¡Ay, niña Maricruz! ¡Usted habla más que perdido cuando lo encuentran!
A ver. Ahora sí. De vuelta con un tema edificante.
Resulta que, para cuando Tamuga (es el apodo que le pusieron a mi mejor amigo Esteban en el seminario) llegó de trabajo pastoral a San Jerónimo yo tenía aproximadamente 35 años y estaba hecha una viejita. Me vestía como tal y me comportaba como si mi vida estuviera pre-destinada a vestir santos. Para mi, aquél estado de vida sería con el que moriría. Estaba resignada. ¡Cuanto han cambiado las cosas desde entonces!


Ópale! No es a diario, salvo algún que otro terremotillo por ahí, que se despierta uno con estas sacudidas.
Como se habrán enterado, sufrimos un sismo de 7.6 en escala Richter el miércoles por la mañana.
Ayer tuve cita con el médico debido a un dolorcito que persiste en mis oídos el cual me dijo podría estar relacionado con el maxilar ya que en mis oídos no encontró problema. Me recetó un medicamento del que, lo único que recuerdo, fue que me dijo que es un oxigenador del cerebro. Vaya! Cosa curiosa, pensé, la forma en que todo está relacionado. El famoso medicamento, de pasó me servirá para solventar otro de mis problemas como es el que duermo a intervalos. Efectivamente, anoche dormí siete horas continuas, lo cual es toda una hazaña.





