El cardenal Fernández y el peligro de querer hacer trampas a un tahúr

Nunca es buena idea querer hacerle trampas a un tahúr profesional. Y esto es precisamente lo que parece haber querido hacer el P. Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, con su carta previa a las nuevas consagraciones episcopales. El problema es que al otro lado de la mesa estaba el cardenal Víctor Manuel Fernández, que probablemente sea hoy uno de los mayores especialistas de la Iglesia en el arte de gobernar mediante ambigüedades interpretativas.
La carta de Pagliarani es inteligente. Muy inteligente. No porque niegue los hechos de 1988 —de hecho los admite implícitamente—, ni porque ataque al Papa —el tono es respetuoso y hasta filial—, sino porque intenta apoyarse en la praxis histórica de Roma para desmontar retrospectivamente la tesis del cisma. El argumento es sencillo: si la Fraternidad hubiera sido realmente considerada cismática en sentido pleno, ¿cómo explicar entonces cuarenta años de diálogo, de concesiones, de levantamiento de excomuniones, de facultades para confesar y asistir matrimonios, de conversaciones doctrinales y de mediaciones episcopales? Y sobre todo, ¿cómo explicar que el Papa escriba ahora a la Fraternidad exhortándola paternalmente a evitar un cisma que teóricamente ya habría tenido lugar? La frase central de Pagliarani es, en ese sentido, extraordinariamente hábil:
«¿No cree Vuestra Santidad que esa misma actitud suya, cuya solicitud tanto agradezco, constituye precisamente una prueba de que la Fraternidad no es cismática ni hostil a la Iglesia?»
Reconozco que yo mismo he usado esa misma argumentación al sostener la opinión, que creo cierta, de que la FSSPX no quedó excomulgada en bloque tras las consagraciones del 1988 y, por tanto, no se puede considerar cismática. Por tanto, la argumentación en sí tiene fuerza. Y, sin embargo, ante un experto en fundamentar las posturas más escandalosas de la Santa Sede en los últimos años, se convierte en una argumentación débil. Débil no en el plano sentimental, sino en el jurídico. Porque confunde una praxis prudencial, ambigua y quizá deliberadamente irresuelta, con una especie de interpretación auténtica tácita. Pagliarani intenta convertir cuarenta años de ambigüedad romana en prueba de inocencia canónica. Y ahí es donde probablemente ha querido jugar una partida demasiado complicada con alguien que domina precisamente ese terreno.
Porque el método del cardenal Fernández no consiste normalmente en negar frontalmente los documentos anteriores, sino en algo mucho más sofisticado: citarlos, reivindicar la continuidad y, sin embargo, hacerlos operar en una dirección que difícilmente permitían concluir por sí mismos. Quien haya seguido mínimamente la trayectoria doctrinal reciente del prefecto argentino reconocerá inmediatamente el mecanismo.
Ya apareció claramente en el contexto de Amoris laetitia. En aquél entonces Víctor Fernández no estaba en Roma ni era cardenal, pero creo que es bastante sensato pensar que él es una de las plumas detrás de ese nefasto documento pontificio. Allí no se negó nunca formalmente la doctrina anterior sobre la indisolubilidad matrimonial ni tampoco se derogó explícitamente la interpretación tradicional del c. 915 del Código de Derecho Canónico. Al contrario: se mantuvieron intactos los textos, se siguió hablando de continuidad doctrinal y se evitó cuidadosamente formular una ruptura explícita. Pero al mismo tiempo se introdujo una nueva lógica interpretativa basada en el discernimiento de los casos particulares, la imputabilidad subjetiva y las circunstancias atenuantes, que terminaba produciendo en la práctica justamente el efecto contrario al que parecía desprenderse de la interpretación previa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos sobre el mismo c. 915. Y lo más interesante es que dicha interpretación previa jamás fue formalmente revocada. Simplemente se la dejó flotando en el aire mientras se construía alrededor un nuevo marco hermenéutico —el famoso nuevo paradigma— capaz de neutralizarla sin necesidad de contradecirla abiertamente. Esto ya lo expliqué aquí en su día.
Algo semejante ocurrió después con Fiducia supplicans. El documento necesitaba justificar la posibilidad de bendiciones a parejas en situaciones objetivamente desordenadas sin entrar en contradicción frontal con el Responsum de 2021, que afirmaba expresamente que la Iglesia no tiene potestad para bendecir uniones homosexuales. Y aquí volvió a aparecer el mismo método. No se negó el Responsum. No se dijo que estuviera equivocado. Ni siquiera se afirmó que hubiera cambiado la doctrina. Al contrario: Fiducia supplicans lo cita expresamente y asegura mantener intacta la enseñanza tradicional sobre el matrimonio. Pero inmediatamente introduce una distinción nueva entre bendiciones litúrgicas y bendiciones “pastorales” o espontáneas. Y para fundamentarla recurre, de manera bastante sorprendente, al Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. El problema es que el Directorio decía precisamente lo contrario de aquello para lo que ahora se lo utiliza. Porque insistía en que las bendiciones debían mantenerse vinculadas al Bendicional y al orden litúrgico de la Iglesia, precisamente para evitar improvisaciones ambiguas o doctrinalmente incontrolables. Es decir, el Directorio utilizaba la ritualidad como garantía doctrinal, mientras que Fiducia supplicans utiliza la ausencia de ritualidad como mecanismo para flexibilizar la praxis. La jugada es extraordinariamente sutil: se cita un documento anterior, se proclama continuidad con él y, sin embargo, se lo hace funcionar en una dirección prácticamente inversa a su finalidad original.
Y vuelve a ocurrir ahora con la cuestión de la FSSPX. La pieza clave es aquí la famosa nota de 1996 del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos sobre la «adhesión formal al cisma». Ese documento es extremadamente interesante por una razón muy concreta: no resolvía la cuestión. Al contrario, afirmaba expresamente que correspondía a la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe aclarar adecuadamente el alcance exacto de dicha adhesión formal. Es decir, reconocía que faltaba una clarificación doctrinal suficiente y que el problema seguía abierto. La nota no pretendía ser una interpretación auténtica, ni cerrar jurídicamente el debate, ni mucho menos declarar automáticamente excomulgados a todos los sacerdotes y fieles relacionados con la Fraternidad. Se limitaba a ofrecer ciertos criterios orientativos.
Y, sin embargo, casi treinta años después, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe utiliza precisamente ese texto como si hubiera establecido desde siempre una doctrina plenamente clara y operativa sobre el asunto. La ironía es notable: el mismo organismo al que la nota de 1996 remitía la tarea de aclarar la cuestión doctrinal, cita ahora aquella nota para actuar como si dicha aclaración ya hubiera tenido lugar. Un movimiento claramente circular.
Ésta es exactamente la clase de maniobra interpretativa en la que Fernández se mueve como pez en el agua. No se deroga nada. No se corrige nada explícitamente. No se publica una gran definición doctrinal solemne aprobada específicamente por el Papa. Simplemente se toma un texto anterior, se lo inserta en un nuevo marco hermenéutico y se lo hace producir retrospectivamente un efecto distinto. La continuidad verbal permanece intacta mientras el significado práctico cambia silenciosamente.
Y aquí es donde la jugada de Pagliarani se vuelve contra él. Porque el Superior de la Fraternidad había intentado utilizar la ambigüedad histórica de Roma para decir: si durante cuarenta años nos habéis tratado así, es porque en el fondo nunca nos considerasteis realmente cismáticos. Pero Fernández le responde apropiándose precisamente de esa misma ambigüedad: no; siempre lo fuisteis, sólo que ahora explicitamos lo que ya estaba implícito.
La dificultad es que eso tampoco termina de sostenerse jurídicamente. Porque durante décadas Roma ha actuado exactamente como si la cuestión no estuviera plenamente cerrada. Y en derecho canónico la praxis interpretativa sostenida de la autoridad tiene muchísimo peso. No es fácil sostener simultáneamente que la Fraternidad estaba claramente en cisma formal y, al mismo tiempo, explicar por qué se la trató constantemente de un modo tan distinto al habitual con grupos formalmente separados de la Iglesia. Un ejemplo claro: si, según la nota de Textos Legislativos, los sacerdotes de la FSSPX estaban excomulgados por cisma, ¿qué sentido tiene que en 2009 el Papa Benedicto XVI sólo levantara las excomuniones a los obispos y no a aquellos? Más todavía, ¿cómo pudo el Papa Francisco conceder licencias para confesar válidamente a sacerdotes que se consideraba excomulgados?
El resultado es una inseguridad jurídica enorme. Unos seguirán afirmando que la FSSPX nunca ha sido formalmente cismática; otros dirán que siempre lo fue; y ambos podrán citar documentos romanos para sostener su posición. Y eso, tratándose además de censuras latae sententiae, es extraordinariamente grave, porque toda la tradición canónica de la Iglesia insistió siempre en interpretar restrictivamente las penas automáticas y en evitar precisamente este tipo de nebulosas interpretativas.
Por supuesto, el Card. Fernández no ha perdido el tiempo y ya ha enviado a las nunciaturas una guía para la reconciliación de ministros y laicos provenientes de la FSSPX. Roma, que en otras cosas se toma un tiempo muy largo para meditar las cuestiones complejas, parece que aquí no lo ha necesitado.
En definitiva, durante décadas la ambigüedad protegió a la Fraternidad. Ahora esa misma ambigüedad permite reinterpretarla contra ella. Porque las ambigüedades controladas tienen un defecto: llega un momento en que nadie controla ya realmente su significado.
Y en ese terreno, hay que reconocerlo, el cardenal Fernández juega con ventaja.
75 comentarios
---
FJD: Sí. Hablaba del peligro de adherirse a un cisma, pero nunca declaró que la FSSPX estuviera en cisma, sino que habló de "acto cismático". Sí hablaba de cisma el Decreto de Obispos Dominus Marcellus. Pero lo cierto es que nunca se les trató como cismáticos (más por bondad romana que por méritos lefebvristas en mi opinión) y ahora Fernández quiere hacernos creer que sí.
https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=55432
Nuestro gran filósofo argentino lo explica con una claridad meridiana.
---
FJD: Pues ése es el problema, que cada uno dirá lo que le dé la gana. Y la culpa en este caso no es de los de la FSSPX.
---
FJD: Se usa la autoridad y los criterios de un documento que reclama una precisión ulterior del DDF que nunca se dio. Porque el documento no precisa exactamente cuáles son esas condiciones para la adhesión que el documento del PC pedía que se precisaran. Vamos, un lío.
Y en cuanto que no va en contra del documento, claro. El problema es que ese documento, meramente orientativo, nunca se cumplió. Y ahora se presenta como si fuera norma establecida. Y no lo es.
Si van a hacer esto, que lo hagan bien, que no cobran poco.
---
FJD: Que la mera pertenencia o adhesión al grupo y a sus doctrinas implique necesariamente las condiciones para la comisión del delito de cisma.
Bendiciones
PF
---
FJD: Muy recomendable
De paso, aprovechando el post, agrego que en los tiempos de la Summorum Pontificum con la misa tradicional, en el único templo que habilitó un obispo anterior se notaban tanto las carencias del celebrante, como las doctrinales. Luego Traditionis Custodes.
Ahora, queda "ajo y agua" y "a llorar al campito".
Pagliarani no cree que no sea cismático en razón de la práxis romana, sino que la pone en evidencia para mostrar que ellos mismos no creían en ella.
por otor lado, cuando usted afirma "Pero al mismo tiempo se introdujo una nueva lógica interpretativa basada en el discernimiento de los casos particulares, la imputabilidad subjetiva y las circunstancias atenuantes, que terminaba produciendo en la práctica justamente el efecto contrario al que parecía desprenderse de la interpretación previa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos sobre el mismo". No delata eso precisamente que Fernández y León XIV son modernistas, precísamente, por formar parted de esa lógica de textos ambiguos que, luego en la práxis, conucen a un resultado heterodoxo? No ese eso precísamente la anfibología denunciada por Romano Amerio y que la propia FSSPX viene denunciando respecto de los textos del Concilio (Ej: Dignitatis Humanae), un texto sugerentemente extraño, ambiguo y, luego en la práctica, todo el clero niega que los Estados deban profesar la verdadera religión y que se pueda prohibir la práctica de las falsas? Fíjese que el propio Benedicto XVI y JP II alababan la democracia y el primero tenía al Estado normtemericano como modelo. (el americanismo en pleno).
---
FJD: El diagnóstico de la FSSPX en muchos casos es correcto. El tratamiento no lo es. Y para un enfermo, tan malo es errar en una cosa como en otra.
Y vaya si lo hicieron y lo continúan haciendo.
No será que estos anticistos modernistas, igual que el Sanedrín en tiempos de Cristo, hoy están sentados en el templo de Dios y proclaman sus falsas doctrinas (democracia, ecumenismo, derechos del hombre, etc) y condenan al remanente fiel, tal como el Sanedrín condenó a los apóstoles, esta vez por no adherir a sus mentiras, predicadas bajo la falsa autoridad de un concilio pastoral y un magisterio dialogado?
Dado lo que cualquier persona de buena fé puede observar, viendo un lado y otro, tendría mucho cuidado de ponerme del lado del Sanedrín, bajo la excusa de la ley, desnaturalizada de su sentido, porque lo mismo dijeron quienes crucificaron a Cristo.
"Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre del pecado, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo" 2 de Tes 2.
Es peronismo de manual, llevan décadas aplicándolo en su país (que así está como está por cierto), y ahora lo introducen en la Iglesia Católica (lo cual ni siquiera se notará estando como está la Iglesia).
Ejemplo:
Tú dices:
"Voy a girar a la derecha".
Y giras a la izquierda tan tranquilo.
Yo también creo que es necesario distinguir. Y ademas me interesa que se aclare si existe ese pecado de cisma, que seguramente no exista, pero que de existir debería considerarse en un sentido más amplio, sin prejuicios, y que quien esté libre de pecado tire la primera piedra. De la cuestión jurídica voy a intentar huir, no es un asunto que me pueda preocupar.
Mientras en la Iglesia católica se multiplican por todo el mundo las capillas de adoración perpetua, sostenidas únicamente por laicos que se comprometen a velar día y noche ante el Santísimo, no dejo de preguntarme por qué no veo ese mismo fenómeno en la FSSPX.
Confieso que me sorprende. Si hay un lugar donde cabría esperar un entusiasmo desbordante por la adoración eucarística, pensaría que sería precisamente allí.
Quizá se me escapa algo. O quizá, simplemente, hay silencios que también hacen pensar.
NO HAY !
2. Me resulta incomprensible que se afirme o se sugiera que hay un colectivo de personas, sean clérigos o laicos, cuyos nombres son desconocidos, respecto de los cuales se habría declarado una excomunión latae sententiae. ¿Cómo se alcanzan los efectos de la declaración de la censura respecto del Pbro. Juan Pérez si su nombre no figura en ninguna lista de censurados? ¿Cómo se inscribe en su acta de bautismo que es acatólico? La improvisación no causan seguridad jurídica, ni eclesial. Pero me temo que estas no son preocupaciones del Card. Fernández.
Saludos.
Bendiciones.
25. Aunque cada uno de los Prelados no goce por si de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando, aun estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el vínculo de comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñando auténticamente en materia de fe y costumbres, convienen en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo
He visto a muchos negar y despreciar en comentarios este punto. Espero que a partir de ahora desde infocatólica no se preste a fomentar lo que Roma quiere evitar.
Y mucho ojo con tergiversar, porque para que esas precisiones de fe y moral sean tenidas por infalible doctrina de Cristo, no quiere decir que sean sólo lo que esta definido como canon o dogma, sino también las precisiones doctrinales de fe y moral del catecismo que se enseñan por toda la Iglesia Universa a todos los fieles del orbe por todos los obispos de la Iglesia. Precisiones doctrinales que todos los obispos del mundo en comunión con el papa tienen por definitivas. Como ya dijeron en otro post:
https://www.youtube.com/watch?v=ljLeYEEG8Fk
Entre el minuto 27 y el minuto 38
https://www.youtube.com/watch?v=w1mRAFSYBWM
Entre el minuto 37 y el minuto 49
---
FJD: Lo que usted concluye no se sigue de ese párrafo de LG 25. No es sólo lo que se enseñe ni si lo enseñan todos, sino si esos que lo enseñan lo hacen con la voluntad de enseñar algo infalible o no. Por eso lo de "definitive tenenda". Para que se concluyera lo que usted dice haría falta que esos obispos quisieran enseñar el Catecismo como si fuera enseñanza irreformable en todos sus puntos. Y no es así.
Lo que sí es definitivo es que ése no es el tema del artículo y que si lo sigue discutiendo no daré paso al comentario.
2. Principios del Derecho Canónico son: las penas se interpretan estrictamente;
en caso de duda las leyes penales no se extienden;
las censuras latae sententiae no deben aplicarse expansivamente. El canon 18 dice: «Las leyes que establecen una pena [...] están sujetas a interpretación estricta». Y el canon 1323–1324 añade factores sobre ignorancia, necesidad, miedo grave, disminución de imputabilidad, etc. Pero, el último cánon dice: "la salvación de las almas [...] debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia".
3. Parece que el nuevo escenario de la relación del Vaticano con la FSSPX, de existir diálogo, es más parecido al de los anglicanos y ortodoxos, ecuménico y más cercano al Cisma formal.
4. La ambigüedad administrativa no elimina necesariamente una situación jurídica objetiva. La praxis prolongada durante décadas con la FSSPX, su valor jurídico, parece que ha quedado sin efecto o ya no sirviera frente a la formulación explícita actual. Desconozco si va a favor o en contra de la Tradición según Papa y/o Prefecto. Si antes se actuó mal y ahora bien o al contrario.
5. Lo cierto y verdad es el hecho jurídico del 1 julio (ordenación episcopal ilícita) y del 2 julio (decreto de pena) y que conlleva a reinterpretación histórica de ruptura cuyo resultado es de inseguridad jurídica. Relativismo jurídico.
6. La nueva situación para los fieles católicos es de Cisma formal.
7. Esto es, la distinción entre frecuencia material y adhesión formal a la FSSPX: la imputabilidad no se presume automáticamente. Asistir ocasionalmente por gusto litúrgico o espiritual no se presume cisma ni excomunión. Asistir sabiendo las tensiones, pero sin rechazar al Papa o el Magisterio no es imputable automáticamente. Compartir formalmente las posiciones doctrinales de la FSSPX y adherirse a ella, puede existir adhesión cismática. Los clérigos pertenecientes a la FSSPX serán considerados en cisma según el decreto.
- Cisma material: existe contacto objetivo con una realidad separada, pero sin voluntad de romper comunión.
- Cisma formal: existe aceptación consciente y voluntaria de la ruptura.
El Reverendísimo Mons. Marcel Lefebvre, Arzobispo Emérito de Tulle, no obstante la advertencia canónica formal del 17 de junio pasado y las reiteradas exhortaciones a renunciar a su propósito, ha realizado un acto cismático consagrando episcopalmente a cuatro sacerdotes sin mandato pontificio y contra la voluntad del Sumo Pontífice, por lo que incurre ipso facto en la pena establecida por el c. 1364 §1 y c. 1382 del CIC. Declara a todos los efectos jurídicos que el Reverendísimo Mons. Marcel Lefebvre, así como a Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta han incurrido en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica. Se amonesta a los sacerdotes y fieles a que no favorezcan el cisma del Reverendísimo Mons. Lefebvre, so pena de incurrir ipso facto en la gravísima pena de excomunión.
De la Congregación para los Obispos, a 1 de julio de 1988.
+ BERNARDINUS Card. GANTIN Prefecto
Si la Iglesia afirma que el proceder de Monseñor Marcelo Lefebvre ha provocado un cisma, ¿quién es nadie para cuestionar si ha habido división o separación en el seno de ella? Roma locuta est.
---
FJD: Entiendo que usted ha venido a dejar su comentario y no ha entendido nada de lo que yo he escrito o no lo ha leído, ¿verdad?
La doctrina de la Iglesia enseña que la excomunión latae sententiae, cuando la ley la prevé, se incurre en el mismo instante en que se consuma el acto que la provoca, sin necesidad de una declaración previa. Resulta, cuando menos, sugerente que la naturaleza pareciera marcar precisamente ese instante con toda su solemnidad.
Claro está, algunos dirán que fue una simple casualidad.
No exhorta a evitarlo, sino a dar marcha atrás. Es mucho lo que pide el Papa, pero es mucho más lo que Dios puede si esa es su voluntad. Que el Papa escriba ahora a la Fraternidad me parece una decisión muy acertada. El cisma está consumado desde 1988 y se realiza un nuevo acto cismático que les va mantener separados de la Iglesia.
¿Cómo explicar que el Papa escriba ahora…? Por afecto cristiano, porque no quiere que se le prive a nadie del bien espiritual de la Iglesia, porque los fieles deben recuperar los sacramentos que dan la salvación eterna.
Y exhorta a los cismáticos, pide diálogo, siente el corazón apenado, pide a Dios que ilumine sus conciencias y despierte sus corazones y desea que sus intenciones estén guiadas por la Virgen María. Una carta digna del vicario de Cristo.
Mentira, don Francisco José. Y su opinión sobre el cisma/no cisma me parece equivocada. Verdad como una catedral.
He recibido de usted una respuesta parecida a la que me hizo "Schola Veritatis". Usted más educadamente. Gracias.
---
FJD: Hombre, si a la argumentación que he hecho yo de que Roma en 1988 ya habló de cisma, pero nunca actuó en consecuencia, usted simplemente dice que en 1988 Roma habló de cisma, lo cual es únicamente la primera parte de mi argumentación, sólo se me ocurren tres posibilidades: usted no ha leído el artículo, usted no lo ha entendido o usted busca tocar las narices. Preferí pensar que no era la tercera.
Que Roma ya habló en 1988 de cisma es un hecho. Que el Vaticano lleve 38 años sin actuar en consecuencia es una opinión que no comparto.
Creo que quizás esto se explique (y se entienda) mejor si -en vez de una situación cismática- pensamos, por ejemplo, en la convalidación de un matrimonio canónico nulo. Cuando se produce tal declaración formal por parte de la Iglesia, no es que se "anule" el vínculo, sino que se declara que nunca existió. Es decir, que no existió desde el principio, de ahí la declaración de "nulidad" y no esa otra de "anulabilidad" (que es cuando un acto jurídico nace válido, pero presenta vicios que permitirían invalidarlo).
Ahora bien, también puede ocurrir lo contrario: que el vínculo de ese matrimonio nulo se puede convalidar, en virtud del "favor matrimonii"; lo que quiere decir que, aun naciendo inválido, puede perfeccionarse (convalidarse), siempre que cese la causa que lo convirtió en inválido y exista pleno consentimiento por las partes (Cánones 1156-1165).
Puede que fuera la ira de Dios, o la furia de los demonios ..... o simplemente una clásica tormenta de montaña.
En cualquier caso, nadie se movió, se aguantó el chaparrón durante media hora y se rezó el santo rosario con cantos en latín. Amainada la tormenta, muchos comulgaron de rodillas sobre el barro.
Buena imagen de lo que ocurrirá con las sanciones decretadas por Roma. Nadie se moverá y se aguantará el chaparrón. ¿Hasta cuándo? Los tiempos de Dios no son los tiempos de los hombres.
La nota en cuestión del año 1996 del Pontificio Consejo responde a una inquietud de un obispo suizo, y lo hace con toda contundencia y claridad.
Primero le recuerda que el cisma formal es evidente.
Incluso con cierta ironía le hace saber que no existen ni siquiera elementos para considerarse “duda”, pero que si más adelante, otras diócesis también preguntaran, podría considerarse redactar un escrito en coordinación con Doctrina.
Con suma paciencia le recuerda el proceder cismático de Lefevbre y establece que es fruto de un proceso de años de rebeldía. Enumera y clarifica tanto la situación de los obispos, como de sacerdotes y laicos.
Por fin, se centra en el tema de la “adhesión formal” de los laicos, y también aclara los requisitos externos e internos.
Nunca referencia a Doctrina para aclarar nada sobre el acto cismático, sino sobre otro asunto, que es: “si es o no conveniente seguir formalizando requisitos” para no crear una rigidez jurídica que no abarque todos los posibles casos sobre esta adhesión, igual que más arriba lo hace en idéntico sentido.
Por lo tanto, es evidente que el Cardenal Fernández puede hacer uso de esta nota con una argumentación honesta y lícita.
Por otro lado no es argumentación válida decir que no existe cisma porque se levanten excomuniones o se haya dialogado con ellos. Con los ortodoxos se condujo igual.
Ambos son cismaticos.
Bendiciones!
---
FJD: La Nota está enlazada en el artículo. Cualquiera puede leerla y ver que no usa el tono que usted dice. Mons. Fernández puede usar lo que le dé la gana, pero eso no hará que deje de estar aplicando un mero parecer de un Pontificio Consejo como si fuera un decreto directivo que hubiera guiado el actuar de la Santa Sede.
Afectó solamente a los cuatro obispos consagrados en 1988.
¿Se olvidó Benedicto XVI de las sanciones sobre sacerdotes y fieles pretendidamente respaldadas por el documento de 1996? ¿Su clemencia únicamente alcanzaba a los cuatro obispos?
Ahora el cardenal Fernández llamado Tucho pretende hacer uso de aquel documento de 1996 para disparar la ametralladora de sanciones sobre sacerdotes y fieles.
Pero nadie se moverá. Hasta que pase la tormenta.
NOTA.- se ha visto por twitter a activistas lefebristas que tachan de demoníacas a las resoluciones del doctrina de la Fe postear orgulloas fotos de estos sacerdotes
El Padre Delgado quiere ver en Ecclesia Dei una mención a “un cisma” porque entiende que se emplea este sustantivo de forma genérica y no “al cisma” como se traduce en italiano, inglés, francés, alemán y portugués. Muestra la versión latina y como no tiene artículo, pues ya está, no se refiere al cisma de un día antes.
Tanto en este como en el artículo anterior sostiene don Francisco José que no hubo cisma en 1988 y argumenta que se habló de cisma pero sin consecuencias. En el vídeo que publicó hace unos días repitió varias veces a partir del minuto 50 que la FSSPX no estaba en cisma, y aclaraba que era su opinión.
---
FJD: Entonces usted tendrá una explicación estupenda de cómo los sacerdotes de la FSSPX tenían licencias para confesar estando, según usted, excomulgados, ¿no? Porque Benedicto XVI jamás les levantó excomunión.
La carta del 15 de diciembre de 2008 fue el documento clave enviado por Monseñor Bernard Fellay (Superior de la Fraternidad San Pío X) al Cardenal Darío Castrillón Hoyos (entonces presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei) para solicitar el levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos.
Fellay solicitó formalmente el levantamiento de la excomunión latae sententiae que pesaba sobre los obispos consagrados en 1988.
Afirmó la determinación de permanecer católicos, aceptando las enseñanzas vaticanas con espíritu filial y creyendo firmemente en el Primado de Pedro.
La carta abrió el camino para que el Papa Benedicto XVI revocara la excomunión mediante un decreto emitido el 21 de enero de 2009.
Los cientos de sacerdotes de la Hermandad y los miles de fieles más o menos vinculados a ella no firmaron ninguna carta, ni Benedicto XVI tuvo que levantarles ninguna excomunión ni liberarles de ninguna declaración de cisma.
Lo dicho, lo ocurrido en 2009 es argumento concluyente contra el pretendido cisma de 1988.
Al igual que, como ha vuelto a subrayar el autor, las facultades concedidas por Francisco a los sacerdotes de la Hermandad para confesar y, en las condiciones de una carta del cardenal Muller, actuar en calidad de testigos cualificados de matrimonios.
FUENTE
https://x.com/elhigadodmarita/status/2073499584282980379
La cristiandad en la desobediencia soberbia y contumaz
Esa fraternidad es un nido de fariseos jansenistas.
No entiendo a los católicos que se encandilan con esos vende baratijas.
Lo que pasa es que muchos que se apodan tradicionalistas son más bien
criptolefebristas
---
FJD: Que la Fraternidad me considere enemigo y usted me llame criptolefebvrista, me hace pensar que estoy bastante mas acertado de lo que creo.
Yo también quedé conmovido por la paciencia con que la multitud soportó la tormenta que descargó durante más de media hora sobre la pradera de las consagraciones. Rezando el rosario con cantos en latín.
Hasta que, amainada la lluvia, muchos peregrinos, incluso, como dice don Gabriel Calvo Zarraute, familias enteras con niños, recibieron de rodillas sobre el barro la sagrada comunión.
Nadie se movió. Bella imagen de lo que ocurrirá con la tormenta de sanciones: nadie se moverá.
Feliz domingo sexto después de Pentecostés.
¿Qué dice usted hoy? Los lefevbrianos son cismáticos?
Está estructura sustituye la familia de sangre..al estar cimentada para salvarse del mundo entra en contradicción en SS PX, porque si es un arca de Noé pero la contradicción es que pierden la fe en la salvación de la Iglesia Universal, cuando ven paganizada a la sociedad cristiana..sin embargo antes de este paganismo el Concilio Vaticano II se adelantó a lo qusvendría una globalización y mayor avance tecnológico .
Posibilitó poder subsistir en la lucha contra el mundo ideología , demonio y carne pecado en medio de un mundo bueno creado por Dios, en una etapa histórica de acercamiento de los Pueblos en espera de Cristo.
Surgen así nuevos carismas como el Opus Dei que protegen a los fieles en esa batalla pero no los aíslan del mundo., así otras sociedades y órdenes religiosas.
Entonces la prueba de fe es muy grande el día de hoy para los lefevristas es como si los soltarán en un desierto o en un mundo ,de un día a otro..si perdieran su riqueza que esa comunidad..pero confíen comiencen por ir a Misa a Novis Orado,o en otra fraternidad eventualmente para no caer en excomunión
Pero dice Dios que El estará ahí, que el justo vivirá de la Fe
"En efecto , un poco de tiempo muy poco, el que va a venir llegará y no tardará , pero mi justo vivirá de la fe , si se volviera atrás mi alma no se complacería en él."
FUENTE
https://x.com/elhigadodmarita/status/2073499584282980379
_________________________
Yo a la Cristiandad la veo cada domingo, y entre semana
La encuentro en la misa de las doce o en la de las ocho de la tarde; tanto en la basílica de la Virgen de las Angustias de Granada como en la parroquia Virgen del Rocío de Marbella, en San Pedro de Alcántara, en bellas y devotas misas novus ordo missae. La veo en familias numerosas y sencillas, en matrimonios fieles, en niños que aprenden a persignarse mirando a sus padres, en jóvenes que se confiesan, en ancianos que rezan el Rosario mientras esperan el comienzo de la Santa Misa.
Ahí está la Cristiandad: donde Cristo sigue reinando en las almas.
Por eso me resulta curiosa esa insistencia de algunos en identificar la restauración de la Cristiandad con escenarios bastante peculiares. Hay quien parece convencido de que la Cristiandad comienza —o termina— en Écône, precisamente donde se consumó por segunda vez un acto público de desobediencia al Romano Pontífice. Es una paradoja difícil de superar: proclamar la defensa de la Tradición mientras se convierte un gesto de ruptura con la autoridad de Pedro en una especie de mito fundacional.
La Tradición católica nunca ha consistido en construir una Iglesia paralela ni en elevar la desobediencia a categoría espiritual. La verdadera Tradición es la vida de la Iglesia transmitida de generación en generación, en comunión con el Sucesor de Pedro, con sus luces y sus cruces, con santos que reformaron la Iglesia desde dentro, nunca contra ella.
La Cristiandad no necesita épicas de resistencia permanente ni nostalgias convertidas en ideología. Necesita familias, parroquias vivas, sacerdotes fieles y obedientes, sacramentos bien celebrados y católicos que vivan el Evangelio con alegría y perseverancia. Y, gracias a Dios, eso existe mucho más de lo que algunos parecen dispuestos a reconocer.
En estos países al asistir a Misa , ya habido momentos muy sufrientes, donde la Jerarquía había planteado la creatividad como forma de participación litúrgica, y falta de vocaciones..lo cual cada Misa el feligrés con formación sufría mucho.
En estos países como inmigrantes y son familia , lo que más salva de una depresión y desesperanza es compartir la fe.
Una comunidad que rescata a tus hijos y los posibilite a formar un matrimonio cuando la actual sociedad los alienta a la independencia de la familia a los 16 años ..lo natural que el ser humano no quiera estar solo y se busquen parejas para sobrevivir y se alejen de la fe.
Este panorama y la Iglesia parroquial estuvo promoviendo la inclusión ..estaban muy desviados los proyectos..intentaban que la mujer asumiera el papel de teólogo y diácono.
Pero el pueblo se resistió sin organizarse, los mismos agentes pastorales..tampoco eran felices participando de abusos .
Poco a poco trayendo sacerdotes de África ..el impuesto eclesial.. era más fácil justificar la liturgia antigua y la comunidad tradicionalista.
Por eso si es en estos países una grande prueba para un lefevriano aceptar que no toda parroquia tiene abusos, porque se han ido aminorando...pues la misma Iglesia local ha entendido que el pueblo quiere liturgia y que no le cambien cada domingo las reglas ,
Ya no vi sacerdorizas casi, y dejaron la propaganda inclusiva externa en los gobiernos ,
Un legevrista debe vivir de la fe y aceptar que Dios está delegando su gobierno a los obispos locales y que las Misas Novis Ordo también son sacramento y devoción ..vivir de la fé y buscar a Dios siempre también fuera de la Fraternidad..
Algunos tachan a los lefebvrianos de integristas, como yo no los conozco no puedo decir nada al respecto y tendré que observar, pues Farias es un integrista papólatra porque sus opiniones aparecen cada dos por tres por aquí y a éste sí le conozco. Puede estar contento que, por ser jansenista, no es también arriano, gnóstico y monofisita, algo es algo.
Gracias a Urbel. Gracias a Davide, general de los lefebvristas. Y gracias, en general, a todo el universo de las consagraciones bajo lona-carpa.
Porque, sin pretenderlo, prestan un servicio inmenso a la Iglesia: señalar con una claridad meridiana el abismo que se abre por el lado del neojansenismo-donatista, mucho más sibilino que el modernismo porque conserva el vocabulario católico mientras va sustituyendo, poco a poco, el sentido mismo de la comunión eclesial por el de una pureza autorreferencial.
Del otro lado tenemos el precipicio modernista, con sus obispesas, su moral de plastilina, sus papisas en ciernes y la obsesión por adaptar la fe a cada espíritu del tiempo.
Entre ambos extremos, uno aprende por exclusión dónde está el camino católico. De modo que gracias, de verdad, a Urbel, a Davide y a toda la escuela de las consagraciones bajo lona-carpa, por contribuir tan eficazmente a delimitar los dos abismos entre los que conviene no asomarse. Hay faros cuya mayor utilidad consiste precisamente en avisar de dónde están los escollos.
Y una mención singular merece Urbel, ese infatigable comentarista de posts que, con una perseverancia casi monástica —veinticuatro horas al día, siete días a la semana, al menos a juzgar por la inagotable presencia de sus intervenciones— parece haber asumido la misión de balizar el límite exacto a partir del cual la defensa de la Tradición empieza a convertirse en una desconfianza crónica hacia la propia Iglesia. Si alguien quisiera saber dónde termina el legítimo amor a la Tradición y dónde comienza el vértigo de la sospecha permanente, bastaría con seguir sus comentarios... para girar unos metros antes del precipicio.
No todos los faros están para indicar la entrada del puerto. Algunos cumplen una función igualmente valiosa: advertir a los navegantes de que, si continúan en esa dirección, lo siguiente que encontrarán no será tierra firme, sino los escollos.
Se olvida usted de la ocurrencia de Benedicto XVI en 2009".
Parece ser que te interesas por el motivo de la remisión de la excomunión concedida a los cuatro obispos de la Iglesia Católica consagrados por el arzobispo Lefebvre. Yo creo que la respuesta está en la carta que publicó el papa Benedicto XVI en el Vaticano el 10 de marzo de 2009.
No fue otra ocurrencia, fue una genialidad. Fue Cristo que quiere que seamos uno. Y Benedicto XVI con la guía del Espíritu Santo llama a sus puertas con humildad y se hace esclavo por amor.
Yo creo que lo hizo por la prioridad del amor. Porque se preocupaba por una comunidad en la cual había 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles y se preguntaba si debía realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia. ¡Ay, el amor! No la he leído, pero me parece que es a eso a lo que huele la pantalla.
Se olvida usted de la ocurrencia de Benedicto XVI en 2009"
Benedicto XVI no tuvo ninguna ocurrencia. Actuó por amor a los lefebvrianos y su deseo de que regresaran a la Iglesia. Está en su carta del 10 de marzo de 2009.
Monseñor Bernard Fellay solicitó el levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos. y el Papa tuvo la misericordia de dárselo. Los obispos no lo rechazaron. Fellay afirmó la determinación de permanecer católicos, aceptando las enseñanzas vaticanas con espíritu filial y creyendo firmemente en el Primado de Pedro.
Lo que hay que hacer es *aplicarle un correctivo severo* a Trucho
___
Leo que propones "aplicarle un correctivo severo" y, para rematar, llamas "Trucho" a un prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. A mí me produce una profunda tristeza. No porque un obispo necesite que yo lo defienda, sino porque cada vez que un cristiano convierte el insulto en argumento, el que queda desfigurado no es el destinatario, sino el rostro de Cristo.
Me pregunto si eres consciente de que esa forma tan chabacana de expresarte hace daño al testimonio cristiano. Cristo fue insultado en la Cruz; no nos pidió que aprendiéramos a insultar mejor, sino a bendecir incluso a quienes nos contradicen.
Y sí, creo que todos compareceremos ante Dios para dar cuenta de cada palabra ociosa y de cada insulto pronunciado. Si a uno le sale con tanta facilidad el desprecio público, es legítimo preguntarse si no habrá convertido esa manera de hablar en un hábito durante toda la vida. En ese caso, el correctivo verdaderamente severo no será el que tú imaginas para los demás, sino el que Dios reserve a cada uno de nosotros si no nos arrepentimos.
Yo, desde luego, prefiero corregir mis palabras antes que descubrir demasiado tarde que confundí el celo por la verdad con el placer de humillar al prójimo.
Tienes una oportunidad unica para pedir perdon publicamente; yo lo haria si fuera tu; y despues te confiesas.
---
FJD: Lo que va entre * lo he modificado yo, porque el original era mucho peor.
____
Gracias!
Vaya telita con Lucia. ¿es usted consagrada Lucia ?
"Yo vi a la cristiandad en Écóne. Vi a familias enteras con niños, recibiendo los sacramentos, de rodillas en el barro, mientras llovía". Padre Calvo Zarraute.
FUENTE
https://x.com/elhigadodmarita/status/2073499584282980379
Confieso que hay cosas que me desconciertan.
Si un sacerdote diocesano decide acudir a un acto organizado por quienes han optado por un camino de ruptura con la plena comunión eclesial, lo mínimo que espero es una explicación clara. Porque los gestos también enseñan. Y, cuando un pastor aparece sonriente en determinados escenarios, el mensaje que reciben muchos fieles puede ser muy distinto del que quizá pretendía transmitir.
La comunión de la Iglesia no es un detalle administrativo ni un accesorio de la fe. Tampoco la Tradición consiste en situarse permanentemente en el límite de la comunión para demostrar que uno es más tradicional que la propia Iglesia.
Mi propuesta sería bastante sencilla: si un sacerdote considera pastoralmente útil acudir a un acto tan controvertido, que explique públicamente por qué fue, en calidad de qué asistió, qué mensaje quiso transmitir y qué distancia doctrinal mantiene respecto de las posiciones incompatibles con la plena comunión eclesial. La transparencia evita confusiones y protege a los fieles.
Y si no existe una razón pastoral de verdadero peso, quizá la solución más prudente sea aún más simple: permanecer con la grey que le ha sido confiada. Porque un pastor siempre habla con sus palabras, pero también con su agenda, con sus viajes y con las fotografías que decide hacerse.
A veces un gesto ambiguo puede hacer más daño que un discurso equivocado. Y un pastor no está llamado a sembrar incertidumbre sobre dónde está la comunión de la Iglesia, sino a fortalecerla.
FUENTE
https://x.com/elhigadodmarita/status/2073499584282980379
----
En mi opinión, el problema ya no es sólo el viaje a Écône. El problema es el silencio.
Cuando un sacerdote con una presencia pública tan notable, habitual en conferencias, canales de YouTube, entrevistas y publicaciones, decide asistir a un acontecimiento de semejante carga eclesial, no puede actuar como si se tratara de una excursión privada. Los gestos públicos tienen consecuencias públicas.
Si, además, circulan en redes sociales declaraciones que se le atribuyen elogiando con entusiasmo lo vivido allí, la obligación moral de aclarar qué dijo, en qué contexto lo dijo y qué quiso expresar aumenta exponencialmente.
No se puede reclamar claridad doctrinal al mundo entero y, cuando la confusión afecta a uno mismo, refugiarse en el silencio. La autoridad moral exige coherencia.
Por eso creo que el contador del escándalo empezó a correr desde el mismo momento en que terminó aquella ceremonia sin una explicación inmediata y nítida. Y no porque asistir, por sí solo, permita deducir todas las intenciones de una persona, sino porque cada hora que pasa sin una aclaración deja espacio para que la confusión crezca entre los fieles.
La solución es extraordinariamente sencilla: una declaración pública, sin ambigüedades. ¿En calidad de qué asistió? ¿Qué valoración hace de esas consagraciones? ¿Reconoce plenamente la autoridad del Romano Pontífice y rechaza cualquier planteamiento que rompa la comunión eclesial? Si las respuestas son claras, la polémica se disipa. Si no llegan, la incertidumbre continúa.
Un sacerdote mediático no puede pretender disfrutar de la influencia de su proyección pública cuando conviene y, al mismo tiempo, considerar irrelevante el efecto de sus actos cuando éstos generan desconcierto. Quien habla para miles de personas también tiene la responsabilidad de evitar que miles de personas queden confundidas.
Y precisamente por amor a la Iglesia, esa claridad no debería hacerse esperar. Porque la comunión eclesial no puede quedar a merced de interpretaciones, fotografías o rumores cuando basta una explicación pública para disipar cualquier duda.
infovaticana.com/2026/07/06/tribuna-el-fracaso-de-leon-xiv/
Un saludo sin acritud alguna y con respeto y cariño. Jesús de Ignacio
---
FJD: Creo que han sido los 10 segundos (los que he tardado en leer lo que me enlaza) peor usados de mi vida. Me habría gustado que hubiera al menos un argumento.
---
FJD: Ese problema se soluciona inmediatamente cuando uno entiende que las consagraciones episcopales realizadas en la FSSPX tanto en 1988 como en 2026 se hicieron contra el mandato expreso del Papa, no meramente "sin mandato pontificio". Es, probablemente, de los peores argumentos que ha presentado la FSSPX.
"Honradamente creo que si que hay argumentos, aunque a Ud. le cueste encontrarlos."
Pues haga el favor de ilustrarnos, porque yo tampoco encuentro los argumentos. He leído el artículo enlazado de la cruz a la data (he tardado algo más de 10 segundos, ¡envidiable capacidad lectora del bloguero!), y lo único que he encontrado son los mismos tópicos que llevamos semanas leyendo a los defensores del cisma lefebvriano: que si Alemania, que si China, que si "Tucho", que si son perseguidos por ser tradicionalistas, que si Roma se llena de lodo, y que si Ècône resplandece pura como el aura pura. Eso sí: llevados hasta el insulto.
Nada nuevo. Lo mismo de siempre.
Lamento informarle que la Iglesia ha excomulgado a los consagrantes y consagrados de la FSSPX. Lo firme el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe o el Preboste Patriarcal de la Exarquía Nicomaquea Intransitiva. Y tiene todo el valor de una excomunión. Aquí y... en el otro barrio.
Pero en vez de agradecerlo, esta lo ha tomado como argumento autojustificatorio.
Es el colmo.
Y el colmo de los colmos lo ha señalado el P. Santiago Martín: en el texto que reemplazó al inexistente mandato pontificio en las ordenaciones del 1/7, la Fraternidad excomulgo a la Iglesia.
Habrase visto.
La reacción de Roma fue tan draconiana como veloz.
Motivos había.
El domingo pasado mí párroco abordó el tema de las cruces que tenemos que llevar y abrazar.
Y sin referirse en absoluto a la cuestión de este artículo, dijo:"Hoy en día, pertenecer a la Iglesia y conservar la fe por gracia de Dios, es una cruz, y hay que abrazarla".
Pues eso.
Obedecer a cierta jerarquía, hereje cuando no apóstata, es una cruz.
La Fraternidad creía que había encontrado la manera de esquivarla.
Se equivocó fiero.
La excomunión es una pena medicinal de vivos.
En el otro barrio están el juicio, la justicia y la misericordia de Dios.
Resultado: una chapuza completa. Ni excomulgar sabe.
El guardián que problematiza el principio de custodia
El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe tiene como función custodiar la integridad de una tradición dogmática acumulada, no someterla a un proceso abierto de validación cultural.
La ortodoxia no consiste en repetir mecánicamente palabras antiguas, pero tampoco consiste en conservar esas palabras mientras se permite que cada contexto reelabore su significado esencial.
El guardián de la doctrina debe distinguir entre desarrollo y corrupción, entre traducción y sustitución, entre inculturación y absorción cultural. Si, en cambio, atribuye al contexto una capacidad constitutiva para moldear la comprensión teológica, debilita el criterio desde el cual debería realizar esa distinción.
La teología de Fernandez tiende a conceder a cada contexto capacidad para decidir qué parte de su formulación pertenece todavía al Evangelio y qué parte debe ser abandonada como cáscara cultural.
Dejar un comentario








