, Urbani, Confalonieri y Spellman. Me parece que basta leer esta lista para -si se confirma- conocer la orientación a la que esta comisión se inclinará. ¿Cuál será su tarea? Prácticamente dirigir el Concilio en estos diez meses de intersección: coordinar los trabajos de las comisiones y, sobre todo, vigilar -las normas usan exactamente esta palabra- para que las comisiones trabajen a la luz de la idea del Concilio: su universalidad, su modernidad, su pastoralidad.

Aún hay más novedades: Las comisiones en sus trabajos podrán llamar nuevos peritos, especialmente en los temas que toquen con el apostolado, peritos elegidos "no tanto por razones de oficio cuanto por razones de competencia". ¿Hace falta mucha imaginación para ver aquí recogida la petición de varios cardenales que señalaron que se debía pedir ayuda a peritos seglares? Y durante estos diez meses el Concilio seguirá realmente abierto: las comisiones trabajarán durante este intervalo; reelaborarán los esquemas y los enviarán a los obispos para que éstos manden por escrito las correcciones que crean necesarias. A la vista de estas correcciones de nuevo revisarán las comisiones los esquemas, con lo que se presentarán al Concilio mucho más maduros y se evitarán muchas de las pérdidas de tiempo que han sido tan características de esta primera sesión.

Ha causado impacto esta decisión de Juan XXIII, su vigor para tomar decisiones tan radicales. El Concilio cogerá con ello un ritmo totalmente nuevo. No morirá de aburrimiento, esto puede asegurarse. Juan XXIII está decidido a hacer "su" Concilio sin que nada cierre el camino.

Así, pues, el Vaticano II va a cerrar sus sesiones solemnes, pero va a quedar más abierto y más vivo que nunca. Juan XXIII ha cogido vigorosamente el timón y está decidido a no dejar dormirse a la Iglesia. Concluido, pues, su "noviciado" el Concilio se dispone a seguir su marcha a velas desplegadas.”

¡Aggiornamento a toda máquina! ¡Y el último, paga prenda! En ese mismo 1962 el Papa Juan XXIII es galardonado con el Premio Balzán de la Paz, por fomentar la “humanidad, paz y fraternidad entre los pueblos”

El 8 de diciembre se clausuraba la primera etapa del Concilio: a la salida de la Basílica vaticana, los dos mil obispos se perdieron entre las cincuenta mil personas que en la Plaza de San Pedro esperaban la bendición del Santo Padre. El cielo estaba abierto y la puerta también…

El 9 de abril el Papa firmaba su encíclica “Pacem in terris” que causó regocijo en todo el orbe. Sin embargo, el mundo se entristecía ante el anuncio público de su enfermedad, en la mañana del 23 de mayo de 1963: un cáncer de estómago. Murió en Roma el 3 de junio de 1963. El Papa no quiso dejarse operar temiendo que el rumbo del Concilio se desviara de lo estipulado, de esta forma el mismo Papa estaba firmando su sentencia de muerte. Al fin, después de una grave enfermedad, el Papa Juan XXIII muere sin ver concluida su obra, a la que él mismo consideraba “la puesta al día de la Iglesia”.

Dom Gregori Maria