La triste verdad sobre UNICEF
Existe un consenso social asentado en la mentalidad del individuo occidental del siglo XXI, que irradia sobre determinadas instituciones un peligroso halo de infalibilidad sin fundamento. El caso más significativo es el de la ONU, paradigma para muchos de la justicia internacional en forma casi de divinidad terrenal, que en un análisis honesto quiebra impunemente los valores fundamentales del hombre, a través de hechos objetivos puestos en practica por diversas ramas de esta inmensa institución
El Vaticano retiró en 1996 su colaboración anual con UNICEF, puesto que los fondos de “ayuda a la infancia” destinados a través de esta organización, dependiente de la ONU, eran y siguen siendo dedicados a alimentar una estructura internacional de abortos en magnitudes bestiales.

Recuerdo que todos los años cuando empezaba el Adviento, mi tía me regalaba un calendario especial de “cuenta-atrás” que tras el número de cada día guardaba una chocolatina y un pequeño texto que contaba poco a poco la historia del nacimiento de Jesús. La virtud estaba en no comerse el chocolate del día siguiente para cumplir metódicamente con la idea inicial de comer solamente el que corresponde, uno diario. Confieso que por estas fechas tan próximas a la Navidad mi flaqueza humana me había perdido, y vencido por la tentación de aquel chocolate mediocre el calendario solía encontrarse ya totalmente vacío.
La primera campaña publicitaria del Ministerio de Sanidad promocionando el uso del condón se realizó en el año 1989 y proclamaba el eslogan “Póntelo, pónselo”. Tras una gran cantidad de dinero público invertido, el análisis del resultado desde un punto de vista objetivo fue un aumento del número de abortos en un 60%. No contentos, sucesivos gobiernos (también los del Partido Popular) insistieron en campañas de esta índole con el consiguiente aumento proporcional al dinero invertido de abortos y embarazos adolescentes. Si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra nuestros gobiernos deben llevar unos veinte años tropezando, porque después de analizar de forma imparcial los resultados obtenidos con la promoción del uso del condón, es inconcebible que el Ministerio de Sanidad dirigido por Bernart Soria lance de nuevo una campaña con la misma finalidad.
En Mayo de 1990 el Rey Balduino de Bélgica renunció a sus funciones como Jefe de Estado durante dos días al negarse a sancionar la ley del aborto que promulgaba su parlamento, alegando un impedimento de conciencia. No fue un gesto que evitase a la postre la aplicación de esa macabra ley que más tarde entraría en vigor ratificada por el Consejo de Ministros, pero si que sirvió por lo menos para ofrecer un testimonio valiente que traspasó fronteras, rompiendo por unos días el silencio tácito que la opinión pública suele otorgar al tema del aborto.