Religión Digital delenda est
Todos los que consultan habitualmente la información eclesial, saben que existe un pozo infecto de desinformación llamado Religión Digital. El modus operandi de su director y de su redactor jefe ha sido ya descrito en muchos lugares y es ya de sobra conocido. No vamos a entrar en ello.
También se ha explicado cómo este portal y sus responsables están detrás de las campañas de persecución mediática hacia algunos obispos españoles. Voy a poner sólo algunos de los muchos enlaces que se pueden encontrar al respecto. Ustedes sabrán encontrar el resto en InfoCatólica con poco esfuerzo.
El último ha sido bastante sonado y muchos de los excelentes blogueros de nuestra web se han hecho eco de los distintos aspectos. Por ejemplo aquí, aquí y aquí. Ni que decir tiene que comparto todo lo dicho por estos artículos y que creo, con la mayoría de los católicos, que D. Juan Antonio Reig Pla es uno de los obispos más valientes que tenemos en España. Vamos, que con nuestro D. Jorge González, también escribo: «yo soy Reig Pla».


Ne quid nimis (μηδὲν ἄγαν): «nada en exceso». Estas palabras completaban las dos famosas sentencias esculpidas en el templo de Apolo en Delfos, de las cuales la primera («conócete a ti mismo») es mucho más conocida. La huida del exceso estaba tan presente en la cultura griega que cuando Aristóteles tiene que definir la virtud en el segundo libro de su Ética Nicomaquea, dará por supuesto que ella tiene que constituir un medio, porque tanto el exceso como el defecto destruyen necesariamente el bien. Esto no supone un elogio de la mediocridad, pues el mismo Aristóteles aclarará que «de acuerdo con su entidad y con la definición que establece su esencia, la virtud es un término medio, pero, con respecto a lo mejor y al bien, es un extremo». La falta de virtud, en cambio, se manifiesta en el desorden, en la falta de razón, que hará que la acción tienda al defecto o al exceso, apartándose del bien que está en el medio apropiado al sujeto prudente.
Todo había acabado bien, la lucha había concluido. Se había vencido a sí mismo. Amaba al Hermano Mayor. (George Orwell, 1984)







