Al igual que yo sin el salbutamol
En una de mis últimas citas con el médico (y conociendo ahí que es asmático como yo) le comenté sobre lo agradecida que estoy porque existan los inhaladores de salbutamol ya que sin ellos probablemente hubiera muerto joven.

Ya lo decidí:
El padre Jafet Peytrequin ha de ser un magnífico profesor de teología ya que de una sentada me enseñó de la doctrina lo que me ha servido para -no solo- mi apostolado sino para afirmarme en la fe de forma en que jamás hubiese sospechado posible.
Mi primer desafío fue salir con vida del vientre de mi madre ya que tenía un fibroma el cual hace 52 años no pudieron detectarle debido a que no habían inventado las ecografías.
Me conmovió desde que lo leí pero me ha conmovido más desde lo que, a lo largo del día, he reflexionado sobre lo que implica el durísimo camino que conduce al punto de humillarse para pedir perdón.





