Monarcas católicos y parlamentos ateos
En Mayo de 1990 el Rey Balduino de Bélgica renunció a sus funciones como Jefe de Estado durante dos días al negarse a sancionar la ley del aborto que promulgaba su parlamento, alegando un impedimento de conciencia. No fue un gesto que evitase a la postre la aplicación de esa macabra ley que más tarde entraría en vigor ratificada por el Consejo de Ministros, pero si que sirvió por lo menos para ofrecer un testimonio valiente que traspasó fronteras, rompiendo por unos días el silencio tácito que la opinión pública suele otorgar al tema del aborto.
Ahora Enrique I de Luxemburgo sobrino de Balduino (de segundo apellido Borbón-Parma) ha protagonizado un hecho parecido cuando su parlamento ha votado a favor de legalizar la eutanasia. Le tocaba firmar y el Gran Duque dijo “non”, y los socialcristanos luxemburgueses (que gobiernan)no fuesen por error o casualidad a hacer gala de aquello de “cristianos” ya están modificando la Constitución. Porque muy cristianos ellos, pero cuando el 51% dice matemos, habrá que matar.






