Profesión de fe y ley del embudo

P. Pagliarani y Mons. FernándezLa Fraternidad Sacerdotal de San Pío X ha publicado una extensa profesión de fe con buena parte de la cual, evidentemente, la inmensa mayoría de los católicos estamos totalmente de acuerdo. De entrada, hay que aclarar, como comentábamos hace un par de días con el P. Tomás Beroch en su canal de YouTube, que no se puede tratar de igual manera a la FSSPX que a los modernistas, porque el verdadero problema de la Iglesia es el modernismo.

Ahora bien, eso no quiere decir que no se pueda seguir advirtiendo a los sacerdotes y fieles de la Fraternidad que están andando un camino que no lleva a buen puerto. Y una muestra de ello está, quizá no tan escondida, en esta misma profesión.

Lógicamente, además de las consideraciones sobre el Vaticano II —sólo nombrado una vez— que, expresadas así, entrarían perfectamente dentro de lo que se le ha pedido siempre aceptar a la FSSPX por parte de la Santa Sede, el tema fundamental está en la Liturgia.

En el n. 124 se lee: «Profeso que la Misa tradicional romana, celebrada según el rito en uso previo a la reforma del Novus Ordo Missae, expresa con una claridad incomparable la doctrina católica del sacrificio, del sacerdocio y de la presencia real».

Aquí se ve una de las tendencias problemáticas de la FSSPX, porque posiblemente muchos católicos orientales podrían argumentar que sus ritos litúrgicos sí son comparables en cuanto a la claridad con la que se expresan esas doctrinas. No es el punto más grave, desde luego, pero ya revela una cierta identificación excesiva entre la Tradición católica y una forma litúrgica concreta de la Iglesia latina.

El punto más problemático es, sin duda, el 125, que dice: «Rechazo, por tanto, toda reforma o todo uso litúrgico que, por omisión, ambigüedad doctrinal u orientación práctica, favorezca la herejía, debilite la fe, se aleje de la doctrina católica de la Misa formulada en el Concilio de Trento o aparte a los fieles de la adoración debida a Dios. El culto público de la Iglesia debe expresar la fe católica sin equívoco».

Una vez más, podemos estar de acuerdo en que una reforma o uso litúrgico que suponga todas esas cosas es rechazable. Pero ¿a qué se están refiriendo exactamente?

En el punto anterior se aplican esas cosas a las «reformas litúrgicas contemporáneas». ¿Supone esto que los adherentes a esta profesión rechazan los libros litúrgicos aprobados por la Iglesia Católica para el culto público? Parecería que sí, y en una cuestión tan importante se habría agradecido algo más de claridad, teniendo en cuenta la extensión de la profesión.

Pero la ambigüedad —tan denunciada por ellos en los textos del Vaticano II— continúa: ¿qué significa «rechazo»? ¿«Rechazo» es «me parece mal y lo combatiré promoviendo una vuelta atrás en esas reformas dañinas dentro del respeto y la obediencia a la jerarquía católica»? ¿O más bien «rechazo» es «La Nueva Misa, aún dicha con piedad y con el respeto de las normas litúrgicas (…) está impregnada de espíritu protestante. Esa Misa lleva dentro un veneno pernicioso para la fe»; «el ambiente general de protestantización de la Misa hace que hasta los buenos sacerdotes que dicen esa misa corran el riesgo de perder la intención verdadera de hacer lo que hace la Iglesia, por lo cual es posible que cada vez haya más misas inválidas» (Mons. Lefebvre dixit)?

Después de varias décadas de expresiones que han circulado en el ámbito de la Fraternidad y que afectan directamente al juicio sobre la Misa en rito latino celebrada, aprobada y ofrecida por la Iglesia Católica en los últimos tiempos de forma ordinaria, este tema no parece que se pueda saldar de forma tan poco clara.

De entrada, habría que preguntarse quién es el que decide qué es rechazable o no. ¿El Consejo General de la FSSPX? ¿Cada fiel privadamente según su libre examen? ¿Algún grupo concreto de expertos? ¿O la autoridad de la Iglesia?

Y es que el principio general es indiscutible: todo católico debe rechazar una liturgia que favorezca la herejía, debilite la fe o aparte a los fieles de la adoración debida a Dios. Pero una cosa es afirmar ese principio y otra aplicarlo, por cuenta propia, a los libros litúrgicos promulgados por la autoridad de la Iglesia para el culto público.

Pero, claro, desde la FSSPX nos dirán: ¿por qué se cuestiona hasta la última coma de lo que decimos? ¿Por qué se exige una claridad meridiana en nuestros documentos y no, simplemente, se interpretan de la manera más benigna posible?

Pues porque no se puede sorber y soplar, ni usar la ley del embudo: si te niegas a interpretar lo que la Iglesia enseña de acuerdo con la Tradición y buscas siempre la peor interpretación posible cuando se habla de conceptos como «ecumenismo» o «colegialidad», ahora no puedes quejarte de que se te haga lo mismo.

La FSSPX pide, con razón, que no se la trate como si fuera simplemente cismática, porque reconoce al Papa, profesa la fe católica y no pretende fundar otra Iglesia. Yo mismo he defendido aquí que la FSSPX no es cismática ni sus fieles están sometidos actualmente a excomunión. Pero entonces debería conceder a los demás una distinción semejante: no todos los que aceptamos el Vaticano II leído a la luz de la Tradición somos modernistas, liberales o ingenuos que van camino de la herejía.

Ése es, a mi juicio, el verdadero punto débil de esta profesión. Afirma la comunión con la Iglesia, pero introduce criterios de discernimiento que, en la práctica, parecen colocar a la Fraternidad como juez de qué reformas, qué textos, qué usos litúrgicos y qué enseñanzas de la Iglesia pueden ser aceptados y cuáles deben ser rechazados.

Y esta es la tragedia de los que nos encontramos como espectadores de este drama: la misma cerrazón a cualquier crítica o propuesta de diálogo que se puede encontrar en algunos dicasterios romanos puede verse también, demasiadas veces, en las autoridades de la FSSPX. Dos mundos que se acusan mutuamente de no escuchar, pero que cada vez parecen menos capaces de recibir una objeción formulada desde el amor a la Iglesia.

53 comentarios

  
Federico Ma.
La FSSPX es clara en ese mismo enlace que Ud. pone: "la Misa Nueva es intrínsecamente mala, no es un rito católico, y lleva a perder la fe". Lo cual, referido a un rito (o forma de un rito) aprobado por la Iglesia, es, evidentemente, inadmisible.

El hecho de que la FSSPX "reconoce al Papa, profesa la fe católica y no pretende fundar otra Iglesia", supuesto que así sea, no implica que no pueda ser cismática. Y, por tanto, no alcanza con observar ello para pedir "con razón" que no se la considere como cismática. En efecto, el reconocimiento del Papa por parte de los lefebvrianos es puramente teórico. La profesión de la fe católica puede darse por parte de un cismático. Y no todo cismático pretende fundar otra Iglesia: de hecho, los lefebvrianos más bien pretenden que la Iglesia subsiste en ellos, en la FSSPX, como lo dijo su mismo fundador Lefebvre; según los lefebvrianos, por tanto, serían los no lefebvrianos los adscriptos a una "nueva Iglesia"...

Cuando uno lee el agudo comentario del Card. Cayetano a lo que dice santo Tomás sobre el cisma en su Summa Theologiae no puede evitar apercibirse de que eso se aplica a la cismática FSSPX (también lo que dice santo Tomás, claro). Y como cismática, en efecto, la ha considerado la misma Iglesia. E incluso se sigue ello de la argumentación misma lefebvriana: por más que pretendan no conferir jurisdicción (en solo lo cual, erróneamente, dicen que consistiría el acto cismático de sus ilícitas consagraciones), la misma consagración episcopal implica un ejercicio del poder jurisdicción, juntamente con el ejercicio del poder de orden. Lo cual está expresado litúrgicamente en la exigencia del mandatum en el rito mismo, al inicio, respecto de lo cual parece que otra vez mentirán y cometerán un horrible sacrilegio, pues no lo tienen.
25/06/26 8:59 PM
  
esteban
Los lefebristas tantencontrar relativismo en todos lsados, es en lo que se han convertido.
25/06/26 9:45 PM
  
Pedro1
Ubi Petrus, ibi Ecclesia.
Ubi Ecclesia, ibi nulla mors, sed vita aeterna.
Extra Ecclesiam, nulla salus.
25/06/26 9:48 PM
  
patriota
Ése es, a mi juicio, el verdadero punto débil de esta profesión. Afirma la comunión con la Iglesia, pero introduce criterios de discernimiento que, en la práctica, parecen colocar a la Fraternidad como juez de qué reformas, qué textos, qué usos litúrgicos y qué enseñanzas de la Iglesia pueden ser aceptados y cuáles deben ser rechazados.

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Tremendo! Qué soberbia!


Realmente lo anterior no se diferencia mucho de aquellos que afirman publicamente, o callan pero lo piensan lo siguiente:

- Que el vetus ordo da frutos sobrenaturales mas abundantes que el novus ordo.
- Que el novus ordo es una misa bastarda, misa de Bugnini, misa masónica. misa protestante.

A todos los que están dentro de los dos puntos anteriores que acabo de citar, les diría que están tan fuera de la Iglesia como lo están los lefebvristas; desde un punto de vista objetivo y sin juzgar conciencias
25/06/26 9:53 PM
  
JSP
1. ¿Quién tiene la autoridad última para determinar si un texto litúrgico o doctrinal es aceptable dentro de la Iglesia?
2. La FSSPX debe entender que no se discute el criterio moral, sino la competencia jurisdiccional.
3. No es Tradición un criterio particular de recepción selectiva del Magisterio, ni un Magisterio que no muestre claridad doctrinal (ambigüedad).
4. La FSSPX no puede erigirse en autoridad suprema universal intérprete normativo del Magisterio. Pero, si puede presentar dubia en los puntos ambiguos del Vaticano II.
5. Por ej. la FSSPX dice que determinadas formulaciones de la colegialidad son ambiguas o pueden interpretarse de forma peligrosa, no que sea falsa en sí misma. De hecho, la Iglesia siempre reconoció una dimensión colegial: los concilios ecuménicos existían siglos antes del Vaticano II. Por tanto, la discusión es sobre el alcance doctrinal y práctico. Por ej.: la libertad religiosa su objeción típica es más bien con respecto a ciertas formulaciones de Dignitatis Humanae, que parecen difíciles de armonizar con el magisterio anterior: no es tan clara la evidencia de continuidad. Dignitatis Humanae enseña que la persona humana posee un derecho civil a no ser coaccionada en materia religiosa. El Vaticano II no afirma un derecho moral al error, sino una inmunidad frente a la coacción estatal. La enseñanza anterior era que la persona tiene derecho a buscar y abrazar la verdad, el error no posee derechos como tal y el Estado idealmente debía reconocer la verdadera religión y proteger el bien común también en el orden religioso (Quanta Cura). El punto es la ambigüedad por no hacer una distinción clara entre derecho moral y derecho civil. Ante los hechos no valen los argumentos: desaparición de Estados confesionales católicos; indiferentismo religioso; relativización pública de la verdad católica. Pues, si todas las religiones reciben idéntico reconocimiento público, ¿no termina la sociedad actuando como si todas fueran igualmente verdaderas? El misionero que quiere cumplir el mandato divino de id y evangelizad todo el mundo... se encuentra con el obstáculo del Estado de la Dictadura del Relativismo de la libertad religiosa defendida por el Vaticano II.
6. El argumento espejo de la FSSPX evidencia su abuso hermenéutico autoreferencial, porque la FSSPX corre el riesgo de convertirse en juez del Magisterio ordinario.
7. Con respecto a la Liturgia, hay que distinguir entre la tesis teológica posible en casos extremos de intención defectuosa (doctrina clásica) y la interpretación generalizada de invalidez, que la FSSPX normalmente no enseña, para no argumentar de forma sociológica y sí dogmática.
25/06/26 10:02 PM
  
Pedro de Valencia
Gracias por el artículo. He leído la profesión entera y me daba una puñalada en el pecho cada artículo. Anhelo una Iglesia así de clara y no la ambigüedad en la que andamos... Pero es cierto lo que usted dice. Parecen dos adolescentes peleando a ver quién la tiene más... Eso. Impotencia de ver cómo se van a estrellar. Por otro lado pienso en China. ¿Es distinto el derecho canónico allí? Porque ordenan obispos como les sale de las narices y no pasa nada. Algo huele a podrido y yo no he sido. Repito. Gracias por su artículo.
25/06/26 10:04 PM
  
ROBERTO IBARRA VIDELA
Gracias padre Francisco, muy claro lo que dice. Me pasó lo mismo al leer la declaración, salvo en su parte final, en donde se pretende justificar la desobediencia contra mandato expreso de no hacerlo. Pobres, hay que rezar por ellos para que retornen a la Iglesia de siempre, como dicen ellos.
25/06/26 10:39 PM
  
Josep
Podemos estar de acuerdo en la esencia o fondo de los contenidos, pero no en las formas. Sin comunión con el Papa no hay verdadera unidad católica.
25/06/26 10:46 PM
  
Pablovelasco
Completamente de acuerdo con "Patriota"
25/06/26 11:10 PM
  
Jose
Los lefebvristas juzgan desde la doctrina ya definida, no desde la legalidad. Mientras que el Vaticano juzga desde la legalidad y del espíritu del último Concilio que es multicolor, no desde la doctrina ya definida. ¿Entonces? Es preciso que, si se quiere evitar un cisma aún mas grande, el Papa debe empezar por confirmar en la fe y clarificar aquellos textos del magisterio que son ambiguos y de los cuales, lamentablemente, se sigue haciendo magisterio, reforzando la heterodoxia. No solo el lefebvrismo pide "claridad doctrinal", sino también los fieles. Lo repito, es más que necesario ir a la raíz del problema, antes que mantener una fidelidad a ciertos papas predecesores que ya están en el juicio de Dios. La fidelidad debe ser a Nuestro Señor Jesucristo.
25/06/26 11:25 PM
  
Pablo Areas
Sobre la Fe: me parece que decir "con buena parte de la cual, evidentemente, la inmensa mayoría de los católicos estamos totalmente de acuerdo" es demasiado optimista. ¿Cuántos católicos (cuantos Obispos) aceptan la doctrina católica según la cual la mujer (Eva) procede del hombre (Adán), y que la evolución, si existió, no le afectó a ella?

Sobre la liturgia: creo que la misa de Pablo VI causa* la pérdida de la Fe, no en todos los hombres, pero sí en muchos, así que es rechazable. De la misma forma, si le damos un alimento estropeado a 100 personas y mueren "solo" 10, ese alimento es rechazable por todos (aunque lo intente imponer "la autoridad competente").
* Compárense los porcentajes de aceptación de la doctrina del sacrificio y de la presencia real entre los asistentes a la misa de Pablo VI y los asistentes a la misa de siempre.
26/06/26 12:21 AM
  
Rolando
El tema fundamental es la fe y no tenemos derecho a irnos por las ramas cuando somos bien conscientes de que ella se pierde aceleradamente en la Iglesia, y ese hecho es más dramático en la medida en que amenaza con alcanzarnos a nosotros mismos. Lo de la liturgia parece un sofisma de distracción; si bien ella tiene mucha relación con la fe y con la crisis de fe que estamos viviendo no nos podemos detener ahí so pretexto de la claridad en las declaraciones alrededor del Rito. Qué es lo que está en juego: la conservación de la doctrina o la conservación de tal o cual misa? Esto último se resolverá necesariamente cuando se resuelva lo primero. Monseñor lefebvre era un hombre sabio y por lo tanto práctico, pero sobre todo santo, y los santos difícilmente se equivocan.
26/06/26 12:48 AM
  
patriota
Pablo Áreas, si tomo tu argumento en serio, el problema es que funciona como una explicación monocausal para un fenómeno que claramente no lo es.

Dices, en esencia, que el Novus Ordo sería una causa estructural de la pérdida de fe en Occidente. Pero si eso fuera cierto de forma determinante, esperaríamos un patrón bastante homogéneo allí donde se celebra mayoritariamente el mismo rito. Y eso no ocurre.

África es el contraejemplo más evidente: en 1960 había aproximadamente 40–50 millones de católicos, y hoy hay en torno a 250–270 millones. Eso supone un crecimiento de alrededor de +400% a +500% en seis décadas, en un contexto donde la liturgia romana en su forma ordinaria es la norma general.África un gran continente como donde no a arremetido la masoneria, el racionalismo, la ilustracion, el relativismo la revolucion sexual de mayo del 68 que ha ido in crescendo hasta cotas devastadoras como que a un niño de 7 años le llegue porno hadrcore a la puerta de su habitacion o del kinder garten sin que nadie lo pueda evitar como si ocurre en Madrid.

Es decir: el mismo rito, un resultado radicalmente distinto.

Ahí es donde tu tesis se vuelve frágil y falsa. Porque el problema no puede ser “el rito en sí” como variable suficiente si el rito produce expansión en un continente y secularización en otro. Lo que cambia no es solo la liturgia, sino el ecosistema completo: cultura, demografía, transmisión de la fe, estructura social, urbanización, presión secular y dinámicas históricas distintas.

Reducir la crisis de fe en Occidente a un único factor litúrgico es intelectualmente tentador, pero explicativamente pobre: obliga a ignorar que estás comparando sociedades con trayectorias históricas completamente diferentes como si fueran copias con un solo ajuste distinto.

Y cuando una explicación necesita que medio mundo no cuente para que encaje, normalmente no es una explicación… sino una simplificación que ha decidido llamarse teoría.
26/06/26 1:35 AM
  
patriota
Pablo, cargar la pérdida de fe sobre la “materialidad” de un rito es, en el fondo, una forma de reducir lo espiritual a un fetiche negativo de lo material, que es exactamente el tipo de desviación que el propio Catecismo critica cuando habla de superstición.

El punto 2111 del Catecismo define la superstición como la “desviación del sentimiento religioso” que consiste en atribuir una eficacia casi mágica a prácticas que, en realidad, dependen de Dios y de la disposición interior del creyente. Si yo aplico ese criterio, el problema no es solo litúrgico, sino de categoría mental: pensar que un cambio de forma externa (el rito como objeto técnico) puede por sí mismo producir, como causa principal, la fe o la pérdida de fe en millones de personas.

Eso roza lo que el Catecismo intenta evitar: una especie de mecanicismo sagrado, donde la gracia o la crisis de fe se explican como si fueran el resultado automático de una configuración ritual. Pero la fe, en la teología católica, no funciona como un efecto químico de una forma litúrgica, sino como una respuesta viva que implica libertad, predicación, gracia.

Y aquí está la tensión clave: cuando se convierte el rito en causa casi determinante de la fe o la apostasía, se le está atribuyendo una eficacia desproporcionada, casi autónoma. Eso es justamente lo que la noción de superstición busca corregir: confundir el signo con la fuente, la forma con la causa última.

Ojo que esta usted cayendo en lo que se condena en el punto 2111. Si quiere usted una receta de como crece o decrece la Fe de los miembros vivos de la Iglesia, grábese a fuego el punto 94 del catecismo.

A usted le falta mucho catecismo por saber
26/06/26 1:38 AM
  
Néstor
"La FSSPX pide, con razón, que no se la trate como si fuera simplemente cismática, porque reconoce al Papa, profesa la fe católica y no pretende fundar otra Iglesia."

La cosa es más compleja, parece, porque el reconocimiento del Papa que hace falta para no ser cismático parece difícilmente compatible con querer ordenar Obispos contra la voluntad del Papa; en los hechos, una línea episcopal que de entrada es independiente de Roma tiene varias materias aprobadas para recibirse de otra Iglesia, es decir, de otra pretendida Iglesia, porque la Iglesia es Una. Y por lo mismo, la profesión de fe católica por sí sola no alcanza para evitar el cisma, que no es de orden doctrinal sino disciplinar. Además de que, como bien dice el "post", la ambigüedad, tan dañina en los últimos tiempos, reaparece en estas profesiones de fe, no solamente en lo relativo a la Misa, sino también en cuanto a eso de que la profesión de la fe católica es necesaria, sin más, para la salvación.

Saludos cordiales.
26/06/26 2:11 AM
  
Néstor
En cuanto a las condiciones para aspirar al título de cismático, agreguemos, obviamente, el rechazar un Concilio Ecuménico y la liturgia que se celebra en la Iglesia.

Saludos cordiales.
26/06/26 2:33 AM
  
Génesis
Jose
Los lefebvristas juzgan desde la doctrina ya definida, no desde la legalidad. Mientras que el Vaticano juzga desde la legalidad y del espíritu del último Concilio que es multicolor,

se sigue haciendo magisterio, reforzando la heterodoxia
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Se habrá quedado usted a gusto.

Resumiendo y sin extenderme porque no merece mucho la pena: USTED TERGIVERSA Y MIENTE

Nunca en la historia de la Iglesia Católica hay tantas posibilidades para saber con certeza cómo hay que interpretar esos 2 o 3 textos ligeramente ambiguos. Tiene usted las catequesis de obispos cardenales y textos magisteriales que usted subjetivamente considera heterodoxos.
26/06/26 2:45 AM
  
Lector
Resulta irritante la verborrea agresiva del troll multinick de InfoCatólica. ¿No puede usted apartarlo para que fluya el debate?
26/06/26 9:08 AM
  
Pablo Areas
Respuesta a Patriota:
Cuando hablaba de que el rito de Pablo VI causa la pérdida de la Fe, me refería en concreto a la doctrina sobre la misa. Es decir, si un rito (el "inventado" por Pablo VI y sus colaboradores) no muestra con claridad (como sí hace el rito de siempre) la naturaleza sacrificial de la misa y la presencia real del Señor en la Hostia consagrada, me parece razonable culpar al rito de la pérdida de Fe en esos dos puntos concretos.

Por cierto, desde un punto de vista científico, para ver si un factor es el responsable de un cierto efecto, hay que intentar aislar los demás factores. Así que es más razonable comparar a dos grupos de fieles de un mismo barrio que se diferencian en el rito al que asisten, que comparar europeos con africanos.

Lógicamente, hay muchas causas, igual que para el cáncer de pulmón: todos aceptan que el fumar lo produce, aunque no todos los fumadores lo padecen ni todos los no fumadores se ven libres de él. Aún así, todo el mundo acepta que "fumar es malo". Pues lo mismo el rito moderno: aumenta la probabilidad de perder la Fe (al menos en esos puntos concretos), así que "es malo" y debe evitarse.

Por otra parte, me parece que, entre los que atacan a la SSPX, es muy frecuente recurrir al ataque personal y al insulto contra los que la defendemos: "si tomo tu argumento en serio", "recurres a un fetiche", "eres supersticioso", "te falta mucho catecismo por saber". Aunque hay que reconocer que esto no es nada comparado con lo que otros nos suelen dedicar (por ejemplo, el P. Highton y el P. Aberasturi).
26/06/26 9:50 AM
  
José María
Padre, con todo respeto filial, tiene usted un defecto formal importante. Bueno usted y el Padre Federico (qDgma), sea de paso. Es la posición del conservadurismo eclesiástico que ha vivido bien desde Juan Pablo II y Benedicto XVI, pero que ahora se da de bruces con, no sólo la Tradición, sino con las Sagradas Escrituras y los Padres de la Iglesia, lugares teológicos (cfr. Melchor Cano) y al final con el mismísimo Nuestro Señor Jesucristo.

Sobre la presunta indebida identificación entre Tradición católica y forma litúrgica latina concreta.

Padre, usted sostiene que afirmar la "claridad incomparable" de la Misa tradicional romana es identificación excesiva con una forma litúrgica latina y supone marginar a los ritos orientales. La objeción confunde categorías.

La Profesión n. 124 dice "expresa con una claridad incomparable" en cuanto a la doctrina del sacrificio, del sacerdocio y de la presencia real. No dice que sea el único rito católico válido, ni que sea superior absolutamente a los ritos orientales en todo aspecto. Los ritos orientales antiguos (bizantino, alejandrino, antioqueno, armenio, caldeo, maronita) expresan también, en sus propios términos, la fe sacramental católica, y la Profesión en ningún lugar lo niega. La comparación pertinente, que usted, Padre evita, no es entre la Misa tradicional romana y los ritos orientales. Es entre la Misa tradicional romana y el Novus Ordo Missae promulgado en 1969. Y en esa comparación específica, la afirmación es exacta, no exagerada.

Pío XII en Mediator Dei (1947) enseñó que la liturgia es fontalmente teológica, expresa lo que cree. La Misa tridentina, codificada por San Pío V en Quo primum (1570) sobre la base de la liturgia romana de los siglos anteriores, expresa con precisión textual rotunda los cuatro fines del sacrificio, la propiciación, la transubstanciación, la jerarquía sacerdotal, el in persona Christi, los nombres de los santos en el canon, la separación del altar respecto a la asamblea, la oración silenciosa del canon, el latín como lengua sagrada estable. Los Cardenales Ottaviani y Bacci en el Breve examen crítico del 25 de septiembre de 1969 mostraron, paso a paso, cómo el Novus Ordo atenuó, suprimió o ambiguó cada uno de estos elementos. Esto no es opinión partidista; es análisis técnico de los textos comparados.

Afirmar "claridad incomparable" de la Misa tradicional romana en este orden específico es constatación, no exageración. Usted, Padre, no entra en este análisis textual concreto; lo elude desviando la atención hacia los ritos orientales, que no son el término real de comparación de la Profesión.

Sobre la objeción capital, el "rechazo" del n. 125.

Es el corazón de su objeción, Padre, y exige respuesta precisa.
El n. 125 dice, "Rechazo... toda reforma o todo uso litúrgico que, por omisión, ambigüedad doctrinal u orientación práctica, favorezca la herejía, debilite la fe, se aleje de la doctrina católica de la Misa formulada en el Concilio de Trento o aparte a los fieles de la adoración debida a Dios". La proposición es condicional. Rechaza si se da la condición. Usted, Padre, pregunta cuál es la condición concreta en la mente de la Fraternidad y exige aclaración.

La aclaración está implícita en el n. 124 inmediatamente anterior, las reformas litúrgicas contemporáneas "han oscurecido el carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa, favoreciendo una concepción democrática del culto, aproximando la expresión litúrgica católica a las concepciones protestantes y contribuyendo así de manera preponderante a la pérdida del sentido de lo sagrado". El sujeto está nombrado, las reformas litúrgicas postconciliares. La Profesión rechaza materialmente, no formalmente, los elementos de esas reformas que producen tales efectos.

Usted, Padre, objeta, "¿supone esto que rechazan los libros litúrgicos aprobados por la Iglesia Católica para el culto público?". La pregunta encierra un non sequitur. Una cosa es la autoridad que aprueba un libro litúrgico, otra es la materia del libro aprobado. La autoridad de quien promulga no convierte ipso facto la materia en exenta de crítica doctrinal. Pío XII en Mediator Dei (n. 58-63) reconoció expresamente el derecho y la limitación de la autoridad eclesiástica en materia litúrgica, "Sancta Sedes potest reprobare et de novo statuere", pero está vinculada por la "fides immutabilis". La autoridad no puede promulgar como culto público una forma que se aparte materialmente de la fe profesada por la Iglesia, y si lo hace, el acto es materialmente defectuoso aunque formalmente sea acto de la autoridad.

Esto es doctrina clásica, no invento tradicionalista. Suárez, De legibus, libro IV, capítulo XVI, distingue lex iniusta y lex iniqua en materia eclesiástica y enseña que la ley iniqua non obligat in foro conscientiae. San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, libro II, capítulo XXIX, sostiene que el Papa en materia disciplinar universal no puede imponer al pueblo cristiano aliquid contra fidem aut bonos mores. La doctrina católica clásica distingue entre la indefectibilidad de la fe del cuerpo de la Iglesia y la posible defectibilidad de actos disciplinares concretos de la autoridad eclesiástica.

La Profesión n. 125 no afirma que la Fraternidad sea juez último de los actos pontificios. Afirma que un católico tiene el deber positivo de rechazar materialmente cualquier elemento que se aparte de la doctrina católica formulada por Trento. Trento, no la Fraternidad, es el criterio. La Fraternidad solo invoca a Trento como norma objetiva.

Sobre la pregunta "¿quién decide qué es rechazable?". Esta es la objeción central que usted, Padre, plantea y conviene desmontarla con precisión.

La pregunta supone que la única alternativa válida es, "la autoridad de la Iglesia decide, y el fiel se somete sin más". La doctrina católica clásica enseña otra cosa. La autoridad de la Iglesia decide secundum depositum fidei, no adversus depositum. El fiel se somete a la autoridad en lo legítimo, no en lo que objetivamente contradice el depósito.

El criterio objetivo de qué es legítimo no es el fiel, no es la Fraternidad, no es el Consejo General. Es el depósito mismo, el Magisterio constante, el Concilio de Trento sesión XXII, Mediator Dei, los Concilios anteriores. Quien se aparta no es el fiel que lo invoca, es el ocupante del oficio que lo contradice.

Usted, Padre, reduce esta cuestión a opciones disyuntivas falsas, "¿el Consejo General? ¿cada fiel? ¿algún grupo de expertos? ¿la autoridad?", como si la única posibilidad legítima fuera la cuarta. La doctrina católica clásica añade una quinta opción, el Magisterio constante de la Iglesia funciona como norma normans non normata sobre los actos magisteriales individuales. Esta es la doctrina de San Vicente de Lerins en el Commonitorium (siglo V), recibida por el Magisterio en Trento, Vaticano I (Dei Filius, capítulo IV) y Pío XII (Humani generis, 1950). El Magisterio actual está sometido al Magisterio constante. Y donde un acto presente se aparta de la constante, prevalece la constante.

El fiel no se constituye en autoridad. Reconoce la autoridad objetiva de la Tradición y le obedece. Reconocer esa autoridad objetiva no es libre examen; es exactamente lo contrario al libre examen. El libre examen es la posición protestante, cada uno interpreta libremente la Escritura. La Tradición funciona como autoridad objetiva, externa al fiel y al ocupante del oficio, y vinculante para ambos. La Fraternidad no se constituye en juez; invoca al juez, que es la Tradición.

Sobre la acusación de "ambigüedad".

Usted, Padre, sostiene, con cierta agudeza retórica, que la Profesión adolece de la misma ambigüedad que la Fraternidad denuncia en el Vaticano II. La objeción suena bien y debe ser examinada.
Es falsa. La asimetría es radical y conviene formularla técnicamente.
Cuando la Fraternidad denuncia ambigüedad en Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa, en Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo, en Lumen gentium 8 sobre el subsistit in, en Nostra aetate sobre las religiones no cristianas, lo que denuncia es que esos textos pueden ser leídos en sentido tradicional o en sentido novedoso, y que la recepción magisterial posterior ha tendido al segundo. Esto no es interpretación malévola, es constatación textual hecha por teólogos no lefebvristas también, desde Romano Amerio (Iota unum, 1985) hasta Roberto de Mattei.

La Profesión del 24 de junio, en cambio, profesa positivamente la fe íntegra en cada uno de los puntos controvertidos. Donde Dignitatis humanae deja abierta la cuestión de la libertad religiosa civil, la Profesión n. 103 cierra la cuestión profesando Quanta cura (1864) y Libertas (1888). Donde Unitatis redintegratio admite lectura ecuménica difusiva, la Profesión n. 61 cierra la cuestión profesando Mortalium animos (1928). Donde el Novus Ordo admite lectura como cena fraterna, la Profesión n. 119-120 cierra la cuestión profesando Trento sesión XXII con los cuatro fines. La Profesión es un acto de desambiguación doctrinal, no de ambigüedad.

El n. 125 que el autor considera ambiguo no lo es. Rechaza toda reforma o uso litúrgico que (condición taxativa) favorezca la herejía, debilite la fe, se aleje de Trento, aparte de la adoración debida. Quien determine qué reforma o uso de hecho favorece o aparta lo determinará por confrontación textual con el criterio objetivo, Trento. No es ambigüedad, es aplicación.

Sobre el reproche de pedir benignidad propia y negarla a otros.

Usted, Padre, formula la queja con habilidad, "no se puede sorber y soplar". Si la Fraternidad pide interpretación benigna de sus textos, debe conceder lo mismo a los textos del Vaticano II. La objeción tiene fuerza dialéctica y conviene responder con precisión.

Es falsa simetría. Los textos del Vaticano II son actos de la autoridad eclesiástica universal con eficacia disciplinar y pastoral universal, y por su naturaleza misma deben ser tales que no admitan lectura ambigua en materia de fe. El criterio de claridad que el Magisterio debe a la Iglesia, Pascendi lo formula expresamente, es el de excluir la duda en lo doctrinal. Un texto magisterial que admite lectura tradicional y lectura novedosa, y produce de facto lectura novedosa en la recepción universal, ha defectado de su función, no porque el lector no sea benigno, sino porque el texto no es exacto. La objeción tradicional al Vaticano II no es "no leemos con benignidad", es "el texto no cumple el requisito magisterial de claridad doctrinal que cinco siglos de actos magisteriales anteriores cumplían sin esfuerzo".

La Profesión del 24 de junio, en cambio, no pretende ser magisterio universal vinculante. Es confesión pública de fe de una sociedad religiosa, dirigida al Papa y a los cardenales como acto privado de profesión, no como acto magisterial vinculante a la Iglesia universal. Su grado de claridad debe ser el propio del género (profesión de fe íntegra y positiva con rechazo de errores opuestos), no el del Magisterio universal. Y aún así, su grado de claridad es altísimo, 154 artículos con aparato magisterial documentado punto por punto. Quien lee el texto con honestidad encuentra cada afirmación fundada en concilios y encíclicas preconciliares citados con precisión.

La simetría que usted, Padre, invoca, por tanto, es retórica, no doctrinal. Pedir al Magisterio universal lo que el Magisterio universal debe (claridad exigible) no es lo mismo que pedir a una profesión de fe positiva lo que las profesiones de fe positivas son (afirmación de la doctrina con apoyo en el depósito).

Sobre el verdadero punto débil que usted, Padre, cree haber identificado.

Usted, Padre, concluye que la Profesión, al introducir criterios de discernimiento, coloca a la Fraternidad como juez de qué se acepta o rechaza. Esta caracterización confunde el discernimiento del depósito con la usurpación del Magisterio.

Discernir no es juzgar. Discernir es reconocer. El fiel católico reconoce, en el texto presente, lo que coincide con el depósito recibido, y reconoce lo que no coincide. No juzga, recibe. La autoridad del juicio no es del fiel ni de la Fraternidad, es del depósito objetivo, que es de Cristo y se transmite por la Tradición.

La Profesión n. 81-82 lo formula con exactitud, "El Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para que manifestaran una doctrina nueva, sino para que conservaran santamente y expusieran fielmente el depósito transmitido por los Apóstoles... el Magisterio presente no puede contradecir sustancialmente al Magisterio anterior". Esto no es Fraternidad-magisterio. Es magisterio sobre el magisterio, es decir, doctrina común aceptada por todos los teólogos manualistas preconciliares (Tanquerey, Hervé, Ott) y consagrada por el Vaticano I.

Sobre la equiparación de cerrazones que usted, Padre, concluye.

"La misma cerrazón a cualquier crítica que se puede encontrar en algunos dicasterios romanos puede verse también, demasiadas veces, en las autoridades de la FSSPX. Dos mundos que se acusan mutuamente de no escuchar."

Esta equiparación es teológicamente inadmisible y conviene desmontarla con claridad.

Lo que la Fraternidad sostiene es la fe íntegra de Trento, Mediator Dei, Mortalium animos, Pascendi, Quanta cura, Quas primas, Humani generis. Es decir, el Magisterio constante de la Iglesia universal antes de 1962. Lo que algunos dicasterios romanos actuales sostienen es la novedad postconciliar en su recepción evolucionista, la disolución modernista del depósito, la lectura ecuménica indiferentista, la sinodalidad democratizante, el silencio o atenuación de la doctrina de los novísimos, del infierno, del pecado mortal, de los cuatro fines del sacrificio.

Decir que ambas posiciones manifiestan "cerrazón" en plano de igualdad es como decir que San Atanasio y los obispos arrianizantes del siglo IV manifestaban ambos "cerrazón" en plano de igualdad. Es falsa equidistancia. Una cosa es la firmeza en la fe íntegra, otra es la firmeza en la novedad. La primera es virtud, la segunda es defecto. La equidistancia entre ambas presupone que el contenido de la fe es disputable entre dos posiciones igualmente legítimas, lo cual es premisa modernista, no católica.

Usted, Padre, escribe desde lo que podemos llamar la posición conservadora de la "hermenéutica de la continuidad" benedictina. Acepta el Vaticano II leído a la luz de la Tradición. Defiende a la Fraternidad contra la calificación de cisma. Critica los abusos modernistas. Y se siente con derecho a corregir desde dentro lo que considera excesos tradicionales.

Esta posición es legítima como opción personal. No es, sin embargo, la posición que la Iglesia preconciliar sostuvo, ni es la posición que el análisis textual riguroso de la recepción postconciliar puede sostener sin tensión interna. La "hermenéutica de la continuidad" fue formulada por Benedicto XVI en el discurso a la Curia del 22 de diciembre de 2005 como programa interpretativo. Es legítima como programa, es decir, como intención de leer los textos conciliares en continuidad sustancial con la Tradición. Pero su éxito histórico ha sido limitado. Traditionis custodes (16 de julio de 2021) de Francisco, restringiendo la celebración del rito tradicional, mostró que la misma autoridad que sostuvo la hermenéutica de la continuidad podía retirarla y operar en sentido opuesto. Los conservadores que sostuvieron el programa benedictino se encontraron en 2021 con un Magisterio que les desautorizaba en su propia lógica, sin haberlo previsto.

La posición de la Fraternidad, en cambio, no depende del giro de un Pontífice. Profesa el Magisterio constante. Su criterio es objetivo. Por eso resiste el cambio de pontificado. La posición conservadora que usted sostiene, Padre, en cambio, debe explicar por qué su criterio (Vaticano II leído a la luz de la Tradición) le obliga cuando el Pontífice presente no lo aplica, y por qué Mons. Lefebvre no era un católico íntegro cuando aplicaba el criterio exactamente opuesto, la Tradición leída sin obligación de obediencia a un Concilio pastoral que no define ningún dogma nuevo.

No obstante, Padre, estamos de acuerdo en lo nuclear, la Fraternidad no es cismática, sus fieles no están bajo excomunión vigente, no son la única forma de catolicismo legítimo, y los modernistas son el verdadero problema. En esto, coincidencia plena.

Discrepamos en lo siguiente: La Profesión del 24 de junio no constituye a la Fraternidad en juez de los textos magisteriales. La Profesión invoca el Magisterio constante como juez objetivo, externo a la Fraternidad y vinculante para todos, incluido el Pontífice actual. Eso no es libre examen, es lo contrario, es reconocimiento de una autoridad doctrinal objetiva que precede y excede a cada ocupante del oficio.

La denuncia material de las reformas litúrgicas postconciliares como portadoras de oscurecimiento del carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa no es atribución de jurisdicción a la Fraternidad. Es constatación textual hecha por los Cardenales Ottaviani y Bacci en 1969 y reiterada por incontables liturgistas serios. Lo que el autor llama ambigüedad es, en estricta lectura del texto, ausencia deliberada de detalle disciplinar concreto, porque la Profesión es género positivo de fe, no plan de acción canónica.

La pretensión de que la Fraternidad debe a los conservadores la misma benignidad interpretativa que pide para sí confunde dos planos. La benignidad interpretativa de un acto magisterial universal vinculante es exigencia de claridad doctrinal sobre quien lo promulga, no de tolerancia hermenéutica sobre quien lo recibe. La benignidad interpretativa de una profesión de fe privada es respeto a la intención del confesor, que en este caso está documentada artículo por artículo.

Y la equiparación entre "cerrazón" de los dicasterios romanos modernistas y "cerrazón" de la Fraternidad antimodernista es falsa equidistancia. Una cosa es la firmeza en el depósito, otra es la firmeza en la novedad. La Iglesia conoció la primera en San Atanasio, en San Pío V, en San Pío X, y la honra. La segunda es lo que Pascendi denunció como el corazón del modernismo, la tenacidad sistemática en disolver el dogma con apariencia de buena voluntad pastoral.

Lo que conviene reconocer de su texto, Padre.

Tiene razón en una cosa que no debe escamotearse. La Fraternidad, en su lenguaje histórico, ha usado a veces formulaciones que, leídas estrictamente, podrían sugerir más de lo que doctrinalmente sostiene. La frase de Mons. Lefebvre citada por el autor, "hasta los buenos sacerdotes que dicen esa misa corran el riesgo de perder la intención verdadera de hacer lo que hace la Iglesia", es expresión polémica pastoral, no afirmación dogmática sobre la invalidez del Novus Ordo. La Fraternidad nunca ha enseñado oficialmente que el Novus Ordo válidamente celebrado sea inválido. La doctrina ordinaria de la Fraternidad reconoce su validez sacramental y critica su forma como deficiente, no nula.

Usted, Padre, podría haber respondido a esto con honestidad, en lugar de citar la frase de Mons. Lefebvre como si fuera doctrina actual oficial de la Fraternidad. La distinción entre lenguaje pastoral polémico y doctrina oficial es la primera regla de hermenéutica de textos religiosos serios. Si el autor exige a la Fraternidad benignidad interpretativa hacia los textos conciliares ambiguos, debería conceder a la Fraternidad la misma benignidad interpretativa hacia frases polémicas de su fundador.

La asimetría hermenéutica que usted mismo denuncia, Padre, usted la practica.

Síntesis final.

El artículo que usted, Padre, ha publicado, representa la objeción más serena y técnica que el catolicismo conservador postconciliar puede oponer a la Profesión del 24 de junio. Es sustancialmente más respetable que la denuncia trivial de "cisma" o la calificación de "integrismo". Por eso merece refutación detallada, no descarte.

Su fallo doctrinal es estructural y único, supone que el criterio de legitimidad eclesial es el acto presente de la autoridad, y no el Magisterio constante de la Iglesia universal. Supuesto eso, todo lo demás se sigue. La Fraternidad parece arbitraria, la Profesión parece ambigua, los criterios parecen sospechosos, las cerrazones parecen equivalentes. Pero ese supuesto es justamente el que la doctrina católica clásica niega. El criterio de legitimidad eclesial es el depósito de la fe transmitido íntegramente desde los Apóstoles, custodiado por el Magisterio constante, definido objetivamente y vinculante para todo Pontífice actual y futuro.

Aceptado ese criterio, la Profesión es transparente, la Fraternidad es coherente, la Tradición es vinculante, y la equiparación con la cerrazón modernista es falsa. No aceptado ese criterio, todo se relativiza, incluida la propia fe que el autor del texto adjunto pretende defender. La "hermenéutica de la continuidad" benedictina depende, para sostenerse, de lo mismo de lo que depende la posición de la Fraternidad, la autoridad objetiva de la Tradición sobre los actos magisteriales individuales. La diferencia es que la Fraternidad lo sostiene con todas las consecuencias, y el autor lo sostiene con consecuencias atenuadas mientras el Pontífice las tolere.

A esa atenuación, Traditionis custodes mostró su límite en 2021. La Profesión del 24 de junio de 2026 no lo tiene. Esa es la diferencia, y esa es la respuesta.

Al fin, no es católico un señor que dice que la Iglesia se ha pasado 500 años etiquetando gente, hasta que llego papa Francisco y dio una nueva orientación. Ese señor, Tucho para más señas, está mantenido y amparado por el papa León XIV. Hay que elegir bando, o Cristo su Iglesia y sus santos o los mercenarios que devoran el rebaño. No olvidemos que la Fraternidad optó por las consagraciones cuando el DDF sacó la nota doctrinal sobre los títulos de la Bienaventurada siempre Virgen María, de Correndetora y Mediadora de todas las gracias era un uso impropio para el pueblo fiel. Non possumus.

María, Auxilio de los Cristianos, ruegue por todos nosotros.


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FJD:
Toda su respuesta es una colección de hombres de paja bastante sonrojante. He dudado mucho si dejarla, teniendo en cuenta que incumple la norma de sentido común de que un comentario no debe ser más largo que el post que se comenta. Así que le aviso que es la última intervención que hace en el debate que sea más larga de cuatro o cinco líneas.
Podría dedicarme a comentar cómo usted asume constantemente posturas que yo no asumo o señalar que usted pretende que frases de Mons. Lefebvre ya no son usadas argumentativamente por la FSSPX, cuando puede ver en el enlace que aparece en la cita que no es así. Sin embargo, cualquiera puede ver la deformación de mis argumentos que usted hace, así que ahorraré tiempo.

26/06/26 9:54 AM
  
AJ
Pablo Areas:

Eso no es doctrina católica
26/06/26 10:13 AM
  
Pablo Areas
Respuesta a AJ:
Supongo que se refiere usted a que Eva procede de Adán.
Respuestas de la Comisión Bíblica, de 30 de junio de 1909. Dz-3514 Duda III. Si puede especialmente ponerse en duda el sentido literal histórico donde se trata de hechos narrados en los mismos capítulos que tocan a los fundamentos de la religión cristiana, como son, entre otros, la creación de todas las cosas hechas por Dios al principio del tiempo; la peculiar creación del hombre; la formación de la primera mujer del primer hombre; la unidad del linaje humano; la felicidad original de los primeros padres en el estado de justicia, integridad e inmortalidad; el mandamiento, impuesto por Dios al hombre, para probar su obediencia; la transgresión, por persuasión del diablo, bajo especie de serpiente, del mandamiento divino; la pérdida por nuestros primeros padres del primitivo estado de inocencia, así como la promesa del Reparador futuro.
Resp.: Negativamente.
Además de que desde siempre la Iglesia (los Padres, los Doctores, etc.) ha sotenido esa interpretación.
26/06/26 12:06 PM
  
Dámaso
Un fraile agustino provocó una gran división en la iglesia y ahora con otro fraile agustino sucederá lo mismo y tened en cuenta que en ambos casos la cuestión es por la Tradición, Lutero no la aceptaba y Prevost como el dice se inclina por ir hacia adelante,entiendo que esto de ir hacia adelante son las ideas modernas.
26/06/26 12:47 PM
  
Susana Labeque desde Argentina
La tragedia del extremismo es no darse cuenta de que se está en él.No sé si son" ideologos o cataros"...
26/06/26 1:29 PM
  
Urbel
Cierto, Pablo Areas. Lo que la Pontificia Comisión Bíblica recordó en tiempos de San Pío X es la doctrina católica que se encuentra en la Escritura y los unánimes testimonios de la Tradición: el varón fue creado del barro (esta es su creación peculiar) y la mujer del varón.

Otra cosa es que, frente al evolucionismo triunfante, hace décadas que la jerarquía se avergüenza de esta doctrina católica y la oculta, cuando no la niega. Juan Pablo II llegó a afirmar que la evolución es más que una hipótesis, con gran alborozo de los enemigos de la Iglesia.
26/06/26 1:39 PM
  
Andrés B.
El José María se mandó una colección de respuestas de IA.
Un macaneo de libro, vamos.
"ChatGPT, ¿qué le puedo responder a este post?"
26/06/26 2:26 PM
  
Néstor
Platón, que escribió tanto, sin embargo tenía reservas ante la escritura, porque decía que los textos eran mudos y no podían defenderse, pues debía defenderlos su autor.

La afirmación que dice la Tradición y el Magisterio del pasado, por sí solos, son un criterio último, termina haciendo innecesaria a la Iglesia.

Porque a los textos siempre hay que interpretarlos. Y la única intérprete autorizada de la Escritura, la Tradicioń y el Magisterio, es la Iglesia.

Decir que el criterio último son los textos del pasado, es prescindir de la interpretación autorizada de la Iglesia actual, y erigirse por eso mismo uno mismo en intérprete autorizado. Autorizado por uno mismo, claro está.

Saludos cordiales.
26/06/26 2:46 PM
  
maru
De acuerdo con su planteamiento Padre.
26/06/26 4:21 PM
  
Pedro1
Pero si para la celebración de la Misa Tridentina se necesita el conocimiento de la lengua latina, ¿cómo van a decir misa sacerdotes que no saben latín? ¿Cómo van a participar los fieles que tampoco conocen esta lengua? No se enterarán.
26/06/26 6:29 PM
  
Urbel
Cierto, la única intérprete autorizada de la Escritura y la Tradición es la Iglesia en su Magisterio.

Magisterio vivo que no es el presente o el del Papa de turno, sino el constante a lo largo de los siglos.

Las palabras tienen significado objetivo y las explicaciones magisteriales también. Los dogmas deben entenderse siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia (Commonitorium de San Vicente de Leríns, citado por el Concilio Vaticano I).
26/06/26 6:48 PM
  
Urbel
Sobre la doctrina católica relativa al origen del hombre, contra la ideología evolucionista, un libro reciente muy recomendable es el siguiente:

Anne-Edgar Wilke
"Regard de la foi sur l´évolution. L´origine de l´homme d´après les Pères de l´Église"
(Mirada de la fe sobre la evolución. El origen del hombre según los Padres de la Iglesia)
Quentin Moreau, éditeur, 2023

www.moreauquentin.com
foi-evolution.fr

La teoría de la evolución es hoy una hipótesis ampliamente extendida, y muchos la aceptan sin ponerse en guardia. Sin embargo ¿está de acuerdo con la fe? En particular ¿es compatible con el relato del origen del hombre que da el libro del Génesis?

Para responder a esta cuestión conviene volverse hacia los Padres de la Iglesia. Cuando interpretan las Sagradas Escrituras de manera unánime, sus enseñanzas revisten un carácter cierto y definitivo.

Fruto de un vasto trabajo de investigación en los escritos patrísticos, este libro ofrece a un público amplio una perspectiva resueltamente católica sobre la evolución, así como un compendio del universo apasionante de los Padres de la Iglesia.

El autor es antiguo alumno de la Escuela Normal Superior, donde estudió matemáticas, informática, latín y griego.
26/06/26 7:05 PM
  
Urbel
Únicamente cabe el progreso homogéneo, orgánico y accidental en el conocimiento y exposición del depósito de la fe, "solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia" (Commonitorium de San Vicente de Lerins, citado por el Concilio Vaticano I en la constitución Dei Filius -1870- y por San Pío X en el Juramento contra los errores del modernismo -1910).

No cabe, por lo tanto, que un pretendido Magisterio niegue lo que antes se afirmó ni afirme lo que antes se negó.

Únicamente cabe progresar en el sentido de mayor claridad y precisión: de lo implícito a lo explícito, de la potencia al acto.
26/06/26 7:10 PM
  
Urbel
Pregunta un comentarista: "¿cómo van a decir misa sacerdotes que no saben latín? ¿Cómo van a participar los fieles que tampoco conocen esta lengua? No se enterarán".

Durante siglos los fieles entendieron perfectamente lo que es la Misa, acción sagrada, renovación incruenta del sacrificio de la Cruz, aunque no entendieran mucho del latín.

Hoy entienden perfectamente las palabras de la celebración litúrgica en su respectiva lengua vulgar, pero la gran mayoría cree que es una asamblea o banquete conmemorativo de la Última Cena. No entienden la Misa.

La impresionante evangelización de América se hizo con la liturgia romana en latín.

Catecismos y predicación en lenguas indígenas y Misa y los demás sacramentos en latín.

Por decirlo suavemente, no parece que desde 1970 la Misa y los demás sacramentos en lenguas vulgares hayan contribuido igualmente a una evangelización fructuosa.
26/06/26 7:20 PM
  
Pedro1
La Misa es banquete del Señor y asamblea de los fieles.
26/06/26 7:58 PM
  
Néstor
"Magisterio vivo que no es el presente o el del Papa de turno, sino el constante a lo largo de los siglos."

El Magisterio vivo está formado por personas vivas, que aún no han entregado el paquete, porque se trata justamente de eso, de que el autor del escrito salga en defensa del mismo, como quería Platón, y eso no se puede hacer desde la tumba.

Saludos cordiales.
26/06/26 9:10 PM
  
Urbel
Los textos magisteriales no están en la tumba, tienen significado objetivo.

Como, en general, los textos, magisteriales o no, a los que unos y otros acudimos e invocamos ¿o están en la tumba los textos del concilio Vaticano II? Al parecer no, al parecer muy vivos para sus defensores .......
26/06/26 10:31 PM
  
Urbel
"¿Qué es, pues, la Santa Misa?

La Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y vino en memoria del sacrificio de la Cruz."

Catecismo Mayor de San Pío X.
26/06/26 10:41 PM
  
Urbel
Recuerdo, por ejemplo, la pugnaz defensa por Néstor de un significado objetivo de Dignitatis humanae, con independencia de su interpretación diferente por el pretendido magisterio posconciliar.

¿Cuántas veces se me ha objetado que, en esto como en otras cosas, el posconcilio, incluso el pretendidamente magisterial, ha sido peor que los textos del Vaticano II?

Imposible, puesto que los textos del Vaticano II estarían muertos y solamente nos hablarían interpretados por el sedicente magisterio de nuestros días ......

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FJD: Por favor. Modere el número de comentarios.
26/06/26 10:57 PM
  
Diego II
Dice el Catecismo Mayor de San Pío X (punto 231, 232 y 233):

231. "¿Quiénes son los cismáticos? -Cismáticos son los cristianos que, sin negar explícitamente ningún dogma, se separan voluntariamente de la Iglesia de Jesucristo o de sus legítimos pastores."

232. "¿Quiénes son los excomulgados? -Excomulgados son aquéllos que por faltas gravísimas son castigados por el Papa o por el Obispo con la pena de excomunión, en cuya virtud son, como indignos, separados del cuerpo de la Iglesia, que espera y desea su conversión."

233. "¿Debe temerse la excomunión? -La excomunión se debe temer grandemente, porque es la pena más grave y más terrible que puede imponer la Iglesia a sus hijos rebeldes y obstinados."

San Pío X, ORA PRO NOBIS.




27/06/26 4:51 PM
  
Pedro1
Os recomiendo a todos, todos, todos la visión del último vídeo del padre Javier Olivera Ravasi. Verdades como puños. No se muerde la lengua. Que no os lo cuenten. Se acabaron las falsedades disfrazadas. Desnudez total de la secta. El horror sin tapujos.
28/06/26 12:50 AM
  
patriota
En general, mi impresión personal, viendo la insistencia con la que Urbel vuelve una y otra vez sobre la misma cantinela —desconfianza hacia Roma, sospecha permanente sobre las canonizaciones de san Juan Pablo II y san Pablo VI, ataques al Misal Romano legítimamente promulgado y una narrativa que parece encontrar más motivos para la separación que para la comunión—, es que quizá la Divina Providencia le haya reservado un papel muy singular.

No el de faro que guía a puerto seguro, sino el de baliza que marca un escollo. Porque hay luces que orientan el rumbo y hay otras que advierten del peligro. Y, a veces, para evitar que los navegantes encallen, resulta necesario señalar con claridad dónde están las rocas.

Cristo dijo que la luz no se enciende para ponerla debajo del celemín. Pues bien, tal vez la función providencial de ciertas voces no sea iluminar el camino que hay que seguir, sino hacer visible el camino que conviene evitar. En ese sentido, la exageración constante, la sospecha elevada a sistema y la tendencia a presentar la comunión eclesial como una permanente traición terminan convirtiéndose, paradójicamente, en una señal de advertencia.

Cuando uno se acerca demasiado a determinados discursos, descubre que el horizonte ya no es la catolicidad, sino una espiral de desconfianza donde siempre hay una autoridad ilegítima, una canonización dudosa, una reforma inválida o una traición por denunciar. Y ese sendero, lejos de conducir a la firmeza en la fe, parece asomarse cada vez más al borde de un precipicio donde aguardan el aislamiento, el abismo y, finalmente, el cisma.

Por eso, si la Providencia realmente está sacando algún bien de todo esto, sospecho que es el de recordar a muchos fieles, por contraste, el valor inmenso de permanecer en la comunión de la Iglesia

Por otro lado:
Si aberrante son las proclamas de los modernistas igual de aberrantes son las proclamas cismáticas que se lleva tolerando en infocatolica a Urbel desde hace años. Lo hace desde el anonimato, por lo que la Iglesia no podría declarar este sujeto excomulgado de manera oficicial, ya sea en vida o post mortem. En cualquier caso, salvo que sea inimputable, estos 10 o quiza mas años dando la turra con sus escandalos y cismáticas ideas de cara a Dios está absolutamente excomulgado.
28/06/26 7:08 AM
  
patriota
Si uno escucha a determinados lefebvristas & filolefebvristas de hoy, podría llegar a la conclusión de que el gran drama de la Iglesia no fue la reforma litúrgica, sino unas complejísimas cuestiones de teoría doctrinal sobre la libertad religiosa y la dignidad de la persona humana. Da la impresión de que el futuro de la fe depende de una nota a pie de página de Dignitatis humanae. Sin embargo, cuanto más se observa la realidad, más parece que esas sofisticadas discusiones sirven, en no pocos casos, de coartada intelectual para justificar un problema mucho más sencillo y mucho más visceral: la imposibilidad de aceptar que la liturgia cambiara.

Mi sospecha es bastante simple. Si mañana desaparecieran todas las discusiones sobre libertad religiosa y dignidad de la persona humana, pero se restaurara íntegramente la liturgia anterior al Concilio como norma de la Iglesia, probablemente muchos de los que hoy sostienen posiciones lefebvristas o filolefebvristas abandonarían el cisma o dejarían de considerar que existe un conflicto insalvable. En cambio, si Roma aceptara todas sus interpretaciones doctrinales sobre esos temas, pero mantuviera el Novus Ordo como la forma ordinaria de la liturgia, el conflicto seguiría prácticamente intacto. Eso dice bastante sobre cuál es el verdadero centro de gravedad del problema.

Por eso, da la impresión de que los grandes debates sobre la dignidad humana y la libertad religiosa funcionan muchas veces como el andamiaje intelectual de una cuestión mucho más prosaica: una inclinación extraordinariamente intensa —y, visto desde fuera, no pocas veces cercano a la obsesión— por una forma concreta de celebrar la Misa. No es que la teología sea irrelevante; es que, en la práctica, parece ocupar el papel de abogado defensor de una preferencia litúrgica elevada a categoría de principio absoluto.

Si tuviera que traducir esa impresión en porcentajes, propondría algo así:

85 %: apego a la liturgia tradicional y rechazo de la reforma litúrgica.
7,5 %: objeciones a la libertad religiosa entendida como inmunidad de coacción. (la coartada)
7,5 %: objeciones al desarrollo doctrinal sobre la dignidad de la persona humana. (la segunda coartada)

Desde luego, estos porcentajes no son el resultado de una encuesta, sino una valoración sociológica. Pero ayudan a explicar una paradoja llamativa: se escriben tratados enteros sobre la libertad religiosa y la dignidad humana, mientras el verdadero termómetro suele ser mucho más sencillo. Basta preguntar: «Si mañana se restaurara plenamente la Misa tradicional, ¿seguiría existiendo el conflicto?» La respuesta que muchos darían probablemente revelaría más sobre las causas reales de su posición que cientos de páginas de controversia doctrinal.


¡¡¡¡ Lefebvre firmó todos los documentos del Concilio Vaticano II y no manifestó durante el Concilio un rechazo frontal a sus textos. Sus objeciones doctrinales más conocidas se desarrollaron posteriormente, especialmente tras la reforma litúrgica de 1969. !!!!
28/06/26 6:58 PM
  
sotsab
Ante la trágica situación que denuncia el padre Francisco se me ocurre una analogía que le recordará las ideas paleo-libertarias de las que ha hablado en otros foros. ¿Era necesario que Roma centralizara todo lo referente a la liturgia para prevenir la herejía? A lo largo de la Edad Media se conservó de una manera admirable lo esencial del rito romano, con su orden de oraciones y lecturas, sin necesidad de una autoridad exterior; igual que se conservaron puentes sin necesidad de una autoridad estatal. El resultado de la centralización es que "liturgia" era ya lo que decidía Roma y se perdió la idea de conservar lo transmitido, aunque a veces se hubieran hecho añadidos en cosas secundarias. Como denunció Bouyer, esto llevó a una liturgia momificada, y susceptible de cambios a modo de despotismo ilustrado, ya desde Pío X (salmos), Pío XII (Semana Santa), Pablo VI (Misal y reforma general). Y esto provocó tensiones según fueran los cambios. El problema es cómo se arregla ahora; la situación me recuerda a lo que padecemos con los elefantiásticos estados de bienestar, que son una estafa piramidal: han servido para desincentivar el ahorro y favorecer el consumismo. Lo mismo podría decirse respecto a que Roma nombre todos los obispos: no ha servido de mucho para evitar herejías en Alemania ¿no hubiera sido mejor limitarse a vetar a herejes y favorecer la responsabilidad en todas partes?

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FJD: Estoy totalmente de acuerdo. Siempre he sido un poco contrario a la unificación litúrgica, como buen toledano.
28/06/26 8:31 PM
  
patriota
sotsab

¿no hubiera sido mejor limitarse a vetar a herejes y favorecer la responsabilidad en todas partes?

______


¿no hubiera sido mejor?

Si damos por bueno lo que la doctrina católica nos enseña claramente —que «todo concurre para bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28) y que el Espíritu Santo gobierna infaliblemente a la Iglesia, incluso en medio de sus crisis—, entonces resulta de una soberbia de cemento armado ponerse a cuestionar con nostalgia airada que «hubiese sido mejor» otra cosa en los momentos críticos.Cuando uno observa la historia de la Iglesia, ve que precisamente en los kairos más intensos, en los periodos de mayor turbulencia, el Espíritu Santo ha actuado con fuerza.

Cuestionar eso desde la comodidad de la trinchera personal subjetiva, como si uno supiera mejor que la Providencia qué camino debía haber tomado la Iglesia en los años 60, no es solo presuntuoso: es teológicamente grave. Equivale a decir, con mucha sutileza: «Dios, la verdad es que la llevaste mal. Yo lo habría hecho mejor». Quien afirma guiarse por la fe católica no puede vivir permanentemente escandalizado por lo que Dios ha permitido. Esa actitud permanente de sospecha y de “hubiese sido mejor” revela, más que celo por la tradición, una falta de confianza real en la Providencia divina. Y eso, a la larga, es mucho más peligroso que cualquier reforma litúrgica.

REPITO!

Decir publicamente: ¿no hubiera sido mejor? Equivale a decir, con mucha sutileza: «Dios, la verdad es que la llevaste mal. Yo lo habría hecho mejor»
28/06/26 9:56 PM
  
patriota
Recemos por el Papa Francisco ! No sabemos si necesitará las indulgencias que buenamente arranquemos a Dios través de nuestra oración. Si las necesita bien, y si no, María se encargará de distribuirlas!
29/06/26 2:15 AM
  
sotsab
Patriota

Antes de descalificar a otro conviene entender lo que el otro está diciendo, y si se habla de alguna materia tener alguna ligera idea de la misma.

Afirmo que un problema semejante a la centralización de la liturgia, que es un decisión de gobierno, es la designación por el sucesor de Pedro de los obispos en todo el mundo. Esta centralización no tiene nada que ver con los años 60, sino que arranca de la baja Edad Media, se entrecruzó con las facultades concedidas para las presentaciones regias de candidatos, y se consolidó especialmente desde el Vaticano I. ¿puede citar un solo Padre de la Iglesia que entienda Rom 8,28 en el sentido de que todo lo que suceda en el gobierno de la Iglesia sea justo y bueno? Por supuesto que para los que aman a Dios todo coopera para el bien, pero eso no quiere decir que todo sea bueno, sino que incluso de males permitidos, y permitidos en el gobierno de la Iglesia, Dios puede sacar bienes, pero los males no dejan de ser males. No creo que pretenda usted que las acumulaciones de beneficios otorgadas por bastantes papas desde Avignon, o el nombramiento de infantitos reales como obispos y cardenales hayan sido medidas de gobierno justas: y se prolongaron durante siglos. No confunda providencia con el mejor mundo de los posibles y otras fantasías leibnizianas y racionalistas
29/06/26 1:46 PM
  
pat
Es curioso observar al filolefebvrista de cámara de este portal, nuestro querido Urbel, en plena faena. Dedica energías de atlas a descargar toda su artillería contra el Novus Ordo y el actual Misal Romano, como si de ahí dependiera la salvación del universo. En cambio, apenas dedica un suspiro a cuestiones que ningún cardenal medianamente ortodoxo ni papa de los últimos sesenta años han considerado problema: la conciliación entre libertad religiosa y dignidad humana a lo largo de los siglos.La cosa tiene su gracia. Urbel mismo ha reconocido, casi con candor, que su obsesión por la misa en latín y ad orientem le nació el día en que su papa puso cara de vinagre ante un cura anciano molesto por el paso del latín a la lengua vernácula y del oriente al altar donde se hace presente Cristo. De ahí el trauma fundacional. Uno se pregunta hasta dónde puede llegar esa singularidad espiritual —que ya roza el quinto grado de soberbia en la escala de san Bernardo o san Benito, según tocara— para plantarse en franca contra Roma y contra los 1.390 millones de católicos que, no solo no ven catástrofe en la liturgia en lengua viva, sino que la prefieren con diferencia.Hay que tener una humildad de bronce para creerse más católico que el Papa, más sabio que el Concilio y más sensible que la inmensa mayoría del pueblo fiel que, domingo tras domingo, acude a misa sin sentir que le están robando el depósito de la fe. Pero claro, cuando uno ha hecho de su herida personal un estandarte teológico, ya no hay realidad que valga: solo queda la rabia elegante y el latín de consuelo.
29/06/26 4:16 PM
  
patriota
sotsab

¿puede citar un solo Padre de la Iglesia que entienda Rom 8,28 en el sentido de que todo lo que suceda en el gobierno de la Iglesia sea justo y bueno?

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Quien ha dicho que todo tenga que ser justo y bueno ?

La pregunta tiene su gracia, pero parte de una premisa que nadie ha defendido. Yo no he dicho que "todo lo que sucede en el gobierno de la Iglesia sea justo y bueno". He dicho algo bastante más clásico y bastante más católico: que nada escapa a la providencia de Dios. No es lo mismo.

Si quieres un Padre de la Iglesia, primero busca uno que sostenga que Dios pierde el control de la historia y luego hablamos.

Porque la cuestión no es si los hombres hacen barbaridades —las hacen, y a menudo—, sino si esas barbaridades sorprenden a Dios o frustran su designio. Ahí es donde entra Romanos 8,28.

En otras palabras: todo lo que ocurre, bueno, malo, regular o mediopensionista, no acontece por casualidad ni por el caos. Y, estando todo bajo la providencia divina, de todas las historias posibles es aquella que Dios permite porque conduce mejor a sus fines, aunque nosotros seamos incapaces de verlo desde nuestra limitada perspectiva.


Por otro lado,

Lo que si puedo citar de memoria ahora mismo es el punto 313 del catecismo mayor que dice:

313. Santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: "Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor" (Carta de prisión; cf. Liturgia de las Horas, III, Oficio de lectura 22 junio).


LO MEJOR! DICE SANTO TOMAS MORO. FRASE QUE ES ASUMIDA POR EL MAGISTERIO ORDINARIO UNIVERSAL DE LA IGLESIA CATOLICA. REPITO; DE TODAS LAS POSIBILIDADES, LO QUE ACONTECE ES LA MEJOR OPCION DE TODAS, AUNQUE A VECES DUELA.
29/06/26 7:10 PM
  
sotsab
Patriota

Por supuesto que nada sucede ajeno a la providencia de Dios, pero como esa providencia también permite los males, es coherente desear que tales males no se hubieran producido, y por ello desear que se hubieran tomado otras medidas de gobierno en la Iglesia.

Pretender que por el hecho de que haya males permitidos por Dios, eso quiere decir que haya que querer que tales males hayan sucedido ha sido condenado como herejía en las condenas al maestro Eckhart, en concreto en la n. 14: "El hombre bueno debe de tal modo conformar su voluntad con la voluntad divina, que quiera cuanto Dios quiera; y como Dios quiere que yo peque de algún modo, yo no querría no haber cometido los pecados, y esta es la verdadera penitencia". (Bonus homo debet sic conformare voluntatem suam voluntati divinae, quod ipse velit quidquid Deus vult. Quia Deus vult aliquo modo me peccasse, nollem ego, quod ego peccata non commisissem et haec est vera paenitentia) DH 964. Esa proposición es condenada como herética.

La frase de santo Tomás Moro se está refiriendo a su situación personal y simplemente muestra que al estar unido a Dios le sucederá lo mejor para él, pero es evidente que quería la conversión de sus perseguidores, y por tanto, que no hubiera persecución. Si sigue leyendo el texto del Catecismo, la cita que hay de Juliana de Norwich explica, simplemente, que al final veremos que las cosas irán bien (Thou shalt see thyself that all manner of thing shall be well).
Su afirmación: "estando todo bajo la providencia divina, de todas las historias posibles es aquella que Dios permite porque conduce mejor a sus fines" en modo alguno se deriva del Catecismo, sino de los planteamiento racionalistas del mejor mundo de los posibles.

Por otra parte ¿dónde dice la Constitución apostólica que promulgó el Catecismo, o la carta que introdujo la versión definitiva latina, que todas y cada una de sus proposiciones pertenezcan al magisterio ordinario y universal? Haría falta que precisara lo que entiende usted por "Magisterio ordinario y universal", porque en el Vaticano I (DH 3011) se emplea el término para las cosas que se proponen como de fe, y no creo que a nadie se le ocurra decir que todas y cada una de las proposiciones del Catecismo deban recibir un asentimiento de fe divina y católica...
29/06/26 9:09 PM
  
patriota
Disculpa de nuevo sotsab: como hay un desfase en el contador de cada video entre los dos contadores de tiempo ciñete a ser posible a esta franja de tiempo:



https://www.youtube.com/watch?v=ljLeYEEG8Fk

Entre el minuto 27 y el minuto 38



https://www.youtube.com/watch?v=w1mRAFSYBWM

Entre el minuto 37 y el minuto 49
29/06/26 10:45 PM
  
Génesis.
Estimado sotsab

El punto 313 del catecismo citado anteriormente pertenece al bloque de profesion de Fe del catecismo mayor.

Y Lumen Gentium 25 al Catecismo de la Iglesia Católica.

El texto conciliar afirma literalmente:

"Aunque cada uno de los Prelados no goce por sí de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando, aun estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el vínculo de comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñando auténticamente en materia de fe y costumbres, convienen en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo".


Ya que el bloque de profesion de Fe del catecismo fue elaborado por todo el episcopado mundial en comunion con el Papa y se enseña de manera universal y constante, entra dentro de lo que lumen gentium 25 especifica. Es decir el punto 313 es infaliblemente doctrina de Cristo tal y como afirma esa constitucion dogmatica.
30/06/26 9:57 AM
  
sotsab
Estimado Génesis

¿Me puede decir dónde se afirma en la Constitución apostólica que proclama el Catecismo, o en la carta de la versión latina final que todas y cada una de las proposiciones sean definitivas? ¿qué acto colegial se ha producido para proclamar el Catecismo? Si lee el original latino de Lumen Gentium 25 podrá comprobar que pone "authentice res fidei et morum docentes in unam sententiam tamquam definitive tenendam conveniunt". Sententia es el resultado que cierra un debate, cosa que no sucede con ninguna de las proposiciones del Catecismo, que no está hecho para ese fin. Por otra parte, si tiene la bondad de ver la nota 76 de Lumen Gentium que explica el texto del n. 25, las fuentes se refieren a cosas propuestas de manera definitiva, e incluso en la Tuas libenter de Pío IX citada se habla de "tanquam divinitus revelata traduntur ideoque universali et constanti consensu a catholicis theologis ad fidem pertinere retinentur." Repito que es imposible reducir todas y cada una de las proposiciones del Catecismo a ese nivel. Si así fuera ¿por qué en la nota ilustrativa de la profesión de fe de la Congregación de la fe del 1998, cuando se pusieron ejemplos de doctrinas de fe o de doctrinas definitivas no se dice sin más que basta con que aparezcan en el Catecismo?
30/06/26 10:37 PM
  
best..
Hay agradecimientos que son de estricta justicia.

Gracias a Urbel. Gracias a Davide, general de los lefebvristas. Y gracias, en general, a todo el universo de las consagraciones bajo lona-carpa.

Porque, sin pretenderlo, prestan un servicio inmenso a la Iglesia: señalar con una claridad meridiana el abismo que se abre por el lado del neojansenismo-donatista, mucho más sibilino que el modernismo porque conserva el vocabulario católico mientras va sustituyendo, poco a poco, el sentido mismo de la comunión eclesial por el de una pureza autorreferencial.

Del otro lado tenemos el precipicio modernista, con sus obispesas, su moral de plastilina, sus papisas en ciernes y la obsesión por adaptar la fe a cada espíritu del tiempo.

Entre ambos extremos, uno aprende por exclusión dónde está el camino católico. De modo que gracias, de verdad, a Urbel, a Davide y a toda la escuela de las consagraciones bajo lona-carpa, por contribuir tan eficazmente a delimitar los dos abismos entre los que conviene no asomarse. Hay faros cuya mayor utilidad consiste precisamente en avisar de dónde están los escollos.

Y una mención singular merece Urbel, ese infatigable comentarista de posts que, con una perseverancia casi monástica —veinticuatro horas al día, siete días a la semana, al menos a juzgar por la inagotable presencia de sus intervenciones— parece haber asumido la misión de balizar el límite exacto a partir del cual la defensa de la Tradición empieza a convertirse en una desconfianza crónica hacia la propia Iglesia. Si alguien quisiera saber dónde termina el legítimo amor a la Tradición y dónde comienza el vértigo de la sospecha permanente, bastaría con seguir sus comentarios... para girar unos metros antes del precipicio.

No todos los faros están para indicar la entrada del puerto. Algunos cumplen una función igualmente valiosa: advertir a los navegantes de que, si continúan en esa dirección, lo siguiente que encontrarán no será tierra firme, sino los escollos.
05/07/26 12:37 PM

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