Siempre con sed

“Mi alma tiene sed del Dios vivo” Sal 42

Hay tanto por lo que regocijarse y agradecer.

Miren, acaso no es para llenársele a uno el alma de gratitud echarse a dormir en una cama limpia y suave? Acaso no es de alegrarse infinitamente, despertar habiendo descansado lo suficiente?

En la madrugada de hoy pensaba: “Dios, es que no hay una célula de mi cuerpo que no te pertenezca. No hay nada de mí que no ansíe tu presencia y estar contigo para siempre. Qué largas se hacen las noches en que no logro dormir bien; así es esta vida, como una larga noche en que no conseguimos dormir lo necesario. Santa Teresa decía que era como una noche en una mala posada; pues, coincido con ella y, sin embargo, el ansia por Ti es tan grande como la certeza de que te encargas de poner delante de mi lo que me haga falta para no desfallecer ni desesperar. Lo necesario para continuar amando y esperando”

De cierto que, siendo que el alma se da cuenta de su ansia por Dios, es Dios quien la inflama en ese deseo y también quien la satisface en lo que es necesario para nuestra santificación.

“No sabría yo, Señor, que me hacía falta adelantar en paciencia. Gracias” Decimos cuando en el médico nos hacen esperar cuatro horas.

“Yo suponía que había adelantado bastante en el perdón y, sin embargo, mira qué mal traté a esa persona que me hizo mal! Gracias, Señor, por hacérmelo ver para corregirme”

De esto hablábamos ayer mi hermano y yo en la sobremesa.

Decía la “tapada de boca” espiritual que le había dado Tere, nuestra ayudante en el invernadero, la vez que, angustiado, soltó un comentario sobre un asunto laboral que le preocupaba. Me contó que Tere lo escuchó mientras continuaba barriendo y, para cuando mi hermano se detuvo,  lo miró y dijo,  simplemente “Y, usted? De qué se preocupa? No confía en Dios?”

Dice mi hermano que quedó petrificado. Era lo que tenía que escuchar y fue dicho por boca de la mujer más sencilla en los alrededores.

Qué momento grandioso para regocijarse, sonreír y agradecer. Bendito Dios.

A mi me pasa continuamente, porque soy testaruda y desconfiada; me sucede cuando voy al médico y en la sala de espera, sintiendo mucha lástima de mi misma, resulta que la ancianita a mi lado ya recibió 17 sesiones de radioterapia y está en la 6ta de 17 de quimioterapia que tendrá que recibir.

Es de risa, cada vez que recuerdo lo cobarde que soy pero también, lo que ha hecho Dios por mí, me deshace el corazón de ternura.

Cómo no sentir anhelo de vivir para siempre en la casa de Dios?

Y, está Jeni, ella es la joven esposa de un ahijado que tengo hijo de un peón de lechería a quien llevé a bautizar por petición de su mamá. Jeni, me contó hace unos días que llevará a su hijito menor a unas terapias por tener signos de autismo.

Cuando quise consolarla (uno, que piensa que todo el mundo necesita consuelo!) me dijo que no se lo toma de esa manera sino que lo ve con la mayor naturalidad: el niño no habla, ya hablará; no le gusta relacionarse con nadie, ya lo hará; se relaciona solo son con su mamá y su papa, está bien; le asustan los ruidos fuerte, habrá que evitarlos y enseñarle a gestionar el miedo. Y, para terminar de “taparme la boca” nunca Jeni se aleja de mí sin hablarme de Dios.

Y Jeni solo es una mamá muy joven, esposa de un peón de lechería, que apenas terminó el colegio, que elabora y vende repostería y que, además de cuidar su casa e hijitos, confía en Dios.

Confía mucho más que lo que yo jamás he confiado. Esa es la medida de la confianza que le he venido pidiendo a Dios desde hace años y que me viene dando poco a poco, ya sabe que soy lenta de entendimiento y por eso, me da a Jeni, para que me lo haga saber. Me refiero a que me hace saber lo lenta que soy. Pero está bien.

Yo seguiré en este camino al cielo.

Bebiendo a sorbitos en los manantiales de Dios.

Siempre sedienta.

(Y agradecida)

2 comentarios

  
Lucy
Maricruz

Gracias por el mensaje.
Y, que siga transmitiéndose a quienes el Señor quiera animar...!
01/11/26 4:36 AM
  
Kinxo
Para que no me regañes, gracias por tus escritos. 😉
01/11/26 7:01 PM

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